Victorian Vampires
En manos de tu enemigo [Isthar] ZZaNqS8
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Beatrice du Lète el Lun Jun 08, 2020 6:15 am

El Diablo tiene múltiples formas y rostros,
pero en nosotros está saber identificarlo
y ser lo bastante cautos
para mantenernos lejos de su abrazo.

Hace ya algunos años que Trix se había consagrado a Dios o más bien, que había decidido ser la mano ejecutora de este en su lucha contra el mal. Cuan ilusa y necia fue si en un tiempo pasado creyó poder tener una vida con la que soñaría cualquier persona normal, atrás quedaron sus sueños de formar una familia y llenarse de hijos, unos sueños que se vieron truncados y que le arrancaron de cuajo con la llegada de aquel ser venido del mismísimo Infierno. Y es que, si alguien le hubiera dicho en aquel momento que allí entre ellos pululaban a sus anchas toda clase de engendros creados por el propio Satán, su mente entonces ingenua jamás lo hubiese creído. Pero ahora todo era distinto, ella ya no era la misma Beatrice, su corazón murió en el momento en que su prometido fue vilmente asesinado frente a sus ojos y ella misma se encargó de arrancar cualquier sentimiento que pudiera denotar lástima o remordimientos hacia aquellos monstruos a los que ahora daba caza para librar al mundo de los esbirros del mal.

Y justamente uno de aquellos monstruos a los que más odiaba por encima de todo lo demás se ocultaba allí, en aquel edificio situado junto al puerto en el que se celebraban peleas clandestinas. A Trix no le quedaba del todo claro si dichas peleas se llevaban a cabo entre seres sobrenaturales o simples humanos, pero lo que sí tenía muy claro es que el organizador de toda aquella pantomima era un maldito vampiro y por ende, tenía que aniquilarlo.

Si cerraba los ojos aún podía recordar la primera vez que se enfrentó a uno. Había pasado largos meses sumida en un estricto entrenamiento ya que no solo debía ser hábil con toda clase de armas, sino que lo más importante de todo era que su mente y principios no nublaran su forma de hacer las cosas, pues no debía sentir malestar alguno por acabar con la vida de aquellos seres que, ni siquiera se podían tachar de ser humanos. Su mentor la acompañaba en aquel encuentro mas no participó en la cruenta lucha, ella sola debía enfrentarse a sus propios demonios y hacer uso de todo lo aprendido para acabar con aquel ser. El enfrentamiento fue cruento y violento, a la ahora inquisidora le quedaron heridas que se vería obligada a llevar de por vida, que ahora no eran otra cosa sino cicatrices que la recordaban la importancia de aquella lucha que la Inquisición llevaba a cabo. Su labor era simple pero más que necesaria, librar al mundo de aquella plaga tan abominable que sufrían y proteger a los humanos que aún vivían ajenos e ignorantes al peligro que acechaba en las sombras. Y, para hacer frente a tal peligro también estaba la figura de los cazadores, humanos como ella a los que algún motivo les había impulsado a combatir a los monstruos, con la diferencia de que estos se regían por sus propias normas y principios sin actuar en nombre del Santísimo. Pero... ¿podían alejarse estos del camino que ellos mismos habían iniciado? Al parecer sí.

La inquisidora tenía sus contactos, compañeros espías repartidos por varias zonas de París e incluso de los alrededores, y fue uno de estos quien dio la voz de alarma sembrando la sospecha de que en las últimas semanas se había visto a una cazadora frecuentando la compañía de un vampiro. Por norma general, la Inquisición no se entrometía en asuntos de cazadores ni estos guardaban relación con ellos pero, dado que aquel vampiro seguía vivito y coleando y aquella cazadora no lo había exterminado, tendría que hacerlo ella misma. Y por eso estaba allí.

Para aquella ocasión había abandonado sus lujosos vestidos y se había ataviado para la caza que tenía en mente llevar a cabo esa noche. Un pantalón de cuero se ajustaba a sus piernas, en sus pies se enfundaban unas botas de caña alta y como parte superior, una blusa blanca dejaba al descubierto sus hombros desnudos y sobre dicha blusa, un corsé daba el remate a su atuendo. Su pelo yacía recogido en una enrevesada trenza, no sin dejar algunos de sus rizos sueltos los cuales caían a ambos lados de su rostro. Sus armas más habituales la acompañaban como cabía esperar para una caza y se ocultaban bajo la capa que de paso, le servía para pasar más desapercibida. La espada descansaba en su cinto, ceñida a la cintura a un lado de sus caderas; en el otro lado lo hacía una pequeña pistola; la ballesta, atada a su espalda contaba con suficientes flechas de madera en su carcaj; y para finalizar, un cuchillo se sujetaba en torno a una cinta atada a su muslo. De lo único que había prescindido en esta ocasión era de su maletín, el cual tan solo la ralentizaría para llevar a cabo tal misión.

Cuando Trix entró en aquel mugriento establecimiento, el olor a alcohol pero sobre todo el olor a sangre y muerte inundó sus fosas nasales haciendo que mostrara una ligera muestra de desagrado. En la entrada de este, un hombre calvo, de hombros y brazos anchos repletos de tatuajes, la miró de arriba abajo como esperando tal vez que ella tuviese alguna invitación. Trix no pudo más que sonreír coquetamente pero con aire de suficiencia.

- ¿Tan raro os resulta que una mujer como yo muestre interés en actos tan deplorables? Acepta estas monedas y déjame entrar. - Del bolsillo oculto que contenía la capa se sacó un saquito que pesaba lo bastante para que aquel animal no hiciera preguntas a las cuales ni siquiera se planteaba contestar. Lo depositó en la mano del hombre y cuando este se apartó caminó al interior con pasos seguros y firmes, recorriendo con la mirada aquel detestable lugar en busca de su presa.


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Mensaje por Isthar el Vie Jul 03, 2020 10:46 am

"El diablo no se muestra siempre como una
criatura monstruosa con largos cuernos.
El diablo puede ser la sonrisa y el brillo
de los ojos de la persona equivocada"





Todavía no podía entender cómo había acabado en aquella situación cuando jamás pensé que algo así podría ocurrir, siempre desde pequeña me habían inculcado para entrenarme y así poder luchar contra todo ser sobrenatural que pudiera amenazar la vida de cualquier persona pero en especial; de vampiros y de licántropos. A estos últimos eran más fáciles reconocerlos las noches de luna llena cuando salíamos a cazarlos ya que se dejaban llevar por la bestia que anidaba en su interior y que les hacía salir aunque intentaran mantener el control, pero siempre me había caracterizado más para matar a los vampiros que a los licántropos. Quizás porque de pequeña tuve un pequeño altercado con un vampiro en el que puso mi vida en peligro y que de no ser por la rápida intervención de mi padre incluso podría haber acabado con mi vida siendo pequeña. Por ese motivo pedí a mi padre que me enseñara a defenderme y ser como él, aunque se mostró muy reticente porque era su única hija y dadas las costumbres que teníamos era más fácil que un hombre fuera un cazador que una mujer... pero siempre me definía por romper los moldes establecidos. Me costó convencerlo pero por fin lo hizo y que fuera su única hija –cuando él siempre quiso un varón- no restó para que no se ensañara a fondo y se empleara con todo lo que tenía conmigo siendo una época difícil y complicada para mí, pero cumplí con lo que quería: ser una cazadora. Desde que nos habíamos mudado a París cuando yo tenía doce años, un poco después de empezar mi entrenamiento como cazadora, había aprendido muchas cosas diferentes sobre una ciudad diferente a mi país con unas costumbres que distaban mucho de ser parecidas. En París las mujeres tenían mucha más libertad y podían hacer muchas más cosas y fue en algo en lo que me fijé, de hecho, me había acogido a las costumbres francesas que daban mucha más libertad que a las típicas a las que mi madre tuvo que soportar siendo pequeña. Todavía me quedaba un pequeño asunto que atender con un hechicero que, desde hacía años, me seguía la pista para acabar con mi persona por una rivalidad entre mi familia y la suya. Algo que se remontaba a siglos pasados pero que todavía continuaba a día de hoy, y aunque me había centrado en ser una cazadora e intentar buscar a ese hechicero que quería matarme lo que menos pensé es que acabara siendo presa de un vampiro, no uno cualquiera, de uno que era un completo demonio y que llevaba siéndolo durante seis milenios. ¿Qué era una cazadora para él? Mera diversión por supuesto, y aunque intenté luchar y defenderme él parecía tener otros planes diferentes para mí que tuve que acatar no porque quisiera, sino porque me amenazaba con mi familia y yo no podría permitir que les ocurriera algo por mi culpa.

Ese maldito vampiro estaba haciendo conmigo lo que quería y al parecer le daba cierta diversión, y placer, darme su sangre cuando lo que en realidad debería de estar haciendo es cazándole y matándole como había hecho con tantos otros... pero este fue diferente. Tenía muchísima más experiencia que yo y aunque fue dura la batalla él acabó ganando, su condición, su resistencia y sus milenios a su espalda inclinaron la balanza a su favor. Sin embargo me mantenía con vida –como él decía- porque le interesaba tener a alguien que hiciera ciertas cosas para él y ese era el principal motivo de que me encontrara en el puerto, en compañía de aquel vampiro con el cual me había visto involucrada en varias ocasiones y con el que mantenía el contacto. ¿Por qué? Porque al otro vampiro le interesaba que yo me acercara a él y le sonsacara cierta información, al parecer eran rivales y le debía una buena cuenta que estaba pendiente y yo sería la manera perfecta de ganarme su confianza y que me enseñara todo cuanto el vampiro quería. De ser por mí ya habría acabado con su existencia, con la suya y con la del resto de vampiros que estaban allí creyéndose que eran los dueños de todo y que su voluntad era la ley. Hacían peleas contra humanos y se divertían a su costa... me repugnaba aquello y lo habría parado, pero no podía porque no quería que la vida de mi familia se viera en peligro. Esa noche las arenas volverían a teñirse de carmín y yo debería de observar sin hacer nada, no podía delatarme o el vampiro podría sospechar que mis intenciones eran totalmente infundadas y falsas. Sin embargo esa noche tenía un presentimiento de que algo iba a ocurrir, sobre todo cuando me fijé en la presencia de una persona que no había visto antes y que llamó mi atención de manera inmediata. La figura de aquella mujer adentrándose en el lugar, había visto muchos cazadores como para saber que no era una mujer cualquiera y que bajo esas ropas –que tanto conocía porque yo utilizaba unas parecidas- se escondían quizás armas, de lo contrario, ¿por qué adentrarse por voluntad propia en aquel lugar de mala muerte? Nunca mejor dicho, pues todo aquel que entraba lo único que encontraba era la muerte. Antes de que todo comenzara decidí acercarme hacia ella con la intención de averiguar algo más, pero todo me indicaba que pudiera ser una cazadora. Ataviada con mis ropajes oscuros y mis armas escondidas también bajo el abrigo largo de cuero negro me acerqué a ella, observándola de manera detenida.



—Curioso lugar para ver a una dama deambulando por aquí, ¿sabe acaso en dónde se ha metido? —Si era cazadora era probable que supiera lo que ocurría allí dentro— la mayoría de los que vienen aquí no lo hacen por voluntad propia, ¿anda buscando algo en concreto? ¿Un par de esclavos, quizá? —Porque sí, también se vendían esclavos. Todo lo que fuera comerciar o matar a los humanos era bien recibido.


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Mensaje por Beatrice du Lète el Sáb Jul 11, 2020 9:54 am

Lo que se hacía en aquel lugar le resultaba deplorable, que todas aquellas bestias tratasen a los humanos, por el mero hecho de considerarlos inferiores, como si fuesen meros animales la llenaban de rabia y de un odio profundo. Ojalá pudiera ponerle fin a esto y acabar con todos esos condenados, pero Trix no era una mujer estúpida, pese a ser consciente de sus experimentadas habilidades sabía que ella sola en la vida podría enfrentarse a todos esos, pero sí podía dar la voz de alarma ante los suyos y ponerles en sobre aviso, tener más vigilado aquel lugar e intentar echar por tierra todo lo que allí se maquinaba. La venta y trata de esclavos pero sobre todo, aquellas peleas vistas como un simple juego para ellos que no buscaban sino el entretenimiento y muerte de aquellos pobres y necios humanos que se adentraban en este mundo con la esperanza de ganar dinero de forma más rápida con la que poder saldar sus deudas ajenos a que solo encontrarían la muerte bajo estas paredes.

La inquisidora caminó por el lugar segura de lo que se hacía, intentando llamar cuanto menos la atención mientras buscaba a su presa. El olor de la sangre y los alaridos de dolor le causaban repulsión, mas debía hacer oídos sordos y vendarse los ojos si quería poder llevar a cabo aquello para lo que había venido. Y fue inmersa en aquella búsqueda que encontró parte de lo que buscaba, o eso le pareció al menos.

Aquella mujer desde luego cuadraba a la perfección con la descripción que le habían dado de la cazadora pero, por mucho que mirase disimulada en torno a esta, no veía rastro de aquel vampiro con el que tantas veces se la había visto. Claro que, en un lugar como este a rebosar de aquellos infames seres bien podría ser cualquiera y estarse haciendo los tontos para no llamar la atención. Tenía que reconocer, muy a su pesar, que de tontos no tenían un pelo.

- Podría decir lo mismo de vos. - Echó uno de los rizos que caían por su rostro molestándole la visión y decidió que lo más sensato e inteligente sería aguardar y estudiar a esa mujer para no cometer fallos. Tarde o temprano cometería algún error que la llevase directa hacia ese vampiro. -  He venido por propio divertimiento, ¿acaso una mujer no puede encontrar placer en tales actos? - Una mentira por supuesto, más que necesaria cabría decir. - Aunque puede que sí esté buscando algo, o a alguien más bien. Dígame mademoiselle, ¿trabaja usted aquí por algún casual?


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Mensaje por Isthar el Dom Ago 09, 2020 1:06 pm

Mi estancia en aquel lugar se podía tachar de muchas cosas menos precisamente de estar por propia voluntad, con pleno consentimiento, ya que lo que menos me apetecía era estar rodeada de aquellos vampiros que se creían que estaban por encima de todos incluso de las propias leyes como si estas no existieran en absoluto. Si me encontraba allí era únicamente porque aquel maldito vampiro jugaba conmigo y le había parecido más divertido el tenerme como infiltrada o topo para averiguar cosas de un vampiro –el cual se podría decir que trabajaba para él- y así poder ponerle fin a su existencia. Debería de estar matando a todos y cada uno de los que allí se encontraban y esa parte lidiaba con la idiosincrasia que tenía acerca de los seres sobrenaturales, a decir verdad costaba contenerme y no poner fin a todos como estaba deseando. ¿Y por qué no lo hacía? Ah sí, porque un vampiro me tenía pillada de tal manera que no podía hacer nada en su contra o las consecuencias serían terribles, y también porque aunque no quisiera admitirlo estaba cediendo poco a poco en sus redes, en ese juego retorcido que hacía sobre mi persona y que era el principal motivo por el que no había clavado una estaca en su pútrido corazón. Como debía de aparentar algo que no era me paseaba por el lugar sin llamar demasiado la atención pero controlando que todo estuviera en su sitio, mi principal función era esa y ver que no había nadie que se colaba en las arenas que pudiera joderme plan aunque eso nadie salvo yo lo sabía. Era común ver a hombres que se adentraban en el lugar buscando algo de acción, otros eran simplemente esclavos que estaban al servicio de sus amos para dar y garantizar un espectáculo cruel y despiadado. Algunos vampiros que intentaban probar suerte pero si algo tenían todos en común era que todos y cada uno de ellos eran hombres, era un mundo donde las mujeres no parecían tener cabida –o simplemente pasaban de algo tan salvaje como esto- y las que se encontraban por el lugar eran en su mayoría vampiras que lo que buscaban era un buen esclavo que poder comprar porque sí, también se vendían esclavos si así lo querías. Era como un lugar ajeno por completo de la ley donde todo tenía lugar y cabida, cualquier cosa que quisiera obtener de seguro que lo encontrabas. Y esa noche lo que más había llamado mi atención había sido aquella figura de mujer que se abrió paso por el lugar, no era habitual porque a las vampiras las tenía más que caladas y aunque me daba un poco igual lo que ocurriera si esa mujer podía poner en peligro mi tapadera, entonces debería de actuar en consecuencia. Por eso me acerqué para hacerle notar mi presencia y que la venía observando desde el momento en el que entró, los guardias parecían no querer saber nada al respecto y seguro que los había sobornado para que la dejaran entrar. No era mi problema, o no debería de serlo. Ladeé la sonrisa ante su respuesta mientras la observaba fijamente, buscando algo en ella que me hiciera saber sus verdaderos motivos.


Touché —respondí sin borrar la sonrisa ladeada de mi rostro y después asentí con la cabeza— solo me aseguraba el saber que usted tiene pleno conocimiento de en qué lugar se está metiendo, de seguro que encuentra lo que anda buscando —no era quien para juzgar a los que allí se adentraban pero sí me era extraño verla allí, aunque quizás fuera alguna cazadora que intentaba llevarse alguna presa jugosa ya que algunos cazadores sabían de la existencia de dicho lugar, pero lo peligroso de entrar hacía que no todos quisieran intentarlo. Callé ante su siguiente pregunta y me habría gustado responderle que no trabajaba allí y que no tenía nada que ver, pero me había ganado la confianza del vampiro –a base de demostrar mis habilidades en la arena- y ahora no podía flaquear ante la primera persona que me lo preguntara— es posible, quizá como vos solo he venido para encontrar cierta diversión que no se puede obtener en otro lugar —respondí de la misma forma que ella aunque no era del todo mentira, ninguna lo era a decir verdad, aunque nadie debía de saber la verdad que había tras mis palabras ni el objetivo principal de mi estancia allí— pero conozco el lugar y quizás pueda ayudarla a encontrar a la persona que busca, aquí viene mucha gente y es posible encontrarse con mucha gente incluso de alguna que ni siquiera pensaría que podría estar en un lugar como este. Sígame —dije haciendo un gesto con la cabeza para comenzar a adentrarnos más en el lugar, había diferentes niveles pero las arenas de combate estaban junto en la zona más baja— ¿qué busca exactamente; un esclavo, un hombre que luche por vos, un vampiro? Aquí podrá encontrar de todo, se sorprendería de lo que se esconde en este lugar.


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Mensaje por Beatrice du Lète el Jue Oct 01, 2020 9:58 am

Bien podía parecer aquello un duelo de miradas veladas, de dos mujeres que se enfrentan en cuanto a inteligencia se refiere midiéndose la una a la otra. Y es que, si Trix sabía de antemano que debía cuidar al milímetro cada uno de sus actos y palabras en aquel antro tan deplorable, su contraria tampoco se quedaba atrás.

Todo cuanto le habían contado sobre aquella cazadora -que se limitaba básicamente a lo realmente importante, su trato con el enemigo- hacía que la inquisidora desconfiara absolutamente de su persona, y es que para alguien como ella que odiaba de una forma casi visceral a los vampiros, -pues éstos fueron los causantes de su mayor desgracia y de que su vida cambiara por completo- que alguien que debería dedicarse a acabar con sus miserables vidas pudiera hacer tratos con éstos e incluso hallar algún tipo de placer en ello le resultaba de lo más hipócrita. Visto así, ella no era mejor que esos malditos demonios.

A su vez, era más que evidente que aquella mujer tampoco se fiaba de ella, así como que la sonrisa que había ocupado su rostro no era más que una simple fachada de cara a la recién llegada. Era muy probable que un lugar como ese contara con una clientela bastante asidua -cuyos rostros fueran ya fácilmente reconocibles- y evidentemente, el rostro de Trix era completamente nuevo -y también fuera de lugar- allí. Porque, por mucho que ella pudiera excusarse mediante sus ingeniosas palabras, ¿qué sentido podía tener que una mujer de su posición visitase aquel antro? Desde luego ninguno más allá de que su mente retorcida pudiera hallar placer en ver cómo aquellos seres de la noche hacían alarde de su poder y ofrecían un juego al mejor postor contra esos pobres desgraciados a los que únicamente les quedaba por perder la vida. Y aquella desde luego, no era una opción que Trix contemplase.

- No se preocupe por eso, ya soy lo bastante mayorcita como para ser plenamente consciente de mis actos o de en qué aguas turbias me ando metiendo. - Con un gesto de la mano le restó importancia a aquel asunto mientras fingía pasear la vista por aquel lugar como si buscase algún objeto digno de su estudio o porqué no, compra. Sin embargo, las siguientes palabras que le dedicó la mujer demostraron una vez más que no estaba tratando con una estúpida y que, con sus evasivas, demostraba ser una mujer inteligente y a la cual no subestimar. - Muy bien, eso que menciona me interesa. Así pues, proceda, por favor. - Le indicó con un gesto que caminase para poder seguirla y mientras lo hacía, no quitaba ojo a todo cuanto acontecía a su alrededor. Era muy posible que, después de todo, se fuera aquella noche con las manos vacías de aquel lugar mas, si esto llegaba a pasar, al menos se iría de allí con la información suficiente para poder atrapar no solo a aquel vampiro que le habían ordenado investigar, sino a todo aquel ser que pudiera tener tratos con él y que fuera en contra de los dogmas católicos.

A medida que se adentraba más en aquel tugurio el olor de la sangre mezclada con el alcohol y toda clase de improperios llegó hasta sus oídos. Aquellos palabros hubiesen bastado para hacer huir de forma sumamente precipitada a una dama como ella, pero a esas alturas de la vida había muy pocas cosas que lograran sorprenderla y que la escandalizasen.

- Un vampiro que pueda dar la cara por mí cuando yo lo requiera sería perfecto. A pesar de no ser la mujer frágil que aparento ser, coincidirá conmigo en que la noche entraña riesgos a los que una mujer nunca debería enfrentarse sola. - Con una mirada de suspicacia la hizo entender abiertamente que era una mujer de armas tomar, en la imaginación de la mujer estaría sacar sus propias conclusiones sobre lo que Beatrice podía ser en realidad. Ciertamente, la mascarada que parecían estar llevando a cabo las dos sin necesidad de antifaz alguno le hacía imposible decir abiertamente a quién había venido a buscar sin que la contraria sospechara algo, pero sí podía tantear el terreno que le llevara, o al menos acercara, lo suficiente hasta ese vampiro. - Me han hablado de uno en concreto de apariencia un tanto bárbara e indómita, cruel y despiadado sin compasión alguna y que no es muy dado a hacer preguntas. Usted sabrá que, en estos tiempos que corren es mejor tener como aliado a una persona como la que le he descrito, que no se cuestione el por qué de sus acciones, no sé si me explico pero, ¿le suena haber visto a alguien así?


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