Victorian Vampires
Cara a cara — Priv. ZZaNqS8
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




NIGEL QUARTERMANE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
NICOLÁS D' LENFENT

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
GHENADIE MONETTE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
DOREEN JUSSSIEU

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
RYLEY LEZARC

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP


ESTACIÓN


Espacios libres: 00/40
Afiliaciones élite: CERRADAS
Última limpieza: 11/08


COPYRIGHT/CRÉDITOS

En Victorian Vampires valoramos la creatividad, es por eso que pedimos respeto por el trabajo ajeno. Todas las imágenes, códigos y textos que pueden apreciarse en el foro han sido exclusivamente editados y creados para utilizarse únicamente en el mismo. Si se llegase a sorprender a una persona, foro, o sitio web, haciendo uso del contenido total o parcial, y sobre todo, sin el permiso de la administración de este foro, nos veremos obligados a reportarlo a las autoridades correspondientes, entre ellas Foro Activo, para que tome cartas en el asunto e impedir el robo de ideas originales, ya que creemos que es una falta de respeto el hacer uso de material ajeno sin haber tenido una previa autorización para ello. Por favor, no plagies, no robes diseños o códigos originales, respeta a los demás.

Así mismo, también exigimos respeto por las creaciones de todos nuestros usuarios, ya sean gráficos, códigos o textos. No robes ideas que les pertenecen a otros, se original. En este foro castigamos el plagio con el baneo definitivo.

Todas las imágenes utilizadas pertenecen a sus respectivos autores y han sido utilizadas y editadas sin fines de lucro. Agradecimientos especiales a: rainris, sambriggs, laesmeralda, viona, evenderthlies, eveferther, sweedies, silent order, lady morgana, iberian Black arts, dezzan, black dante, valentinakallias, admiralj, joelht74, dg2001, saraqrel, gin7ginb, anettfrozen, zemotion, lithiumpicnic, iscarlet, hellwoman, wagner, mjranum-stock, liam-stock, stardust Paramount Pictures, y muy especialmente a Source Code por sus códigos facilitados.

Licencia de Creative Commons
Victorian Vampires by Nigel Quartermane is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en https://victorianvampires.foroes.org




Cara a cara — Priv.

Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Cara a cara — Priv.

Mensaje por Alarik Tesla el Vie Jun 05, 2020 11:41 am


Había visitado lugares como aquel antaño cientos de veces y, especialmente, antes de estar casado. Tras su matrimonio su vida se había vuelto una turbulenta nebulosa que le obligaba a hacer las maletas de forma apresurada y a no quedarse demasiado tiempo en ningún lugar, pero después de un tiempo en París, Tesla podía comenzar a considerar la ciudad como una especie de zona segura. O quizás simplemente su mente, humana y primitiva al fin y al cabo, se había relajado debido a la ausencia de un peligro inminente, haciéndolo confiarse de forma inapropiada. Fuera como fuere de su garganta emergió una risa sincera ante aquellas palabras que acababa de decir su interlocutora. Su mano diestra jugueteaba con un vaso de cristal labrado que prácticamente estaba ya vacío, y la derecha sujetaba un puro a medio consumir, el cual eventualmente era acercado a sus labios.

Valérie era una mujer de anchos hombros, cuyo ceñido corset dejaba entrever un sugerente pecho salpicado de vello castaño. Su barba; eso sí, estaba perfectamente rasurada, y apenas eran en ella perceptibles los cráteres que la navaja de afeitar había tenido a mal el marcar en su tersa piel tiempo atrás. El cabello de Valérie lo conformaba una elaborada de peluca de color ceniciento, que sin duda sería la envidia de cualquier señorita de la alta sociedad. Tesla había tenido la fortuna de conocerla varias noches atrás, y su humor le resultaba afín, divertido y simpático. Con el paso de las horas, Valérie siempre tenía que dejarlo para poder atender a algún cliente, pero él, gustoso, la invitaba a la copa que estuviera tomando, como pago por el buen rato.

Aquella noche no fue menos. Cuando uno de sus clientes la reclamó, Tesla depositó un beso sobre sus mano enguantada, y se despidió de ella hasta la noche siguiente. Le acababa de confesar que durante el día se hacía llamar Frédéric, y su trabajo consistía en mantener limpias y decentes las cuadras de las que hacían uso los caballos de la policía local. Dio una calada al puro, quedando solo en aquella mesa vacía, con todavía el resquicio de una media sonrisa dibujado en los labios. El murmullo de las conversaciones y las risas a su alrededor le habían servido para despejarse tras una dura jornada laboral, y en esos momentos dudaba si deseaba pedir otra copa y alargar la noche o... buscar, quizás, a otra Valérie. O a otro Frédéric.

Acabó el contenido del vaso con un último trago, dejándolo después boca abajo sobre la superficie de madera de la mesa, la cual ya sudaba debido a la cantidad de bebidas que había tenido encima a lo largo de la noche. A decir verdad no era excesivamente tarde... pero él sabía bien que aquel tipo de sitios tenían un horario difuso. Con el puro sujeto entre los dedos índice y pulgar de la mano izquierda, se inclinó hasta apoyar los codos sobre la mesa, sin importarle si el impoluto blanco de la camisa que vestía pudiera o no ensuciarse debido al contacto con el tablero. Con la mano libre, sacó del bolsillo de su chaleco una pequeña bobina, la cual consistía en un cilindro de cristal envuelto en hilo de cobre. La contempló, con los ojos entrecerrados. A pesar de haber empleado gran parte de su día en su egoísta desarrollo del experimento que tenía entre manos, cuando había dejado el laboratorio lo había hecho a regañadientes. Gladys, la ama que se encargaba de la limpieza y el mantenimiento de toda la nave lo había echado de allí alegando que en las últimas semanas no había tenido la oportunidad ni de limpiar el polvo... y él había descubierto que cuando Gladys se enfadaba, lo mejor era asentir y desaparecer. No dudaba de que al día siguiente estaría todo como los mismísimos chorros del oro... pero Gladys no destacaba por su sutileza, así que simplemente, lo más delicado que había tenido a mano lo había metido en sus bolsillos: como era el caso de aquel prototipo de bobina.

Fue a dar otra calada al puro, pero el paso del tiempo parecía haberlo apagado. Distraídamente, buscó un par de cerillas que lo encendiesen de nuevo... pero en sus bolsillos soló halló los diminutos componentes electromecánicos que había tomado antes de salir del laboratorio, así como un pañuelo de tela y su reloj. Miró el puro apagado y, tras chasquear la lengua, se dispuso a dar con alguien que también fumase cerca de él. Lo vio de espaldas, junto a la barra. No veía ni puro ni pipa directamente, mas sí el humo que emanaba de lo que fuera que estuviese fumando, el cual envolvía su figura como un halo. Sin muchos miramientos, Tesla caminó junto a él, apartando el taburete que se situaba junto a la barra para poder apoyar en ella el costado. — Buenas noches, caballero. ¿No tendrá por casualidad un fósforo?.




Cara a cara — Priv. DjE8MJZ
Alarik Tesla
Alarik Tesla
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 21
Puntos : 28
Reputación : 15
Fecha de inscripción : 26/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Melquiades de Oria el Mar Jun 09, 2020 10:58 am


Hacía tan solo unas horas que Melquiades había llegado a la capital francesa, un lugar, que debido a sus numerosos viajes, hacía bastantes años que no pisaba. Porque mucho decían de los gitanos que eran un pueblo nómada, pero de aquellos que formaban parte de él poco tenía que envidiar. No obstante, de manera opuesta a ellos, que en la mayoría de casos se movían por pura supervivencia, el brujo lo hacía con ánimo de destruir vidas ajenas, como si fuera un instrumento más de la madre Muerte y él, su cría preferida, aquella en la que esta había depositado su plena confianza. Y es que Melquiades, lejos de ser un hechicero corriente —si es que eso era algo posible—, vivía atormentado por un demonio desde hacía casi la mitad de su existencia. Gob lo arrastraba al más oscuro de los pozos, convirtiéndolo en un asesino despiadado, ávido de poder; y él, obediente, como mano ejecutora y avariciosa, solo podía desear más y más. Por tanto, su presencia allí era de todo menos casual. Si había acabado en París, no era precisamente para encontrar el amor, sino para hallar un aquelarre superpoderoso del que le habían hablado antes de marchar de su Asturias natal, lugar del que procedía.

Pero antes de que eso sucediera, había buscado un buen hotel donde pasar un par de noches hasta que comprara una residencia más o menos permanente durante su estancia allí. Y quien dice «comprar», dice «obligar a algún ricachón a poner una vivienda a su nombre». Casi desde que Gob se había apoderado de su vida, él había obrado de esa forma, pues tenía el don o la maldición de conseguir que todo el mundo hiciera lo que a él le venía en gana, sin oponer mayor resistencia que la que desprendían sus ojos, y para él era fácil ignorar esas miradas. Eran marionetas frente a él, muñecos a los que les ataba unas cuerdas y tiraba de ellas, moviéndolas a su antojo, así que ya no sabía funcionar de otro modo. Todo lo que tenía se lo debía a él, tanto lo bueno como lo malo; a cambio, solamente debía ofrecerle unas cuantas almas hasta el día en que él mismo se muriera. ¿Pero alguna vez llegaría ese momento? De alguna forma —completamente errónea— él creía que no, que jamás sus atroces actos tendrían consecuencias, a excepción de aquellas que ya experimentaba.

Después de registrarse en ese bonito hotel, en el que esperaba no pasar demasiado tiempo, todo sea dicho, dejó allí sus pertenencias y puso rumbo a otro lugar mucho menos ostentoso y mucho más decadente, pero, a su modo, más deseable para él. Así es como acabó en aquella molly house, un lugar concebido para ocultar cosas de las que él nunca se había avergonzado. ¿Qué había de malo en que a un hombre le gustara otro hombre? Era algo que nunca entendería, pero al mismo tiempo no podía evitar acudir a aquel tipo de sitios que conseguían que se sintiera tan a gusto o más que en casa —si es que tuviera una, pues ya hacía mucho desde que dejó aquello que podía llamar «hogar»—.

Ponme otra copa —dijo Melquiades.
No quedaba muy claro si lo hacía como una petición o como una orden, pero el camarero atendió su deseo enseguida, sirviendo un poco más de whiskey en aquel vaso que el cliente le había puesto delante. No llevaba mucho rato allí, al menos eso le parecía a él, pero ya era la tercera vez que pedía que le rellenaran la bebida esa noche. Le dio un trago antes de seguir hablando:
Pues como te iba diciendo, me estoy alojando en un hotel cerca de aquí, así que si quieres, luego te puedes venir un rato y hablamos... —Se interrumpió a sí mismo para darle una calada al cigarro que sujetaba en su mano izquierda—. Seguro que me puedes recomendar algún sitio que no sea ese donde me pueda quedar más tiempo durante lo que esté aquí.
El cantinero lo escuchaba como haría, probablemente, con cualquier cliente, con la salvedad de que aquel que tenía enfrente no era para nada un individuo ordinario. Estaba sentado en un taburete junto a la barra, de una forma tan elegante y altiva que nadie sabría decir si no encajaba en absoluto allí o si lo hacía demasiado bien. En cualquier caso, se quedó sin escuchar la respuesta de su interlocutor ante la oferta que le había hecho porque alguien osó cortar aquella conversación antes de tiempo.

Giró la cabeza hacia el recién llegado, no sin cierto desprecio en su gesto, y lo observó desde su asiento, quedando, literalmente, por encima de él. Sin embargo, cambió su actitud de inmediato cuando vio en él algo que distinguiría en cualquier sitio a esas alturas de su vida. El aura de la magia que aquel ser desprendía no podía ser invisible a sus ojos expertos, que reconocerían a un hechicero entre cientos de personas. Bajó de las alturas y se puso al nivel del suelo. Respondiendo a su solicitud, se llevó el cigarro a la boca y lo dejó allí posado mientras buscaba en sus bolsillos una cajetilla de cerillas. Finalmente, la encontró en sus pantalones, hechos de una seda brillante y azul oscuro y que probablemente serían criticados por la mayoría. Le tendió los fósforos, a la espera de que él cogiera uno, a la par que se quitaba el cigarro de los labios y expulsaba el humo que se había acumulado en ellos mientras tanto.
Por favor, sírvase.
¿Sería aquel un atisbo de la suerte que le esperaba en esa ciudad?


Cara a cara — Priv. IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 55
Puntos : 69
Reputación : 28
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Alarik Tesla el Mar Jun 16, 2020 5:55 pm


Tesla no pudo evitar que sus curiosos ojos castaños diesen un detallado repaso al atuendo de su nuevo interlocutor. Incluso sus labios se apretaron con el fin de ocultar una sonrisa más bien poco sutil al descubrir que aquel hombre estaba, literalmente, envuelto en seda. La ostentosidad desmedida era algo a lo que estaba acostumbrado y que, aun así, no dejaba de sorprenderle. Por alguna razón su atuendo le pareció recién sacado de un camerino del teatro: un atuendo preparado para una función donde el encargado de vestuario tenía un gusto exquisito. Sacó la mano del bolsillo de su ordinario pantalón pardo no para tomar una de las cerillas, sino cuatro de ellas.

Disculpe el abuso. — Sosteniendo el puro entre los labios, Tesla separó tres cerillas de una cuarta, la cual sujetó con la zurda mientras agrupaba las cabezas de las demás. Con la destreza de alguien que se ha valido de semejante truco en multitud de ocasiones, hizo rotar la cabeza de la cerilla que sostenía en la zurda contra las demás, provocando que la fricción prendiese los cuatro fósforos. — No sabe cuánto le agradezco, siempre las olvido. — Murmuró todavía sosteniendo el puro entre los labios. Cuando este estuvo encendido, aspiró con profundidad, ladeando el rostro para dejar salir el humo en perfectas circunferencias.

Su vista se giró entonces hacia la barra, en búsqueda de un lugar donde poder deshacerse de los ya consumidos fósforos. Lo encontró: un vaso que en esos momentos solo contenía los restos de lo que probablemente antes, a juzgar por el olor, había sido grog. Aquello le recordó que fumar de nuevo le había secado la garganta. Aprovechando que el hombre que atendía la barra se encontraba justo enfrente de ambos, Tesla señaló el vaso de Melquiades.

Póngame uno de esos, haga el favor. — De nuevo sus ojos se alzaron hacia su interlocutor, el cual le superaría en no muchos centímetros de altura. — El Hôtel des Arenes. — Dijo aparentemente de forma distraída, volviendo a acercar el puro a sus labios para dar otra calada. Había sido lo único que había escuchado de la conversación anterior antes de pedir el fósforo, pero se permitió dar su opinión. — Habitaciones amplias, buen servicio, buena carta de licores... —  Se encogió de hombros, acomodándose más en la barra, de forma que su codo quedó apoyado en ella. A esas alturas de la noche los puños de su camisa estaban desabrochados y arremangados debido al calor del interior del local. —  Y, lo más importante, no hacen preguntas.

El camarero volvió con su recién servida bebida, la cual acercó hacia sí, dejándola reposar antes de dar el primer trago. La noche era joven y lo más seguro fuese que Gladys todavía no hubiera terminado de limpiar el laboratorio. De por seguro si se aparecía allí e interrumpía su tarea su preciado espectrómetro volaría por encima de su cabeza... si no algo peor. Se giró, señalando el taburete que él mismo acababa de apartar. —  ¿Le importa si le hago compañía? Yo invito. Como pago por... los fósforos.




Cara a cara — Priv. DjE8MJZ
Alarik Tesla
Alarik Tesla
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 21
Puntos : 28
Reputación : 15
Fecha de inscripción : 26/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Melquiades de Oria el Sáb Jun 20, 2020 1:44 pm


Cuando aquel varón cogió tantas cerillas de golpe, no pudo evitar sonreír con cierta diversión. La avaricia de los hombres se encontraba en gestos tan pequeños como aquel y él, como siervo de Gob que era, no podía hacer otra cosa que gozar cuando los presenciaba. Asintió ante su agradecimiento y cerró la cajetilla, guardándola de nuevo en el interior del bolsillo de aquellos llamativos pantalones. En contraste, su nuevo acompañante iba ataviado de la forma más normal posible. Siempre le ocurría lo mismo. La gente era tan aburrida vistiendo... Pero tenía pinta de que eso iba a ser lo único aburrido de él. Por lo pronto, le había despertado la suficiente curiosidad como para querer quedarse a comprobarlo. Aunque a decir verdad, la magia que emanaba cada célula de su cuerpo también ayudaba a ello.
No se preocupe —respondió restándole importancia a sus palabras y a su gesto.
Seguidamente, le dio un golpecito al cigarro con el dedo, haciendo que cayera un poco de ceniza al suelo, justo al lado de sus zapatos, un calzado anaranjado, de piel brillante y que acababa en punta.

Volvió a llevarse el cigarro a la boca, esta vez con la mano derecha, al menos un par de veces mientras él pedía su bebida. Al mismo tiempo, se subió de nuevo al taburete del que había bajado y dejó el torso completamente ladeado hacia su interlocutor. Lo cubría una camisa blanca de lino sobre la cual llevaba un chaleco a juego con el pantalón. Justo cuando él le habló sobre el hotel, estaba expulsando el humo de su segunda calada. Fumaba con el codo completamente apoyado en el mostrador del bar, haciendo que su cuerpo se inclinara levemente cada vez que se acercaba el cigarrillo a los labios. Giró el rostro hacia la izquierda, devolviéndole la mirada.
Ah, ¿le gusta escuchar las conversaciones ajenas? —No lo dijo molesto, sino con cierta sorna y como si ambos tuvieran una confianza de la que, obviamente, aún carecían—. Aprecio su recomendación, la tendré en cuenta. Aunque he de serle sincero: yo lo que busco es algo más... a largo plazo. —Bajó la mano en la que sujetaba el cigarro y la apoyó en el vaso de whiskey, el cual vació de un trago; le hizo un gesto con el dedo al camarero para que se lo rellenara una vez más—. ¿No sabrá de alguien que esté interesado en deshacerse de alguna propiedad?
¿Lo estaría él? ¿Sería el ricachón al que obligaría a poner una casa a su nombre? Lo miró analizando cada centímetro de su cuerpo. Aparentemente no era precisamente el estereotipo de gente a la que le echaba el ojo para alcanzar sus objetivos económicos, pero él mismo bien sabía que las apariencias podían engañar. ¿Pues qué era él sino el vivo ejemplo de aquello?

Junto con la bebida de aquel hombre vino también la suya propia. Al igual que él, la dejó sobre la barra, sin beber aún. En ese momento, fue cuando le preguntó si podía hacerle compañía.
Adelante —dijo señalando con la mano izquierda el taburete que estaba a su lado, pero enseguida cambió de opinión—. Bueno, si no le importa, creo que estaremos más cómodos en una mesa. —Volvió a bajar del asiento y se giró hacia el camarero—. ¿Nos puedes llevar las bebidas allí? —preguntó indicándole la mesa a la que pensaba dirigirse y se volvió hacia quien sería su compañero esa noche, extendiendo la mano derecha justo después de posar el cigarrillo en sus labios de nuevo—. Por cierto, soy Lawrence Haggard —añadió de la forma más honesta en la que puede sonar una mentira, una que había repetido cientos de veces.


Cara a cara — Priv. IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 55
Puntos : 69
Reputación : 28
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Alarik Tesla el Sáb Jun 27, 2020 3:36 pm


Había cierto contrapunto entre ambos hombres que le era agradable. De entre todos los matices (pasando por alto lo obvio de los distintos atuendos de ambos), Tesla se fijó en el detalle simple pero evidente de lo que ambos estaban fumando. Su interlocutor, de anchas espaldas y gran envergadura, sujetaba entre sus dedos un fino cigarrillo que llevaba a sus labios no sin cierta delicadeza y finura. Él, por contra, de una constitución mucho más delgada, sostenía entre sus dedos un puro de considerable grosor al cual atendía con cierta desidia desde que la conversación entre ambos había tenido comienzo. Los ojos de Tesla se desviaron de los de él tras aquella primera pregunta, virando de izquierda a derecha a medida que sus labios se abrían dispuestos a responder. Una de sus comisuras se alzó en una sonrisa con cierto toque de cinismo a medida que sus ojos volvían a centrarse donde debían, en un gesto cargado de un melodramatismo de hecho muy acorde con aquel lugar en el que ambos se encontraban.

Por supuesto que no. Dicha información llegó a mis oídos de pura casualidad. — Tesla dio otra calada, mas no pudo evitar que sus ojos se abriesen con cierta sorpresa cuando aquel hombre le ofreció la oportunidad de deshacerse de un quebradero de cabeza que le traía molestando últimamente.

Durante sus largas estancias en París, años atrás, su ya fallecida esposa y él habían adquirido una vivienda por un precio la mar de aceptable en una zona privilegiada de París. No se encontraba esta precisamente céntrica, pero sí en uno de los barrios residenciales que rodeaban el casco antiguo de la ciudad, cuyas calles empedradas habían sido reformadas hacía relativamente poco y no parecían ser del gusto de indigentes ni de borrachos trasnochadores. Aquella casa, de dos plantas y con un amplio jardín, se encontraba en las lindes del barrio, e incluso la parte sur tenía como límite el mismísimo Sena. Era una vivienda lo suficientemente amplia como para albergar en ella una familia entera y el servicio pertinente; pero por aquel entonces, únicamente la habían habitado Nikolina y él. Aquella residencia figuraba como la principal de los Tesla en la ciudad... y simplemente, esa era la oportunidad perfecta para librarse de aquel cabo suelto.

Sorprendentemente, yo mismo estoy interesado en deshacerme de una propiedad aquí, en París. — Respondió con honestidad, haciendo pasar el puro de entre sus dedos índice y corazón a los contiguos corazón y anular. Ajeno por completo a las maquinaciones de la taimada mente de su interlocutor, Tesla no pudo sentirse más afortunado. Aquella mansión era algo a lo que simplemente no quería dedicarle tiempo, pero si ante sí le tendían los papeles de compraventa, los firmaría de inmediato. — Le describiré la propiedad con todo lujo de detalles, con gusto. — Asintió ante la propuesta de tomar lugar en una de las mesas, tomando aquella mano que se extendía ante sí con un apretón decidido y breve — Es un placer. Yo soy Tesla, Alarik Tesla. Prefiero que se llame por mi apellido de ser posible, mi nombre suena horrible en francés. Sin ánimo de ofender. — Y es que a pesar de que hablaba el idioma fluido y sin dificultad, se dejaba ver en él cierto acento extranjero. Puede que este resultase imperceptible para alguien que no era francés de nacimiento, pero no dejaba de estar presente. Emprendió su camino hacia la mesa aunque, tras haber dado un par de pasos, su cuerpo se ladeó para dirigirse al camarero. — Mejor, traiga la botella entera.

Finalmente, su cuerpo se dejó caer en una de las sillas de madera, cuyos brazos y respaldo estaban forrados en lo que él quería pensar que era terciopelo. Desde luego el local en general parecía ir más acorde con Lawrence que con él mismo, pero no era esto algo que le disgustase en absoluto. — A decir verdad, lo de la vivienda no es una broma. Hágame una buena oferta y es suya: se encuentra en un buen barrio, es espaciosa, está amueblada... — Tesla se encogió de hombros, dando una profunda calada al puro. El humo salió de su garganta a medida que lo hacían sus palabras. — No estoy interesado en obtener beneficio. Eso sí, le advierto que no es un hogar modesto. El salón principal es... — Señaló a su alrededor, aunque la sala no era precisamente grande. — Cuatro veces esto.




Última edición por Alarik Tesla el Dom Jul 12, 2020 2:47 am, editado 2 veces


Cara a cara — Priv. DjE8MJZ
Alarik Tesla
Alarik Tesla
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 21
Puntos : 28
Reputación : 15
Fecha de inscripción : 26/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Melquiades de Oria el Jue Jul 02, 2020 2:18 pm


Aquella era la más asombrosa y agradable de las coincidencias. A cada segundo que pasaba, se evidenciaba más el hecho de que su interlocutor iba a ser de todo menos aburrido. ¿Cuántas probabilidades había de que en sus primeras horas allí encontrara solución a uno de sus problemas? Desde luego, había veces en las que la fortuna le sonreía y él, obviamente, no iba a desperdiciar la oportunidad.
¡No me diga! Bendita casualidad —exclamó al tiempo que él le estrechaba la mano—. Al final me va a gustar que haya escuchado mi conversación y todo... —añadió y sonrió de una forma un tanto socarrona—. Ah, no se preocupe, yo no soy francés. —No aclaró mucho más, solamente dejó caer que, al igual que él, no era de allí. Tampoco era un secreto, al contrario que su verdadera identidad, pues por algo le había dado un nombre inglés que había sido inventado en el mismo segundo en el que lo había pronunciado—. Pero atenderé su petición con gusto, Tesla. A mí puede llamarme como más le plazca.
Total, no era su nombre de ningún modo, así que le traía sin cuidado si lo hacía de una forma o de otra. Con tal de que se acordase de los datos que le había dado y se enterase de cuándo se dirigía a él, era suficiente.

Ah, me gusta cómo piensa —dijo agitando el dedo índice de la mano derecha a la par que con la izquierda volvía a quitarse el cigarrillo de la boca.
Aquello estaba a punto de transformarse en una colilla y pronto tendría que encenderse otro. Quizá le podía pedir un puro al hombre, aunque si había olvidado las cerillas, ¿quién le decía que tenía otro como aquel? Cuando dijo aquello, se refería a la petición para que el camarero llevara la botella. Le parecía totalmente adecuado, ya que si no, al menos por él, el mesero tendría que ir y venir numerosas veces a servirlos. Incluso con la botella completa tenía la misma duda. Por el momento, lo siguió a la mesa que él mismo había elegido y se sentó en otra de las sillas, la que estaba justo enfrente de Tesla. Así podrían verse bien las caras. Seguidamente, fue a llevarse el cigarro de nuevo a los labios, pero de él ya no quedaba nada, así que lo tiró al suelo de una forma completamente despreocupada. Justo antes de que este tocara la superficie que había bajo sus pies, lo apagó ayudado de un leve gesto de sus dedos y de un hechizo que pronunció mentalmente. Aquel movimiento fue tan pequeño que ni siquiera Tesla podría darse cuenta de que había tenido lugar, por más que se tratara de un hechicero. Si bien es cierto que la hechicería siempre había sido perseguida, él no estaba dispuesto a renunciar al uso de su magia, ni siquiera en público, y acostumbraba a utilizarla para todo. Era un hábito difícil de cambiar. En cualquier caso, se esforzaba en ser todo lo discreto que no le permitían sus ropajes. Tampoco quería acabar muerto a los dos minutos de llegar.

Apoyó los dos codos sobre el tablero y entrelazó los dedos de ambas manos, inclinándose un poco hacia delante. Lo observó con atención y escuchó sus palabras. Todo lo que decía sonaba terriblemente bien. Para desgracia de Tesla, ya se veía viviendo allí, y eso que no le había contado casi nada. Se giró hacia atrás para observar la amplitud de la sala en la que se encontraban, como si no se hubiera dado cuenta nada más adentrarse en ella. Después, volvió a mirar a su interlocutor.
Todo lo que dice me suena estupendo, la verdad —respondió.
Justo en ese momento, el camarero llegó con sus dos vasos, todavía llenos, y con una botella que parecía nueva. No llevaba allí ni unas horas y aquel empleado parecía conocerlo mejor que lo que le había conocido su familia cuando estaba viva. Asintió a modo de agradecimiento y cogió su vaso. Antes de darle un trago, dijo:
Pero cuénteme más. Quiero saberlo todo.


Cara a cara — Priv. IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 55
Puntos : 69
Reputación : 28
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Alarik Tesla el Mar Jul 14, 2020 8:26 am


Si bien Tesla no percibió el movimiento que los dedos de Melquiades — para él Lawrence — realizaron para apagar el cigarrillo, sí que percibió sin lugar a dudas la repentina aparición de energía mágica en el ambiente. Ante algo tan nimio no fue capaz de determinar el foco de esta de forma inmediata, y tampoco es que tuviera intenciones de hacerlo. La presencia de energía a su alrededor era algo tan habitual como el tupido bigote bien recortado que poblaba su labio superior y él; por supuesto, no era alguien que estuviera dispuesto a buscar a aquellos que poseían talentos como los propios por una u otra razón. Sin más, lo dejó correr, y es que por el momento no había razón alguna para no hacerlo.

Al tiempo que su interlocutor apoyaba las manos sobre la mesa; él volvió a realizar el movimiento opuesto en aquel flujo de acciones que parecían dar lugar entre ambos a un contrapunto continuo. Sus espaldas se apoyaron sobre el respaldo de la silla, dejando caer la cadera ligeramente hacia delante en el asiento, de forma que su columna vertebral quedó curva. Sus piernas, entreabiertas, otorgaban a su postura cierto aire desenfadado. Rascó la punta de su nariz a la par que tomaba el vaso que el camarero acababa de depositar sobre la superficie de la mesa, agradeciéndole su labor con una extensión de su media sonrisa.

Como le digo, se trata de un hogar amplio. Está situado en la parte colindante al casco antiguo, limítrofe al río. Tener el Sena cerca es; si me permite decirlo, una ventaja incuantificable. Uno nunca sabe cuándo va a tener la necesidad de deshacerse de algo de forma inmediata.  — Sus ojos castaños brillaron al decir aquella frase, permitiéndose el dejarla reposar mientras daba una calada al generoso puro que todavía ocupaba entre sus dedos. Por descontado hubiese ofrecido otro a Lawrence de tenerlo; pero no era así. — No, bromeo. Es algo que solía decir mi difunta esposa, que en paz descanse. — El humo salió de entre sus labios en lo que tomaba su correspondiente vaso, acercándolo a su boca para dar un generoso trago. — En realidad; la localización es bastante ordinaria. Se trata de un barrio tranquilo popular entre la aristocracia moderna. El terreno posee jardín y caballerizas, por supuesto. Mi humilde opinión es que, quizás, debiera ir a verla. Nada como deleitarse la vista con las esculturas que ocupan las numerosas hornacinas y el mobiliario provenzal. Si no me equivoco, fue construida en la época neogótica.

Tesla se encogió de hombros, dejando que sus labios volviesen a beber de aquel vaso que en ningún momento su mano había dejado de sujetar. Por su cabeza paso la idea de que quizás sería un buen momento para pedirle a Stéphanie, la asistenta que se ocupaba de su residencia actual, que hiciese una puesta a punto a la mansión. A nadie le eran de agrado las hornacinas llenas de polvo... menos todavía a alguien que vestía pantalones de seda colorida.

Y, si se me permite la pregunta, ¿tiene pensado quedarse permanentemente aquí, en París? — Tesla dio unos suaves golpecillos al puro, para que la ceniza cayese sobre el suelo — ¿Asuntos familiares, negocios o... placer? — Preguntó volviendo la vista hacia él, todavía con aquel brillo en los ojos difícil de descifrar. Puede que algunos lo pudiesen interpretar como curiosidad sana, pero quizás fuera un poco más allá, fruto de ese alcohol que había comenzado a correr por su torrente sanguíneo hacía ya largo rato.




Cara a cara — Priv. DjE8MJZ
Alarik Tesla
Alarik Tesla
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 21
Puntos : 28
Reputación : 15
Fecha de inscripción : 26/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Melquiades de Oria el Miér Jul 22, 2020 4:21 pm


Era curioso cómo ambos se complementaban de manera involuntaria, creando una suerte de danza entre ellos compuesta por movimientos perfectamente improvisados y que encajaban entre sí. Melquiades apoyó de nuevo el codo izquierdo en la mesa. La luz del local tenía poca intensidad y creaba un ambiente más íntimo del que quizá tendrían si aquel encuentro se hubiera producido en cualquier otro sitio. Esta centelleaba sobre su chaleco de seda, haciéndolo refulgir levemente cada vez que se movía. Abrió la mano y dejó reposar sobre ella su barbilla. Los dedos rozaron el vello cuidadosamente recortado de su barba. En la diestra seguía sujetando el vaso de whiskey, dando la sensación de que no iba a soltarlo nunca. La relación del brujo con la bebida había comenzado hacía muchos años ya y no tenía pinta de que fuera a finalizar pronto. Tampoco es que quisiera. Su tolerancia al alcohol  era, a esas alturas de la vida, más que alta y, por tanto, rozaba peligrosamente la dipsomanía, pero no llegaba a entregarse completamente a los brazos de esta.

Acarició en círculos el borde del vaso con el dedo índice de forma distraída. Su cabeza estaba en ese momento imaginándose viviendo en la casa que Tesla le estaba describiendo, aunque sus oídos apenas escuchaban las palabras que su interlocutor pronunciaba… Hasta que mencionó aquello del Sena. Fue un comentario que le hizo reír con socarronería y por lo bajini. Melquiades no sabía si bromeaba o no. En cualquier caso, era un detalle a tener en cuenta, uno nunca sabía si le podía venir bien. Aquella risa tuvo lugar justo en el momento en el que se hizo el silencio entre ellos, pero este fue muy breve. Enseguida, el otro hombre retomó el hilo de la conversación y le siguió hablando de aquel sitio que él ya consideraba su nuevo hogar.

Sí le sorprendió un poco más, quizá, que aquel varón tuviera esposa. Bueno, que la hubiera tenido. Cierto era que estando donde estaban, era tontería que aquello le llamara la atención, pues no era el primer hombre así que se cruzaba en su camino; pero igualmente le asombró la naturalidad con la que lo dijo, ya que la gente no acostumbraba a hablar tan abiertamente de su sexualidad, y menos cuando esta no se correspondía con los cánones impuestos por la sociedad. Esta sorpresa, sin embargo, no se vio reflejada en su rostro. Ayudó también el hecho de que se llevara, de nuevo, el vaso a la boca en lo que él terminaba de describir la lujosa vivienda, pues tapó su rostro convenientemente. Pensó en si podría mandar esculpir una estatua de sí mismo para exponerla en una de aquellas hornacinas. En todos esos años, no había transformado su evidente egolatría en nada de tal calibre artístico; podría ser hasta divertido.

Parece que su esposa era una persona con sentido del humor, una pena que falleciera —comenzó diciendo como si realmente lo sintiera—. Ahora mismo no me viene nada a la mente, pero seguro que en breve tengo algunas cosas de las que deshacerme —añadió en un tono jocoso que en realidad era serio solamente para él—. Mi estadía aquí no será corta, pero tampoco eterna. Ya sabe, el mundo es demasiado grande y ofrece muchas cosas como para quedarse siempre en el mismo sitio, ¿no cree? —respondió e hizo una pequeña pausa para dar un largo trago que dejó el vaso casi vacío de nuevo; bebía a una velocidad vertiginosa. Inclinó el cuerpo hacia delante un poco más antes de decir lo siguiente de una forma ligeramente más íntima—: Digamos que estoy en la ciudad por una mezcla entre negocios y placer… ¿Y usted… Tesla? —preguntó arrastrando innecesariamente esas tres últimas palabras—. ¿París lo retendrá durante mucho tiempo o le gusta cambiar de aires cada poco? ¿Solo permanece aquí por la venta de esta, por lo que me dice, magnífica vivienda o hay algo más? —agregó al mismo tiempo que abría la botella y servía a su acompañante y luego a sí mismo.


Cara a cara — Priv. IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 55
Puntos : 69
Reputación : 28
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Alarik Tesla el Lun Ago 03, 2020 9:14 am


A lo largo de su no tan extensa vida, Tesla había sufrido numerosas pérdidas: algunas de ellas de familiares y amigos cercanos, otras, de personas no tan afines. El paso del tiempo le había hecho comprender que era este el curso natural de la existencia, fuera más o menos justo en algunas ocasiones. Mentar a los difuntos no era algo que le supusiese trauma o aflicción a fecha de aquellos días —cosa que no debiera confundirse con que considerase la muerte de Nikolina algo merecido—, por lo que las cordiales condolencias de su interlocutor fueron aceptadas por una reclinación de cabeza por su parte que si bien fue cortés, no tenía nada de sentida. El luto y él habían tenido una relación particular desde la primera de sus pérdidas, y si bien no era algo de lo que se sintiese orgulloso, tampoco era algo que le llevase por el camino del tormento.

Bebió, y el contenido del vaso estuvo peligrosamente cerca de ser nulo. Las horas que había conversado con Valérie le habían hecho ingerir no poca cantidad de alcohol, por lo que a aquellas alturas era plenamente consciente de que dos copas más podrían abrir fácilmente la veda de la risa fácil y la desinhibición. Pero no estaba el comedirse como uno de sus objetivos de la velada. A decir verdad, pudiera ser incluso que la desconexión supusiese una ventaja ante el día de mañana, ya que la indisposición provocada por el alcohol le mantendría encamado y no yendo a altas horas de la madrugada a continuar con una investigación que se encontraba completamente bloqueada por motivos que indudablemente tenían que ver con su descaso personal. Ser un fanático del trabajo era complicado hasta el punto en el que su cabeza no podía evitar el sopesar diversas opciones relacionadas la inducción magnética mientras escuchaba altamente interesado las respuestas que le iba proporcionando Lawrence.

Creo, sin duda alguna. De hecho me permito el recomendarle viajar al Nuevo Mundo si no lo ha hecho todavía. El trayecto es un infierno, pero es como ver otra realidad. — Sus viajes a América no habían sido precisamente numerosos, pero esperaba incrementarlos en un futuro no tan lejano, sobre todo con objetivos corporativos. Sus labios dieron una última calada al puro antes de apagarlo contra el tablero de la mesa, que presentaba el aspecto de haber presenciado numerosos gestos como aquel. La sonrisa que formaban sus labios se extendió por su comisura derecha otorgando a su rostro una expresión desvergonzada que complementaba aquel brillo cínico de su mirada, el cual fue incentivado por el tono de voz de aquella pregunta. — Bueno, uno nunca sabe. — Mentó haciendo referencia a sus objetivos en París.

Su postura corporal cambió, separando los omóplatos del respaldo de la silla para apoyar ambos codos sobre el tablero de madera. Primero, se cuidó de limpiar con la mano —en medida de lo posible— las cenizas que el puro había dejado al apagarse. Sus dedos se situaron a ambos lados del vaso de whisky, que apenas contenía todavía un dedo de licor antes de ser rellenado de nuevo.

En realidad, vender la propiedad es algo que ni siquiera había contemplado hasta que usted mentó el necesitar una. En ocasiones la vida nos pone delante oportunidades fortuitas que gusto de aprovechar... si se me deja, por supuesto.— Tomó el vaso, brindando en su dirección antes de estrenarlo de nuevo con trago esta vez más comedido. — Poseo... un pequeño negocio del que he de cuidar aquí. Créame, es peor que un hijo. Nunca tuve alma de nómada, aunque en ocasiones no queda otra. — Se sorprendió a sí mismo ante tal alarde de modestia. Soluciones e innovaciones Tesla era una gran empresa internacional que gozaba de inversiones y ganancias considerables —aunque los últimos años se hubiese visto fraccionada de forma estratégica—. Normalmente Alarik exhibía tales logros con el orgullo que supone el trabajo de toda una vida... pero la huida continua hacía a uno tratar de ser discreto y, quién sabe, pudiera ser que esta nueva cualidad se estuviese volviendo crónica.




Cara a cara — Priv. DjE8MJZ
Alarik Tesla
Alarik Tesla
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 21
Puntos : 28
Reputación : 15
Fecha de inscripción : 26/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Melquiades de Oria el Dom Ago 16, 2020 3:51 am


Sí, he tenido la… ¿fortuna? de viajar al Nuevo Mundo en alguna que otra ocasión, pero he de decir que no es santo de mi devoción —le respondió—. Me refiero al trayecto hasta llegar a tierra firme, por supuesto. Luego todo es, como dice, una realidad completamente diferente —explicó—. Da la sensación, errónea o no, de que allí se está haciendo todo lo nuevo y que aquí nos estamos quedando anticuados.
Dos eran las veces que Melquiades había visitado América y aunque era totalmente cierto lo que mencionaba Tesla sobre que merecía la pena ir al nuevo continente, no habían sido viajes muy agradables para él. Prefería, sin lugar a dudas y con creces, quedarse en el Viejo Mundo. Y es que los barcos no eran el medio de transporte favorito del brujo. Podía matar a sangre fría a cientos de personas, ¿pero montar en barco? Ah, eso se le atragantaba en la garganta en forma de náuseas horribles. Casi un par de décadas atrás, precisamente en París, había tenido lugar el primer vuelo en globo aerostático —en un montgolfière—; sin embargo, Melquiades aún no había tenido la oportunidad de subir a uno para averiguar si lo detestaba más o menos que ir por mar. Tampoco era algo que deseara hacer a corto plazo.
Y yo es que soy un ferviente admirador y seguidor de las vanguardias —agregó como frase final a lo primero que había dicho.
Solo había que ver sus vestimentas para darse cuenta de que estaba siendo sincero, probablemente por primera vez en toda la noche.
Pese a ello, no puedo con los barcos, por más que me guste el progreso —añadió riéndose.

Sus ojos siguieron el destino del puro, que murió contra el tablero de la mesa, pero enseguida regresaron a los de su interlocutor. Cada vez le resultaba más interesante, enigmático y, a decir verdad, atractivo. Una pena que esto último fuera completamente irrelevante con respecto a sus verdaderas intenciones para con él, pero una persona bien parecida siempre era agradable a la vista. Quizá era el brillo de su mirada o el atrevimiento que le dibujaba en la cara la sonrisa, inevitablemente producto del whiskey, lo que hacía que aquel rostro le pareciera llamativo, pero en ese momento no fue algo en lo que pensara demasiado. Por su parte, aunque también era evidente el fulgor de sus pupilas, al estar más que acostumbrado al alcohol, incluso cuando bebía en exceso era capaz de mantener la entereza, de ser comedido en sus palabras y sus actos, de no dejar entrever sus pretensiones reales. Y es que años y años de experiencia y situaciones de lo más macabras y maquiavélicas habían hecho de Melquiades un hombre taimado y viperino.

Ah, sí, desde luego —comenzó diciendo como contestación a sus palabras—, el destino a veces es muy caprichoso. —¿El destino o él mismo, que movía sus hilos como y cuando quería? Alzó también su vaso completando aquel brindis con su acompañante justo antes de beber con él—. Esperemos que este sea benigno con su compañía, Tesla. Yo no sé lo que es tener un hijo o un negocio... —En esto último mentía descaradamente, aunque lo cierto era que él no es que se hubiera ocupado mucho de los distintos comercios que habían pasado por sus manos durante los últimos años antes de venderlos y librarse de ellos, precisamente—. Aun así, puedo hacerme una idea de lo que comenta. —Bebió un poco más antes de seguir conversando, y es que se podría decir que hablar le secaba la garganta, pero la realidad era que no necesitaba ninguna excusa para vaciar el contenido de aquel vaso—. ¿Y puedo preguntar de qué es ese negocio? Me imagino que tan pequeño no será si puede disponer de una vivienda tan suntuosa como la que me ha descrito. A no ser que la fortuna le venga por otro lado, claro está. —Hizo una pequeña pausa antes de añadir—: Perdóneme si peco de descarado. Lo último que quiero es sonar entrometido, pero es que a veces me puede la curiosidad.
La curiosidad y el interés —más bien simplemente lo segundo—. Quería saber hasta qué punto se podía exprimir una naranja para hacer un buen zumo, y en esa ecuación Tesla era claramente igual de ácido que el cítrico mentado.


Cara a cara — Priv. IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 55
Puntos : 69
Reputación : 28
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Alarik Tesla el Vie Ago 28, 2020 4:31 am


Desde luego cualquier ferviente admirador y seguidor de las vanguardias tenía su más absoluta atención, ¿cómo no iba a ser así cuando él era de aquellos que empujaban día tras días abogando por el incesable avance de la tecnología? Porque las aspiraciones de Tesla sobre una mejora social eran realmente moderadas, ¿pero sus aspiraciones tecnológicas? La revolución industrial que estaba teniendo lugar a lo largo y ancho del mundo no era más que el inicio de un futuro altamente prometedor que él deseaba contemplar a toda costa. Y es que a decir verdad, no existía en la historia un período de avances como los que tenían lugar en aquellos años desde la época romana, la cual había dado paso a una Edad Media austera e insulsa —en su muy humilde opinión, debido al implante del terror y la superstición como método infalible para controlar a las masas—. Pero tales pensamientos no eran necesarios de ser expresados en alta voz en un encuentro como aquel, en aquella cita esporádica. Así pues Tesla no pudo más que mostrar la complacencia que las palabras de Lawrence le provocaban con un amplio asentimiento acompañado de una sonrisa, emitiendo una carcajada final que le hizo rascarse con discreción la oreja derecha al tiempo que se encogía de hombros.

Bueno, no tengo duda de que algún día serán los barcos más cómodos incluso que los propios coches. Sobre todo dadas las crecientes comunicaciones entre continentes. Me atrevería a decir que las mejoras halladas hasta el momento no son más que la punta del iceberg. — Aquella frase dejó entrever que tal tema de conversación podía ser también la punta de un enorme iceberg. Tesla carraspeó, recordándose a sí mismo que quizás su interlocutor no era gran amante de las reformas industriales y que; quizás, solo quizás, alguien que vestía pantalones de sedas de tal color no encontraba atractivo alguno en una persona que guardaba resistencias y condensadores en los bolsillos de su chaleco. No tenían por qué ser afinidades incompatibles, esto era cierto, pero a aquellas alturas de la velada si Tesla pudiese apostar lo haría porque Lawrence se relacionaba de alguna forma con el mundo del espectáculo, y las personas que se dedicaban al entretenimiento, también en vana generalización, no sentían la menor afinidad por los avances tecnológicos, mucho menos por los detalles que los rodeaban.

Las tupidas cejas de Alarik se fruncieron con curiosidad cuando Lawrence le profirió aquellos detalles ciertamente más personales (dentro de lo personal que pudiera ser el saber que no tenía ni descendencia ni negocios, claro). No puso en duda sus palabras, así como tampoco dudó sobre si alguien no poseedor de un negocio pudiera tener el capital adquisitivo suficiente como para adquirir la vivienda que le estaba ofreciendo. Lo cierto era que Tesla no solía cuestionarse lo que otros le decían. No era esto sinónimo de que fuese idiota. Indudablemente había situaciones donde uno debía poner en duda la veracidad y la viabilidad de ciertas afirmaciones, pero un contexto como en el que se encontraban, donde además él se sentía especialmente cómodo, no le suscitaba el poner en duda a su interlocutor.

Sus dedos repiquetearon contra el cristal del vaso mientras estuvo este apoyado sobre la superficie de la mesa. La confianza que destilaba Lawrence era embriagadora. Se le veía alguien letrado, alguien con presencia. Tesla casi se sintió halagado cuando mostró interés por saber cuál era su negocio, y sus ojos castaños refulgieron por un instante, como si de veras le acabasen de preguntar por su propio primogénito.

Oh... pues — ¿entrometido? No le estaba pareciendo en absoluto entrometido. Casi se tuvo que morder la lengua para no mentar detalles que más adelante pudieran comprometerlo. El whisky no lo ponía fácil en absoluto. — Lo cierto es que soy ingeniero. Diseñador, concretamente, mi negocio propone soluciones tecnológicas de índole industrial. — Se encogió de hombros, llevando la mano con la que no sujetaba el vaso a sus propios cabellos, los cuales retiró hacia atrás desde su frente cuando realmente no había necesidad alguna de ello. — También llevo a cabo investigaciones por mi cuenta. No suena divertido, pero indudablemente lo es. — Aquel era sin lugar a dudas el peor resumen de su historia. Si en algún punto de su vida hubiese vendido de tal forma su negocio a los inversores que lo financiaban estaría en aquellos momentos en la ruina. Tesla acercó el vaso a sus labios, haciendo un gesto redundante con aquella mano que acababa de dejar sus cabellos en paz.

No me va mal. Aunque podría irme mejor. — Emitió una sonrisa fugaz, mordiéndose la lengua. Toda Germania se había beneficiado de la maquinaria que había diseñado y la producción de las industrias que habían invertido en renovar su cadena de producción habían obtenido un cincuenta por ciento en incremento de su productividad, pero la transparencia podía costarle la cabeza. Tras tres años, el olor a carne quemada todavía perduraba en sus fosas nasales, ¿pudiera ser que todavía le quedasen resquicios de ansiedad? Claramente. — Pero hábleme de usted. ¿A qué se dedica? Hubiese apostado a que sí que era un hombre de negocios pero si afirma lo contrario... ¿no estaré ante un artista de renombre? Tiene el porte de un cantante de ópera, si se me permite. Bajo, dada la amplitud de su... — Iba a decir pecho, pero corrigió en el último instante. Desde luego el alcohol en sangre estaba empezando a hacer acto de presencia. — Voz, claro.




Última edición por Alarik Tesla el Dom Sep 13, 2020 3:38 am, editado 2 veces


Cara a cara — Priv. DjE8MJZ
Alarik Tesla
Alarik Tesla
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 21
Puntos : 28
Reputación : 15
Fecha de inscripción : 26/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Melquiades de Oria el Sáb Sep 05, 2020 5:33 am


Esperemos que así sea —dijo Melquiades como respuesta a las palabras de Tesla con respecto al avance de los barcos—. Porque, desde luego, todavía dejan mucho que desear.
A pesar de lo poco que le gustaba viajar por mar, no habían sido escasas las ocasiones en las que lo había tenido que hacer. A la memoria le vinieron sus numerosos viajes a Inglaterra, donde a lo largo de los años el hechicero había ido con el fin de gestionar diversas cuestiones relacionadas con varios negocios que había tenido en distintos momentos de su vida. Pero eso se lo dejaba al Melquiades del pasado, un hombre que, a diferencia de su versión actual, se preocupaba de mantener las ganancias y no paraba quieto. Ahora, aunque su avaricia no había decrecido ni un ápice, sí lo habían hecho sus ganas de trabajar y esforzarse. A pesar de que la mayoría pasaban por sus manos durante un lapso de tiempo efímero, seguía manteniendo ciertos negocios en distintas partes del mundo, pero delegaba toda la responsabilidad de estos en otras personas que no eran él. En definitiva, había aprendido con el tiempo que se vivía mucho mejor no dando un palo al agua, al menos con respecto a aquello; porque eso le dejaba espacio en su vida para dedicarse casi por completo a cuestiones menos mundanas y más cercanas al ocultismo.

El brillo de los ojos de Tesla tras escuchar su pregunta no le pasó desapercibido. En un principio supuso que se trataba únicamente de una consecuencia de la ingesta de alcohol —la cual no había cesado en ningún momento por parte de ambos en toda la noche, además—, pero enseguida entendió que se trataba de pura emoción. Una leve punzada de ¿envidia? atacó la boca de su estómago. Y es que si bien es verdad que no sentía celos o admiración por prácticamente nadie, en lo más profundo de su ser deseaba tener esa pasión por algo en su vida —algo que no fuera únicamente la pura supervivencia—. Pero tantos años existiendo de la forma en la que lo hacía habían sepultado aquel atisbo de sentimiento bajo capas y capas de soberbia, avaricia y egoísmo. Escuchó atento —todo lo atento que podía escuchar cosas que no le importaban en absoluto— las palabras de su interlocutor, pues desde luego le interesaba saber hasta qué punto era económicamente rentable para él, hasta qué punto podía dejarlo seco.

Lo cierto es que todo aquello, a pesar de que Tesla intentaba vendérselo como lo contrario, le sonaba aburridísimo, así que a mitad de su explicación dejó de escucharlo… Hasta que su acompañante le mentó y claramente tuvo que prestarle atención de nuevo. Nunca sobraban las palabras que pudieran dirigirle, y más si estas eran buenas. ¿Artista de renombre? Tuvo que reírse.
Nunca me había planteado tener una carrera musical —dijo con la carcajada bañando aún cada uno de los vocablos que formaban aquella frase—. Mucho menos en la ópera, pero agradezco sus palabras, Tesla. Su timbre de voz también resulta agradable —añadió devolviéndole, en cierto modo, el cumplido—. La verdad es que ahora mismo estoy buscando un negocio en el que invertir mi parte de la pequeña fortuna familiar. Mi padre, Lord Haggard, sí tuvo algunos negocios a lo largo de su vida y eso ha generado ciertos beneficios que sus hijos tenemos la suerte de poder malgastar ahora que ya no está en el mundo de los vivos. —Rio de nuevo al decir aquello, todo mentira, por supuesto; se acababa de inventar la historia de una familia al completo—. Después de los despilfarros de mi bien amada hermana Lucy, no creo que a nadie le importe en qué gasto el dinero o lo dejo de gastar, aunque si la situación fuera distinta, creo que el resultado sería el mismo.

Hizo una pausa para beber, pero se encontró el vaso vacío, por lo que la extrañeza invadió su semblante durante un par de segundos, pues juraría que hacía nada estaba todavía entero. Posteriormente, se sirvió de nuevo y le rellenó el vaso a Tesla sin siquiera preguntarle.
Y, de hecho, me encantaría poder invertir en su negocio, pero tras su explicación, prefiero no inmiscuirme. Me temo que con la falta de conocimientos que tengo, tanto económicos como tecnológicos, le buscaría más la ruina que el progreso y con el mimo con el que que habla de su compañía, es lo último que querría.
Dijo aquello con una falsa honestidad tan bien interpretada que no dejaba lugar a dudas. La realidad era que pensaba que aquel negocio no le iba a generar los suficientes beneficios; porque si alguien más había interpretado un buen papel aquella noche, había sido precisamente Tesla. Melquiades se había tragado todo lo que este le había contado y eso había hecho que perdiera el interés. Aquel hombre le parecía un iluso y un soñador. No obstante, compartía con él mucho más de lo que parecía en un principio, y es que ambos abogaban por la innovación  y apostaban por el progreso del mundo. Pese a ello, él buscaba un negocio más rentable, con clientela dispuesta a perder su dinero en él; probablemente algo relacionado con los vicios de la sociedad parisina, la cual tenía muchos entre los que escoger y, por tanto, él también.

Tras darle otro trago al enésimo vaso de alcohol de la noche, buscó de nuevo en sus bolsillos la pitillera de plata, en cuya tapa tenía grabadas en relieve unas cenefas con motivos florales. La sujetó con la mano izquierda y extrajo de ella con la diestra uno de los cigarrillos, el cual se llevó a los labios. Antes de sacar las cerillas para encenderlo, estiró la petaca hacia su acompañante y le hizo un gesto que le preguntaba sin necesidad de abrir la boca si quería uno.


Cara a cara — Priv. IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 55
Puntos : 69
Reputación : 28
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Alarik Tesla el Vie Sep 18, 2020 2:56 pm


Casi se pudo ver un atisbo de decepción en la mirada del científico cuando su acompañante desmintió la teoría que este había elaborado sobre sí en lo respectivo a su profesión. A decir verdad y siendo honesto con uno mismo, presuponer el desarrollo profesional de un hombre en base al color de sus pantalones era cuanto menos precipitado. Probablemente en otra circunstancia —en la cual su mente estuviese más centrada— Teslahubiese esperado a recopilar una mayor cantidad de datos que le permitieran elaborar su primera hipótesis... pero tampoco había que olvidar que era aquello una conversación de taberna, no un experimento que debiera de seguir el método científico. En numerosas ocasiones, debía recordarse tal afirmación a sí mismo. Los días que debía hacerlo una sola vez se podían considerar toda una proeza. Cuando debía hacerlo más de tres, era un indicativo de que necesitaba descansar. Durante tal jornada había tenido que recordárselo en unas cinco ocasiones, mas la peor no era aquella; sino cuando había hecho un símil entre la capacidad de Valérie para atraer a los hombres y la inducción magnética uniforme. Valérie, cuyas dotes sociales eran desbordantes hasta el punto de dejarle a uno sin habla, había reído, mostrando en sus ojos el característico brillo de la incertidumbre que salía a relucir cuando se trata de parchear una ignorancia evidente en ciertos temas. Tesla; cuya capacidad empática no excedía a lo ordinario, sí que había vivido lo suficiente como para saber distinguir tal brillo. No lo detectó en la mirada de Lawrence, y por aquello mismo se vio tentado a continuar ofreciendo unos detalles que de ninguna forma le habían preguntado. Por suerte, no lo hizo.

Oh, gracias a Dios no aposté un solo franco. — Terminó por mentar, sintiendo cierto alivio cuando la conversación tomó un giro diferente. Llevar la diana impuesta por la Inquisición en la espalda era un lastre que Tesla sentía cada vez que dejaba atrás las puertas de la nave industrial que hacía las veces de su propia casa. Era una diana que el tiempo no había borrado, y que escocía en cada nuevo encuentro con alguien desconocido, como una vieja herida que se abre de forma puntual. Aun así, París había reafirmado tal sensación; pues al final, aparte de ser una de las capitales donde Soluciones e Innovaciones Tesla había tenido una de sus sedes principales (la cual había sido vendida para subarrendar otras naves diferentes), era el hogar natal de Nikolina, al cual él no se había dignado a escribir ni una mísera misiva para notificar de su defunción. Carraspeó, sin dejar que sus propias vergüenzas —también enaltecidas por la ingesta alcohólica— le distrajesen de las palabras de Lawrence.

Fue el hecho de que este profundizase en sus asuntos familiares lo que le hizo enarcar una ceja. No había prestado atención hasta tal momento sobre el apellido familiar que Lawrence le había mentado: Haggard, el cual, si su embriagada mente no le hacía equivocarse, tenía procedencia similar al propio. El único detalle era que el acento de Lawrence no encajaba en absoluto con el suyo mismo. Desde luego alguien con intenciones de desenmascarar una mentira hubiese encontrado aquel detalle un hilo del cual tirar, pero Tesla se mantenía completamente ajeno ante el engaño al que estaba sido sometido, así que en lugar de tomar tal detalle como algo acusatorio, lo tomó como algo que avivó su curiosidad. Porque los Haggard podían haberse expandido a lo largo y ancho de toda Europa, al igual que muchas otras familias, especialmente aristócratas. En algún momento de la noche había caído en aquella laxa comodidad impuesta por el alcohol, así que su reacción se limitó a escuchar, a sonreír y a asentir con lentitud, virando la mirada únicamente para ver cómo el vaso que tenía ante sí era rellenado de nuevo.

Le agradezco el interés, Lawrence, pero no debe preocuparse. No estoy buscando inversores... — un repentino hipo atacó su garganta, instándolo a carraspear sutilmente — en este momento. Perdón. — Y es que, a pesar de que la ebriedad estaba convirtiendo en difusos ciertos límites de su carácter, Tesla tenía en aquel preciso instante de la noche todavía muy claro que los inversores debían encontrarse en otro tipo de situaciones. Por suerte para sí mismo, no había perdido por el momento todo el sentido común. — Pero podría brindarme su dirección si lo desea, podré escribirle para informarle sobre ferias y congresos por si fueran de su interés. Le sorprendería saber la cantidad de personas que se interesan ante tales eventos. Son el futuro. — Tal mención le recordó que no había asistido a ninguna de tales ferias desde hacía mínimo tres años. Ni siquiera se había detenido a pensar que era algo que añoraba. Tomó el vaso recién relleno, acercándolo a sus labios.

Hablando de direcciones; por cierto. Si lo desea, podría enseñarle su nueva casa potencial. No me gustaría tratar de localizarlo en unos meses en ese hotel en el que se aloja y que la carta no le llegue jamás. — Tomó el cigarrillo que se le ofreció, entre los dedos índice y pulgar de la mano zurda. — Si no tiene nada mejor que hacer, claro.




Cara a cara — Priv. DjE8MJZ
Alarik Tesla
Alarik Tesla
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 21
Puntos : 28
Reputación : 15
Fecha de inscripción : 26/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Melquiades de Oria el Vie Oct 09, 2020 2:56 pm


La procedencia de la «pequeña fortuna» que Melquiades había mentado no era otra que el hurto descarado de propiedades, joyas, dinero y todo tipo de objetos de valor que, fomentado por su habilidad mágica de dominación, le había provisto de una riqueza inmensa que a lo largo de su vida iba variando en cantidad. Esto se debía a que según dónde se encontrara, adquiría negocios de una u otra índole —normalmente pertenecientes a un ámbito de baja moral—, los mantenía durante un tiempo y antes de abandonar un sitio por el siguiente, los vendía al mejor postor. Y claro, si te deshacías de una empresa que no te había costado una mísera moneda y a cambio recibías más que unas cuantas, el saldo siempre era positivo —mucho más que positivo, en realidad—. Melquiades no sabía de cuánto dinero disponía y nunca se había molestado en saberlo. Normalmente le dejaba ese trabajo a ayudantes temporales que luego desaparecían misteriosamente. Solo uno había perdurado en el tiempo y había permanecido con vida, pero hacía ya unos cuantos años que no se veían las caras… Ah, es que el hecho de haber rememorado sus viajes a Inglaterra, y más con esa historia falsa que se había inventado, traía inevitablemente unos cuantos rostros y nombres con ello, pero ese no era momento ni lugar para pensar en eso. Tan pronto como le vino, lo desechó.

Por otra parte, el origen de su apellido podía ser otro distinto, pero en la historia que se había inventado pertenecía a un Lord inglés —y se trataba, en efecto, de un apellido anglosajón cuyo significado era «demacrado», un adjetivo que nada tenía que ver ni con él ni con su apariencia—. Un Lord que si bien había nacido en tierras británicas, había tenido la mayor parte de su descendencia con una muchacha francesa procedente de la parte norte del país galo. Por tanto, no sorprendía en absoluto que Melquiades hablara francés sin ningún tipo de acento extranjero en el idioma, únicamente incluía una pronunciación que ubicaba sus falsas raíces en la zona septentrional del país. Al fin y al cabo, era en París y en pueblos de alrededor donde había pasado la mayor parte del tiempo que había estado en Francia a lo largo de su vida y, por tanto, donde había aprendido la lengua de las gentes que habitaban allí.

Volvió a centrarse en Tesla y en lo que en aquel local acontecía. De hecho, su mirada se desvió un poco más allá de la espalda de su interlocutor durante unos segundos y se detuvo en la puerta de la molly house, distraído únicamente porque esta acababa de abrirse, pero enseguida regresó a los ojos de aquel que tenía delante, justo en el momento en el que hipó. De nuevo, no pudo evitar reírse. Era una carcajada amable, raro en él. Aquel hipido le pareció incluso adorable, pero escondía bajo él cosas mucho más interesantes que el mero despertar de la simpatía ajena. Tesla iba, poco a poco, perdiendo el control sobre sí mismo y eso solo significaba que ese control pasaba a estar en manos de Melquiades, que el ingeniero se ponía completamente a su merced. Lo tenía exactamente donde quería. ¿De veras? Ah, no, él quería mucho más que eso, probablemente, pero la noche era joven todavía. Había tiempo para todo, aunque quizá no era buena idea hacerle seguir bebiendo. Él, por su parte, comenzaba a notar también un cosquilleo en la garganta y en las yemas de los dedos —esta vez no se trataba de magia— y más facilidad para la risa y la amabilidad, cosas de las que normalmente prescindía, al menos de forma honesta. Y aquel hombre, de verdad —de verdad—, le agradaba. Al menos de momento.

No se preocupe —respondió ante su educada disculpa.
A continuación, echó mano de las cerillas y le encendió el cigarrillo justo antes de prender el suyo propio. Después, agitó el fósforo para apagarlo y una vez que lo hubo hecho, lo tiró al suelo de una manera completamente despreocupada. Dio una calada y expulsó el humo lentamente antes de seguir hablando.
No hace falta que le dé mi dirección. Quiero decir, como bien ha escuchado en mi conversación con el camarero y usted mismo acaba de mencionar, me estoy quedando en un hotel que está cerca de aquí. El de la esquina, concretamente. —Se contuvo a la hora de añadir, tal y como había hecho previamente con el empleado de aquel sitio, que podía acompañarlo y charlar un rato con él, pero no era porque no le apeteciera, precisamente—. Puede acercarse cuando quiera y preguntar en la recepción por mí. —En realidad, las ferias esas le importaban un comino—. Sobre la casa… Estupendo. Creo que podremos cerrar el trato mañana mismo, pero obviamente agradeceré poder verla antes, aunque estoy convencido de que me encantará. Dígame a dónde debo acudir y cuándo y allí estaré.


Cara a cara — Priv. IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 55
Puntos : 69
Reputación : 28
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

Cara a cara — Priv. Empty Re: Cara a cara — Priv.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.