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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Quincy Favreau Jue Dic 08, 2022 7:31 pm

Mucho tiempo antes de que se dedicara de lleno a la administración del Crimson Heritage, Quincy había formado parte de un grupo de cazafortunas. Por aquel entonces recién había escapado del futuro lúgubre que se vislumbraba en el encierro de un convento adonde en sus cinco sentidos jamás querría pertenecer. En cuanto había visto la oportunidad, la había tomado, y una vez la fuga resultó un éxito, dedicó sus siguientes años al entrenamiento, se podría decir que su tiempo con el grupo cumplió su objetivo. Se había vuelto más fuerte, más diestra, había aprendido todo lo que necesitaba, y cuando comprendió que no podía ofrecer más de si misma como un miembro más, se separó de ellos.

Desde siempre fue independiente, incluso desde niña. Los azares del destino le llevaron por caminos espinosos, y al recorrerlos, se fue aislando de otros, pero eso no importaba. La caza al fin y al cabo, la realizaba mejor al no tener ningún lazo que la distrajera de ello. Sin embargo, a veces le llegaba un mensaje repentino de parte del grupo, le comunicaban de algún trabajo nuevo, y ella regresaba temporalmente con ellos en aras de saldar una vieja deuda.

El último mensaje había llegado dos semanas atrás…



Era de noche, no podía ser de otra manera, a estas horas se suponía que todo se podía hacer de forma más discreta. "Se suponía" era un par de palabras clave, porque todo dependía de la pericia de quien llevara a cabo el asunto, y del grado de experiencia que tuviera.

No le quedaba más que creer que él poseía lo suficiente de eso.

La primera vez que lo vio se encontraba en las afueras de la ciudad, en una calle vacía a mitad de la noche, las gotas de sudor perlaban su frente, se inclinó sobre si misma para recuperar el aliento, observó el cadáver del vampiro al que había atravesado en el pecho, recogió la estaca y se incorporó para ser la única testigo de como, al otro lado de la calle, el ladrón se descolgaba de un edificio.

La segunda vez, fue en el palacio del Louvre. Ella estaba en el jardín, aguardando la llegada de un licántropo y al mirar hacia arriba lo había visualizado en el balcón que daba hacia el área adonde la duquesa De Santis acababa de poner su más preciada colección de joyas en exhibición. Al día siguiente el palacio sacaba a la luz la noticia del robo de la misma.

De eso hacía un par de meses, antes de que el grupo hubiese sufrido el asalto.

El puerto era un lugar como cualquier otro, pero contrario a la ciudad, a estas horas los pueblerinos no perdían el tiempo en casinos y fiestas, los marineros cansados de sus labores se iban a dormir, así que el lugar se encontraba en armonioso silencio.

Los rayos de luna se colaban en medio de la barrera de cajas que habían apiñado cerca del muelle. Su luz plateada se reflejaba en sus azules orbes provocando que sus pequeñas motas doradas brillasen como diamantes.

Los contrabandistas acababan de llegar, preparaban su descarga del botín de esa noche cuando Quincy se dejó ver frente a ellos. Alzó las manos para indicar que venía en son de paz. Al ladrón lo reconoció en torno a ellos, era el jefe, de eso estaba segura. Le había seguido el rastro aunque en realidad nunca lo había visto de cerca, y él jamás la había visto a ella.

-El barco que esperáis para realizar la carga fue interceptado ayer por la guardia costera, no llegará. Sin embargo, tengo a mi disposición un navío, podéis utilizarlo para llevar vuestras...- hizo una pausa en busca de la mejor palabra. -posesiones. Podemos llegar a un acuerdo, y de paso, puede escuchar el trabajo que vengo a proponerle.-


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Mensaje por Anubis Rashid Mar Dic 13, 2022 10:49 am

Habían pasado ya varios meses desde que se había producido mi llegada a la ciudad francesa de París, nunca creí que podría ser posible salir de las calles de Egipto y poder llevar una vida “normal” sin tener que estar todo el día atento para que no me ocurriera nada. La vida en las calles era una de las más duras que había y buena prueba de ello era cómo me había hecho aprender a mí, a base de golpes y de fracasos, pero siempre levantándome sin importar las veces que caía en pos de buscar un futuro mejor que el que tenía. Y lo había conseguido, no había sido fácil pero para vivir en la calle había aprendido a robar y a comerciar con objetos de mi cultura por los que muchos pagaban un precio desorbitado a veces en pos de tenerlos en su colección, y para alguien que se manejaba a la perfección en ese mundo era una oportunidad de oro –nunca mejor dicho- para salir de las sombras y vivir una vida que, sino plena, mejor que la que tenía donde ni un hogar al que volver ostentaba. Al parecer había muchos franceses interesados en las joyas del antiguo Egipto y pagaban un buen precio por sacarlas antes de que se llevaran a museos, posesiones que tenían en sus colecciones privadas y que habían logrado que salieran de Egipto, de sus calles y de sus desiertos de arena. París presentaba una nueva oportunidad para alcanzar mis sueños y con la experiencia curtida en mi propias carnes supe, desde el principio, que si sabía manejar bien la situación y daba con los contactos adecuados podría sacar provecho no solo de mis conocimientos; sino de mi habilidad para sustraer reliquias de todos los sitios imaginados. No por nada aquellos años en las calles me dotó de habilidades para sobrevivir, instintos que los demás no poseían y que logré –gracias a la mente estratega que tenía- a obtener los mejores botines con los que muchos soñaban poder obtener. Y en ese “mundillo” mi nombre se había hecho eco corriéndose como la pólvora entre los amantes de los objetos antiguos, al parecer el contrabando estaba servido a la orden del día en París y gracias a mi reputación ahora tenía nuevos propósitos, nuevas metas y una vida más cómoda con un techo donde poder cobijarme por las noches. Así como ropa y comida, algo que siempre había escaseado en mis años malviviendo en la que siempre sería mi ciudad, de mis raíces de sol y dunas de arena, pero que no me había traído más que desgracias..

Aquella noche me encontraba en la zona del puerto donde esperaba un cargamento con el que poder comerciar con algunos de mis clientes, había logrado tener una lista bastante provechosa en los que miembros de la alta clase estaban incluidos. De hecho, eran los mejores pues no les importaba el precio a pagar siempre que obtuvieran lo requerido y solicitado. Hacer negocios con ellos era de lo más beneficioso y esperaba que el cargamento que estaba a punto de recoger fuera suculento -como yo lo llamaba- para así obtener muchas ganancias. Llevaba algunos de mis hombres conmigo que además era en los pocos que confiaba -aunque mi vida en la calle me enseñó a desconfiar de todo el mundo- cuando de entre las sombras noté una presencia en los alrededores y al mirar en dicha dirección la vi; era la misma joven. La misma con la cual había tenido unos sueños en los últimos días aunque nunca supe por qué soñar con ella, pero si de algo estaba seguro es que mis sueños premonitorios debían de tener un sentido. Un motivo. Un por qué. Llevaba varias noches preguntándome por qué soñaba con una joven que no conocía y en cuanto la vi aparecer al otro lado de las cajas apiladas, a modo de barricada, sentí que estaba más cerca que nunca de conocer el motivo. Al observarla me di cuenta que en su aura no había nada extraño, nada que tuviera relación con lo sobrenatural, mientras mis hombres la apuntaban preparados para apresarla de recibir la orden. Su aura parecía tranquila -demasiado tranquila- por lo que me hizo sospechar de inmediato, ¿qué haría allí? Parecía conocer a lo que nos dedicábamos por lo que no parecía sorprendida, es más, en cuanto habló enarqué una ceja haciendo una seña a mis hombres para que se calmaran. No tenía pinta de ser ladrona y en eso tenía buen ojo y un buen sentido, las distinguía a la legua cuando me encontraba con una de ellas… pero aquella joven parecía algo diferente.


一¿Habéis escuchado eso, muchachos? Lo que se supone que debería de ser vuestro trabajo y comprobar que todo marche según el plan, al parecer no lo teníais tan controlado 一mi voz era fría y sin ninguna muestra de empatía por mis hombres, que sabían que no les convenía en absoluto enfadarme o decepcionarme. Tenía una reputación que mantener y fallos pequeños como esos no podían cometerse, no cuando me perjudicaban directamente. No sería la primera vez que alguno recibía un castigo acorde a su error, de seguro que ellos tampoco se librarían. Me apoyé contra una de las cajas sin apartar mi mirada de la joven, de la cual pese a que su aura estuviera tranquila no me fiaba en absoluto一 vaya, no sabía que en París todavía quedasen almas caritativas 一lo cual me parecía de lo más extraño. Ella, que no nos conocía de nada, ofrecía su navío para que pudiéramos transportar la mercancía. Que de seguro ella sabía bien qué tipo de mercancía era, y no parecía importarle. Elevé la comisura de mis labios cuando dijo la palabra “posesiones” ya que en parte era cierto, eran nuestras posesiones o al menos lo serían por un plazo de tiempo. Hasta venderlas, por supuesto. Reí levemente al darme cuenta que como ya esperaba no sería gratis pues todo tenía su precio, aunque más que eso lo que quería era que escuchara el trabajo que quería proponerme. En sí no me extrañaba ya que era cierto que había adquirido una fama y reputación en la ciudad de París, aunque solo unos pocos conocían verdaderamente mi apariencia -muchas veces la alteraba con ilusiones- para pasar más desapercibido一 parece que mi fama y mi reputación me preceden 一incliné ligeramente mi rostro sin dejar de observarla pero consciente que, cuanto más tiempo pasáramos allí más pronto podrían pillarnos一 está bien. Puesto que estás más informada de lo que parece te concederé el beneficio de la duda, ya que no te creo tan ingenua como para presentarte tú sola sabiendo donde te metes 一nada le garantizaba que siguiera con vida al finalizar la noche, ese exceso de confianza quizás le pasara factura. Pero lo que más me declinó para aceptar fueron mis sueños, pues no sabía cómo debía de tomar dicha advertencia. ¿Sería para bien… o sería para mal? Solo había una forma de averiguarlo一 dime cuánto pides por tu navío y mientras escucharé esa oferta de trabajo. Si logras captar mi atención puede que hasta me interese. Sin embargo 一utilicé mi poder de creación de ilusiones para que, de otros puntos del puerto salieran hombres vestidos de negros y con el rostro parcialmente cubierto, armados y listos para atacar a mi orden. Acorté la distancia entre ambos quedando a un par de pasos y sonreí ladino一 un mal paso de tu parte o cualquier intento estúpido, y te aseguro que no lo contarás 一mis hombres estaban acostumbrados a las ilusiones pero ella realmente creería que éramos más, aguardando en la sombra por si algo ocurría一 como he dicho, no te creo tan ingenua 一la recorrí con la mirada一 sería un verdadero sacrilegio dañar algo hermoso 一chasqueé los dedos y uno de mis hombres se puso a mi lado一 decid dónde está vuestro navío y lo traerá aquí. Mientras conversemos, a ver a qué acuerdo llegamos.


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Mensaje por Quincy Favreau Mar Dic 20, 2022 2:50 am

Mantuvo las manos suspendidas en el aire. Era cierto que caminar entre un grupo de traficantes era temerario, posiblemente imprudente e incluso, alocado. Sin embargo, situaciones extremas requerían medidas extremas, y esta era una de ellas. Ya estaba acostumbrada a arriesgar el pellejo, lo hacía todo el tiempo, sin reparar demasiado en las posibles consecuencias, si se la pasara haciéndolo no daría un paso fuera de casa, y nunca había sabido desempeñar el papel del conejillo asustadizo.

Tampoco le encantaba la idea de hacer negocios con traficantes, sin embargo, tenía que admitir que algo de fascinante encontraba en vivir de esa manera, burlando a las autoridades y desafiando las ruletas de la suerte. Ella nunca iba a menospreciar todo aquello que fuera capaz de disparar adrenalina y encender fuego en sus venas.

Siguió al sujeto con la mirada, como era de esperar, no le había caído en gracia enterarse de que su preciado barco había sido interceptado. Le lanzó reprimendas a su grupo, lo cual le confirmó, que en efecto, era el jefe.

-Ah, si, su reputación.- Casi suelta una risita divertida, pero se contuvo. La verdad es que si se encontraba en el puerto, se había debido a una muy bien montada operación de rastreo. Ignoraba si en los bajos mundos le conocían, no sabía ni siquiera como se llamaba, aunque se imaginaba que de conocerlo en esos rumbos, lo harían con algún seudónimo. -Siendo sincera, no estaría aquí si solo me dejara llegar por los chismes que corren en los barrios bajos.-

No se estaba quieto, caminaba de un lado a otro, en eso se detuvo y pudo mirarlo. Se llevó la mano a los labios al hacerlo, ¿qué era aquello? Una sensación de intenso deja-vu la envolvió por completo, anulándole los  sentidos. Se quedó atrapada en ello, con la mirada clavada en él. Esto. Ya. Lo había vivido.

Imposible, esto no había sucedido antes, nunca lo vio de cerca hasta ahora.

Salió de su ensoñación que se fue opacando por sus palabras, le hablaba como si le hiciera un favor al dejarla con vida. Arrugó el entrecejo, no iba a dejarle pensar que la amedrentaba.  -¿Tiene otro barco? ¿Lo traerá acá en lugar del anterior? Si es así, no perderé el tiempo intentando interesarlo con mis palabras.-  

Se cruzó de brazos, la oferta que le tenía preparada era más que generosa. Él ahora le enseñaba un grupo adicional de hombres de negro que salió de la nada. Arqueó la ceja observándolos, la súbita aparición de refuerzos era extraña, estaba segura de que anteriormente no habían hombres apostados en el perímetro, y eso lo sabía porque… Realizó la señal acordada con el dedo índice y medio, en dirección a la oscuridad que los engullía en el puerto. Los cazafortunas se dejaron ver en ese instante, iban armados y preparados para cualquier ofensiva por parte de los traficantes.

-¿No creería que venía sola?- Era temeraria, pero no tonta, tampoco se proponía empezar una guerra en pleno muelle, nada más alejado de los motivos que la traían hasta acá.

-Te enseñaré el navío si caminas conmigo, pero únicamente nosotros, sin nadie más siguiéndonos los talones.- Simple y directo. No se iba a arriesgar a traer la nave hasta acá, para dejarla a merced de un grupo de criminales que precisamente se dedicaba a robar sin tapujos.  

Dibujó una leve sonrisa y dio un paso adelante sosteniéndole la mirada, sus ojos color mar se oscurecieron, como si de una depredadora se tratara. Percibía arrogancia en la sonrisa masculina, y algo más que le gritaba que se alejara de él, pero lo había estado buscando, lo había encontrado y era tozuda, no pensaba hacerlo.

-Recupera lo que es nuestro, burla a un hijo de p* de la realeza, y obtén más ganancias de las que habrías obtenido con este desembarco frustrado, más de lo que has ganado en los últimos seis meses.-

Continuó sus pasos, pasando de largo. -Decide rápido qué harás, sería un verdadero sacrilegio descubrir que a lo atractivo no le acompaña lo inteligente.-


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Mensaje por Anubis Rashid Sáb Ene 21, 2023 12:43 pm

Debía admitir que no me gustaba comenzar las noches con una mala noticia y lo que ocurría esa noche era algo peor que una mala noticia, si ya de por sí odiaba perder el tiempo mucho más odiaba perder la mercancía que más tarde vendería en el mercado negro y por el que obtendría cuantiosas ganancias. Se suponía que para eso pagaba a los hombres que estaban bajo mi cargo para que la palabra “problema” o “percance” no existiera en la medida de lo posible, en cuanto me enterase de quién había sido la culpa o por qué habían confiscado el barco iba a hacerle pagar muy caro a esa persona. Tanto como obtuviera de pérdidas, eso lo tenía claro. Y luego para rematar aquella noche por si la situación no fuera lo suficientemente jodida, aparecía una joven como si fuera la panacea o la solución a todos mis problemas al ofrecerme un barco para recuperar la mercancía. Mis años viviendo en la calle y todo lo que pasé me hacía reaccionar de forma que no confiaba en nadie, mucho menos de aquellos quienes veía por primera vez y desconocía por completo sus intenciones. Sabía por experiencia propia que no existía la caridad en el mundo y mucho menos en el ámbito en el que me movía, todos querían la pieza más grande para así cobrar la mayor cantidad posible. Por suerte para mí solía utilizar la creación de ilusiones para no mostrar mi verdadero rostro en un afán de mantener mi identidad en privado, lo que resultaba de lo más cómodo para situaciones como aquella donde no tenía que preocuparme porque me reconociera. Mi integridad seguiría estando enmascarada con mi magia, porque quizás fuera algo más paranóico en ese aspecto pero no me fiaba de nadie. Por mucho que ella quisiera prestarme su ayuda sabía muy bien que no sería gratis y que querría algo a cambio, el qué era algo que todavía desconocía pero tenía claro que de seguir mucho más en dicha situación sin movernos iban a pillarnos los guardias. Lo cual no quería en absoluto porque era llamar ya demasiado la atención pese a que, a partir de esa noche, tendría que buscar otro lugar de entrega pues aquel estaba comprometido. Chasqueé la lengua cansado con la situación cuando hice aparecer con mi ilusión más hombres de los que en realidad éramos en un intento porque se achantara, lo cual cabía mencionar y señalar que no sirvió de mucho pues más hombres aparecieron a su espalda camuflados en las sombras. ¿Cómo es que no noté sus presencias? Repasándolos despacio uno a uno pude darme cuenta que no había nada inusual en ellos, es decir, eran meros humanos… lo cual no quería decir que fueran menos peligrosos. Mis hombres estaban acostumbrados a las ilusiones pero llevar tantos hombres a recoger un encargo no era productivo, cuantos más fuéramos mayor la probabilidad de que alguno fuera descubierto y pusiera en peligro el plan. Me crucé de brazos y analicé todas las situaciones posibles dándome cuenta que, para mi desgracia, iba a tener que aceptar su ayuda si quería recuperar la mercancía. Para futuras ocasiones tendría un segundo barco para que no volviera a repetirse, solté el aire de manera lenta y me apoyé contra la pared haciendo una señal para que mis hombres -las ilusiones- se retiraran.


一Muy bien, habéis logrado captar mi atención. ¿Qué juego propone ahora la gatita? 一Dije observando sus movimientos y ahora que la tenía algo más cerca, detenerme en sus rasgos por un par de segundos. Enarqué una ceja y una leve sonrisa asomó en mis labios, di una simple orden con mis manos y mis hombres se retiraron guardando una distancia considerable entre ambos. Me quité de la pared en la que estaba apoyado y di el par de pasos que nos separaban en distancia, hasta quedar frente a ella. Su mirada era como si intentara traspasar mi cuerpo o incluso hasta mi propia alma mientras que la mía tenía cierto deje divertido, cauteloso, guardando más “ases” bajo la manga一 las damas primero 一hice un gesto con mi brazo para que emprendiera el camino y así poder seguirla. Mencionó que solo me llevaría hasta el barco si la acompañaba yo solo, dejando atrás mis hombres, pero vi que los suyos hacían lo propio. Ahora que me daba la espalda repasé su figura y por sus ropajes supe que no era una simple damisela buscando peligros, sus movimientos eran precisos y sin titubear pero lo que más me inclinó a pensar que estaba hecha para el peligro fue su ropa. Las mujeres parisinas -y en general- no solían vestir con pantalones como lo hacía ella, y las que lo hacían tenían un buen motivo para ello. “Movilidad”, era todo cuanto obtuve de respuesta hacía ya un tiempo cuando le pregunté a una de las mercenarias. Y podía entenderlo, ¿quién por Ra podía moverse, correr o incluso luchar con un vestido que oprimía su pecho? No, aquella joven estaba lista para la adversidad y el peligro y eso me gustaba. Escuché sus palabras y aunque era una de las mejores ofertas que obtuve en un tiempo la palabra “realeza” captó toda mi atención一 así que planeas que robe a un miembro de la realeza. ¿No es algo demasiado atrevido para una gatita como tú? 一Sí, le había puesto ese apodo porque no dudó en sacar las uñas, bufar, como lo haría un gato acorralado一 me ofendería que pensaras que mi atractivo es más interesante que mi intelecto, no parecéis como esas jóvenes parisinas que solo miran lo físico 一respondí de vuelta y aunque pude contestarle otra cosa preferí morderme la lengua. Ella quería ofrecerme un trato y un trabajo, peligroso lo más seguro, aunque no esperaba menos visto de qué era capaz y las agallas que tenía一 está bien, aunque no tengo por costumbre aceptar tratos sin antes saber o conocer todos los detalles. Y cuando digo todos me refiero a absolutamente todos, sin excepción 一hice una pequeña pausa y la adelante para quedar frente a ella一 eres tú quien me ha buscado, pero soy yo quien toma el riesgo. Así que más vale que en el camino de ir a por el barco, y recoger mi mercancia, me cuentes todo cuanto preciso saber porque imagino que si alguien pretende robar a alguien de la realeza…es por un buen motivo 一o por venganza, o por traición. Meterse con alguien tan poderoso siempre tenía sus riesgos, no es que me diera por un hombre al que tildar de cobarde pero una cosa era meterse en la cabeza del lobo sin más,y otra era sopesar las condiciones. Que viera que era más que una cara bonita.


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Mensaje por Quincy Favreau Jue Ene 26, 2023 6:43 pm

Uno… dos… continuó caminando mientras contaba mentalmente sus pasos. No se lo había dicho, por supuesto, durante el breve intercambio de comentarios más que incisivos de parte de él, pero dedicarse a rastrearlo en las últimas semanas se había convertido en su único objetivo a seguir.

Se había enfocado tanto en ello, que incluso había dejado a un lado sus labores en el Crimson Heritage, algo extraordinariamente inusual en ella, ya que la posada que había construido y cimentado con esfuerzo y sudor, se había convertido en la niña de sus ojos. Había visualizado aquel proyecto, lo había construido de cero, y ahora que el lugar atraía una buena clientela, en su mente rondaba la idea de comenzar a ampliarlo, tenía ya pensadas las expansiones, y si bien solo eran ideas intangibles por ahora, de un momento a otro podría dedicarse a materializaras. Así que no era precisamente algo ordinario que apartara de su mente su más preciado asunto personal, para concentrarse en seguir la pista de un completo extraño, y que hubiera sido lo único a lo que se dedicara día y noche, al grado de que apenas había dormido lo suficiente para seguir funcionando hasta finalmente dar con él.

Tres… cuatro… Había comenzado por causa del asalto, necesitaba de alguien que tuviera la suficiente habilidad, y una pizca de irracionalidad suficiente para emprender una aventura como la que le estaba proponiendo, una que no cualquiera se iba a atrever a realizar. Si no lo hubiera visto en acción con sus propios ojos no se encontraría aquí.

Cinco, seis… Todavía dándole la espalda esbozó una pequeña sonrisa al escucharlo responder a la vez que se apresuraba a alcanzarle los pasos. Aún así, seis segundos era un tiempo considerable para obtener una reacción, era un lapso de tiempo que podía significar la diferencia entre la vida y la muerte, llegado el caso.

-Así que planeas que robe a un miembro de la realeza. ¿No es algo demasiado atrevido para una gatita como tú?-

Rodó los ojos y mantuvo los brazos cruzados. -Esta gatita puede sortear los obstáculos que considere necesarios con tal de recuperar lo suyo, independientemente de que tan alto sea el tejado real al que tenga que saltar.-

-Me ofendería que pensaras que mi atractivo es más interesante que mi intelecto, no parecéis como esas jóvenes parisinas que solo miran lo físico.-

Dejó escapar el aire, introduciendo las manos en los bolsillos de su abrigo. -Me atrae el intelecto en un hombre, y también otros detalles más que, de estar presentes, los considero extremadamente irresistibles, al grado de desear una sesión de sexo salvaje.-

No es que fuera de su incumbencia, y tampoco supo porque le respondió así, a la mejor era porque la irritaba más allá de lo que podía comprender en el breve tiempo que llevaban conversando. Tampoco le atraía lo convencional... a su padre le había causado dolor de cabeza más de una vez que a ella le atrajeran lo que podría considerarse como "chicos malos".

Por lo menos ya habían dejado a los hombres atrás, no tener que estar pensando en la posibilidad de que se desatara un enfrentamiento en el puerto que no les llevaría a conseguir nada de provecho, ya era ganancia.

-No esperaba que pidieras menos.-
Tenía una extraña manera de aceptar tratos, ese -mas vale que- ya la inducía a resoplar otra vez, pero decidió mantener la calma. Inhaló profundamente el húmedo aire nocturno mientras adelantaban sus pasos para llegar hasta el barco. Siempre le había gustado el olor del agua salada, le recordaba las escapadas que realizaba en su infancia, cuando su intrepidez le ganaba a su sentido común, orillándola a buscar aventuras de una forma u otra.

-El grupo que alcanzaste a ver detrás de mi... ya habrás imaginado que no es uno común y corriente, se trata de un grupo de caza fortunas. Dígamos que, después de casi una década de ir apartando la décima parte de las ganancias, los beneficiosos acumulados eran más que cuantiosos.- Cierto que si hacía memoria, más de uno había gruñido de lo lindo cuando ella les había sugerido hacer algo así en aquella época en la que los demás preferían beberse las ganancias hasta alcanzar el mayor estupor etílico que retara su supervivencia y utilizar el resto para calmar el escozor que les acuciaba debajo de la cintura con las chicas de la casa de Amandine.

-Hace dos meses recibimos un tesoro completo, algo tan maravilloso que apenas nuestros ojos podían creerlo, el pago por un trabajo realizado para el maharajá de Jaipur. Lo llevamos a nuestro refugio, adonde esperábamos estuviera perfectamente bien escondido junto con lo demás, no alcanzamos a comprender como dieron con su localización… El hecho es que el lugar fue asaltado de forma inesperada, dieron con aquellos que estaban de guardia.. se deshicieron de ellos y saquearon todo.-
En esta parte del relato su cuerpo tembló de impotencia. -Lo irónico de todo esto es que quien nos ha robado es un miembro de la realeza, ¿quién creería algo así, ¿cierto?-

Lo miró de reojo unos segundos.  -Hace un par de meses París sufrió un revuelo por la llegada de un gobernante del medio oriente. Podría haberse tratado de otro snob más, pero hay algo sobre él, oculto al conocimiento de la mayoría, que debes saber.- Hizo una pausa porque finalmente habían alcanzado el lugar adonde el navío se encontraba anclado.

Sonrió al ver la magnífica nave y corrió hacia ella, lo hizo tan de improviso que en un momento había dejado a su acompañante atrás. Únicamente se detuvo cuando estuvo lo suficientemente cerca para abordarla. -¡Me extraña que no corras más! ¿No querías comprobar su existencia por ti mismo?-  Tuvo que alzar la voz por encima del viento para que la escuchara a esa distancia. Sus ojos azules como el mar lo contemplaron brillando con el reto implícito en ellos y en sus labios vagó una sonrisa. -¡A ver cuando llegas acá!-


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