Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Acta est fabula {privado Ferox}

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Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Asura el Lun Sep 03, 2018 1:35 pm

"Acta est fabula"
(La historia se ha terminado)
últimas palabras del emperador romano Augusto.
19 de agosto de 14 d. C.


Asura acariciaba el mármol travertino de la fontana que escupía agua en el centro del atrio de su domus regia, bajando la colina del Palatino. Corrían años inciertos para Roma, su emperador más longevo, Cayo Julio César Octaviano, sobrino-nieto del célebre Julio César a quien sucedió, acababa de expirar su ultimo aliento en la ciudad de Nola, en la Campania, cerca de Nápoles y se abría de nuevo la eterna disputa de poder en el Senado.

Los cristianos habían resultado ser una molesta secta que crecía como la mala hierba a ojos de los romanos, pero Asura comulgaba con esa fe, sólo que en su vertiente menos pacífica. Sus bucles rubios estaban sujetos a las sienes con una corona de laureles hecha de oro, sobre sus hombros resbalaba la típica túnica de lino que se ceñía bajo el pecho y en el cintura, como todas las mujeres pudientes de la Roma Imperial. Conoció a Julio César y le cayó realmente bien, era un tipo muy astuto, pero nunca estuvo segura de que no le fuera leal a su primo Ferox. El cainita residía también en Roma, a veces en Jerusalén, y tenía un imperio comercial y económico bastante grande, eso siempre atraía a los generales romanos que tenían miles de bocas que alimentar en sus conquistas.

Una lástima no llegar a cuajar nada con Julio César, pero no podía quejarase, ella tenía de su parte a Marco Craso, el mejor amigo del ilustre emperador y el hombre más rico de Italia. Había llegado a sus oídos que Ferox había comprado una villa en el Palatino, no muy lejos de la suya, y esto la hacía sonreír, era un maldito envidioso. Seguro que la recubriría de oropeles y los más caros materiales, daría fiestas espectaculares y sería el centro de atención de todos los patricios romanos, como si pudiera verlo por un agujerito... pero esa noche lo esperaba allí.

Tenían la sana costumbre de reunirse de vez en cuando, cada dos o tres siglos, ponerse coto y repartirse el tablero, pues la gran partida comezaba de nuevo, reiniciaban y volvían a chocar. "Chocar", ese era el término correcto. No se buscaban, se odiaban tanto como se atraían, y cuando el destino los juntaba...chocaban de múltiples formas.

Tomó asinto en su triclinium y tomó unas uvas entre sus dedos, observándolas, recordaba su sabor, aunque hacía cuatro mil años que no le sabían más que a cenizas. Mordisqueó una y obligó a su lengua a sentir el sabor original mendiante un engaño de la mente. No era lo mismo... pero podía concederse el capricho. El mundo cambiaba pero ellos permanecían, esa era su ventaja y su condena. escuchó pasos por el marmol de vestibulum, ciertamente a Ferox le quedaba mejor el uniforme de legionario que de senador, la toga púrpura o la praetexta.


Última edición por Asura el Miér Sep 05, 2018 5:02 pm, editado 1 vez




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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Ferox Black el Mar Sep 04, 2018 6:12 am

Si algo me gustaba del imperio romano ademas de esas túnicas que marcaban el pecho de las esclavas, era sin duda la facilidad con la que solucionaban sus conflictos.
Tras la caída del emperador Augusto, de nuevo todos se disputaban el imperio, yo lo hubiera solucionado en el coliseo, sin duda mi lugar favorito, allí donde la vida y la muerte se solucionaba a golpe de espada. Gladiadores, eran meros esclavos, despojos de la sociedad que podían a base de lucha ganarse el favor de los mas poderosos, sin duda me resultaba poético, al final para los humanos aquel que podía arrebatar vida acaba siendo un dios y eso era yo.

Pero hoy no era tiempo de guerra, o quizás si porque tras cerca de unos 500 años sin vernos, nuestros caminos volvían a entrecruzarse en lo que ya venía siendo la partida de ajedrez mas larga del mundo conocido y en la que aun seguían demasiadas piezas sobre el tablero.
Podía imaginarla con aquellas cascadas de oro, tumbada sobre un diván abanicada por cuatro esclavos de los que se alimentaba a voluntad, eso si, tratándolos con mucha dulzura y humanidad.
Pobre niña crédula que se creía mejor que nosotros los Black, la única diferencia entre nosotros era que nosotros eramos monstruos y comulgábamos bajo la idea de que nos arropara la oscuridad y ella creía ser un alma pura y celestial.

Sobre mi espectro acorté la distancia que separaba nuestras villas, competíamos siempre hasta con el mas nimio detalle y admito su villa era grande, debería colgar mas oro en mis ventanales.
Con una ladeada sonrisa, sin que el sirviente pudiera ni tan siquiera anunciar mi visita me adentré en su gran sala con paso solemne.
Uniformado de legionario con un claro significado ante ella siempre venía a hacer la guerra la contemplé en silencio.
Era hermosa, podría decirse que la criatura mas bella que había visto en toda mi existencia y como las peores serpientes, la mas venenosa.
-Diría que os ha sentado bien el paso de los años ¿décadas quizás?

Nuestra relación era compleja de ser llevada y mas de ser entendida, durante los milenios nos habíamos encontrado repetidas veces con finales bien distintos, unos habíamos estado cerca de matarnos, uno u otro, no importaba quien ejecutara el mejor jaque mientras fuera mate y otras, rey y reina se habían permitido una pequeña tregua en la que nuestros cuerpos desnudos habían acabado sucumbiendo a lo que de verdad nos consumía, un amor mas fuerte que los apellidos, que la sangre y que la palabra IMPOSIBLE.






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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Asura el Lun Sep 10, 2018 2:36 pm

Como siempre Ferox tomó posesión de la estancia, era algo que sucedía inevitablemente cuando el vampiro entraba en algún lugar; de pronto todo parecía obedecer a su magnetismo, de pronto todas las cosas reflejaban otro brillo, el aire se notaba diferente, el servicio parecía subyugado por el nuevo visitante y hasta el sonido de sus pasos sobre los mosaicos de intrincados diseños y colores parecían como música.

Asura estaba tendida en el diván sujetando las uvas con sus largos y delicados dedos. Nunca sabía cómo se sentiría cuando lo viera de nuevo, era una mezcla extraña de amor, odio, deseo, fuego destructivo y quién sabe qué más se cocía en aquellas almas milenarias cuyos ojos habían visto envejecer al mundo.

Unos pocos de siglos, creo. Desde Egipto.— La última vez que se encontraron Alejandro Magno conquistaba Egipto instaurando a la dinastía Ptolemaica en el poder, los antepasados de Cleopatra. Alejandro fue un gran conquistador, admiró su determinación y su olfato para las guerras y los negocios...en el fondo le recordaba a Ferox, sólo que más rubio y más ingenuo. ¿Cometía errores el destino? seguramente no, todo pasaba por algo, ella confiaba en Dios y en su infinita sabiduría, había aprendido mucho del gran Magno y de otros hombres importantes de la historia, pues las mujeres seguían siendo meros objetos de entretenimiento, o mulas de carga. Ferox siempre sería admirado, envidiado, temido. Y razones no le faltaban a la humanidad, el diablo era tantador, sensual y provocativo, absorbía el alma y la voluntad. Ella en cambio siempre tedría que ganarse a quienes mostrasen algún tipo de interés en hacer negocios, o traficar con influencias que ella pudiera tener. Asura era inteligente, bella, educada. No solía destacar por excentricidades ni comportamientos excesivos, pues necesitaba encarnar bien su papel de gran señora para acceder a la red de espionaje, a los medios suficientes para vigilar la actividad de sus primos y tratar de contrarrestarla, desde hundirles los negocios a hacerles perder guerras. Influir en la política, en la sociedad y en los grupos de influencia y presión.

Los años tampoco hacen mella ti. Sigues tan...cautivador como siempre.— Sirvió una copa de vino de Quíos en sendas copas de plata, haciéndole un gesto señalándole el diván contiguo. Lo había citado allí para hablar de varios asuntos, negocios que se habían entorpecido mutuamente y que habían llegado a punto muerto en las negociaciones. Realmente no eran motivo suficiente, podrían haberlo dejado en manos de sus escribas, pero en este caso era una excusa más para volver a coincidir. Los humanos estaban condenados a morir, ellos estaban condenados a vivir eternamente en un juego de sombras en el que rara vez brillaba la luz, excepto con esas ocasiones.— Me han dicho que tu villa en el Palatino es exquisita, que hasta tus esclavas visten de seda.

De seguro tendría un par o tres que harían sus delicias, quizás hasta tuviera de amante alguna patricia rica, le gustaba estar en el centro de la sociedad, de los escándalos incluso...porque simplemente se lo podía permitir. En cambio Asura escogía muy bien a sus "distracciones" como Ferox las llamaba, no perdía el tiempo en hombres corrientes, aunque pudiera parecer superficial, en el fondo prefería una buena conversación, unos modales cuidados y quizás un largo cortejo. Los placeres de la vida no le eran ajenos, pero no se movía por esas reglas.




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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Ferox Black el Mar Sep 11, 2018 2:35 pm

Asura era una mujer inteligente, no solo destacaba por aquella belleza serena capaz de desarmar al mismo Sanson de su fuerza, si no que también era muy capaz de urdir las mejores estrategias de guerra, no siempre los ángeles escondían bajo sus alas flechas de amor como cupido, otros largas espadas de acero bendito.

Tomé asiento en el diván copa de plata en mano, dispuesto a degustar el contenido alcohólico, otro podía imaginar que ella lo envenenaría dada la enemistad clara de nuestras familias, mas bien sabía que eso jamas sucedería porque eso implicaría terminar demasiado rápido la partida y si algo disfrutábamos ambos era de un juego complicado donde las piezas caían y eran destruidas.

Ladeé la sonrisa cuando escuché su comentario afilado sobre las esclavas, francamente no le pegaban los celos a estas alturas de nuestras vidas, nuestra historia estaba sustentada pro la tragedia, el caos y un sinfín de noches oscuras retozando entre gemidos como único pecado para ella mientras yo disfrutaba de su penitencia.
-Si, eso dicen -alegué restando importancia a sus palabras.

Yo a diferencia de ella me esforzaba por no restregar delante de sus rubios rizos mis conquistas, no porque no resultara placentero verla en un estado de ira provocado por su deseo hacía mi persona, si no porque sinceramente, ambos sabíamos que solo eran meras provocaciones y darles importancia implicaría una mofa mas que un motivo de celarme.

Por contra ella se rodeaba de hombres importantes, de gran conversación, hombres con los que si estacaba mi pecho con furia, me preguntaba que sucedería el día que yo tomara lo mismo que ella de mi brazo y lo paseara ante sus ojos avellanas.
-Veo que has prosperado Asura – su nombre escapo morboso de mis labios y los suyos se entreabrieron al escucharlo como si recibiera una buena copa de vino – Y bien prima ¿de que ansias hablar hoy?

Sabía que esto iba como siempre de lo mismo, nos truncábamos los negocios y a veces era necesario que estipuláramos las nuevas bases del juego para no llegar a un punto muerto, tablas.
Di un nuevo sorbo sin apartar mi mirada lasciva de su cuerpo.
-¿cuantas distracciones tienes que logran erizarte el vello? -pregunté consciente de que ninguna podía hacerla sentir aquello.


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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Asura el Dom Sep 16, 2018 5:05 pm

Lo odiaba. Lo odiaba con un odio violento y salvaje, tanto que le quemaba el pecho cuando lo pensaba. Lo odiaba porque lo amaba, y eso no era posible. Ferox encarnaba todo lo que no debería querer, lo que no debería desear ni admirar. Era su pecado, su debilidad, su talón de Aquiles. De la misma forma que se cercena una pierna gangrenada, había intentado extirpar a Ferox de su vida, pero no tenía suerte intentándolo. En unas cuantas ocasiones habían estado a punto de matarse el uno al otro, cuando el peso de los milenios hacía cada vez más patente que eran fuerzas opuestas de la naturaleza que obedecían al principio de atracción de los polos contrarios.

Lo odiaba. Por quererlo tanto. Por desearlo tanto. Por hacerla sentir viva con su sola irrupción en escena, como en ese momento. Porque aunque pasaran cientos de años sin hablarse ni verse, en ese instante parecía que fue ayer la última vez que se vieron. En esa ocasión se encontraron en Egipto cuando la dinastía Ptolemaica ascendió al trono y despertaron enredados entre sábanas de lino con vistas al Nilo. Mucho había llovido y esta vez Ferox le cortaba los siguientes pasos en los negocios.

He progresado, sí. Pero no puedo seguir progresando si tú bloqueas a Marco Craso en el puerto de Ostia..— El hombre más rico de Roma firmaba muchos de los negocios de Asura y era Ferox quien se estaba encargando de lastrarlo intencionadamente. — Entiendo tus lealtades, pero ya sabes que no levantaré el bloqueo de acero de Hispania si no me levantas el veto.

Eso al final no dejaban de ser negocios, podrían haber enviado a algun interlocutor para negociarlo, no eran más que minucias, así que Asura se levantó del diván y no se calzó las sandalias doradas que descansaban sobre el suelo de mosaicos, prefería sentir la textura en las plantas de los pies. Le tendió una mano a Ferox, indicándole que la acompañase al jardín de la Domus, que se abría majestuoso sobre la colina del Palatino  vislumbrando el Circo Maximo a sus pies.

Tomémonos con calma las... negociaciones.— Posó sus ojos de un color azul oscuro sobre esa colosal estructura que solía acoger a más de 300 mil espectadores en las carreras de cuádrigas.— Mañana comienzan los juegos funerarios por el emperador Augusto. ¿Te quedarás? este tipo de celebraciones...me erizan el vello..— dijo en respuesta a su pregunta. La interrogación de Asura llevaba implícita otra pregunta. De quedarse en Roma...¿volverían a verse? podrían encontrarse en alguna fiesta, en algúna reunión, pero ella se refería a otro tipo de encuentros.




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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Ferox Black el Lun Sep 24, 2018 12:57 pm

No eran solo los negocios lo que nos habían enfrentado en este momento, mas bien esa era la excusa para hacerlo, la necesidad, eso era exactamente lo que nos obligaba a mirarnos de frente.
-Entiendo -dije llevando una de las uvas a mis labios sin encontrarle mas sabor que el de la misma ceniza – Marco Craso en un hombre temperamental, veré lo que puedo hacer por ti, no prometo nada.
Mis palabras sonaron lujuriosas aun cuando solo hablábamos de negocios, unos que bien sabía la inmortal que tenía en mis manos y que Marco solo era una marioneta de la que yo manejaba los hilos a voluntad.

La hija de Seth se puso en pie, descalza pude escuchar como sus pies acariciaban el suelo, el vestido se movió sutil creando ondas frente a mis ojos, marcando aquella figura curvilínea y cincelada sin duda para el mismo Dios creador de todo.
Cuando extendió su diestra pidiéndome saliera al jardín con ella, acepté la invitación con gesto de indiferencia, una que no sentía pero que fingía. Tomé así aquella piel marmolea. Sentí el electrizante contacto en mi palma cuando sus dedos se deslizaron en la expresión de una ínfima caricia.

Fuera el colosal circo Máximo, ahora era un hervidero pues al día siguiente empezarían los juegos en honor a la caída del emperador.
Su pregunta fue clara, mis ojos se perdieron en aquellos dos pardos que buscaban respuestas.
-Me quedaré -susurre meciendo los mechones sueltos de su pelo con mi aliento, ambos dorados enmarcaban su rostro perfecto – participare en una de esas carreras -aseguré como un dato, algo que ella posiblemente ya supiera -¿quizás podría tener vuestro favor? -pregunté con la voz ronca -ya sabéis, un pañuelo bastara para sentirme vencedor.

Y ahí estábamos los dos titanes midiéndonos de nuevo, el deseo era un camino peligroso para los dos pero ¿y el amor? La peor amenaza, una que jamas reconoceríamos.
-Quizás Asura podamos negociar tras los juegos, creo necesitareis un hombre que pueda arropar vuestra piel de gallina y clamar vuestros nervios, los medio hombres de los que os rodeáis solo son bufones de tu corte.



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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Asura el Miér Sep 26, 2018 4:53 pm

La risa de Asura llenó la estancia, clara como un amanecer, con la esencia de las cosas auténticas, pues ellos dos estaban hechos de la materia primigenia sin apenas corromper.

Pasan los siglos y todavía me sorprendes. ¿Carrera de cuádrigas? está bien, la veré desde el palco... aunque no tienen nada que hacer contra ti, no te gusta perder en nada.

El comentario podría haber pertenecido a cualquier joven que charlase con su amado y que al día siguiente fuera a competir, pero ellos eran viejos como el mundo y esos momentos cotidianos, muy escasos. Cuando la humanidad abandonaba el alma muerta y sólo quedaba un tiempo inconmensurable, había pocas cosas que generasen de verdad esa chispa de vida, ese momento en el que sentirse de nuevo ardiendo por dentro.

Se conocían bien, mejor que nadie podría conocerlos nunca. Sabían con cuántos recovecos oscuros oscuros contaba el alma de cada uno, y también dónde nacía su luz. Ambos eran monstruos milenarios, pero Asura pertenecía al lado de la humanidad y del "bien" y Ferox encarnaba lo diabólico y el "mal". Mas como en todas las historias, los malos no eran tan malos ni los buenos tan buenos, estaban hechos de luces y sombras en distintas proporciones y ambos eran especialistas en discernir las del contrario.

La conocía bien, sabía lo que la hacía tamblar hasta los cimientos. Pero ella también sabía del anhelo profundo de Ferox, ese que no calmaban las piernas de cualquiera. Colocó la mano sobre el peto de cuero y metal que llevaba el vampiro, desplazando la manos hasta donde estaba el corazón. El cuero no impediría que hundiera las uñas allí arrancándole el órgano vital. Pero no lo haría, matarlo no estaba en sus deseos, todo lo contrario.

Entonces tras los juegos...negociaremos. Te veo bien, Ferox. No te caigas de la cuádriga.

Se dio la vuelta encaminándose hacia el dormitorio principal de su domus, sintiendo el calor en las entrañas, necesitaría un alivio cuando el vampiro abandonase el lugar. Tenía ese poder de irremediable atracción sobre ella y lo odiaba por eso, pero lo deseaba aún más.





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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Ferox Black el Sáb Sep 29, 2018 4:49 pm

Otros tiempos, otras tierras pero siempre los mismos condenados arrastrando idénticos sentimientos, elevó su mano posandola sobre mi peto de cuero, podía arrancarme el corazón y de algún modo no se lo impediría, le pertenecía, y ella lo sabía ¿para que arrancarlo de mi pecho si era dueña y señora de cada inerte bombeo?
Asentí con la cabeza incapaz de mirarla, negociaríamos tras los juegos y eso no restaría que fuera implacable en cada treta.

Se separó de mi en ese constante juego del gato y el ratón, ese en el que la cercanía quemaba y la lejanía nos abrasaba a los dos.
-espera -pedí.
Noté como su cuerpo temblaba ante mi mirada al escuchar mi ronca voz, la conocía, me conocía y los pasos retumbaron sobre el embaldosado hasta que de nuevo la distancia fue inexistente entre ambos.

Sus labios se entreabrieron cuando alzó la mirada para enfrentarme, mi diestra se acercó al pañuelo que mecido por una ligera brisa se movía lento y de un suave tirón lo arranqué de su piel para enredarlo a mi mano después.
-Como ganar sin el trofeo de mi dama -susurré de forma etérea contra sus labios -nos vemos pues tras los juegos.
Así abandone el domus, sintiendo mi sangre hervir, como un volcán la lava corría por mis venas.

El circo Maximo estaba a rebosar aquel día en el que como homenaje al emperador difunto Agusto comenzarían los juegos funerarios. Aquel recinto deportivo era enorme, en la pista cabían hasta 12 carros y los dos lados de la misma se separaban con una mediana elevada llamada la spina. Las estatuas de varios dioses se colocaban en la spina y César Augusto también erigió un obelisco egipcio en ella. En cada extremo de la spina estaba colocado un poste de giro, la meta, en torno al cual los carros hacían peligrosos giros a gran velocidad. Un extremo de la pista se alargaba más que el otro, para permitir que los carros se alinearan al comienzo de la carrera. Allí había verjas de salida o carceres, que escalonaban los carros para que todos ellos recorrieran la misma distancia en la primera vuelta.

Situado en la escalonada salida elevé la mirada hacía el palco, allí, ella, impertérrita, con sus ojos fijos en mi, elevé la mano, su pañuelo perfectamente anudado en mi muñeca ¿necesitaba mas para entender que aunque eramos demonios llenos de luces y sombras no podría uno existir sin el otro.


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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Asura el Mar Oct 09, 2018 5:19 am

Durante el día el pueblo había saciado su sed de sangre en el Coliseo, luchas de gladiadores, fieras desmembrando a condenados y delincuentes para el deleite de un pueblo sanguinario. A Ferox le gustaban los romanos, una población cuyo culto a la sangre y desprecio a la muerte los llevaba a colocar los pulgares hacia abajo gritando y clamando por el sacrificio humano por el simple y puro placer de ver a la muerte en sus narices.

Asura no se complacía de esos actos, humanos contra humanos, sin saber que su común enemigo campaba a sus anchas y eran los vampiros una especie depredadora a la que sí deberían temer y aniquilar. Caín fue un mezquino envidioso y por sus propias inseguridades la ira homicida lo llevó a matar a Abel. Esa ira se reflejaba ahora en los ojos de la multitud enfebrecida que sólo quería un baño de sangre para luego regresar a sus ínfimas vidas, rebaño manejado por los poderosos.

Las carreras de cuádrigas empezarían al atardecer, conmemorarían una de las victorias del emperador Augusto que cayó sobre los macedonios en Filipos y la batalla finalizó a esas horas alzándose el estandarte del águila de las legiones romanas. La carrera sería a tandas de cinco vueltas y los dos que quedasen últimos se enfrentarían en combate a muerte en la arena frente al palco imperial.

Asura no tenía duda de quién quedaría vencedor, había apostado una buena suma por Ferox, no era una necia en los negocios, aunque para disimular apostó también a otros. En el palco se encontraban el emperador Tiberio, hijo de la segunda esposa de Augusto, y la mujer del nuevo regente, Julia. A sendos lados se encontraban también Sejano y Quinto Nevio los prefectos pretorianos y hombres de confianza del nuevo emperador, que más tarde sería abuelo y legaría a su nieto Calígula el trono. En su juventud Tiberio había sido un gran general romano, llevando a cabo grandes gestas en  Panonia, Ilírico, Recia y Germania, y ahora por la muerte de su padrastro, el emperador más longevo que vería Roma, se había encontrado con el cargo absoluto en sus manos.

Asura se sentó junto a Marco Licinio Craso, el hijo del que fue el mejor amigo de Julio César, formando parte del Triuvirato, y que aplastó la revolución de esclavos de Espartaco. El hijo de Craso no era tan lince como su padre, pero había heredado todos sus negocios y eso comprendía media Roma y parte de las provincias extranjeras. Aún seguía en la memoria de los romanos que Craso el viejo perdió en la batalla de Carras contra los partos, muriendo también allí de forma atroz, y tras esa guerra se "perdieron" diez mil soldados de los que jamás se supo nada. La leyenda sobre la Legión Perdida de Craso había menguado un poco su poderío económico y por eso Ferox lo bloqueaba en el puerto de Ostia impunemente.

Sus ojos se encontraron entre el rugido de la multitud, a pesar de que en aquel circo cabían hasta trescientos mil espectadores. Asura portaba un vestido de lino púrpura y dorado, sujeto en los hombros por sendos broches de oro y piedras preciosas, el cabello trenzado y recogido en la coronilla sujeto con una diadema de oro y piedras. En su antebrazo portaba un brazalete de oro macizo con forma de serpiente, un animal que viviría siempre vinculado a su familia, sus ojos eran rubíes refulgentes.

serpiente:


Levantó su copa hacia el cainita a modo de saludo, la emperatriz Julia se le acercó saludándola, aunque las posturas políticas de Asura no eran muy cercanas a las que gobernaban, seguía siendo una mujer rica e influyente y prácticamente sus villas eran vecinas en la colina Palatina.

— ¿has apostado por Ferox? curiosa elección, ya que es él quien te bloquea en todo.

La rubia sonrió, eran ya milenios caminando por la tierra y sabía guardar las apariencias, tenía claro que la emperatriz Julia veía a Ferox como un dulce postre que se comería con gusto.

me gusta tener a mis amigos cerca, pero a mis enemigos aún más.
¿Ah sí? quién dijo esa estupidez?
El abuelo de tu marido, el gran Julio César. Disculpame, hace un poco de calor, voy a sentarme.

La emperatriz la miró con cara de vinagre, ella era la mujer más importante del imperio y nadie le hablaba así. Encontraría el modo de devolverle la ofensa a esa engreída de nombre babilonio.

El presentador comenzó a vocear cuando se detuvo el redoble de tambores, explicando qué se representaba en aquellos juegos funerarios y la multitud calló, conteniendo el aliento. Hombres y bestias estaban colocados en las líneas de salida y quienes cruzaran los últimos tras cinco vueltas, combatirían a muerte.




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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Ferox Black el Dom Oct 14, 2018 4:47 pm

Asura no era una mujer inocente pese a descender del mismo linaje Seth, tras esa mascara plagada de luz que mostraba a sus fieles, yo era capaz de visualizar miles de sombras llenad de tonalidades grises y ahora, con su mirada incisiva puesta en el pañuelo anudado a mi muñeca vi una clara, el deseo. Asura era consciente que aquella carrera le pertenecía, aquella victoria seria suya pero también sabía que no iba a ponerle las cosas fáciles, a fin de cuentas eramos aferramos enemigos, ella quería negociar conmigo, necesitaba que dejara de bloquearla en el puerto de Ostia, mas yo necesitaba algo de información sobre un objeto perdido en el tiempo.

Ladeé la sonrisa cuando alzó su copa deseándome una fortuna que no necesitaba y pronto los carros se pusieron en marcha, el matiz de mis ojos se torno fuego, adoraba aquella sensación de caos, el hedor del sudor de los caballos y de aquellos humanos que se esforzaban por ser ganadores de los juegos y que solo tenían miedo.
Todo estaba permitido, mis cuatro equinos negros como la noche corrían como diablos azuzados por el látigo que surcaba el viento guiado por mis manos.
Cinco vueltas, los dos vencedores pasaríamos a la pelea a muerte de gladiadores, ladeé la sonrisa cuando una de las cuadrigas acabó en el piso al ser cerrada por otra de inmaculados caballos blancos. Las gradas se alzaron jaleando el atropello, mas yo no cedí por muy delante mio que estuviera, azucé mas a los caballos que le pasaron por encima al desgraciado mientras yo apretaba los dientes sujeto al carro escuchando los aplausos de propios y extraños y como no, aquel suspiro de la mujer de dorados cabellos que escuchaba a los romanos gritar mi nombre.

Por supuesto que mis monturas fueron los primeros en atravesar la meta seguidas de unas guiadas por un licano que cubría por completo su rostro pretiriendo en un misterio que con saña había motivado a sus caballos a correr como si les persiguiera el mismo dios del caos.
La batalla sería interesante, ahora los bufones amenizarían el rato con un espectáculo digno de los presentes mientras nosotros nos colocábamos las armaduras y escogíamos las armas antes de volver a las arenas de circo.

Lo que no esperé es la visita de Asura, enarqué una ceja al ver la preocupación teñir sus pardos, no era propio de ella, entre otras porque era muy consciente de que yo y no el licano ganaría esa gesta.
-A que viene tu agradable visita -pregunté recorriendo con mis ojos aquella bella silueta - ¿venís a por vuestro pañuelo? ¿acaso deseáis retirarme el favor?
-Askar -susurró pegándose a mi cuerpo.
-Eso no es posible -aseguré tratando de calmarla -vas a mancharte el vestido ,estoy sucio -susurré contra la piel de su cuello, vuelve a tu palco, no puedes dar de que hablar a los tuyos -susurré apartándola para que obedeciera mi ruego.




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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Asura el Sáb Oct 20, 2018 5:46 am

Lo sentía en sus entrañas de la misma forma que las arañas presienten la lluvia y recogen su tela. Askar, el lobo primigenio, aquel que portaría la ruina a los hijos de Caín, y en ese saco estaba ella, porque si bien luchaba contra su propia raza, no contaba con el favor del licántropo, ya que era de los pocos que sabía el secreto de Asura y Ferox.

Al igual que ellos, su existencia se remontaba a los años en los que el mundo era joven y limpio y fue la caída de Eva y la mancha de Caín la que pudrió el paraíso. Si por ella fuera, dejaría que el licano triturase los huesos de todo aquel vampiro que se le cruzase, pero había uno en particular que era su talón de Aquiles, Ferox. Y el lobo del odio y la venganza iba a por él. No dudó en bajar hasta los sótanos del circo donde guardaban las cuádrigas, las monturas, los esclavos y las fieras para avisar de Ferox de quién era el enemigo con el que iba a batirse.

Se sentía dividida entre avisarlo y dejarlo a su suerte, por un lado tiraba de ella el deseo y los complejos sentimientos que llevaban siglos arrastrando, y su misión, aquella para la cual sacrificó la humanidad. Finalmente pudo más la debilidad, esa que trataba de dominar y por la que odiaba al vampiro profundamente.

Es Askar...lo he sabido desde que puso un pie en la arena.— Los criados le limpiaban un poco la armadura y la gladius que portaba en la mano, al salir a la pista querían que luciera como el grandioso general que fue una vez. La política se entremezclaba con la guerra de sangre que se llevaban desde los tiempos inmemoriales. Esconderse bajo máscaras humanas, tener hijos ficticios para justificar su cara repetida años más tarde, negocios, sobornos y complejos entramados para ocultar sus identidades y seguir en la palestra dominando el mundo. Era complejo, tedioso, aburrido. Pero si querían permanecer entre los humanos gobernándolos debía ser así.

Ferox tendía a sobreexponerse a las multitudes y algún viejo vetenrano de la guerra de Partia podría reconocerlo, por eso Asura solía moverse entre los distintos imperios para que nadie la reconociese siglos más tarde. Esa pelea iba a pasar a los anales de la historia, Roma estaba en su pleno apogeo y ellos eran la mano que mecía la cuna, ocultos entre sus identidades falsas, los tres jugaban una partida en la que matar o morir eran las únicas opciones.

Sabiendo quién era el enemigo, y sabiendo que tenía posibilidades de eliminar a Ferox de la faz de la tierra, se pegó al cainita y se fundió en sus labios con un beso ardiente que expresaba todo lo que no se decían y lo que jamás deberían haber sentido. Sin nada más que decirle, porque la suerte estaba echada, como decían los romanos, se alejó por el túnel para ir de nuevo al palco.

Las trompetas sonaros y los dos combatientes, orgullosos y preparados, caminaron por la arena para saludar al emperador y dar comienso a la batalla. Asura fijó los ojos en Askar, silenciosamente le prometió que si acababa con Ferox su cabeza adornaría una bandeja de plata en su domus del Palatino.

Alea jacta est.




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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Ferox Black el Miér Oct 24, 2018 1:05 pm

Jamas había reculado en una batalla y no sería esta la primera, con esa sonrisa de autosuficiencia que frecuentaba me relamí los labios paladeando el beso de la única mujer que me estaba prohibida, mas veces me jugaría la vida pro encontrar sus labios presos de los míos y aun así era consciente de que ese pensamiento me mataría.

Askar, su nombre retumbaba en mi cabeza y aun así no me temblaba el pulso, sentía la adrenalina fluir por mis venas en el mismo instante en el que subí mi pie en el carro, ese que tirado por los 4 oscuros caballos me sacaría nuevamente a la arena.
Ladeé la sonrisa al ver al publico en pie, saludé alzando la espada, el escudo bajo, la tierra se levantaba en una gran polvareda y yo solo era capaz de verla a ella, aterrada, con su mirada fija en el hombre que era su lacra y su penitencia.

Bajé del carro, la aclamación al otro guerrero no tardó en suceder y los pétalos de rosas tampoco en caer, allí estábamos, uno frente al otro, como siempre, viejos enemigos en un mismo escenario.
Ladeó la cabeza como el perro que era, iba cubierto por una mascara pero su sonrisa lo delataba.
La voz del narrador sonaba en off, el publico escuchaba atento la presentación de sus héroes y gritaron ansiosos nuestros nombres.

Clavé la espada en el suelo sin apartar mis ojos del licano y tomando un poco de tierra embadurné msi manos, un gesto muy humano.
-Quienes van a morir te saludan -dijo Askar mirando hacia el palco, por supuesto al emperador, mas..sus ojos se desviaron afilados hacia Asura.
-Aparta de ella tu mirada, perro -gruñí entre dientes.
-No solo le he puesto mi mirada encima a tu pequeña furcia -aseguró con diversión.
Ese gesto bastó para que tomara la espada del suelo con saña y lanzara mi primer ataque, uno que paró con su escudo, pero no me detuvo, intercambio de golpes, ambos rugíamos ,gruñíamos y nos enseñábamos los dientes, eramos guerreros, eramos dioses y también un día fuimos hombres.

El ruido de cadenas delató que no estábamos solos, unos tigres habían salido de los portones y pensaban jugar con nosotros, eramos muchas cosas pero sobre todo bestias, unas que lejos de amilanarse logro encender nuestras miradas, sus ojos se tiñeron de amarillo radioactivo, los míos eran brasas y de nuevo los aceros silbaron sajando el viento, el palco enmudecido, solo se sentía la respiración del enemigo y los golpes metálicos.



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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Asura el Mar Nov 06, 2018 10:14 am

La arena del Circo Máximo había presenciado sus tributos de sangre durante décadas, estaba bañada con la muerte como si ésta pudiera descomponerse en finos gránulos que al tocarlos lanzasen la advertencia a todo luchador: no saldrás de aquí vivo. El hambre salvaje de sangre, muerte y destrucción de los romanos no tenía fin, y el espectáculo que ofrecían Askar y Ferox enardecía a la masa enloquecida, ávida de poder jugar a ser dioses reclamando con los pulgares abajo esa vida para Caronte.

Primero vítores, jaleo y gritos celebrando la precisión de las estocadas, las fintas y las paradas. Dos luchadores excepcionales ofreciendo el espectáculo que todos querían consumir, yonkis del asesinato y la barbarie. El mundo era simple por aquel entonces: matar o morir. El lobo primigenio era astuto, ágil y de gran potencia, mientras que el vampiro poseía una velocidad y destreza fuera de lo normal. Usualmente Ferox era frío, analítico y conseguía sacar ventaja de las situaciones; pero en esa ocasión Askar lo había provocado dejando paso a la furia abrasadora y helada del hijo de Caín. Sin duda alguna, esa era uno de los contados momentos en los que el cainita sentía algo en plena potencia, y era odio. Odio infernal, arcano y desgarrador contra esa criatura aberrante a la que deseaba destrozar con sus propias manos.

Ferox alcanzó a la bestia en el costado haciéndolo sangrar apenas, y éste apretando las mandíbulas descargó su gladius contra el no-muerto y aprovechando su parada desgarró su pectoral con las uñas, que parecían estar hechas de acero. No las había transformado en garras del todo, sólo asomaban un poco, pero era suficiente para conseguir herir al oponente. El choque de los metales y la ferocidad de éste lograron acallar al público que aunque al principio no eran conscientes, ahora algo les decía que estaban presenciando una gesta que haría historia, algo excepcional que quedaría grabado en las retinas de todos ellos para siempre.

Las fieras emergieron de los sótanos del circo y ambos contendientes además de tener que andar atentos a sus golpes, tenían que alejarse de las garras de los felinos, básicamente no porque les pudieran matar, pero sí les supondría una mala desventaja contra un rival formidable. Los rugidos se escuchaban en todo el recinto, que no era pequeño, dotando a la escena de un halo todavía más tenso. Poco a poco el clamor se apaciguó dando paso al silencio expectante, a una concentración total sobre aquellas dos figuras y los tigres que los amenazaban con sus fauces enormes y sus afiladas garras.

Pero sólo podía haber un vencedor y la rendición no era una opción, bien lo sabía Asura que no perdía detalle desde el palco. Instintivamente se llevó la mano al colgante que reposaba sobre su pecho, ese pedazo de ámbar que contenía en su interior los colmillos de la serpiente que tentó a Eva y desató el pecado en el mundo. Su madre, la esposa de Set, fue una poderosa hechicera llamada Azura y fue la que confinó tal reliquia dentro de la joya. Sólo una mujer podía hacer uso del poder del pecado original, porque fue una mujer la que lo trajo a la tierra desatando la caída de los mortales. Asura murmuró algo imperceptible y el medallón vibró entre sus dedos, el pecado invocaba al pecado y había llegado el momento de provocar el fin de aquella pugna que no podría acabar bien de ningún modo.

De pronto y sin mediar palabra, la emperatriz se levantó de su asiento, se apoderó de la gladius de uno de los pretorianos que estaba absorto en el combato y la clavó en el centro del pecho de su marido, el nuevo emperador. Ni cinco días le había durado el mandato. Cundió el caos y en el palco todo fueron voces, gritos, carreras y órdenes de “¡Poned a salvo al emperador!” Aunque fuera ya demasiado tarde. Desde los sótanos recogieron a los animales y una cuadrilla de gladiadores y legionarios rodearon a Askar y a Ferox que no quería parar. Tenían que dejarlo estar, el emperador estaba herido o muerto y se habían terminado los juegos por hoy. Unos juegos que pretendían honrar a Adriano, muerto tras gobernar el imperio durante más de cincuenta años, y que acabarían honrando la muerte de su hijo también.

Asura dirigió una última mirada a ambos con una clara reprimenda en ellos: “Aquí no”. Los asuntos de sobrenaturales se trataban de otro modo, y aunque se tenían ganas y no sería la última vez que se enfrentarían con ánimo de destrozar al contrario, ambos sabían que no era bueno hacerlo frente a trescientos mil humanos. Si los humanos descubrían su existencia estarían en serios aprietos.




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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

Mensaje por Ferox Black el Mar Nov 06, 2018 12:19 pm

Espada, acero, sangre, sudor y jadeo de nuestra propia respiración, eramos dos bestias enfrentadas, hijos de la noche, nos odiábamos lo suficiente como para saber que solo uno quedaría en pie.
Ambos seguros de nuestras posibilidades, ambos incapaces de claudicar y con esa feroz sonrisa de superioridad, si Asura me veía desde el palco ganara o perdiera sabía que no iba a olvidar esta batalla sin igual.

Fue entonces cuando algo sucedió, cuando el mundo enmudeció y después el grito de los allí presentes se fundió con el rugido de las bestias y tintineo eterno de las cadenas.
No nos detuvimos ¿como hacerlo cuando en frente tenía a mi archienemigo? Soldados buscaron alejarnos, mas de uno sucumbió bajo nuestras zarpas, eramos peligrosos, mas que nada de ese circo porque para nosotros el juego había terminado y solo quedaba las ganas.

Asura hundió en ambos su mirada, una que nos gritaba un “No aquí, no ahora”
Gruñimos mirándonos antes de separarnos y cada uno emprender su camino, no era el día pero este llegaría y ambos lo sabíamos ,solo debíamos seguir sobre el tablero para ganar o perder la partida.
Me llevaron a una habitación para que pudiera quitarme la armadura, aseguró la doncella que de mi se ocupaba que pronto llegaría el medico para curar mis heridas, que me traerían vino y mujeres para saciar mi ira, que hoy celebraría la gesta como el ganador de la misma y por contra yo no sentía la victoria recorrer mis venas.

La puerta se cerró, aullé, rugí y estampé varios muebles astillandolos mientras la lumbre lamía una piel fría.
Asura entro entonces como un espectro, bella, inmaculada y con el semblante tan serio que por un instante pesé que le preocupaba.
-¿a que vienes? -pregunté con un deje de rabia.
Ella había causado aquel incidente, ella era la culpable de que Askar no yaciera sobre la arena.
-¿Tan poco confiaras en mi? -pregunté airado acercándome a ella hasta que la distancia entre nuestros cuerpos fue efímera.

Mi pecho subía y bajaba violento y por él la inmortal deslizó la yema de su dedo en sumo silencio.
-¿Cuando vas a dejar de rehuir la única verdad? Me amas, no es deseo, no es pasión, es amor, pero reconocerlo te llenará de sombras y tu vendes luz.


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Re: Acta est fabula {privado Ferox}

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