Victorian Vampires
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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Sokolović Rosenthal el Mar Sep 08, 2020 11:59 pm

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Ambas bestias van a acariciarse de una forma tan íntima que resultará indecente. De una manera tan pasional  y efímera que resultará pecaminosa.

Ambos sabrán lo que es amar en poco tiempo, ambos sabrán lo que es perder lo más preciado. Sabrán de traición y pérdida. Y establecerán una danza cruenta; desangrando y envenenando sus corazones, mientras los sentimientos arrasan con furia y es como ellos hacen la guerra para quererse.


Los meses transcurrían, meses en que el Conde Rosenthal se hallaba en Moscú; en la ciudad maldita por la trágica peste negra y su devastador invierno. Ahí fue a dar cumplimiento a las negociaciones de la venta de niños, donde las condiciones de dicha concesión le obligaban a acudir personalmente. Primero por el hecho de que era la mercancía más valiosa. Sin ser un hijo de puta que vende esclavos comunes, no, estos, están preparados para servir en altos mandos, por ello es menester acudir a esta entrega. En segunda , y menos importante, el contratante quería cerrar la negociación personalmente. Por ello se dedicó exclusivamente a llevar a cabo este interés, pero ciertos movimientos fueron de su desagrado por lo que decidió examinar personalmente las ventas, las solicitudes e inspeccionar las condiciones servidas a esos niños.

El tiempo en demasía transcurrió en ello, sin poder relajarse, y cada vez su carácter se veía afectado por la falta de cumplimiento en ciertos casos, pero un suceso inesperado aconteció,  razón que le orilló a regresar a París, por esos funestos sucesos después de haber visto el fantasma de Zhuzha; se cuenta que el fantasma circula por las calles de Kuznetski Most, y quien la vea, tendrá la pérdida de su ser masculino más querido. El Conde no era creyente de los fantasmas hasta que ella apareció.

Su llegada a París fue todo un secreto, cuidadoso arribó en el puerto francés y hace que sus pertenencias sean trasladas a la mansión Rosenthal. Mientras solicita un carruaje, y es llevado cerca del Louvre en el 12 rue Chabanais, uno de los más conocidos y lujosos burdeles de París.

Al llegar, y descender del carruaje, se impresionó ante la fachada de este, se vislumbra distinto a como lo había dejado; lleno de vida, despertando los instintos carnales y seduciendo a la simple vista, eso le enorgulleció de Vasska, le encaraba su mando al negocio. Mismo que al ingresar al recinto, las mujeres se paseaban, exponiendo sus siluetas con vestidos tan provocativos, y miradas tan coquetas en las que fueron respondidas inmediatamente con la zarpa alzada, denegando las solicitudes. Todas eran hermosas, tan jóvenes y sensuales, pero lo extraño es que ninguna conocida, todo estaba cambiado, ni un personal se hallaba de cuando él era dueño.

Deseaba recorrer el burdel, conocer más de este avance de su hermano, pero solo fue a ese lupanar por él, sabía a la perfección que estaría ahí, llevando la inspección del lugar. Sin querer esperar más, se dirigió hacia un Germano de nombre Wilhelm. Solicito hablar con el dueño, el cual le estaba esperando ya, tenía una cita ya con este y no le place esperar. Cosa que era mentira, pero estaba entreteniéndose con el servicio, los estaba poniendo a prueba, y como se salió con la suya, fue dirigido a la oficina principal, en los confines más reservados, y como requirieron de su nombre, brindó el de su cliente ya muerto y ex millonario Sava Morózov. Como el hombre imitó el acento ruso, cuyo porte suelen confundir con estos siendo un Alemán, no se esforzó demasiado.

Así que se abrió la puerta y fue anunciada su presencia, le guiño el ojo a su hermano, para que se uniera a su pequeño juego, y se adentro. —Joven Rosenthal, no sabe cuán dichoso estoy de poder volver a verle, nunca imagine encontrarme con esta maravilla… —estaba siendo demasiado cortés con aquel, ya deseando a ese demonio tener entre sus brazos, desnudarle y empujarlo en cuanto lugar sea necesario para calmar la ausencia de éste en su cuerpo, pensamiento y degustación.

Pero en cuanto aquel se levantó y percibió linfa de su cuerpo, apestando a ella, dificultado a sostenerse. Le regresaron su estúpida jugada, le golpearon con la burla de lo que yacía ahí. La ensanchada sonrisa que portaba se había borrado con una mirada expresiva de furia, apiolaría, y pesada, lo estaba desdeñando desde sus entrañas, quería golpearlo más de lo que ya estaba, su rabia se acrecentó al grado de enterrarle las uñas a sus pupilas.

¡Lárgate de aquí! —ordenó al imbécil que engañó, el maldito juego había terminado con aquel, y ahora, con ese. Trasladándose frente a Vasska, posándose sobre el escritorio y propinándole una pata a su pecho, obligándolo a caerse sobre el suelo, viéndolo desde abajo con una jodida befa. Porque gemía, le provocaba dolor y observó que no estaba nada bien… —¿Así es como pensabas portarte bien? Te di libertad, y mírate, como una maldita meretriz necesitada, ni siquiera pudiste guardar las apariencias. ¿Es de esta manera como piensas gozar de tu libertad? —arrojó con agresividad, ya con unas manos siendo sujetado, aprisionado al cuerpo del hombre anterior, más le exaspero, y peor, al ser jaloneado. —¡Suéltame si valoras tu mísera existencia! —Por la misma embestida, de sus carnosos labios inferiores se desvanecia un hilo sangrante, removiendose cuan bestia indomable, vira sobre el propio eje, y con el cuerpo ardiendo, arroja ese escritorio contra el ayudante, declanrando su muerte al proximo movimiento.

Como un dragón escupiendo fuego y destruyendo todo a su paso, desconjonado por no ser él, el causante de esas marcas, pero sobre todo, porque por su jodido miedo exacerbado de perderlo, si, es una tortura extrema verlo de esa manera, una ansiedad dolorosa de regresar con la perturbación de aquel fantasma, para después tener que ver a ese malcriado herido por intención propia, porque no es un imbécil para terminar así.


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Mensaje por Radu V. Rosenthal el Sáb Oct 03, 2020 2:34 am





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Con Sokolović Rosenthal | en el burdel

Cuán aterradora podía llegar a ser la costumbre, el amoldamiento característico del ser humano a su entorno y circunstancias, forzadas o no, en virtud de la supervivencia. Habían transcurrido innumerables meses desde que Radu se hubiese convertido en el único Rosenthal instalado en París, no había recibido noticia alguna de su hermano desde que partiera ni había buscado contactar con él por su cuenta durante ese tiempo. El menor de los hermanos se había adecuado a la vida en soledad, a su deber como administrador del imperio empresarial que su predecesor instaurara en la ciudad, abriendo puertos individualmente para proyectos de índole propia, incluso habiendo decidido extinguir negocios infructíferos que Sokolović designara con anterioridad. Todo aquello que hacia ese entonces respondía al apellido familiar ya llevaba la insignia inamovible del liderazgo del más joven de los hermanos.

Como hiciera durante todas las jornadas semanales hábiles, aquella mañana despertó temprano ―aunque no en exceso― realizó sus actividades hogareñas y abandonó la residencia para atender a sus arreglos programados.
Era viernes y, como lo pautaba la rutina, aquel día de la semana se acomodaría hasta altas horas de la madrugada en el burdel estrella de su abanico emprendedor: el Shangri La de las altas castas, el Edén para los sedientos del placer carnal. Radu se había encargado de catapultar el éxito de aquella institución particular hasta rozar los cielos, congregando a la clientela más acaudalada de la capital franca, apuntando entre sus visitantes, incluso, a destacables miembros de la realeza.
Su plan para escalar la ladera del éxito había sido bastante sencillo: había reunido a los más destacados cortesanos de todos los burdeles bajo su dominio, les había emperifollado y cuidado para lucir como ángeles directamente secuestrados del Paraíso, había invertido en la preparación de una sala común y sus respectivas habitaciones para que lucieran dignas de acoger reyes y, sencillamente, había apostado iniciado un rumor. El boca en boca entre las clases altas era tanto más efectivo que la publicidad callejera y pronto los líderes de la burguesía habían arribado, como abejas a los prados en flor, para averiguar qué tan excelente era el servicio que ofrecían los prostitutos llamados élites de tan enigmático local. Por supuesto, la puesta preparada ni siquiera hacía justicia a las habladurías y las extravagantes sumas de dinero que demandaba pasar una noche en el Edén eran estrictamente acordes a la impecable calidad de las prestaciones.
La cantidad ingresos que recaudaba aquel burdel diariamente era vulgarmente alta y el trato para sus empleados tan bueno que pronto se empezó a reclutar miembros voluntarios. El local ofrecía, además del servicio de élite, un segmento de índole más convencional y económico para los burgueses en ascenso o la gente de clase media que estuviese dispuesta a ahorrar. En definitiva, era el prospecto de emprendimiento del futuro y Radu podría darse baños de dinero en tanto continuara llevando el control.

Había anochecido, el germano se encontraba en la oficina, espacio designado exclusivamente para el administrador del establecimiento y al que únicamente tenían acceso el personal de limpieza y los socios con cita previa. Llevaba rellenando papeleo desde hacía dos horas, a sabiendas de que en el resto del edificio un centenar de clientes vaciaba sus bolsillos a fin de llenar los suyos, ¿qué contexto más prometedor que aquel?
Imprevistamente, la pierna comenzó a dolerle con furia; pronto llevó la mano hasta la herida aún fresca en su muslo, cuyos efectos atroces se propagaban por la extensión de la extremidad completa; de igual manera le escocían la espalda y el brazo inhábil, que habían admitido daños menores, pero no por ello menos molestos.
Hacía poco más de una semana que hubiera recibido la sorpresiva visita de un cazador en uno de sus locales, como era de esperarse, tal encuentro no pudo desenvolverse de otra manera que no incluyera un enfrentamiento y, como consecuencia, había ganado un buen número de laceraciones propinadas en plata cuya cualidad más irritante era, además de los esporádicos ataques de agonía, su prolongado plazo de sanación.

Alguien llamó a la puerta, el aroma en el aire delató la presencia de su fiel asistente: Wilhelm. Le indicó que ingresara, pero de inmediato deseó no haberlo permitido. Detrás del menudo muchacho, a quien hubiese extraído del burdel más nefasto para trabajar con él dentro de aquel palacio de placeres, se erigía la inmensa figura de Sokolović.
Radu se quedó petrificado, su expresión contorsionada y el corazón latiéndole a exagerada velocidad. Asió el bastón que descansaba a su lado, contra el escritorio que ocupaba, y se recargó en él para ponerse de pie, con evidente dificultad. Renqueó hasta el centro de la habitación, debatiéndose entre seguirle el juego al recién llegado o gritarle a viva voz que era un completo sinvergüenza. Fue entonces que el rostro del contrario se desfiguró y un velo de ira abrasadora le conquistó los ojos. Sin contar con tiempo para hacerse a un lado, fue víctima de una fuertísima patada en el pecho, la cual le derrumbó de espaldas sobre el suelo, a dos metros del sitio en el que estuviera anteriormente de pie.
Radu quiso cerrar la boca, fingir entereza, mas el estado de su cuerpo era deplorable y poco podía hacer para disimularlo. Con suma dificultad halló el bastón a su costado y lo sostuvo para ayudarse a incorporarse nuevamente.

Sokolović le reprendió como si hubiese sido voluntad suya acabar en aquella condición, pero su mirada se depositó sobre el rostro de Wilhelm, quien había corrido a asistirle, intentando retener al vampiro por el brazo.
¡No, Wil, aléjate! ―Quiso advertirle, mas fue demasiado tarde y él insuficientemente veloz. El frágil muchacho fue arrojado como un costal de arena contra el muro aledaño y sobre él aterrizó la complexión del escritorio. El corazón de Radu se paralizó.
Tres doncellas aparecieron agitadas en el umbral de la puerta, mas no se atrevieron a ingresar, puesto que les estaba prohibido. El licántropo aún escuchaba el débil palpitar del corazón de su asistente y, con el aire escaso, se adelantó, esquivando a su hermano.
Ustedes tres, entren y asistan a Wilhelm. Busquen a un guarda que les escolte y llévenlo a una habitación. De ser necesario, llamen a un médico. ―Indicó, con la integridad que su rol demandaba y, tan pronto las mujeres comenzaron a dispersarse, él asió a Sokolović por el brazo.

Haciendo acopio de toda energía, caminó erguido y sin depender demasiado del bastón; llevaba la muñeca de su hermano aferrada con fiereza, conduciéndole, sin detenerse a atender réplicas, hacia una habitación aislada, apostada en un lugar recóndito del corredor de la planta.
Abrió la puerta, jaló al mayor hacia el interior, y la cerró detrás de sí. Como en todo recoveco del establecimiento, las lámparas estaban encendidas, aportando al espacio un lúgubre y enigmático clima, propicio para actividades a elección. Se encontraban recluidos en una sala de recreación, allí recibía a sus socios más allegados cuando acudían a concretar negocios. En el centro del recinto se hallaba dispuesto un conjunto a juego de sillones, acompañado de una mesa baja, de amplitud notable. Los muros se apreciaban minuciosamente adornados, de igual manera las piezas de mobiliario decorativo apostadas en cada rincón. Hacia la derecha se extendía una plataforma baja, delimitada por nubosas cortinas, sobre la cual se desperdigaba un número extenso de almohadones acumulados. Los negociantes con quienes mantenía relación, claro está, tenían derecho de gozar de los servicios que ofrecía el burdel una vez acabadas las reuniones, aunque Radu no gustara de participar en ese tipo de actividades multitudinarias, sus inversores no se veían privados de pasar un buen rato.

El licántropo llevaba algunos segundos de espaldas a Sokolović cuando, finalmente, decidió voltear pausadamente. Verle allí de pie parecía resultado de un sueño y aún no podía creerse lo que acababa de ocurrir. Tenía la mala costumbre, desde hacía tiempos remotos, de subestimar la brutalidad de su hermano.
¿Es este el espectáculo que eliges brindar ni bien apareces en mi presencia?, ¿tanto inconveniente te suponía avisarme que regresarías, darme señales de que el sol aún no te había alcanzado en alguna parte del mundo? ―Inquirió con desdén, con la expresión sombría y el ceño pronunciadamente fruncido.
¡Eres un bastardo ingrato!, ¿qué caso tiene buscar razonar contigo? ¡Llegas y lo primero que haces es destrozar mi estudio y atacar a mi asistente!, ¡mejor y no hubieses aparecido! ―Espetó, alzando la voz, en tanto se adelantaba torpemente hasta el sitio que ocupaba su hermano.
Ah, verle a los ojos le inducía tantas emociones: por un lado crecía el deseo de estrangularlo hasta la muerte, por el otro podía reconocer el intenso añoro de embeberse en su presencia, de comprobar que estaba realmente de vuelta, que no había desaparecido para siempre. Quería alardear sobre sus logros, recibir sus cumplidos, ser reconocido. Pero, entonces, Sokolović le devolvía aquella iracunda mirada, una que desprestigiaba todo y cuanto evidenciaba haber adquirido durante su ausencia.
¿Por qué es que eres así? ―Inquirió con la voz quebradiza, profundamente indignado. No, decepcionado. ¿Alguna vez en la vida sería capaz de impresionar a su hermano, de despertar en él orgullo? Un nudo se le atascó en la garganta y el labio que mantenía acorralado entre sus dientes, comenzó a sangrar.


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Mensaje por Sokolović Rosenthal el Sáb Oct 17, 2020 1:49 pm


Qué manera tan absorbente de recibir a un vampiro con un corazón bombardeando alocadamente, sin llegar a atesorarlo como correspondía, se destruyó su momento de intimidad, o quizás jamás fue de esa manera, quizás solo fue por temor a cómo reaccionaría por su sorpresiva apariencia. Latió con tal frenesí que si bien, sería un estúpido si creyera que fue por él. Tan nefasto, le enerva verlo de ese modo, cada sentido a tan semejante físico dañado, no podía ni tan siquiera mantener el vistazo sobre él, le enfurecia absolutamente el observar que no solo era su pierna, sino todo su cuerpo estaba en malas condiciones, ¿por qué? No podía estar en calma, y si pierde los estribos es porque realmente se inquietaba por ese infeliz, más en la psique le juegan malos supuestos, el que estuviese disfrutando de una vida de libertinaje, le apetecía acabar con él. Pero para su asombro, la preocupación expresiva de aquel rostro tenía dueño, y no era él, era para su empleado o eso quería creer. No le agradaba para nada que se enfocara en aquel, estaba ahí frente a él después de un largo tiempo, y ¿de esa manera le recibe? Lo maldice una y otra vez, presionando con fuerzas los puños, resistiéndose a matarlo pero en su cavilación está matando a su Wilhem y a todo aquel que intervenga, dejando al final al pequeño Vasska, para que admirara las llamas consumiendo su burdel, el encarar que nada le importa más que él. Y a pocos segundos de cometer su anteproyecto, Vasska tiro de su muñeca, al principio trató de liberarse de su agarre, no merecía ser tocado, lo desdeña, lo desprecia en demasía, pudiendo haberlo arrojado allí mismo contra los muros de aquel pasillo, cerrarle el hocico por presenciar órdenes mientras que a él lo desatiende. Optando por virar, distanciarse, no precisa yacer ahí, resultaría una catástrofe tras superar sus anhelos por matar, y dejar hasta al último al culpable de su desilusión.

Ya no estimaba atender después de lo presenciado, distinguiendo realmente el beneficio al abandonar París, eso mismo debía hacer en aquel recinto, ya no era de su propiedad, ni Vasska, más a quien quiere engañar, si nunca lo fue. Tenía que retirarse antes de cometer un acto del cual pudiera arrepentirse al tratarse de él, ya que ese fue el principal motivo de separarse. Le brindó la oportunidad de determinar sus aspiraciones, si quería permanecer con él lo demostraría, pero de no ser así, no esperaría para aceptarlo. Resultando lo contrario a lo que esperaba, ya no quedaba más que sonreír muy a pesar de ser tironeado, alejado de la escena por protección a su Wilhem, sin articular palabra alguna, tragándose su soberbia al ser guiado por aquel, encarando con su tacto el añoramiento, le hacía falta.

Siendo ingresado a una especie de habitación privada, el trayecto fue para temer, no es propio de él, yacer en silencio, y sin poner resistencia, llegó el momento de aclarar ciertas decisiones porque él ya tomó la suya. En el intervalo de la puerta al ser abierta tras el ser ingresado con osadía, vislumbro la recamara, eran exquisitos decorados y el estilo era muy propio para él, siendo inconveniente con el eterno tiempo, se dispuso a emprender pasos para sujetarse del respaldo de los sillones, clavando la mirada a la espalda de Vasska, pues todo a su alrededor perdió el atractivo.

¿Espectáculo? Dímelo tú, ya ni se me permite dar una sorpresa a mi hermanito, pero vaya que quien se llevó el asombro fui yo ―con ironía lo trataba.― Te hallas todo jodido, y reprochas mi reacción, ¿qué esperabas? ¿que me lamentara y te consolara mientras explicas el porqué de tu estado? No seas patético Vasska, ambos sabemos que esos agravios tienen una familiaridad, y que gracioso, lo mismo me preguntaba, ¿por qué no hallaste la manera de contactarme? Que bien te hacía falta, y te preocupaba. Más protestas y aun así, ¿ni tan siquiera tuviste la molestia de enterarte de lo que sucedía fuera de París? Fui limitado a trabajar, no era otra cosa más que eso, una enfermedad arrasó y se privó de cualquier servicio, pero es cosa que no te incumbe. ―Escupió con menosprecio, aquel siempre lograba sacarlo de sus casillas por más intento de sosegar su veneno. De la misma manera le replicó, soltando como todo malsonante. ―Sí, solo en eso te doy la razón, debí haberme quedado allá, y no regresar. Fue una completa estupidez el querer verte, pero no te preocupes por los daños, hare que te paguen por ello, y de tu querido asistente, quizás y termine muerto antes de que parta de aquí. ―entabló su amenaza, al menos tenía que hallar la manera de arrojar la irritación, porque en cuanto se acercó, le emergió el deseo de repercutirlo. Desairando esa mirada, en lo que sus pupilas se dilataron y el coraje arrasaba por toda su idiosincrasia. Así que opto por darle la espalda, estaba seguro que con ese rostro terminaría por tomarlo. ―¿Acaso importa responder aquello? ―elevo la zarpa a pasearse por los cabellos, enterrando su descontrol en ello… ―Aprovechemos el que ya estoy aquí. Dime, ¿qué es lo que quieres? Nos ha servido a ambos alejarnos uno del otro, y como no pienso mantenerte preso de mis demandas, es por ello que te permití la libertad, puedes hacer lo que quieras, ¿no es eso acaso lo que tanto querías? Pues, ahí está, lo conseguiste…―Eran términos difíciles de aceptar, realmente Sokolovic no quiere entregarle su independencia, pero teme a que un día termine por finalizar lo que tanto cavila cuando le saca de quicio. Justo como ahora, se está tragando sus malditas ganas de tocarlo, y si no se le acerca, es porque sabe que terminaría por hacerlo, el empuñarle el desprecio como bien aquel sabe como lo hace. Más, su maldita voz dejaba un indicio de lo que representa la debilidad de aquel, ¡maldito seas Vasska!, solo espera que aquel jamas lo comprenda. ―Has obtenido todo lo que tanto deseabas Vasska, felicidades… ―Evade lo quebradizo de aquella voz, pero estaba jugando sucio aquel, el tiempo de ausencia y el que haya percibido su linfa, le tiñeron las pupilas en un carmín, no debía ceder, no, estaba en una escaramuza interna, combatiendo consigo mismo por no dar la vuelta e ir tras de él, no ceder ante su provocación con su linfa, negando con la cabeza, rechazándolo completamente. ―No lo hagas, límpiate esa sangre. ―Si, estaba desquitandose, devolviéndole cada acción, más, ¿por cuánto tiempo podrá soportarlo? El retenerse, el dejarlo, todo estaba colapsando. Debiendo darle certeza a la decisión, se gira, tomando asiento con los brazos extendidos al respaldo del sillón, clavando la mirada sobre su presencia.


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