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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Jade Allamand Miér Ene 11, 2023 1:55 am



LA ÓPERA DEL DESTINO
7 DE ENERO. 10:10 PM. LLUVIA HELADA
El significado que Jade podía darle a su familia, aparte de todo lo que encerraba esa palabra era música.
Cualquier momento que recordara junto a ellos estaba acompañado de una tonada que su mente parecía reproducir sola a su entera voluntad, pero siempre encajaba con el sentimiento que esa memoria evocaba. A parte de si la emoción era cálida o fría, había un absoluto común denominador en todos los recuerdos y es que siempre estaban acompañados de una ira que la desgarraba por dentro.  

La música de aquella noche había sido exquisita. Jade estuvo sin poder quitar la atención en ningún momento de la interpretación de los cantantes, solo lo hizo para llevarla a los músicos, al saber sobre música se sentía demasiado atraída por las notas y los acordes. Siguiendo el ritmo con los dedos tamborileando sobre su pierna se dejó transportar donde la quisieron llevar, en los momentos más trágicos cerró los puños y frunció el ceño, en la tristeza su corazón se encogió plácida y sufrió, agradeciendo en todo momento poder disfrutar de ese espectáculo absolutamente sola. Lo sentía por su amado primo pero ese instante era de ella, así y solo así podía encerrarse en su mundo sin el riesgo a que alguien más la interrumpiera.

Los finales arribaban sobre el mundo como el sueño sobre un pequeño al que le han leído una historia de marineros en tierras de monstruos desconocidos y voraces. Y así cuando el final de la pieza llegó y cuando los actores reverenciaron al público se levantó y aplaudió sin exagerar, pero tampoco se contuvo o disimulo la emoción y el respeto que todo aquel elenco la había hecho sentir, aún quedaban rastros de esos estímulos sonoros y visuales en su piel erizada y su interior agitado, acongojado, radiantemente melancolico.

La ópera de París nunca la había decepcionado y como siempre era un placer ver a los nuevos talentos, refrescantes para el medio artístico, inspiradores. Francia le traía remembranzas felices pero también el quiebre más absoluto de su vida.
Jade se dirigió al salón donde la alta sociedad se reunía al finalizar de cada obra para tomar una o unas copas de vino y conversar sobre sus ostentosas vidas, queriendo todos tener un pedazo de día de los cantantes y músicos victoriosos que también buscaban la fama y alimentar sus egos. Pero el centro de esa noche era el director musical, que según había escuchado llegó hacia solo unos meses e incluso en Italia se hablaba de su talento.

Tenía curiosidad como todos en ese cuarto y muchos la conocían, aunque a otros jamás en su vida los había visto, los midió según la ropa y los modales que lucían ignorando a los que no lucían su nivel o mostraban alguna actitud que para ella no era adecuada, contó también sus rasgos faciales o físicos para descartarlos. Tomando una copa de vino supo que por ahora no podría acercarse al director musical, parecía bastante ocupado con un grupo de jovencitas sonrientes y acaparadoras, así que se unió a la conversación de algunas personas que hace tiempo no veía.

Pero no dejó de observarlo, por supuesto disimulando que lo hacía. Entendía el porqué de toda aquella atención con él, era talentoso, parecía en todos sus movimientos un hombre refinado en ese traje de gala y era muy atractivo, su voz llegaba a sus oídos aún por encima de las de los demás, era sensual y profunda como un depredador alfa. Era lo que muchos, incluido ella, llamaban en la sociedad un soltero de alto valor, suponía que muchos padres estarían presionando a sus hijas por unirse a él.

Pero ¿Qué buscaba ella? Tener un día como una mujer normal en medio de su trabajo en Francia y habiendo detectado al hombre trofeo en ese salón, si terminaba saliendo de allí con él se sentiría más que una reina por encima de las demás mujeres, la vanidad era un pecado pero vaya que se sentía bien.
Apenas cruzó mirada con él levantó la copa a su salud con una sonrisa y dio un largo trago..
thanks covfefe

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Mensaje por Zephyr Drakos Vie Ene 13, 2023 11:04 am

Habían pasado ya unos meses desde que de manera oficial me convertí en el director musical de la Ópera, en un intento de desviar la atención tanto de Elian como la mía propia ya que nadie, salvo nosotros, conocíamos la verdad acerca de quienes estaban tras la verdadera identidad del líder de la “Orden del Dragón”, puesto que éramos dos personas bajo una misma máscara en lugar de una persona como todos imaginaban. Sí, nos gustaba tener ese juego macabro y retorcido desde hacía siglos -milenios- cuando aprendimos a interpretar al otro de tal manera que hasta el momento nadie se dio cuenta que éramos dos personas completamente diferentes, interpretando un mismo papel. Ser gemelos idénticos ayudaba bastante así como el hecho de que nadie sabía el verdadero nombre del líder -lo cual aprovechábamos para mantener esa doble identidad- para confundir a nuestros enemigos, ya que les era complicado saber quién era quién en cualquier momento. Convertirme en el director musical fue una decisión propia ya que desarrollé hacía muchos siglos atrás un interés por la música, por lo que desde que nos establecimos en París tenía la idea rondándome la mente. Claro que no era la primera vez que en mis largos siglos de existencia interpretaba dicho papel de director musical, siglos atrás mi reputación fue consolidada en las grandes esferas de la realeza aunque siempre tendía a no repetir el nombre por lo que trabajaba con pseudónimos. Algo que ayudaba para que en los anales de la historia no llamara la atención el mismo nombre de un director que, por siglos, mantenía su estatus dentro del mundo de la música. Por suerte para mí había una vacante libre a mi llegada a París -cosa no del todo cierta- pero más importante; los ensayos y las representaciones se hacían por la noche… lo cual me daba un margen para no tener que presentarme en horas diurnas. Y por fin tras meses de arduos ensayos, con los músicos, con los cantantes, para que todo saliera a la perfección y no hubiera ni un solo error, llegó la gran noche del estreno. Sabíamos que algunas celebridades de la alta sociedad parisina, así como de la realeza, habían sido invitados para incentivar que la gente acudiera más a la ópera y apoyara a dicho sector, por lo que todo debía salir perfecto.

Aquella era mi gran noche de estreno con una obra que causaba sensación en el resto de Europa y era la primera vez que sonaba en París, la expectación era máxima. Me encantaba sumergirme en esa faceta de director para dejarme llevar por la música, por las sensaciones y emociones que creaba a su paso, que te conducía por caminos que solo la música era capaz de crear o provocar. Todo salió perfecto, hubo una armonía que se extrapoló desde los músicos, a los cantantes, para terminar contagiando y embriagando al público en una misma esfera de emociones ligada con la música. Fue un éxito cuando al terminar el público aplaudió con fervor, y euforia, en una ovación hacia los protagonistas que se extendió a los músicos por su brillante trabajo. Habían hecho un excelente trabajo y me congratulaba tener nuevas y jóvenes promesas que crecerían para convertirse en estrellas, poder compartir esos momentos era más de lo que hubiera llegado a imaginar. Ya con la obra finalizada y como era de costumbre nos encaminamos hacia el salón central de la Ópera, lugar donde se daba una pequeña fiesta y se daban conversaciones con el público de esa noche. No fui el único que recibió los halagos por la magnífica obra interpretada aunque sí estuve más solícito de lo normal, al parecer y por lo que tenía entendido causé cierta “impresión” dentro de la socialité parisina, por lo que era un reclamo esa noche. No es que me importara o me incomodara recibir tales atenciones pero tenía muy claro que, en realidad, nada de eso importaba fuera de aquel magnífico lugar como la Ópera. Fuera era el líder de una de las órdenes secretas con más poder e influencia, y no debía olvidar que era un vampiro sádico y sanguinario. Pero para ellos tan sólo era Zephyr; el director musical. Mientras conversaba con una pareja que eran asiduos de la ópera mi mirada se centró en una de las jóvenes que, sola, parecía mezclarse entre la alta sociedad. Me fascinó -me cautivó- aquella mirada intrigante pero poderosa, profunda, de sus ojos y cuando alzó su copa no pude sino hacer lo mismo en una muda promesa; pronto iría a su encuentro.



一Espero Condesa que haya disfrutado de esta nueva obra, todos han puesto mucha dedicación, tiempo y cariño para que salga a la perfección 一la mujer, ya entregada en el tema, estuvo varios minutos halagando a todo el elenco así como a los músicos y por ende a mi persona. Aquellas pequeñas fiestas servían para incentivar que la gente acudiera más a la ópera y, si gustaba en las clases altas o en la propia realeza, era muy probable que se extendiera entre otros miembros y acudieran en las próximas actuaciones. Lo hacía únicamente por eso; por la música一 me alegro que le haya gustado, espero verla la próxima semana 一como un galán seductor me despedí de ella sin importarme que su marido estuviera a su lado, una faceta que siempre funcionaba y que solo hacía incrementar su interés. Ya libre por fin de interrupciones volví a tomar una de las copas de champán que servían y, sin obstáculos de por medio, acorté la distancia hacia la joven que vagaba por la sala sin entablar conversación alguna一 mademoiselle, ¿le importa que la acompañe? 一Pregunté con ese tono bajo, seductor y adulador, que siempre utilizaba porque era lo que más les gustaba a las damas. Notaba cómo sus pulsaciones se aceleraban así como su respiración, la sequedad en su boca o la dificultad al tragar… y era espléndido y maravilloso. Hice un gesto con mi copa antes de darle un pequeño trago para no apartar mi mirada de ella, esos preciosos ojos azules一 Espero que haya disfrutado con la obra, ¿es la primera vez que visita la ópera? No recuerdo haberla visto en otras ocasiones 一de haber sido así me habría acordado, un rostro así no se olvidaba con facilidad. Como todo un caballero tomé con delicadeza su mano enguantada y la llevé hasta dejarla cerca de mis labios一 Zephyr Drakos, enchanté 一deposité un casto beso en sus nudillos para después soltar su mano con suavidad一 dígame, ¿qué le ha parecido la obra? 一No solía entablar relación alguna con las personas que de asiduidad acudían a la ópera, en pos de mantener mi condición a un lado y no levantar sospechas… pero aquella joven tenía algo que me cautivaba, que me llamaba poderosamente la atención. Y yo era un hombre al que le gustaba descubrir o desentrañar esos pequeños misterios, tal como aquella joven a priori representaba para mí.


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Mensaje por Jade Allamand Dom Ene 15, 2023 6:13 am



LA ÓPERA DEL DESTINO
7 DE ENERO. 10:10 PM. LLUVIA HELADA

“El hombre humilde tiene todo que ganar y el soberbio todo que perder.”
Antoine Rivarol


Su llamada había funcionado, demostrando que no se necesitaba ser un vulgar brujo para conjurar la promesa de un hombre atractivo y talentoso.
Para mujeres como la inquisidora la vanidad y soberbia no eran pecado ni motivo para sentirse culpables, eran necesidades hambrientas que satisfechas la hacían lucir radiante, aún más bella.
Fue inevitable que Jade volviera a sonreír viéndose más radiante que antes al sentirse la mujer más hermosa de ese salón y no es que solo se sintiera, para ella lo era y no solo la más hermosa, sin duda la más interesante e inteligente, la única capaz de darle a un hombre tan culto como debía ser él la conversación que merecía. Si algo compartían los dos era el talento y la cultura.

Pero no era una mujer impaciente, no cuando era justificada la espera, habían situaciones donde se debía disfrutar de la extensión del tiempo, donde era un placer sentir la tensión del deseo. Continuó conversando un poco más, se le hicieron preguntas por su primo que a menudo compartía los eventos sociales en Francia e Italia por los negocios, a veces Inglaterra y sin duda los países orientales en busca de más recursos y productos que comerciar.

Otra pregunta fue saber porqué una mujer tan hermosa y de abolengo como ella seguía soltera, si es que acaso Italia no tenía buenos maridos. Jade en su interior se sintió un poco ofendida, a la vez le causaba un dolor inmenso y humillación. Había amado a alguien como nunca había amado, había amado a su enemigo con locura y vehemencia, había manchado su cuerpo y conciencia. De eso le quedaba que se sentía sucia pero también traicionada por él y por ella misma. ¿Cómo no se había dado cuenta que era un sucio licántropo? Sin embargo, toda la complejidad que podía causar la pregunta de porqué seguía soltera la escondía en humor y en un alto y metálico orgullo por su desarrollo profesional.

Tenía un puesto eminente y carrera brillante en una orden distinguida que cambiaba el mundo y lo protegía. ¿Para qué un matrimonio? A su edad entre todos ellos sin duda ya era catalogada como una desaprovechada soltera y eso no le importaba, Jade amó y fue traicionada y en pago purgó por el bien del mundo y eso era lo único que importaba. Sin embargo, sabía qué responder para no intimidar e impresionar de más a su pares aristocráticos y de clase alta, a la inquisidora le gustaba su lugar privilegiado como ciudadana ejemplar entre ellos y no lo iba a perder. Una cosa era que hablaran lo que quisieran suponer y otra lo que saliera de su boca, delatándose ella misma.

Al final terminó aburriéndose de la conversación y se alejó por otra copa de vino, la primera ya estaba vacía esperando hasta que él se presentó ante ella.
¿Cómo no pudo darse cuenta que era un vampiro?
Quizás las luces, quizás el ambiente, la admiración y la atracción que le causaba ese hombre que la hacía sentir nerviosa sumada a la forma en que la miraba, su voz y el tono adulador, quizás su propio orgullo y la soberbia de la que estaba llena. Sonrió y negó con la cabeza. - No, no me molesta en absoluto.- Es más, la esperaba, omitió decir por no dejarle las cosas tan sencillas.

- No es la primera vez, hace un largo tiempo que vivo y trabajo fuera de Francia. Pero cuando vivía aquí solía frecuentar muy seguido este lugar. Es uno de mis favoritos en todo París y el mundo.- respondió con la verdad mirándolo a los ojos, no quería que pensara que era una mujer inculta que nunca había pisado la ópera. Miró sus manos con la copa de champagne. Las imaginó tocándola apasionadas como a un instrumento, probando nuevos acordes y perfeccionando los viejos.

Por eso pudo ver cuando tomaba su mano y la respiración se le agitó, siguiendo el camino de esta a sus labios y el beso, parecía haber leído sus anhelos de que la tocara. No había duda que había que saber pedirle al universo para recibir. - Un placer, monsieur Drakos. Jade Allamand, a su servicio.- el ofrecimiento llevaba envuelto algo más intimo, por supuesto. - ¿La obra? Fue simplemente espléndida y la música... - inspiró profundo seguido de un sutil gemido cerrando los ojos, recordando el espectáculo, rememorando sensaciones que se estaban amplificando ahora que lo tenía cerca, - simplemente exquisita.- lo miró lujuriosa antes de decir lo siguiente, - tengo entendido que usted la escribió, a parte de dirigirla.- quiso confirmar si los rumores eran ciertos.

- Es un soplo de aire fresco tener nuevo talento y nuevas perspectivas en la escena cultural y musical.- eso era completamente sincero, Jade amaba la cultura y el arte, ni hablar de la música, era muy buena con el violín y el piano. - ¿De dónde viene, señor Drakos?- le atrajo la curiosidad tomando un pequeño trago de vino. Mojó sus labios sintiendo en ellos algunos rastros del licor. - ¿De Grecia?- lanzó su deducción sin atreverse a perder la oportunidad de mostrar su acierto, ya que no creía estarse equivocando.
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Mensaje por Zephyr Drakos Lun Ene 23, 2023 12:00 pm

Lo cierto es que cualquiera en mi situación se sentiría eufórico por tener tanta admiración o ser el centro de atención en la sala, más incluso que los propios artistas quienes eran más valorados ya que eran el rostro “público” de las obras, mientras que los músicos quedaban en un segundo plano el cual no me importaba en absoluto. Si estaba allí, si hacía lo que hacía era simplemente porque amaba la música y era una parte de mí que no podía contentar o saciar por mucho que pasaran los siglos, como si jamás lograse saciarme de la música pues siempre estaba sediento y deseoso por más. Conforme pasaban los siglos y las nuevas modas nacían me resultaba interesante explorar esos nuevos caminos que se abrían paso, gracias a mi longevidad pude conocer a los mayores artistas que tendrán un recuerdo en la historia porque precisamente; habían hecho historia. Tampoco quería glorias o que fuera recordado pues eso podría llamar demasiado la atención sobre mi persona, y no era precisamente lo que quería. Amaba componer nuevas sinfonías y dejarme llevar por lo que estas me transmitían, amaba dirigir una orquesta o ver cómo los artistas plasmaban con su voz aquello que intentaba transmitir la melodía, en un conjunto que era armonioso y perfecto. Mi llegada a París hacía unos meses -al menos de manera oficial- despertó la curiosidad de los artistas pero era gracias al puesto que ostentaba de director musical que podía conocer a los que serían, sin duda, grandes talentos de la música. Casi podía notar la mirada celosa e inquisitiva de algunos de los protagonistas al no recibir tanta atención o adulaciones, con gusto les dejaría que todos aquellos que se acercaran empeñaran el mismo entusiasmo, o tiempo, con ellos. Quizás por ese motivo me gustaba más moverme en las sombras e incluso pedí que no trascendiera quién había sido el artífice de la obra, llevaba demasiado tiempo moviéndome en el círculo de los artistas como para conocer algún que otro crimen cometido únicamente movido por los celos. Sabía que debía prestar atención y aumentar el interés de los allí presentes pues era beneficioso para la ópera en sí, pero tanta atención a veces me cansaba en demasía. En especial cuando de entre todos los presentes mi mirada se encontró con aquella joven llamando mi atención pero de una manera diferente, más bien de una forma depredadora como si estuviera observando a la que sería mi próxima “presa”. Tras terminar la conversación con la condesa y libre de interrupciones resté la distancia hasta encontrarme frente a ella, ya de lejos y gracias a mi visión pude observar su rostro pero verlo tan de cerca era simplemente… maravilloso. ¿Cómo es que una joven como ella se encontraba sola, en mitad de aquella sala, y no tenía una larga cola de hombres gustosos por recibir una mínima atención por su parte? Extraño sin lugar a dudas, aunque yo no iba a desaprovechar la oportunidad que se me brindaba.

O es lo que quería hacer cuando la joven a la cual me había acercado pues sentí que estaba tan perdida como yo clavé su mirada en mí persona, esos ojos azules cristalinos que me miraban con cierta desconfianza –certera pues no nos conocíamos- enmarcados en un rostro que haría que cualquier hombre fuera arrastrado al mismísimo infierno si ella se lo pidiera. Sin embargo, tras mis palabras preguntándole qué le había parecido la obra no esperé, en absoluto, escuchar lo que salió de sus carnosos y apetecibles labios en un tono que hizo que enarcara una de mis cejas sin apartar mi mirada de ella. Maldición, ¿qué era esa opresión que sentía el pecho? Oh, era posible que lo supiera porque en lo más profundo de mi ser ese “depredador” interno me pedía que le cediera el paso para aprovechar la oportunidad como bien estaba deseando... y es que cuanto más la miraba, cuanto más observaba su rostro y detallaba cada pequeña facción, más notaba esas ganas imperiosas retenidas por demasiado tiempo. Su cabello oscuro enmarcaba su hermoso rostro contrastando con sus ojos azules, claros y brillantes, mientras de fondo escuchaba su respuesta a mis palabras. Aquel maldito y sutil gemido fue todo cuanto necesité o bastó para que mi mente volara lejos y tuviera una más que explícita imagen de ella, gimiendo con más intensidad, en un ámbito más privado. Emití una leve risa entre dientes para llevar la copa a mis labios y dar un pequeño trago, todo sin apartar mí mirada fija de sus orbes azules, haciéndole entender que encantó la manera de expresarse  –puede que cualquier otro sí se hubiera sentido intimidado- sino más bien divertido, teniendo la sensación de que la noche daba un giro inesperado que no me desagradaba en absoluto.



一Parece que tenemos algo en común, señorita Allamand. La ópera en París es uno de esos lugares mágicos que tiene la ciudad, si se sabe apreciar el arte claro 一esbocé una pequeña sonrisa一 muchos tienen en mente Venecia, Viena… pero admito que París está ganando mucha popularidad últimamente por toda Europa. Uno de mis cometidos es, precisamente, que obtenga dicho lugar 一o al menos era uno de los cometidos que los dueños de la Ópera tenían previstos en pos de que se convirtiera en referencia de cara al futuro, pese a que tenía dignos adversarios que eran avalados por su historia一 si el público ha disfrutado la mitad de lo que usted acaba de mostrarme, me doy por complacido y satisfecho. Aunque admito que es de agradecer ver quiénes… gozan con la música y se dejan llevar 一claro que era una indirecta, muy directa, hacia cómo se expresó con ese pequeño gemido que hizo volar mi imaginación. Hice una pequeña pausa en la que mi mirada se centró en aquellos carnosos labios, que me incitaban al pecado sin importar que estuviéramos en aquel salón rodeados de gente, hasta que decidí responder los rumores一 es cierto, ¿quién mejor que la compuso y sabe de sus secretos, de sus mensajes, para dirigirla? Aunque es una información que me gustaría quedara entre ambos, algunos tienen la sospecha pero nunca he afirmado o negado tales alegaciones. ¿Podrá guardarme el secreto, señorita Allamand? 一Oh, aunque en realidad quería o deseaba que guardara otra cosa entre ambos. Volví a dar otro trago a la copa pese a que no lo necesitaba pero más por hacer algo, por morder el borde mientras bebía y así calmar lo que esa mujer provocaba en mí, sin apartar mi mirada de ella一 puedes llamarme Zephyr, no hay necesidad de tantos formalismos 一aunque entendía que lo hiciera, pues era el protocolo correspondiente一 lo cierto es que sí, una de las cosas con las que disfruto es encontrar nuevos talentos escondidos y ver cómo evolucionan. Es un camino y un mundo complicado, pero es refrescante ver que siempre hay nuevos talentos que descubrir 一hice una pequeña pausa一 Jade, un nombre hermoso para una mujer más hermosa aún… no entiendo cómo es que anda por aquí sola, no me malinterprete, es raro que los hombres no se afanen en llamar y captar su atención 一di un rápido vistazo alrededor para ver que algunos nos miraban, con cierta envidia, pues quizás no se atrevían o se sentían intimidados por ella一 así es, nacido y criado en Grecia aunque he viajado por varias ciudades de Europa para estudiar acerca de música 一por no contar con que en mi larga existencia visité todo el mundo, viviendo una gran parte en Egipto一 para escribir o componer este tipo de obras hace falta conocer mucho más del mundo, saber de sus misterios, culturas… no se puede componer sin antes conocer o experimentar lo que el mundo tiene por ofrecernos 一o ese era mi modo de pensamiento. Cuanto más conocías, veías, descubrías o aprendías mucho más sencillo era componer pues tenías algo sólido, una base ya creada一 no es la primera obra que compongo, aunque quizás sí la más conocida por el momento. Dime Jade, ¿podría invitarte tras la recepción, para mostrarte mis obras? 一Aunque mi pregunta llevaba algo mucho más implícito, pues en mi mente no dejaba de aparecer la imagen de ella tumbada en mi piano desnuda, con mis manos recorriendo su cuerpo desnudo, y sus gemidos mientras la embestía al ritmo de la música. Hacía demasiado que nadie despertaba algo parecido, ni llamaba tanto mi interés… estaba intrigado por qué ella.


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