Victorian Vampires
El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} ZZaNqS8
PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




NIGEL QUARTERMANE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
NICOLÁS D' LENFENT

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
GHENADIE MONETTE

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
DOREEN JUSSSIEU

ADMINISTRADORA

ENVIAR MP
RYLEY LEZARC

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP
ADMINISTRACIÓN

ADMINISTRADOR

ENVIAR MP


ESTACIÓN


Espacios libres: 00/40
Afiliaciones élite: CERRADAS
Última limpieza: 11/08


COPYRIGHT/CRÉDITOS

En Victorian Vampires valoramos la creatividad, es por eso que pedimos respeto por el trabajo ajeno. Todas las imágenes, códigos y textos que pueden apreciarse en el foro han sido exclusivamente editados y creados para utilizarse únicamente en el mismo. Si se llegase a sorprender a una persona, foro, o sitio web, haciendo uso del contenido total o parcial, y sobre todo, sin el permiso de la administración de este foro, nos veremos obligados a reportarlo a las autoridades correspondientes, entre ellas Foro Activo, para que tome cartas en el asunto e impedir el robo de ideas originales, ya que creemos que es una falta de respeto el hacer uso de material ajeno sin haber tenido una previa autorización para ello. Por favor, no plagies, no robes diseños o códigos originales, respeta a los demás.

Así mismo, también exigimos respeto por las creaciones de todos nuestros usuarios, ya sean gráficos, códigos o textos. No robes ideas que les pertenecen a otros, se original. En este foro castigamos el plagio con el baneo definitivo.

Todas las imágenes utilizadas pertenecen a sus respectivos autores y han sido utilizadas y editadas sin fines de lucro. Agradecimientos especiales a: rainris, sambriggs, laesmeralda, viona, evenderthlies, eveferther, sweedies, silent order, lady morgana, iberian Black arts, dezzan, black dante, valentinakallias, admiralj, joelht74, dg2001, saraqrel, gin7ginb, anettfrozen, zemotion, lithiumpicnic, iscarlet, hellwoman, wagner, mjranum-stock, liam-stock, stardust Paramount Pictures, y muy especialmente a Source Code por sus códigos facilitados.

Licencia de Creative Commons
Victorian Vampires by Nigel Quartermane is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en https://victorianvampires.foroes.org


Últimos temas


El embrujo {Melquiades de Oria|Aina}

Ir abajo

El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Empty El embrujo {Melquiades de Oria|Aina}

Mensaje por Aina Cross el Dom Jun 14, 2020 4:08 pm

La semana de Aina había sido terrible. Sentía la tensión recorrer su columna vertebral, cargando dolorosamente la zona de los hombros. Llevaba meses inmersa en su nuevo negocio, la moda masculina y de momento no le había traído más que dolores de cabeza. Por último, la tensión se había acoplado en esa zona. Necesitaba un respiro. Las últimas noches las había pasado en su despacho, en Industrias Cross repasando cada boceto. Algo faltaba. Era demasiado simple para la grandeza de la idea que llevaba en su mente años. Años en los que siempre faltaba algo para que se diera el paso: inspiración, valor, inversores, la tela perfecta. Ahora, al fin se habían alineado todos los astros en su favor y había dado el paso, después de haber peleado mucho.

Primero, tardó en encontrar una persona que la inspirara para dibujar. Aina, basaba cada uno de sus bocetos en alguien diferente, podía ser de alta clase, de baja, joven o anciano. Le era indiferente. Ella observaba, la idea surgía e inmediatamente cogía su agenda que siempre la acompañaba y esbozaba en ella.

Llegó a su casa decidida a no acabar la velada en la bañera con una copa de vino tinto. Aquella noche necesitaba algo más fuerte. Cierto era que en su mansión siempre contaba con todo tipo de bebidas pero ansiaba salir y, por ende, divertirse. De pronto se le ocurrió a donde iría.

El lugar permitía que se pusiera un atuendo poco típico de la época, incluso rebelde, sin duda atrevido, pero así podría definirse a la propia Aina, que había bautizado el diseño como “Diamante”, sin duda para ella lo era. Había comenzado a ser un diamante el bruto cuando de su lápiz salieron los primeros trazos, pero poco a poco lo fue puliendo y se convirtió en aquella obra que no dejaría a nadie indiferente.

-Es tu noche, pequeño -Hablaba claramente con el vestido que colgaba de la puerta de su armario. Se trataba un diseño de color negro y satén que dejaría a la vista los zapatos de tacón del mismo tono, con guantes por encima de los codos en el mismo tono. La tela era lisa, sin adornos y el escote  cuadrado, dejando poco espacio entre el cuello y inicio del mismo, lo justo para el collar de perlas que utilizaría de complemento, herencia de su madre que había sido en su opinión la mujer más elegante que había conocido. El collar se componía de 5 vueltas de perlas que se ceñían a la parte delantera del escote y caían sobre la espalda del vestido cuya forma era en “u”. Para lucirlo, se peinó de tal forma que parecía que su cabello era corto, escondiendo su melena en la parte de la nuca y llevando las ondas muy marcadas. Por último, sus labios como siempre rojos y en aquella ocasión también las uñas de sus manos. Sonrió al verse reflejada en el espejo y cogió un último complemento: La boquilla de su cigarro que guardó en su bolso de mano en el que también aguardaba su agenda. Estaba lista para la velada.

El coche de caballos la dejó en el lugar elegido: El Casino de París. Aina adoraba aquel lugar pese a que era muy poco común que una mujer asistiera al mismo. Quizás por eso le llamaba más la atención. De hecho las miradas inquisidoras cuando ella entraba en la sala sola, sin nadie del brazo y, peor, osaba sentarse en la ruleta eran su parte preferida. Claro, por no hablar del momento en que se quitaba el chal de color blanco que cubría sus hombros, ahora desnudos y se sentaba con suma elegancia colocando ambos pies a un lateral. Por último, estaba el momento en el que con suma tranquilidad sacaba su cigarro que estaba incrustado en su boquilla, la cual sujetaba con cuatro de sus dedos, como si de un abanico se tratase. Sacó de su bolso las cerillas, se encendió el cigarro y dio la primera calada, cerrando los ojos y expulsando el humo lentamente, dejando sus labios levemente abiertos, alzándose el humo sobre su rostro.

Levantó la mano libre y chasqueó los dedos, solicitando al barman un whisky solo, con hielo. Él alzó las cejas y ella clavó sus iris azules sobre él achinando sus ojos. Luego rodeó los ojos y se fijó en la ruleta que tenía justo delante.

-“Hagan juego” -pidió el crupier. Aina dudó unos instantes pero hizo su apuesta al 10 rojo, siempre al rojo -“No va más”-declaró entonces pero parecía que había un nuevo jugador. De él solo pudo ver un guante que cubría la mano que acababa de posarse sobre la mesa. El material era un exquisito encaje que clamó su atención de inmediato y le hizo mirar al dueño de reojo. Lo que vio la embrujó por completo y de pronto y sin previo aviso la inspiración volvió, asolándola por completo.


El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} ByyYKIx

Cross Family:
El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} JLWgpd7

Retrato Aina|Gracias Kei, artista:
El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Y9ScO4G
Aina Cross
Aina Cross
Humano Clase Alta
Humano Clase Alta

Mensajes : 157
Puntos : 183
Reputación : 47
Fecha de inscripción : 18/04/2020

Volver arriba Ir abajo

El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Empty Re: El embrujo {Melquiades de Oria|Aina}

Mensaje por Melquiades de Oria el Jue Jun 18, 2020 5:37 pm


Llevaba ya casi dos semanas en París. Durante ese periodo había tenido tiempo para conocer a varias personas que pondrían su vida patas arriba a lo largo de, al menos, unos cuantos meses. Se había tomado la molestia de buscar un aquelarre con el que entretenerse durante su estancia allí. Era un grupo de brujos que adoraban a la Luna y con su energía eran capaces de recargar su propio poder. Eso a Melquiades le resultaba atractivo y al demonio que se había adueñado de su existencia hacía dos décadas le parecía irresistible. Y es que desde que un joven Melquiades de tan solo veintiún años había decidido invocar a Gob, un ser salido de las brasas del averno, su vida había dado un giro de ciento ochenta grados. Su objetivo principal era recopilar almas para Gob a cambio de conservar la suya propia, pero aquella criatura tenía gustos muy selectos —como él, en realidad— y sus ánimas preferidas eran las que habían pertenecido a los hijos de la magia. Por eso y no por otro motivo, Melquiades iba de aquelarre en aquelarre aniquilando a todos y cada uno de sus miembros, como si fueran ofrendas en un sacrificio del que sería esclavo hasta que él mismo muriera.

Pero aquella noche quería dejar de pensar un poco en todo eso, evadirse del amargo destino que le había tocado vivir. Ya había solucionado el tema de encontrar una residencia estable para habitar en ella durante el tiempo que estuviera en la capital francesa. Porque sí, había una cabaña en el bosque en el que se encontraba aquel aquelarre —el Círculo de la Luna— que llevaba su nombre, bueno, más bien el del líder anterior, Rakesh, cuya identidad había suplantado con ayuda de su magia; pero no iba nada con él eso de no vivir en una casa cómoda, grande y lujosa y no tardó demasiado en hacerse con una. Ahora solo le faltaba hallar el modo de generar ingresos sin hacer demasiado. Eso del trabajo duro no iba con él; ya apenas recordaba la época en la que debía ayudar a sus difuntos padres en el campo. Sus dedos no estaban hechos para mancharse ni encallecerse, pero quizá los del resto sí.

Fue por eso que decidió ir a un lugar al que solían acudir personas adineradas de las que podía beneficiarse: el casino. A lo largo de todos estos años, había obligado a miembros de la clase alta a poner todo tipo de propiedades a su nombre. Había tenido numerosos negocios que había acabado vendiendo por una suma mucho mayor de la que él habría pagado en caso de haber tenido que comprarlos, y en ese momento estaba buscando uno allí, en París. Tenía que ser lo suficientemente rentable como para que funcionara más o menos solo, sin que él tuviera que estar muy pendiente de él, pues no le gustaban las cosas que conllevaban un esfuerzo excesivo por su parte.

Los casinos siempre le habían parecido lugares igual de mágicos que los aquelarres, y es que tener el privilegio de asistir en primera fila al espectáculo que era observar cómo la avaricia corrompía las almas de los presentes, no tenía desperdicio alguno. Decidió, por ello, hacer las cosas más o menos de forma limpia y se sentó en una mesa de póker en la que había algunas de las figuras más adineradas de París. Eran todos dueños de negocios y en lugar de apostar dinero, lo hacían directamente con sus propiedades. Melquiades se acopló allí, como si fuera uno más, inventando locales que jamás habían estado en sus manos, y jugada tras jugada, terminó llevándose el fumadero de opio más famoso de la ciudad, que hasta ese entonces había pertenecido a un tal Zhou Wong, un ricachón chino que tenía negocios relacionados con aquella droga repartidos por distintas partes del mundo.

Cuando hubo cerrado con Wong el traspaso de la propiedad, estrechó su mano y puso fin a aquella partida de póker. Le apetecía divertirse de una vez por todas, sumarse al júbilo del resto de personas que había allí, a la sensación de adrenalina que experimentaban cada vez que ganaban y a la de la frustración cuando perdían —aunque él casi nunca lo hacía— y fue por eso que se encaminó hacia la ruleta. Era uno de sus juegos favoritos. El azar era impredecible, pero en aquellos sitios todo estaba realmente amañanado. Por eso, gozaba enormemente retando al propio casino y a su dueño cada vez que honraba a una de las mesas con su presencia.

Cuando llegó allí, una hermosa mujer ocupaba uno de los taburetes que había alrededor de la ruleta. Iba espectacularmente vestida, aunque él mismo no se quedaba atrás: lo más llamativo de su atuendo era, sin duda, la camisa azabache de seda con flores blancas bordadas y los guantes, a juego, de encaje con rosas negras a lo largo de la pieza. Lo más discreto, por otra parte, aunque tampoco demasiado, era el pantalón, también de seda negra. El conjunto lo completaban unas botas de cuero y unas pulseras de perlas en las muñecas de ambas manos. Apoyó la diestra sobre el tablero de la mesa, junto a ella.
Quisiera lo mismo que esta dama de aquí —dijo al camarero en un francés que podía hacerle parecer de allí, alzando ligeramente la voz.
Enseguida atendió la petición y le trajo un vaso, que dejó delante de él, apoyado sobre la mesa. Le dio un trago y seguidamente sacó unas cuantas fichas de un saco de piel que llevaba con él, cerrado con un cordón. Las puso sobre el tablero numérico y añadió:
Al 6 negro, por favor. —Giró el rostro hacia su acompañante femenina y dijo—: Buenas noches, señorita. Soy Emmanuel Laurent. ¿Y usted?
Rara era la vez en la que se presentaba por su nombre y aquella no iba a ser una de ellas.


El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 67
Puntos : 85
Reputación : 35
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Empty Re: El embrujo {Melquiades de Oria|Aina}

Mensaje por Aina Cross el Mar Jun 30, 2020 1:06 am

Aquel lugar solía liberar a Aina de cualquiera de las tensiones que tuviera, generalmente provocadas por el trabajo. El ambiente era el idóneo para distraerte pues la gente iba a aquel local a jugar, a beber, a fumar, en definitiva, era perfecto para dejar la mente en blanco. Claro que había quien ganaba y quien lo perdía todo. Sin duda, en la mesa de póker había habido una gran pérdida esa noche pues uno de los jugadores ahora ahogaba las penas con alcohol. Ella entendió lo que pasaba a la perfección, sin necesidad de poner atención en la conversación que el hombre asiático mantenía con el barman, que solía ser quien escuchaba las desgracias ajenas. Por la mesa en la que se encontraba, supuso que había apostado de más y la arrogancia había podido con él. Lo supo, pues no era la primera vez que acudía a ese lugar y sabía cómo actuaban los empresarios parisinos y más si la noche había estado acompañaba de alcohol, siendo este un mal consejero la mayoría de las veces. Aquello último ella lo tenía claro pues ella misma había cerrado algún trato con la ayuda del mismo pues bajo su influencia la parte contraria solía ser más dócil.

Sonrió de medio lado ante la triste imagen de aquel hombre desesperado que se bebería media licorería si se lo permitían y centró su atención en la ruleta en la que ella se encontraba y donde había realizado una apuesta. Obviamente la apuesta que ella había realizado era mínima y no se trataba de un bien personal, aquello lo dejaba para las mentes más prodigiosas que sin pensarlo jugaban con lo que les daba de comer. Desde luego Aina en ningún caso apostaría alguna de sus propiedades, no después de lo mucho que le había costado conseguirlas y mucho menos con los planes de futuro que tenía, que no eran pocos.

Su atención puesta entonces sobre la ruleta se vio interrumpida por un guante diseñado con un exclusivo encaje que envidió en cuanto lo tuvo a la vista. Deseaba tocar aquella tela, tenerla entre sus dedos y conocer su procedencia. Lo cierto era que le parecía exclusiva y entonces sin poder evitarlo desvió la mirada al propietario de aquella mano. Lo que sus ojos encontraron frente a sí por poco la dejan sin habla pero se contuvo y cerró la boquita, introduciendo la boquilla en la misma en un esfuerzo por controlar su asombro. Dio entonces una fuerte calada mientras observaba la vestimenta poco habitual y llamativa del hombre que tenía justo delante al que no le faltaba detalle. El caballero había notado su presencia y estaba junto a ella así que debió concentrarse para contestarle y se obligó a desviar la vista de su característico atuendo que no podía dejarla indiferente -Buenas noches, caballero -dibujó una amplia sonrisa -La señorita Aina Cross, es todo un placer -Ella siempre remarcaba “señorita” pues así pretendía evitar las típicas preguntas, ¿y su esposo? ¿dónde está su acompañante? Aunque muchos pese a aquello insistían en lo mismo -Debo decirle que me tiene hipnotizada. Usted y su atuendo, claro -Le miró fijamente a los ojos mientras pronunciaba aquellas palabras sin pudor alguno -No he podido pasar por alto que es el hombre con más estilo del local -confesó pues realmente lo pensaba. Cuando le sirvieron el whisky a él, Aina alzó su vaso -Por las sorpresas inesperadas -dijo y puso una sonrisa de medio lado antes de beber aquel líquido que poco a poco la reconfortaba y finalmente de soslayo miró el resultado de la apuesta, abriendo un poco los ojos y dirigiéndose de nuevo a su acompañante -Quédese, quizás me de suerte a mi también.


El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} ByyYKIx

Cross Family:
El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} JLWgpd7

Retrato Aina|Gracias Kei, artista:
El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Y9ScO4G
Aina Cross
Aina Cross
Humano Clase Alta
Humano Clase Alta

Mensajes : 157
Puntos : 183
Reputación : 47
Fecha de inscripción : 18/04/2020

Volver arriba Ir abajo

El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Empty Re: El embrujo {Melquiades de Oria|Aina}

Mensaje por Melquiades de Oria el Vie Jul 03, 2020 10:20 am


La presencia de Wong había sido olvidada por Melquiades de inmediato. Si bien era cierto que el hombre asiático no había sido consciente de que había sido obligado a firmar los papeles que acreditaban el traspaso de una de sus propiedades más fructíferas y queridas, sí lo era de su pérdida. Porque toda la partida de póker había sido real, si no se tenía en cuenta que uno de los jugadores era un hechicero fingiendo ser otra persona, y que este guardaba más de un as bajo la manga. No le vio, por tanto, ahogar sus penas en alcohol, pues el empresario había quedado a su espalda. Y sus ojos rara vez miraban a otro sitio que no fuera al frente. Siempre ponía su mirada en el futuro; anclarse en el pasado era algo reservado únicamente para los tristes y los necios, y él no era nada de eso ni se consideraba como tal.

Sin embargo, aquella noche, su mirada no solamente se había fijado en lo que tenía delante, sino también al lado. No podía ignorar que había observado por el rabillo del ojo la expresión de asombro de aquella mujer y al girarse hacia ella pudo comprobar de primera mano que se lo estaba comiendo con aquellos orbes azules, preciosos y bien abiertos. En ese momento, el crupier colocó sus fichas en el número indicado y giró la ruleta, haciendo que la bola bailase entre las casillas con un traqueteo que resultaba agradable. Era curioso que ambos hubieran apostado al pleno: un número y un color concreto, una única posibilidad de ganar o de perder. ¿Pero qué era la vida sin un poco de riesgo? A decir verdad, ninguno de los dos había puesto una cantidad excesiva de fichas, eran unos pocos francos que cualquiera de ellos podía permitirse perder.

Me gusta la gente honesta, señorita Cross —dijo sonriendo de lado. Humedeció ligeramente sus labios antes de seguir hablando. Su mano derecha volvió a posarse sobre el vaso de alcohol—. Me halaga profundamente, aunque déjeme ser honesto a mí también. —Se inclinó hacia ella y dijo de una forma muy íntima, susurrando con un timbre de voz grave y, cómo no, seductor—. No es muy difícil tener más estilo que todos estos muermos. Y aun así, usted también lo consigue. Está espectacular, si me lo permite...
Su sonrisa se ensanchó y volvió a su posición inicial, un poco más distante de ella. La bola seguía golpeando la madera de la rueda de la fortuna mientras ambos interactuaban. Cuando ella sostuvo su bebida y pronunció aquella especie de brindis, él la acompañó y alzó la suya al mismo tiempo que levantaba ligeramente la barbilla, en un gesto que indicaba que apoyaba sus palabras.
Por las sorpresas inesperadas —repitió y le dio un buen trago al whiskey.
En ese instante, la ruleta pareció estar a punto de frenar, pero Melquiades, con ayuda de su magia, mental y discretamente, la hizo avanzar un poco más hasta que la bola cayó en el 10 rojo y pareció quedarse allí hasta que, por fin, paró.
Vaya, parece que sí que le he traído suerte.
Soltó una pequeña carcajada justo antes de vaciar el vaso con el siguiente trago que dio. Lo dejó sobre la madera con un golpe seco.
¿Le importa si me siento aquí a su lado y le hago compañía un rato? —preguntó al mismo tiempo que ocupaba el taburete contiguo al de ella, sin esperar su respuesta. A continuación, le hizo un gesto al camarero para que le rellenara la bebida—. Eso sí, a partir de ahora tendré que apostar algo menos arriesgado... —Lo dijo como si realmente le supusiera un problema el hecho de perder más o menos dinero—. ¿Qué le trae por aquí a una dama como usted? —agregó mientras buscaba en los bolsillos de sus pantalones la pitillera de plata que solía llevar.
Tras unos segundos, la encontró y la puso sobre la mesa. Sacó un cigarrillo de dentro y la cajetilla de cerillas, de la cual extrajo una de ellas y prendió la cabeza para encender el fino cigarrillo que sujetaba entre los dedos de su mano izquierda. Una vez lo hubo encendido, agitó la cerilla hasta que esta se apagó y volvió a guardar la pitillera en el mismo sitio del que la había sacado. Se llevó el cigarro a los labios y le dio una calada en el tiempo que ella le contestaba y que el crupier le preguntaba qué hacía con sus fichas, las cuales incluían a partir de ahora algunas de las que habían sido de Melquiades hasta entonces.


El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 67
Puntos : 85
Reputación : 35
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Empty Re: El embrujo {Melquiades de Oria|Aina}

Mensaje por Aina Cross el Miér Dic 16, 2020 5:24 am

La noche no podía ir a mejor y menos después de aquel inesperado encuentro con el peculiar hombre que Aina tenía a su lado. ¿Cómo era posible que hubiera cruzado toda la sala y no hubiera reparado en su presencia? Claramente el trabajo la traía de cabeza pues pasar por alto que estaba allí era imperdonable, más aun cuando llevaba toda su vida deseando encontrarle. De pronto, todas las ideas surgieron de repente en su mente, estaba ansiosa por darles forma y ver el resultado pero sabía que al fin tenía frente a sí lo que andaba buscando. Y ella, una ilusa, había recorrido medio mundo en busca de inspiración cuando se hallaba tan cerca de ella. No podía ser más perfecto, único y particular el caballero que la acompañaba. La deslumbró desde el inicio por su atuendo pero no era únicamente eso lo que le atraía de él sino también su elegancia y forma de expresarse, además de claro está ese tono de voz tan varonil, seguro de sí mismo e incluso sensual.

Sonrió de medio lado a su acompañante y dio un trago a su bebida. Ella era más de vino pero esa velada necesitaba algo más fuerte y sin duda el whisky le estaba sentando mejor de lo esperado. A su alrededor había bastante bullicio pues no solo estaban los hombres que jugaban y hacían sus apuestas sino que también iban acompañados o bien por sus prometidas, por sus esposas o por damas de compañía. Lo que no veía Aina era a ninguna otra mujer jugando.

Emmanuel le devolvía la mirada y esta era muy intensa. Ella se la mantuvo y amplió su sonrisa pues estaba encantada de haberse encontrado con él. Se imaginó de pronto cogida de su brazo mientras se adentraban en el magnífico teatro de la ciudad engalanado con una estupenda lámpara de cristal situada en el centro del mismo. Era consciente de que serían el centro de todas las atenciones y le encantaba imaginar la escena.

Ante las palabras de él Aina soltó una carcajada y se sintió desinhibida. Había sido un gran acierto ir esa noche al Casino de París tan solo por el peculiar encuentro que nunca habría imaginado –Si, son bastante muermos y gracias por el halago. Hasta para piropearme demuestra la clase que tiene –alzó su vaso y brindó con él manteniendo en todo momento sus ojos clavados en los suyos que se desviaron ligeramente hasta la ruleta y escuchó -10 rojo, señorita –entonces frunció el ceño y luego abrió los ojos al ver que había ganado. Vaya, parecía que la noche sí podía ir a mejor –En efecto, me ha traído suerte –No es que la cantidad apostada fuera demasiado cuantiosa pero bien es cierto que ganar le gustaba pues era competitiva y su humor no hacía más que mejorar –Que sepa que está consiguiendo alegrarme la noche –confesó mientras dudaba en volver a apostar y observaba a su vez como el caballero sacaba una pitillera de plata. Sin duda todo él era puro detalle, desde los pies hasta el peinado -¿Sabe? Preferiría pasear ya que he ganado a la banca. Ahí fuera está la terraza, me vendría bien un poco de aire –Antes de que respondiera, Aina había alzado de nuevo el brazo en señal de que quería dos copas más que directamente les llevarían a la terraza si Emmanuel decidía acompañarla. Sabía que la conversación recaería en temas más personales y quizás le acabara hablando de su nueva idea en el mundo de la moda y no podía permitir que oídos indiscretos se inmiscuyeran, más aun cuando muchas personas la conocían y sabían qué temas trataba ella habitualmente.

Se puso en pie y alisó la falda del vestido para después recoger las fichas que había recuperado y las nuevas que había ganado que guardó en su bolso. Comenzó a caminar contoneando las caderas que con aquel vestido estaban muy marcadas para después volver el cuello hacia el hombre que la acompañaba y hacerle un gesto para que la siguiera, dejando a la vista el escote de su vestido cubierto por perlas del magnífico collar perteneciente a su herencia familiar. Sin lugar a dudas eran la pareja perfecta aquella noche –Si me acompaña le confesaré qué me ha traído aquí –entonces le guiñó un ojo y esperó que decidiera el rumbo de la velada.


El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} ByyYKIx

Cross Family:
El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} JLWgpd7

Retrato Aina|Gracias Kei, artista:
El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Y9ScO4G
Aina Cross
Aina Cross
Humano Clase Alta
Humano Clase Alta

Mensajes : 157
Puntos : 183
Reputación : 47
Fecha de inscripción : 18/04/2020

Volver arriba Ir abajo

El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Empty Re: El embrujo {Melquiades de Oria|Aina}

Mensaje por Melquiades de Oria el Mar Ene 12, 2021 1:55 pm


Hablar de honestidad cuando él era un mentiroso crónico era, cuanto menos, irrisorio. Pero sí, era cierto: le gustaban las personas honestas. Eso las hacía vulnerables, aunque no más que a un embustero como él. Aina Cross le pareció lo suficientemente honesta como para saber que si quería, podía engañarle y él no se daría ni cuenta. Pese a ello, la mujer decidió caminar por la vía de la verdad y dejar expuestas sus intenciones desde el comienzo del encuentro, como un libro abierto cuyo contenido estaba a plena vista para quien lo quisiera leer.

Melquiades era consciente de que no era habitual ver a una mujer como una jugadora más entre las mesas, y a pesar de que una evidente misoginia le recorría las venas del mismo modo en el que lo hacía la sangre, no podía negar que aquella en concreto le había llamado la atención y que no le importaría tenerla de rival en un juego más o menos limpio.

Estaba dispuesto a sacar unas cuantas fichas más de uno de los bolsillos de su pantalón para apostar de nuevo. A punto estuvo de elegir otro número como diana de sus dardos avariciosos, pero ella sugirió que era mejor marcharse de allí. Asintió, tragándose las palabras que no llegaron a salir de su garganta para humedecerse los labios y pronunciar en su lugar:
Me parece perfecto. Hace una noche estupenda, además. Ni muy airosa ni muy fría. Tampoco es que uno pase calor en el exterior —hablaba como si el tiempo que hiciera le importase algo—. Además, quiero enseñarle un rincón que hay escondido en la terraza que espero que siga ahí —añadió a la par que observaba cómo su acompañante le pedía al camarero que las bebidas que él había solicitado anteriormente acabaran junto a ellos en aquel espacio acogedor fuera del bullicio de las zonas de juego—. Verá, hace unos cuantos años que no piso París, pero deseo que continúe existiendo esto que le menciono.

En cuanto ella se puso de pie, él hizo lo mismo y le ofreció el brazo para acompañarla afuera en el momento en el que la alcanzó. Esperó a que ella lo tomara para seguir caminando hacia la puerta de la terraza.
Estaré encantado de escuchar la historia —dijo posando la mano contraria sobre la de ella, dándole un par de suaves golpecitos sobre el dorso—. Prometo guardarle el secreto —agregó riéndose al final— y confesarle también mis más terribles pecados.
Quizá esa última frase le causaba más gracia de la que debía, pues solo él conocía el significado que habría detrás de las palabras que la formaban.

Anduvieron juntos hasta la terraza y salieron a ella del mismo modo, como si aquel lazo que los unía de forma física hubiera creado una especie de vínculo irrompible. Pero para nada era así. La realidad era que aquella mujer no le importaba en absoluto, aunque eso no quitaba que fuera un caballero —a su manera— o que le riera las gracias; que mostrara un falso interés o uno tan veraz que pudiera ser capaz de dejarla seca.
Mire, es por aquí —indicó mientras la guiaba hasta un pequeño rincón que había girando la esquina que quedaba a la izquierda nada más salir.
El camarero los seguía como si no tuviera muy claro dónde tenía que ir, hasta que finalmente desaparecieron de su vista y casi tuvo que correr para llegar a ellos. Al otro lado había varios rosales pobremente iluminados pero muy bien cuidados.
Cuidado con las rosas. Todas tienen espinas. —Aquello era una advertencia en todos los sentidos y dicen que quien avisa no es traidor, pero ¡ay!, quien inventara eso no se había topado jamás con un ser tan miserable y rastrero como él—. Pero si sabe por dónde cogerlas… —Deshizo la unión entre ambos y alargó la mano para partir uno de los tallos—. Et voilà!
Le ofreció la flor en el momento en el que el camarero apareció con sus bebidas.


El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} IvHpjA3
Melquiades de Oria
Melquiades de Oria
Hechicero Clase Alta
Hechicero Clase Alta

Mensajes : 67
Puntos : 85
Reputación : 35
Fecha de inscripción : 15/05/2020

DATOS DEL PERSONAJE
Poderes/Habilidades:
Datos de interés:

Volver arriba Ir abajo

El embrujo {Melquiades de Oria|Aina} Empty Re: El embrujo {Melquiades de Oria|Aina}

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.