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El destello inesperado del destino; lobo y humana |Privado| ZZaNqS8
PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Miér Oct 28, 2020 4:04 pm

Desde muy temprana salió de su mansión. Tenía que ir a visitar a su fiel amigo Zhark, deseaba saber cómo le fue en el banco y si no tuvo ningún contratiempo. Era necesario estabilizar el hipódromo que al parecer para los aristócratas era el mejor lugar para citarse y hacer negocios, aparte, las apuestas eran buenas. Los ingresos desde que él ha estado administrándolo han sido elevados. Desde estar a punto de la bancarrota y ahora tener el control, fue un gran alivio. Pero la inversión era más, requería de tiempo, tal vez un año o dos estaría completamente finalizado el proyecto que tenía en mente. Era la excusa perfecta para no regresar a sus tierras. Él y su hermana estaban hincados en Paris. Por varias razones. Baltazar por no ser atosigado por el cargo que él nunca pidió. Aparte, el recuerdo de esa mujer lo tenía latente, desde que se fue de sus tierras frías no ha tenido el rencuentro, tampoco iría a España, era mejor de esa forma. Ella puso un ultimato, el no rogaría, de hecho, no le ruega a ninguna mujer. Ni a su madre.

La conversación fue tardada, explicándole lujo de detalle, así era su mejor soldado; aparte tomaron un par de copas porque lo miraba distraído, el aspecto que tenía no era el de siempre, tuvo que indagar en el asunto hasta que dio en el clavo; por una mujer. Vaya, nunca pensó que eso pasaría al hombre tan recto, tan firmen y tan serio que era el lobo menor. Baltazar era un tema complicado, si esposa murió, antes de eso le fue infiel con una humana que podría darle todo lo que ella quisiera, pero no se dio, era lo mejor, lo pensaba de una expectativa diferente. Aun recordándola y anhelándola. Que ni su nombre podría pronunciar porque iría en busca de su calor. La otra, sinvergüenza que lo sedujo hasta el punto de caer en su telaraña pero que logró escapar. Ahora está aquí tan amargo como el mismo gano de café. No lograría darle un consejo, porque estaba igual o peor. Las mujeres en su vida parecían escaparse de sus manos ¿Qué tenía el Zar de todas las Rusas? Tal vez el enemigo lo embrujo para no poder realizarse como un verdadero Zar. Porque era necesario volver a casarse y finalmente darle el heredero que tanto quiere las tierras. Si eso no llegara a pasar, puede que su hermana tome el trono después de terminar su reinado, cada hombre o cada mujer que puesto en la corona real, tiene un lapso de reinado. Por vejez o porque falleció. Puede que sea lo mejor. Desde ahora si era necesario. Luego lo pensara. Mientras debe de animarlo, de decirle algo que levante esos ánimos, de verdad para sus verdaderas amistades detesta sentirse impotente.

La conversación se extendió más de lo que espero. Ambos rusos estrecharon la mano antes de partir y cada quien retomar sus caminos correspondientes. Zhark parecía desesperado por estar tantas horas alejado de Galya. La condesa, que algunas veces la ha visto. Belleza de mujer, no lo negaría. El encanto de la mujer humana quedo prendido en su más fiel guardia. Al no tener planes de irse aun a su hogar, sabiendo perfectamente su hermana no estaría, retomo el camino hacia las afueras de Paris. Tal vez estar en el campo recupere la vitalidad que ha sido robada. Subió sus mangas hasta sus codos, desabrochándose los primero dos botones, quitándose ese apretado moño, y tirándolo junto con su sombrero y gabardina, tal vez alguien más le resulte favorable. Para él no. El calzado de igual forma. Al sentir el césped y la tierra húmeda, ya que anoche llovió. Era placentero para el Zar, era estar en sus tierras. Hincha su pecho al llenarse del aire de la naturaleza. Si, maravilloso. El bosque era el mejor aliado para Baltazar. Camino, sin rumbo fijo. No tenía necesidad de apresurar las cosas, nadie estaba esperando por él. Era mejor así. En estos momentos parecía un crio soltando de rama en rama. La habilidad lupina era lo mejor y lo peor que le ha pasado.


Última edición por Baltazar Z. Morózov el Vie Dic 25, 2020 12:22 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Ivette Lachenal el Miér Oct 28, 2020 6:50 pm

Llevaba dos semanas encerrándose en casa después de las clases y estaba harta de aquella situación. Necesitaba aire fresco, respirar hondo y no oler a tiza o ropa mojada. Quería naturaleza, así que decidió que era buena idea pasar todo el día sola en el bosque, donde nadie la molestara. Aunque no fue del todo sola: se llevó con ella a Lorraine, la yegua que su tía le había dejado en herencia. Durante la semana la dejaba en un establo cercano a su apartamento donde la cuidaban como era debido y ella se encargaba de sacarla los fines de semana, pero ya hacía dos que no lo hacía y el animal lo había notado. En cuanto la vio, se volvió loca.

Ensilló, puso la cesta en uno de los laterales y se encaramó sin problema alguno a su lomo. Tranquilizó a Lorraine y comenzó a salir del lugar. Debía ser precavida y no coger altas velocidades en la ciudad. Ya le llamaron la atención varias veces por aquello y no quería tentar más a la suerte. De vez en cuando agachaba la cabeza para susurrarle cosas al animal como que se tranquilizara, que ya quedaba poco, que no se preocupase. Podría parecer una tontería, pero a ella le gustaba hacerlo.

Cuando por fin estuvieron alejados de la ciudad, soltó un poco las riendas y le dio con las espuelas a Lorraine, que salió disparada hacia el bosque. Aquello era lo que quería: sentir la libertad, el viento en su cara, revolviendole el pelo. Perdió el sombrero que llevaba puesto por el camino y nisiquiera le importó. Era feliz, estaba a gusto. El olor de la hierba mojada le parecía maravilloso, lo mejor del mundo, así que se dejó embriagar.

Fue suficiente después de una hora al menos. Detuvo la yegua en un pequeño claro que encontró junto a un arroyo y bajó para poder tomar el almuerzo. Le dio a Lorraine agua y comida y se tumbó sobre la hierba sin poner nada en el suelo, le daba igual mojarse y ensuciarse, ya se cambiaría. Pasó la tarde entre lecturas y juegos con la yegua. Estaba tan inmersa precisamente en la lectura que no se percató de la hora que se había hecho. Ya estaba anocheciendo y no podía demorarse mucho más. Solo con pensarlo un escalofrío le recorría la espalda. Guardó todo y volvió a montar.

Tras varios minutos dando vueltas sin sentido se dio cuenta de que, efectivamente, no tenía ni idea de dónde narices estaba. Y encima cada vez estaba más oscuro. En breve no vería nada y sería imposible salir de ahí. Empezaba a estar un poco desquiciada, pero procuró no perder los nervios. Le dio más fuerte a las espuelas, pero Lorraine estaba inquieta. Se detuvo para tranquilizarla y escucharon un crujido. Ambas, animal y humana, dieron un respingo e intentaron localizar la procedencia.

Ivette vio una silueta moverse por los árboles. No le hizo gracia, todo lo contrario. Hizo que Lorraine retrocediera un poco, pero la pobre tropezó y se levantó sobre sus patas traseras por el susto. La mujer cayó del caballo y se golpeó la espalda contra el suelo. El animal salió corriendo despavorido y ella maldijo en todos los idiomas que sabía. Intentó localizar de nuevo la sombra que había visto, pero ya no la encontraba y eso la inquietó. Empezaba a sentirse muy ansiosa y eso no era bueno.


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Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Miér Oct 28, 2020 7:39 pm

El día era favorable para el Zar. Era un día tranquilo, después de dejar ir a su amigo. Las preocupaciones de los demás era su debilidad cuando realmente le interesaba la persona. Él sabría cómo salir de esa situación. Zhark era fuerte, era un hombre, entrenando por los mejores maestros. Las caídas son terribles pero cuando uno se levanta se hace mucho más vivaz, más inteligente para no volver a tropezarse con la misma piedra, eso lo sabe perfectamente el ruso. Siempre cayendo en el mismo hoyo una y otra vez. Los errores se pagan y muy caros. Al estar trepando por los árboles como si fuera un primate era algo nuevo. Se sentía libre en ese sentido, aparte podría entrenar su resistencia y habilidades. Cuando se le presentara una batalla cuerpo a cuerpo con un enemigo. El bosque en París no era tan solitario como los paisajes de su tierra. De vez en cuando encontraba extraños merodeando. Era como si fuera la iglesia para cualquier confesión, le ha tocado, el escondido como si fuera un criminal escuchando platicas como si fuera una señora deseosa de saber. Pero no era por eso. Si no porque detestaba estar cómodo e irse por terceros o lo peor, escuchar como fornicaban en el bosque, era algo que le irritaba al lobo ¿Envidia? No, evidentemente. Escuchar como ambas personas aullaban como perros en celo era algo imperdonable y cuando eso sucedía escapaba.

Deteniéndose en un árbol mucho más grande de lo demás. Quedo varado, viendo desde ahí si no había merodeadores quien interrumpiera su paz. Al parecer esté día nadie deseo venir al lugar verdoso, aunque al parecer maltrataban mucha esa zona. Lástima si algún día desaparece la zona, seria desafortunado para los amantes que le gustaba pasar un día a solas, una caminata con el canto de las aves, y el sonido del viento sonar en su oído, como era el caso de Baltazar. Aquí era cálido, en su nación era todo lo contrario, frio. Que hasta los huesos se entumecían. El cuerpo del ruso se acostumbró y más con su transformación de hace mucho tiempo, su temperatura corporal era mayor que las de un humano común y corriente. Él parecía arder todo el tiempo, las primera veces era asustadizo por el efecto que tenía. Pero al investigar comprendió muchas cosas. Ahora al tener más edad era normal para él. El frio no era rival para el calor de su organismo.

Volvió a retomar su recorrido hasta que escucho los cascos de un caballo a toda velocidad acercándose a donde él estaba. Detuvo el andar, ocultándose entre las ramas. No era un aroma conocido, era de una mujer. Los movimientos que hizo Baltazar para esconderse hicieron que el animal se asustara y se alzara en sus dos patas para luego tirar al jinete. Quiso reír. Mujer estúpida. Fue lo pensó. Al ver como el caballo se iba sin dueño, bajo de un salto. Claro está sin darse cuenta de la situación en la que estaba. Negó con la cabeza, su dilema ¿Ayudarla o dejarla ahí? Podría tomar la segunda opción. No era su problema después de todo. Se acercó, sus pensamientos no concordaban con las acciones que hacía. Se colocó de cuclillas, detrás de ella. Ladeando su cabeza. –Que tan estúpida es una persona para hacer que su caballo se asustara y cayera de este mismo. –Soltó, su voz, ronca, cantarina. Se divertía de las desgracias de los demás. Pero nunca desampararía el prójimo. Era un enigma este hombre ¿Porque seguía ahí y sencillamente no se iba? Encerró su mano en el entorno del brazo de la mujer y la levanto de un rápido movimiento, claro, dando presión en su agarre. –Mujer tonta. –Lo susurro, si ella escuchaba o no era su problema. Al dejarla incorporada, la escaneo, solo el dolor producido por la caída, nada grave. No olía a sangre. Al pasar a un lado de ella la miro de reojo. No se detuvo de hecho avanzo. La ayudo, listo, ahora a continuar.


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Mensaje por Ivette Lachenal el Miér Oct 28, 2020 8:10 pm

Volvió a escuchar el crujido y se quedó completamente paralizada. No sabía si levantarse y huir o quedarse allí. Optó por lo segundo al no estar segura de qué tipo de criatura se trataba, era mejor no tentar a la suerte. Introdujo la mano en su bolsillo y agarró su bastón con fuerza, por si acaso. Fue entonces cuando lo escuchó, un sonido ronco que le acarició la oreja y le hizo tener un escalofrío.

Estuvo a punto de sacar el bastón, pero no tuvo tiempo: el hombre la cogió del brazo y la levantó de golpe sin darle tiempo a reacción. De igual forma, se iba sin tampoco darle tiempo. Su cerebro recapituló y por fin pudo hacer algo más que quedarse parada en el sitio.

-¿Disculpe?

Le había parecido tan sumamente grosero que no se iba a quedar allí plantada mientras se iba de rositas. Fue tras el hombre y colocó la mano en su hombro para que se girara, haciendo fuerza. En un día normal no lo habría hecho, pero su adrenalina estaba por las nubes.

-¿Qué clase de hombre es usted que, no solo me toca sin permiso, sino que además me insulta? Exijo una disculpa, monsieur. Aunque no sé si debería siquiera llamarle así, usted no me ha tenido ningún respeto.

Dicho eso se le quedó mirando con el ceño fruncido, bastante molesta. ¿Qué se pensaba? Cuando un pequeño rayo de luna atravesó las nubes e iluminó el lugar donde estaban fue cuando pudo verle mejor. Su cara le resultaba tremendamente familiar. Sobre todo ese bigote. Estaba segura de haberlo visto antes.

Lo cierto es que el chico era bastante apuesto. Le sacaría por lo menos una cabeza y estaba mucho más fornido y fuerte que ella, pero no le intimidaba. Estaba acostumbrada a tratar con alumnos que la superan en dimensiones y no se amedrentaba ante ellos, no era su estilo. Con aquel tipo lo haría menos aún. Su enfado era notable.

Echó un vistazo rápido buscando a Lorraine, no debía haber ido lejos, o esperaba que no. Aquella tonta yegua por poco hace que se mate. Tendría que procurar enseñarle en próximas salidas que eso no debía hacerlo, pero por ahora se centraría en aquel descarado.


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Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Miér Oct 28, 2020 8:57 pm

No era de su interés la mujer esa. No la conocía, ni el aroma mucho menos. La ayudo como buen humano de la naturaleza. Y cerró ciclos, luego puede que muera este merodeando su entorno y era algo que no estaba dispuesto a que pasara. Ahora verle en un estado menos complicado como hace un par de minutos. Se siente satisfecho, por ello se aleja. Era necesario alejarse completamente lo más posible. Estar solo era una costumbre para él, y más si eran tierras francesas, si estuviera en las suyas, lo más seguro es que hubiera ido con Venka, el viejo herrero. Sabiendo la identidad, no tiene por qué ocultarse más con él. Es mejor, se siente un poco más liberado. Lo cuida y lo protege como un hijo. Algo que padre nunca aprendió. Otro punto a su favor en estar en Paris; no tiene pegado a sus talones al antiguo Zar. Era como tener una pueda en el zapato. Su hermana piensa lo mismo. Algún día hará algo para deshacerse de todo este odio que profana hacia su padre. Mientras tanto disfruta de la libertad de que nadie lo reconoce a la primera. Es bueno estar en otros lugares.

Sabiendo que los humanos son tan preguntones e imprudente. Aunque pensaba que la humana sería de otro costal, pero cuan equivocado estaba, iba a darse la vuelta para cortar camina cuando escucho su voz, deteniendo sus pasos, sintiendo como los animalillos más pequeños comenzaba a subir por sus pies. Incomodo estaba y tratando de quitárselo, pero no se arrepentía de a verse quitado el calzado. Ladeo su rostro. Siempre, siempre tiene que tener un encuentro con una hembra. Era lo más absurdo que le ha pasado desde que toco por primera vez Paris. Aún recuerdo el primero encuentro. Una hechicera cuyo nombre no recuerda, si la volvería a ver su aroma estaba grabado en su nariz. Ahora nuevamente. El karma siempre ha de regresar ¿verdad?

Abrió los ojos al darse cuenta que no logro percibir el acercamiento hasta que lo volteo y ambos quedaron cara a cara. Era más baja que él. Suspiro para no perder la paciencia con ella. Quiso soltar una carcajada ante las palabras de la fémina ¿Pedir disculpa? ¡Jamás! Aparte, no fue el quien cayó al suelo por una estupidez. Alzo su brazo para empujarla de uno de sus hombros. Alejándola de él. Sin decir palabra alguna se volvió a dar la vuelta, cortando todo contacto con ella, fue como seguía su camino, viendo por dónde ir. Era fácil llegar al interior del bosque, se lo sabía de memoria. Estaba cercas. Sus pasos era grandes. Era primordial estar fuera del radar de la mujer. Era un Zar, un rey y él no pedía disculpas a nadie mucho menos a mujeres como ella. Dejarla con la palabra en la boca es una falta de respeto que un aristócrata como él no es debido, pero él no es ningún caballero. Y puede hacer de su antojo lo que quiera.


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Mensaje por Ivette Lachenal el Miér Oct 28, 2020 9:24 pm

Ese pedazo de australopitecus la estaba ignorando. De nuevo, si eso hubiera pasado en un día normal en la ciudad, le habría ignorado. Pero estaba asustada, mojada y cabreada. Muy mala combinación teniendo en cuenta su sitaución y ese tipo no estaba ayudando en nada. Cerró los puños con fuerza, se agachó y cogió un trozo de tronco. Estaba a punto de tirárselo cuando supo por qué le sonaba tanto su cara.

-Vaya… Pensé que el gran zar de Rusia sería bastante más educado. Me pregunto qué pensarían en su patria si vieran cómo se comporta por aquí: descalzo, desgarbado, saltando por los árboles y siendo un auténtico grosero con las damas…

Su intención no era enfadarle, simplemente ella estaba enfadada y lo proyectaba. Estaba asustada y la adrenalina acumulada le estaba pidiendo salir, no medía lo que decía. Para cuando se dio cuenta, era tarde: ya lo había soltado. Respiró hondo y tragó saliva.

Lo cierto es que no conocía mucho sobre la vida de los aristócratas ni le importaba, pero había salido en todos los periódicos y era difícil no conocerle. Además, las mujeres de París estaban locas por él. Bien es cierto que a Ivette le parecía muy atractivo, a quién no, pero una cosa no quitaba otra: había sido un maleducado y encima por dos veces. Fuese quien fuese no se lo permitiría.

-Gracias por haberme ayudado, o lo que parecía eso, pero no voy a dejar que se vaya sin que me pida disculpas por tratarme así. Yo no le he hecho nada, no estaba obligado a ayudarme. No tiene por qué hablarme así y mucho menos tener la mala educación de ignorarme.

La carne estaba echada en el asador cuando se relajó un poco y se percató de la situación: estaba sola, perdida en medio del bosque, con un hombre que le sacaba dos cabezas y no le conocía de absolutamente nada. Encima, la había tratado a patadas. Quizás la mejor idea sería huir en busca de Lorraine, pero no era su estilo. Aguantaría el chaparrón.


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Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Miér Oct 28, 2020 10:31 pm

Sus acciones fueron detenidas al saber que fue reconocido por la humana. Ahora no lograría irse tranquilamente, tampoco es que estuviera haciendo algo malo. Hizo para atrás su cabello y luego enjuago su rostro con las palmas, no volteo inmediatamente no quería que pensara que era desesperación por ser descubierto, tampoco es que estuviera escondiendo quien era, solo que ha tenido suerte de no ser reconocido a primera vista. Apretó los puños porque cada palabra era una pequeña daga que no lograba apuntarle a diana y eso le desesperaba Baltazar. En poco se giró para encararla, humana tonta ¿Quién se creía para decirle esas cosas? Si sabe quién es, debe de guardarle el debido respeto, inclinarse ante él, debería de hacerle una reverencia y no soltar tales barbaridades. Regresando hacia ella se colocó enfrente de ella. Inclinándose un poco, tenerla cercas podría apreciar mejor sus rasgos.

Con su dedo índice y pulgar acaricio su mostacho que al parecer no se dio cuenta que lo tenía un poco largo, era tiempo de afeitarse un poco. Le molestaba a decir verdad, pero todo lo que ha pasado se olvidó ese pequeño detalle, cuando regresara a casa lo haría. –Como te atreves hablar de esa manera al saber quién soy. –Un pequeño gruñido salió de su garganta, no le gustaba que fueran así con él. –Te ayude y no te lastime, otro te hubiera atacado al estar indefensa, te has golpeado y por ende eres presa fácil para cualquier hombre. –Rugió ante las palabras. –No debo de pedirte disculpas. Te trato como quiera. –Tanto el índice como el del medio golpearon la frente la hembra y trazo un recorrido por toda la nariz hasta llegar a los labios y barbilla, de repente abarco el pequeño cuello, su intención no era matarla, evidentemente solo asustarla.

Basta Baltazar. Solo es una mujer que tuvo un accidente por tus acciones. Era verdad. La soltó, no está en busca de pelea, mucho menos con una mujer. Elevo su rostro y cerro momentáneamente sus parpados para respirar y así tranquilizarse, dejando que la bilis no fuera derramada. –Le ayudare a buscar su yegua. Sé por dónde se fue. –En modo de disculpa perderá un poco de su tiempo. La tomo del antebrazo para que la siguiera, el camino deprisa, sin importar las quejas de su acompañante. Sin verle volvió a hablar: -En cuanto la tenga a la mira se sube y se larga de mi vista, bastante tengo por no llamar a los guardias para que se la lleve a la mazmorra por insultarme y hablarme de esa forma. –De todos modos no haría nada. No era de ese tipo de gobernante solo quería implicar miedo. –Lo que hago o deje de hacer no le interesa. Usted no pertenece a mi país. –Sí, el acento la delataba. No será tan severo, de hecho se está controlando. Porque otra palabra más jura que la nalgueare como si fuera su hija.  Recuerda vagamente que esos castigos le daban a su hermana pequeña por meterse en problemas. No quería que siguiera sus pasos, después de todo no la detuvo. Ahora estas las consecuencias.

Deben de apurarse la noche estaba a punto de caer. La luna en cuarta menguante le decía que poco faltaba que se pusiera su enemigo. Un recordatorio. Apresuro el paso, no por él, sino por la dama que tenía sujetada. Ella debe irse a su casa en donde no debió salir. Mujer estúpida. Nuevamente repitió por lo bajo, su intención era que fuera escuchado. Sin verle por ningún momento, esquivando troncos caídos, plantas, animales que despertaban de su letargo y viendo quien se atrevía a molestarlo.


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Mensaje por Ivette Lachenal el Jue Oct 29, 2020 6:55 am

La mujer tragó saliva cuando le vio darse la vuelta y encarársele de aquella forma. Pensaba que la iba a seguir ignorando, pero al parecer había llegado demasiado lejos. No estaba segura de si se arrepentía o no de lo que acababa de decir, de lo primero sobre todo, porque el querer una disculpa lo mantendría siempre. Aquel hombre podría ser el zar, pero tenía muy malas formas y eso no se lo toleraba a nadie.

Contuvo la respiración cuando sus dedos la tocaron y estaba a punto de quitarle la mano de en medio cuando comenzó a hablar. Su acento era notable y eso la sacó un poco de contexto, demasiado marcado para su gusto. ¿Que cómo se atrevía a hablarle así? ¡Cómo se atrevía él a hacerlo! ¡A tocarla! Aquello estaba pasando de castaño a oscuro y no lo iba a tolerar. Frunció el ceño y abrió la boca para contestar, pero el tipo volvió a hablar.

Todo ocurrió muy rápido, demasiado rápido. Cuando le golpeó la frente levantó la mano para darle una cachetada, pero hizo un gesto que la descolocó. Que mirase hacia arriba y exhalase de aquella forma le produjo un sentimiento contraído, un pellizco de miedo que detuvo el avance de su mano. Aquel hombre tenía un aura demasiado densa, podía sentirlo, era más que evidente para cualquiera que lo viese. Lo que ocurrió después la descolocó todavía más: apenas tuvo tiempo de reacción entre que la cogió del brazo y empezó a tirar de ella.

No podía seguirle los pasos, prácticamente la estaba levantando del suelo. Le hacía daño en el brazo e intentó que la soltara, pero su fuerza era demasiado para ella. Se dejó guiar porque quería saber dónde estaba su caballo, pero empezaba a sentirse aterrorizada por la situación. Un tipo enorme al que no conocía la estaba llevando a saber dónde y no podía hacer nada.

Llegó un momento en que no lo soportó más y, con todas las fuerzas que tenía y que le daba la adrenalina, dio un fuerte tirón hacia abajo, dejándose caer. Conseguir que la soltara era el objetivo, aunque le ardiese el brazo por ello. Respiraba con agitación e hizo ademán de frenar en seco para mirarle con rabia contenida. Intentó reprimir el impulso, de veras que lo intentó, pero el miedo pudo más que ella: sacó el bastón del bolsillo, presionó el botón, salió disparado y le golpeó con todas sus fuerzas en el estómago con él.

Solo quería que la soltara, la estaba asustando y esa no eran formas. Si la intimidación era el arma de aquel ser, la fuerza bruta sería la suya. Al parecer las palabras poco le hacían.

-¡Suélteme! Ni se le pase por la cabeza que puede tocarme cuando y como quiera. No soy de su pertenencia, no le debo ningún tipo de lealtad y me da igual quién narices sea. Le agradezco que quiera ayudarme a encontrar mi caballo, pero no son formas. Puedo andar perfectamente sola y me está haciendo daño. -. Respiró hondo antes de continuar-. No soy ninguna dama en apuros, por mucho que me haya hecho daño. Si quiere ayudarme, no se me acerque e indíqueme dónde está mi caballo. Así usted podrá irse por su lado y yo por el mío.

Intentó calmarse. Temblaba de la rabia y el temor, pero no se amedrantaría, no ante una persona como él. Esos humos había que bajarlos de alguna manera, más si se dirigía hacia ella. Había formas menos bruscas de ayudarla.


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El destello inesperado del destino; lobo y humana |Privado| Empty Re: El destello inesperado del destino; lobo y humana |Privado|

Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Jue Oct 29, 2020 5:52 pm

¿No podría tener un maldito día sin que puede meterse en problemas? A una gran parte que le gusta, porque la estadía que lleva en Francia no ha sido aburrida en absoluto. Aunque claro le desagrada un poco que todo el contratiempo que ha llegado a presentarse ha sido con el sexo femenino, hasta risa le da de vez en cuando. Seguía ignorando a su acompañante, era necesario llegar lo más pronto posible, detestaba todo lo que conllevó su encuentro. Aunque tiene un mal presentimiento, puede que la yegua se aleje más y más con los pasos fuertes y nada delicados que están dando, no es su culpa si no de la hembra que no se callaba por ningún momento, era una molestia, francamente. Si fuera solo al encuentro del animal sería más fácil, saltaría y guardaría distancia y todo el silencio posible para atraparlo, pero al llevar alguien es más tedioso, porque no demostrara su lado licantropa a nadie, menos a una desconocida, es un secreto que pocos saben.

Veía la salida de aquel túnel invisible pero si no fuera tan caprichosa la humana y siguiera los pasos no estuviera un retraso en vez de un avance. Si le estaba ayudando en modo disculpa, las mujeres son tan complicadas, tan volubles. Por eso nunca las entiende ni lo hará jamás. Siempre dicen una cosa cuando en realidad es otra. Vaya fiasco. Aunque claro, están clasificadas, porque su madre es callada y acepta las órdenes de su padre. Es cuando dice es lo bastante sumisa para replicar. Esta al contrario es diferente, aunque le cubriera la boca ella haría todo lo posible para decir su punto de vista. No la conoce para asegurarlo, pero puede que alguna vez haya tropezado su camino con alguien más o menos parecido. Control Baltazar. Es una humana.

La expresión de Baltazar en ningún momento cambio, era ceño fruncido, labios apretados e igual su mandíbula, se notaba que estaba tenso, sus hombros rígidos, y ahora ella lo golpeaba como si no tuviera un mañana. Gritando tantas estupideces. Así que no necesitaba de su ayuda, perfecto. La soltó y le sostuvo el bastando antes que fuera directamente a su frente quitándoselo. –Que ingrata es usted. Golpeando e insultando a un hombre que solamente desea que encuentre su destino ¿Tocarla? Si sencillamente le demostré de qué pie cojeo. Y por su imprudencia alejo más a su yegua. –Confeso. Era un cínico. Estaba siendo amable con la desconocida, porque si fuera otra situación, hasta abofeteaba le hubiera dado. No le importa si es mujer u hombre, para él todos son iguales. Quería que se fuera, adelante. Lo haría, antes se llevaría algo. Sin muchas complicaciones le arrebato ese bastón, alzándolo para que no se lo quitara.

De acuerdo. Espero que encuentre a su caballo. No la molestaré más. Pero esto. –Sacudió el objeto de la dama. –Es mío. –Sin más se alejó. Perdiéndose por las hierbas altas, el sol poco a poco se escondía, dando inicio a la noche, sería más difícil encontrar alguien así. De un salto volvió atrapar, pero no volvió a moverse, deteniéndose en la rama. Puede ser un patán. Un egoísta, un cavernícola, pero no dejaría alguien desamparado. Puede pasarle algo. Sería su culpa, el remordimiento es insoportable. Ella se moviera y él haría lo mismo. Sería su sombra por esta noche. Gruñe fuerte, claro, solo para que escuchara. No era la de un hombre herido, era la de un animal, bien que lo hace. Se vengaría, ya lo está saboreando.

El lobo mira fijamente a su presa. Lo decidió. Esta noche será como aquellos cuentos para niñas que no deseaba dormir, las asustaban que alguien iba a venir por ellas si no hacían caso. Esta vez, ella será la protagonista.


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Mensaje por Ivette Lachenal el Jue Oct 29, 2020 6:43 pm

A Ivette no le quedaba otra cosa por escuchar. ¿Ingrata? Cuando ella era la que había recibido las malas palabras y las malas formas. ¿Ingrata ella? Aquel tipo la estaba sacando de quicio. La rabia le subió hasta la cara y casi sintió fiebre del malestar que sentía gracias a ese estúpido zar que se creía mejor que nadie. Encima la había amenazado con avisar a la guardia, ¿qué se creía?.

Pero lo que más la sacó de sus casillas fue que le quitara el bastón. Ese bastón era el objeto más valioso que poseía. Era el mejor recuerdo que tenía de la persona que había conseguido que subiese de una clase social baja a una bien posicionada, la que le dio casa y comida e instrucción. Sin ella no habría nunca llegado a trabajar en la Académie de Paris. No era un simple objeto, era mucho más para ella.

-De… devuélvamelo ahora mismo…

Lo dijo casi en un susurro, tanto que dudaba si el hombre lo habría oído o no, pero no lo repitió. Fue como si le arrancaran un brazo. No se molestó en intentar saltar para alcanzarlo porque sabía que era inútil. Esperó durante unos segundos por el shock del momento y se acercó para intentar quitárselo, pero aquel hombre ya se había empezado a alejar.

-No… ¡No! ¡Espere! ¡Devuélvamelo! ¡Por favor!

Llegar a suplicarlo no estaba en sus planes iniciales, pero necesitaba tener de vuelta el bastón. Corrió detrás de él intentando alcanzarle, pero fue inútil. El tipo era mucho más rápido y pronto lo perdió de vista. No solo él fue lo que se perdió de su vista: el sol se había puesto y la noche se cernía sobre ella. Aún no era cerrada, pero poco le faltaba para serlo.

Ivette comenzó a tensarse cada vez más. Se quedó completamente rígida, sin ser capaz de moverse. Percibía todo lo que había a su alrededor: aves nocturnas, crujir de hojas, aullidos, lobos… Temblaba sin poder siquiera evitarlo y todos los pelos de su cuerpo se erizaron. Odiaba la oscuridad, le tenía pavor, y allí estaba, sola, sin yegua, sin su bastón y sin luz. Sin su único objeto de protección no sabía qué hacer, pero no podía quedarse allí.

Poco a poco consiguió empezar a mover los pies. Al principio iba muy lenta, pero poco a poco recuperó toda la movilidad. Intentó no hacer mucho ruido para no atraer a las bestias. Ni siquiera fue consciente de que se le estaban cayendo las lágrimas hasta que sus ojos se empañaron lo suficiente como para que tuviese que parar a secarlos. ¿Por qué lloraba? ¿De la rabia, la impotencia, el miedo? Puede que por todo un poco. Eso sí, no sollozaba, no hacía el más mínimo ruido, simplemente de sus ojos brotaba aquel líquido cristalino y salado.

Avanzó procurando no caer, aunque le estaba resultando complicado.

-Por favor… -. No sabía por qué decía aquello cuando el hombre ya no estaba cerca, estaría en Notre Dame por lo menos, pero sentía la necesidad y no pudo contenerse. -. Por favor… Devuelvalo…

En ese momento escuchó un crujido detrás de ella y frenó en seco. No era su yegua, le habría hecho algún ruido, una señal. No, era otra cosa. No sabía el qué, pero era grande. Y justo en ese momento se paralizó físicamente, pero su mente iba a doscientos por hora. Tenía que encontrar algo con lo que defenderse. Pero claro, debía tener cuidado al moverse para que la oyeran lo menos posible, aunque puede que ya fuera tarde. Cerró los ojos por unos segundos, rezando para que el bicho se fuera y la dejara en paz.
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Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Jue Oct 29, 2020 10:31 pm

Ver el sufrimiento de los demás no le provocaba placer, sabiendo que el mismo lo paso por culpa de su padre trataba de evitar hacer lo mismo, pero ella lo saco de sus casillas, lo insulto no simplemente a él, sino a su reino. Sin medir palabra alguna o eso es como lo tomo Baltazar, deseo jugarle una broma. No sabía que ese bastón era importante para ella hasta le llego ese susurro a sus oído y ese aguas saldas a su nariz ¿Llorando? ¿Por algo material? La oscuridad llego a su inicio, cubriendo completamente cada rama, cada hoja, cada planta del bosque. Ahora el canto del búho, y las cigarras era su melodía nocturna. El lobo se encontraba observándola al tener mejor vista. Los movimientos que hacía, a que dirección, sus ojos se movían, aun con ese objeto en mano, apretando, no fuerte porque terminaría rompiéndole y evidentemente no era una cosa que le apetecía aun si estuviera con la bilis a punto de salir de su cuerpo por culpa de la humana. Los animales salvajes hacían su aparición, los lobos que nacían de un verdadero animal estaba merodeando el lugar, carne fresca. Si ella se descuidara un poco perdería una de sus extremidades y él estará para cuidarla. Protegerla es lo que hace un rey con su gente. Un líder sin importar cuan malagradecida sea. Después de todo, El Zar de Rusia es leal y justo con los individuos.

¿Qué vas a hacer Baltazar? ¿Te quedaras ahí parado mientras la escuchas sollozar y suplicar? O bajar de ese árbol para dárselo. Detestaba ver a una mujer llorar, recordaba mucho a su madre y hermanas. Siempre tenía que hacer algo para contentarlas y que olvidaran el mal sabor que de sus problemas. Era en pocas palabras el bufón de su familia, y puede que a mucha honra si las mujeres de su vida están contentas y sin ningún sufrimiento. Baltazar aunque tenga ese rostro de amargado, un gruñón por dentro es un alma caritativa y protege a lo que ama. Esta vez sin saber la razón, desea que salga con vida la hembra, pero por ella misma. Solo es su guardián por una noche. Nadie se dará cuenta de sus nobles intensiones, no ella, que siga creyendo que es un patán, egocéntrico y pedante. Era mejor ¿pero para quién? El mal carácter que lleva encima lo domina, actuando burlescamente, enfrentándose a las señoritas que encuentra en su camino. No logra evitarlo, es como un don que tiene. Quiso carcajearse por los pensamientos que ha formado. Claro, sin descuidarla por ningún segundo. Sus ojos se elevan, no logra visualizar al cien por ciento el cielo, ya que las ramas cubren estás. Maldiciendo por dentro. La noche era su mejor aliada. Su mejor amiga. Mientras el día parecía ser su enemiga, siempre ha pensado de esa forma. Suelta el aire despacio, regresando toda su atención en la mujer, parecía un crio que acababa de perder a su madre en plena plaza.

Bostezo ante el aburrimiento que estaba viviendo parecía esos leones que abrían su hocico tan grande que podría apreciar sus colmillos, paladar y lengua. Era tiempo de finalizar la pequeña broma, cansando de oler las lágrimas saldas y comportarse como un crio que le quita el mejor regalo a otro por pura envidia. Bajo de un salto, posicionándose detrás de ella, provocando que está misma se asustara, brincara y temblara. Claramente, era de noche, y el único humano que podría ayudarle se alejó. Era lógico que todo a su alrededor tuviera con todos los sentidos alerta. Termino la distancia que lo separaba, enredo uno de sus brazos en la pequeña cintura de mujer y la otra rodeo el cuerpo para ponerle el bastón enfrente. –No vuelva a insultarme de esa forma. Si no, será peor el castigo. –Le susurro en su oído, su aliento movimiento el cabello que caía por un lado del rostro ajeno. –Sígame, encontraremos su yegua, no me rezongue, porque no está en posición para hacerle ¿Queda claro? –Ante lo dicho, la apego a su cuerpo completamente, parecía que ni un alfiler podría caber entre ellos, el cuerpo sé a moldear a la perfección. Si alguien los observará pensaría que era dos amantes apasiónales, y de esa forma comenzó a marcar el paso, poco a poco. Rozando su cuerpo con el ajeno. –Porque le aseguro que los lobos estarán disponibles para devorarla cada parte de su cuerpo –Tampoco es que permitirá aquello. Miedo. Era el mejor aliado para uno. Y ella lo tenía, lo sentía. Empujándola un poco para separarse, la incomodad se reflejaba en cada poro del cuerpo de mujer, se colocó a su lado y tomando su mano, entrelazando los dedos, comenzó a caminar, esta vez, con calma. Sin apuro alguno. Finalmente el gran lobo tenía a su presa. Lista para ser servida como el patillo principal.


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Mensaje por Ivette Lachenal el Vie Oct 30, 2020 9:05 am

Estaba completamente inmóvil cuando el hombre se acercó. Por poco le da un ataque al corazón cuando sintió su brazo y su aliento sobre la oreja. Apenas se movió, pero por unos segundos llegó a ver borroso. Solo pensaba una cosa: “aguanta, puedes con esto, no va a pasar nada, todo irá bien”. El autoconvencimiento podría ser un arma de defensa muy buena en ocasiones así.

Cuando pudo enfocar de nuevo y divisó el bastón delante de ella no lo pensó dos veces y lo agarró con ambas manos, estrechándolo con fuerza contra su pecho. Respiró muy hondo, aliviada por haberlo recuperado. Nunca había echado tanto de menos algo. Los recuerdos del funeral de su tía se agolparon uno tras otro. La echaba tantísimo de menos que una parte de ella había volcado todo su recuerdo en aquel inerte y frío objeto.

De no ser porque aquel desconocido la tenía cogida lo más probable es que hubiese caído de rodillas al suelo, agotada. Estaban ocurriendo demasiadas emociones demasiado rápido y no era capaz de procesarlas todas. Se mantuvo callada durante un rato porque su cerebro seguía pensando qué estaba pasando. No se percató del contacto hasta que llevaban un rato y, de nuevo, se le erizó la piel de todo el cuerpo ante aquello. Era curioso: aquel hombre desprendía muchísimo calor, pero no parecía estar enfermo. ¿Cómo podía ser?

Salió del trance cuando él la empujó para despegarla y le asió la mano. Al principio se mantuvo rezagada, por si captaba el mensaje de que le soltase la mano, podía andar sola, pero pronto cambió de idea: escuchó gruñidos en los alrededores y los aullidos eran cada vez más fuertes. Esperaba que no la dejara a su suerte, pero tampoco le conocía y no podía ser consciente de hasta cuán malvado podría llegar a ser. Aceleró un poco para ponerse al lado del hombre y no se atrevió a soltarle la mano.

Mientras andaban ella repasó mentalmente todo lo que había pasado y no pudo aguantar la curiosidad. La primera vez que la había sorprendido todo ocurrió muy rápido, demasiado rápido. Ella apenas podía distinguir en algunas zonas por la oscuridad que se había cernido poco a poco sobre ellos, pero él parecía no tener ningún tipo de problema. Además, ni siquiera vio cuándo se fue ni por dónde. Es cierto que ahora caminaba más lento, pero intuía que era por la petición que le hizo ella unos momentos antes. Y cuando le había golpeado… Había sido como golpear un tronco de árbol: impenetrable. Tampoco parecía haber sentido nada.

-¿Qué les dan de comer en Rusia? ¿Vigorizantes?

No estaba segura de si la pregunta era para sí misma o para su acompañante, pero había despertado su curiosidad y no iba a poder dejarlo como estaba. Todo era muy raro. Miraba al hombre de hito en hito sin saber si era mejor hablar o no. No se fiaba de lo que pudiera hacer y, hasta donde sabía, era capaz de dejarla tirada y no le convenía ahora mismo. Pero eso le llevó a una duda.

-¿Por qué insiste tanto en ayudarme? Sobre todo cuando es evidente que le molesta hacerlo.
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Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Vie Oct 30, 2020 3:33 pm

La situación parecía a verse apaciguado un poco. Tal vez sea porque Baltazar no insistir en provocar un problema que parecía volverse más grande. La entrega del bastón y no insultarla fue la mejor manera para estar tranquilo, hablando por ambas partes. Solo era de encontrar el animal que cada vez que escuchaba ruidos se mantenía alejándose. Claro, era una yegua, y al temer algo lo único que quiere es salvarse, protegerse como todos en este lugar, hasta la humana lo hacía sin saberlo. Como hombre era su deber de proteger a la mujer. No era porque era débil, no, sencillamente ella al parecer está asustada, atemorizada, los sentidos los tiene tan alerta que no logra pensar con claridad. Ahora, su lado animal le dice que debe de hacerlo, es una marca que tiene sin importar si es hombre o mujer. Y sobre todo como Zar. Por ello el cuido de las sombras sin evitar alegrarse un poco de su suficiente, era un pequeño castigo por el insulto y los golpes dados. El daño estaba hecho después de todo. Por un momento pensó que se iba a quedar callada porque no era su persona favorita pero fue todo lo contrario. Al parecer no evito que sus cuerdas vocales fueran dañas por el miedo.

Aunque el comentario que hizo sobre que le da a los rusos le causo risa, pero no quería admitirlo tuvo que aguantarse ante aquel hecho, no le apetecía que pensara que las cosas irían en un buen camino.  La mejor opción es mantener la cara sería, rígida, y con el ceño fruncido. No evita mirarla de reojo ante los comentarios. Resignando en que tardaría en deshacerse de la humana, era mejor tener una amena charla, si no, el silencio sería peor. –Solo lo hago para que te largues de la zona en que estoy. No me apetece tener a una intrusa. Sé que no son mis terrenos, pero prefiero estar solo que mal acompañado. –Sus palabras siempre siendo tan directas y feroces que hasta un leve gruñido fue que le dio. El agarre de la mano se hizo un poco más fuerte, aunque se controló, no le quebraría la mano alguien que la verdad no tiene la culpa de nada. Sencillamente el destino los puso en un camino. Tal vez estaba escrito que se conocieran, por una razón. Baltazar es creyente sobre eso. Raro, siendo un hombre duro y de poca fe. Antes lo era, pero después que fue transformado todo se volvió más claro en la vida de lo sobrenatural. Es una persona sumamente cerrada. Mientras que lo piense es verdadera pero si alguien le dice lo mismo, lo callara, lo negara y una disputa verbal se encontrara.

La luna cuarta menguante cada vez estaba en lo alto del cielo, hasta que llego a un punto en donde no se movía. Finalmente la noche dio indicaciones que pasaban después de las ocho de la noche. Su hermana tal vez ya estuviera pronto de llegar. Él debería ser lo mismo, no dejaría esta mujer a su suerte. Evidentemente, es débil cuando se trata de estar en un lugar oscuro. De repente se detuvo. Dieron con la yegua. Flexiono un poco sus rodillas para esconderse entre las hierbas altas, haciendo que ella hiciera lo mismo. –No continuaremos avanzando, porque si no, se va a asustar. Yegua miedosa es la que se consiguió. –Negó con la cabeza. –Debe de hablarle y acercarse al mismo tiempo. Para que el miedo salga de su cuerpo y no quiera correr, cuando la tenga, después se subirá y la escoltare hacia la salida. Y finalmente dejare de ver su horrible rostro. –En ningún momento la miro. No le apetecía. Grosero como siempre.


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Mensaje por Ivette Lachenal el Vie Oct 30, 2020 4:50 pm

No entendía a aquel sujeto. Desde luego, sí que había pillado el que quisiera estar solo, pero el bosque no era de su propiedad. Con haberla dejado a su suerte al final se habría ido, no era la respuesta que buscaba. Si la quería fuera de allí no era normal que la estuviera ayudando. Decidió que era mejor no insistir porque solo seguiría sacando insultos por parte de ese hombre engreído, gruñón y con malas pulgas. Respiró hondo, intentando calmar los nervios, y siguió andando hasta que tiró de ella para que se agachara. Desde luego, la delicadeza brillaba por su ausencia.

Cuando pudo divisar a Lorraine ni siquiera esperó a que el tipo terminara de hablar, al fin y al cabo tampoco le interesaba lo que decía si era tan grosero con ella. Le soltó la mano y salió de los matorrales para que la yegua la viera. Sonrió, aliviada porque el animal estuviera bien y no tuviera ningún rasguño. En ese momento su propia seguridad le importó poco mientras la yegua estuviera bien. Se fue acercando despacio, con las manos en alto para que las viera.

-Lorraine, qué susto me has dado… Tranquila, bonita. Ya estoy aquí, todo irá bien.

El animal la miró y dio un respingo, algo ante lo que Ivette frenó su avance. Cuando pareció haberse calmado, continuó de nuevo. No le costó mucho llegar hasta su lado y acariciarle el lateral de la cabeza. Apoyó su frente con la del animal y le dio un beso por encima de su hocico.

-Buena chica…

Cogió las riendas y las aseguró. Acto seguido tiró de ella en dirección a los matorrales donde estaba el zar. No paraba de acariciar a la yegua, procurando que no se volviera a asustar. Al parecer le tenía un poco de pánico al desconocido y a Ivette no le extrañaba. Las primeras impresiones de aquel tipo no eran buenas. Ni las primeras ni las siguientes.

-No necesito que me acompañe, sabré salir… Salida de un bosque siempre hay.

A pesar de decir aquello no estaba nada convencida. Ya se había perdido una vez y era probable que volviera a hacerlo, pero aquel tipo la enervaba. La sacaba de sus casillas. Y aún así, aún sentía el calor de su mano. Eso le provocaba un enorme enfado consigo misma y buscaba quitárselo de encima lo antes posible.

Se subió a Lorraine y cogió con fuerza las riendas. Era una excelente jinete, la caída de antes fue simplemente por pillarla desprevenida y ahora no lo estaba. Todo lo contrario: se mantenía completamente alerta. Fue por eso por lo que se dio cuenta, en menos de dos segundos, de que algo no iba bien. Hizo girar al caballo para mirar en dirección contraria a la que estaban. Entornó los ojos para intentar ver con claridad: algo se movía por esa zona.

No quería arriesgarse de nuevo, así que, de un salto, volvió a bajar y se colocó delante de la yegua. Asió el bastón, que aún tenía entre las manos, con fuerza y accionó el mecanismo para que creciera. Fuera lo que fuera, atacaría a Lorraine. No entendía por qué, pero lo sabía, simplemente lo sabía. Tenía mucho miedo, pero no se iba a amedrentar.

Esperó unos segundos que se le hicieron eternos para ver de qué se trataba: un lobo. Bastante grande, además. Al final aquel ruso déspota iba a tener razón y sí que había lobos hambrientos por allí. El nuevo animal, de pelaje gris y unos dientes que no paraba de enseñar, miraba de hito en hito a la mujer y al otro animal. Ivette frunció el ceño y agarró con fuerza el bastón, dispuesta a luchar si hacía falta por proteger a su animal. Era curioso cómo superponía su propia seguridad a la de las cosas y personas que de verdad le importaban. Le era completamente indiferente sufrir daños mientras les protegiera. Incluso le daba igual si aquel odioso tipo seguía allí o no, ahora estaba concentrada.


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Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Vie Oct 30, 2020 11:05 pm

No iba a aceptar una negación por su parte. Está claro que Baltazar la iba a resguardar hasta donde él pudiese, en el sentido de encaminarla hasta la salida. Viéndole que se alejara y entrara a la ciudad es cuando descansaría. Estaría en paz consigo mismo. Cruzo sus brazos enfrente de su pecho. Quedándose en su lugar, él es muy brusco para caminar espantaría al animal en un dos por tres. Observa todo la situación, al parecer el dicho que ha escuchado “todo se parece a su dueño” es cierto, porque la yegua esta tan asustada como la mujer ¿Por qué una persona que le tiene miedo a la oscuridad vendría a esta hora? sabiendo que en poco anochecía. Es absurdo, pero como dicen; la cabeza es un mundo diferente, nadie piensa igual, si eso fuera el caso sería un desastre el mundo entero. Al ver en como interactuaban recordó a su caballo, aquel ser que lo ha acompañado tanto en las malas y buenas travesías, algún día trajera, pero es mejor que se quede en Rusia, porque puede dar mala impresión, al parecer el semental del Zar es la mejor cría que ha tenido el establo y si lo llegaran a perder sería un caos. Era mejor mantenerlo ahí. Tal vez trasladaría a uno de los potrillos para que creciera en Paris, y esté fuera su caballo. Sí, era mejor así.

Se alegró que ella pudiera recuperar a su yegua. De verdad. Ahora todo sería más fácil, sí eso lo pensó era un buen sueño hasta que ella se negó a que continuaran juntos hasta encontrar una salida segura para la humana. Suspiro fuerte, si ella tuviera la visión de él por las noches notaria que sobresalía una vena por su frente; estaba cabreado el Zar. Una orden fue denegada, sabe perfectamente que no tiene la misma autoridad que en Rusia, pero sigue siendo un Rey. Tampoco abusara de su poder como muchos, hasta Condes, barones y duques lo hacen, él no, solo atemoriza a las personas con llevarlo a la horca aunque no sea cierto, es su pasatiempo. Es cruel pero sin exagerar, es un maniático para ocasionar problemas y más problemas. –Eres mujer, no puedes estar a solas en un lugar que, primeramente está oscuro. Lo más importante, lo segundo, no sabes a quien puede encontrar, si a un hombre, mujer o hasta un animal. Aunque no quisieras, yo estaré detrás de ti, hasta que estés a salvo fuera de este bosque. Y puedo hacerlo. –Confeso, su voz gruesa y con el acento caracterizado de su nación. Fuerte y vigoroso, negando, porque la imprudencia es algo grande y ella lo tiene hasta el cielo, como Baltazar su egocentrismo.

Iba a decir otra cosa cuando ella se subió a la yegua, pero en ese instante escucho pasos, gruñidos leves sabiendo perfectamente de que se trataba. El inmediatamente, y sin pensarlo se colocó enfrente del animal y de la mujer. Finalmente un par de lobos rodearon a los tres individuos, estaba seguro de que estaban en sus territorios. Santo por lo mínimo a unos tres más. Parecían un par de cachorros, pero con la mirada ámbar enfocada a él. –Ustedes no se vayan a mover. Ellos parecen querer carne fresca, como se lo comente. Ambas son el platillo principal. Al parecer siguieron al mayor. –Hablo, viéndole de reojo, sus brazos extendidos hacia los lados. Como resguardándolas. Y sin más el lobo más grande se lanzó contra el Zar. Esté se defendía, raro, solo el alfa se movía y los otros esperaban órdenes. Aunque el ruso fuera un lobo, todos son enemigos si no perteneces a la misma camada. Apretó los puños y gruño fuerte, desgarrador. Que hasta se le erizo los vellos de la nuca. Ambos eran líderes de algo. Se comunicaban entre ellos, pero ambos no daban el brazo a torcer, de hecho, al no tener ningún acuerdo ambos se echaron a correr para comenzar una batalla campal. No dejaría que un animal gobernara. Los tres restantes estaban a la espera de su alfa fuera vencedor.  Eran un par de cachorros en entrenamiento. Pero el ruso no daría tregua alguna.


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Mensaje por Ivette Lachenal el Sáb Oct 31, 2020 4:04 am

Había escuchado su último comentario antes de girarse para ver a los lobos y no podía negar que le pellizcó de alguna forma el corazón aquella preocupación. Después de tanto desprecio seguía sin comprender por qué quería protegerla, pero siempre era agradable. Aunque ahora mismo su atención se veía centrada en aquella camada: no era uno, eran tres. Eso complicaba bastante la situación, sobre todo para ella que no tenía ni idea de pelear y, encima, le daba bastante pena tener que pegar a los animales. Quería evitarlo a toda costa, pero tampoco dejaría que las matasen.

Echó un paso atrás justo cuando el zar se colocó delante de ellas. ¿Estaba loco? No iba armado y por muy fuerte que fuera eran tres lobos salvajes. Definitivamente, se le había derretido el cerebro.

-No creo que les importe mucho que se coloque ahí, ¿no ha visto el tamaño de sus dientes? Bueno… ¿no ha visto su tamaño, así en general?

Apenas había dicho aquello cuando vio cómo se abalanzaron el uno sobre el otro. Ivette se echó hacia atrás: no se esperaba eso para nada. Observó con atención la lucha entre ambos y no se lo podía creer. Era como si el zar fuese uno más, otro lobo que se había metido de lleno a defender sus dominios. Aquello no se podía poner más raro.

Aunque no podía apartar la vista, sintió cómo uno de los lobos se movía por el lateral mientras el otro observaba al que parecía ser su alfa. La mujer se giró hacia este otro animal y vio cómo miraba a Lorraine.

-Estás majadero si piensas que vas a tocarla siquiera.

Obviamente, ni el lobo ni la yegua la entendían, solo se observaban el uno al otro. Lorraine se empezó a poner nerviosa y quiso salir corriendo. Ivette intentó calmarla. El lobo aprovechó el momento para lanzarse sobre ellas, pero la mujer fue más rápida y saltó entre su camino para atizar al lobo con el bastón con todas sus fuerzas. Estaba claro que el animal no se lo esperaba, porque dio un grito al sentir el metal impactar contra su cabeza. Esto llamó la atención del otro, que había estado quieto mirando a su alfa luchar con el zar.

En el fuero interno de la mujer, le había dolido más a ella que al lobo el haber dado ese golpe, pero no le quedaba otro remedio. El otro lobezno comenzó a avanzar hacia ella, gruñiendo y enseñando los dientes. Ivette se movía de un lado para otro, alerta al cien por cien y sin ser consciente de nada más. Ni siquiera sabía si la yegua seguía allí o se había ido. El otro lobo se abalanzó sobre ella y procuró esquivarlo, pero no fue capaz. Puso el bastón delante de su cara y el lobo comenzó a morderlo para intentar quitárselo, pero ella se aferraba con fuerza y no paraba de revolverse. Ante esta estrategia, el lobo sacó sus garras y las hincó en los hombros de la mujer, que se quejó, pero no gritó. Solamente gritó para echar todas sus fuerzas en empujar al animal y, aún no sabía cómo, lo consiguió. Pudo aprovechar esos segundos para ponerse de rodillas sobre la tierra y observar el panorama: estaba en medio de dos lobos hambrientos y, ahora, cabreados. No pintaba bien.


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El destello inesperado del destino; lobo y humana |Privado| Empty Re: El destello inesperado del destino; lobo y humana |Privado|

Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Sáb Oct 31, 2020 11:41 pm

La batalle entre ambos seres era difícil. La fuerza de Baltazar era igual que la del lobo Alfa, de hecho. Ambos con las garras y gruñidos seguían combatiendo, ninguno de los dos daban tregua alguna, no era de machos hacerlo, primeramente. El Zar al no ser completamente animal lograba pensar y hacer una estrategia para evitar ser dañado profundamente. Estaba con un ojo al lobo y el otro a la mujer que parecía quedarse quieta como él se la indico. Buen punto. Aunque no lograba concentrarse completamente en lo que hacía, porque puede hacer una tontería ella o los cachorros, reconocía que el alfa era bueno, por algo era el mayor de la manada, en una de esas fue herido por un par de colmillos por parte de la bestia, no fue tan grave porque logro esquivarlo, solo el roce, pero rasgo la piel, haciendo que sangre brotara, luego se curaría. El gobernante de Rusia corrió hacia él para embestirle y haciéndole caer y ambos rodaron, gruñidos, si alguien mirara la escena diría que el “humano” perdería, y que fue una mala idea, pero en realidad ambos peleaban como dos animales salvajes.

En el momento que iba a darle de lleno en el hocico al lobo escucho un quejido, el gruñido de otros animales, los cascos corriendo de un animal; la yegua tonta había huido sin control alguno ante lo que se estaba presentando ¿Ahora qué hará? Sola, y con la noche encima sería imposible ir, si se trataba que tenía que seguir a lado de la humana, ahora por su impudencia, por no quedarse quieta, y no torera a los demás está herida y nuevamente sin su animal. Sin pensarlo se apresuró en llegar a donde estaba la mujer, que con trabajo podía defenderse. Al ver la situación, y era necesario cortar esto rápidamente antes que la mujer salga más lastimada de lo que ya está, sin pensarlos dos veces, avanzo cada vez más rápido, hasta que lo derribo, mandándolo a volar con un golpe certero en la mandíbula y gruñendo fuertemente, sus ojos de un azul intenso se convirtieron en un color ámbar, como dos soles. Ahí fue como se quedó clamado, de hecho se doblego ante el Zar. Luego volteando hacia el otro, que sé hecho contra el pasto, el único que no fue de esa manera era el líder, por supuesto. Era dos que eran alfa. Tanto Baltazar como el lobo. –No se vuelve a mover. –Rugió, enojado, la mirada cambio, regresando el color claro a su iris. Enfocando la mirada en su contrincante. Nadie se movió, esté aulló y salieron corriendo con la cola entre las patas viendo que no lograrían alimentarse esta noche.

La adrenalina estaba inyectada en el cuerpo del Zar, que pensó en seguirlos para terminar la pelea, pero alguien estaba herido, acercándose, y poniéndose de rodillas fue como comenzó a examinar la herida, por encima de la ropa. Moviendo negativamente la cabeza. – ¿Qué le había dicho? Que no se moviera ¿Qué ocasiono? Usted herida y nuevamente su yegua desaparecida, esperando que los lobos no se la comiera. El bosque es peligroso, porque no solamente los humanos habitan aquí. Como puedo ver, lobos, coyotes u otro tipo de animales son los que reinan. Primero debemos de curarla y limpiar esa herida, cercas de aquí hay un riachuelo y ahí es donde iremos. –Sin mencionar más, Se incorporó para luego cargarla. No pensaba nada. Era liviana como una pluma. Avanzando rápido, era mucho mejor que con ella a piel. Sí, y una pregunta ¿Por qué le ayudaba? Sencillamente estaba desamparada. Era eso. No tardaron muchos y sin delicadeza bajándola bruscamente, haciendo que cayera de nalgas.- Quítese la ropa para que pueda limpiar esa herida. –Así sin más es como lo dijo. Esperando que ella hiciera lo que ha ordenado.


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El destello inesperado del destino; lobo y humana |Privado| Empty Re: El destello inesperado del destino; lobo y humana |Privado|

Mensaje por Ivette Lachenal el Dom Nov 01, 2020 6:32 am

Tanto los lobeznos como ella se vieron distraídos por los sonidos que hacían el alfa y el zar. Se giraron a la vez para observar la escena. Ivette sintió un escalofrío cuando se colocó delante de ella y presenció toda la escena. No podía ser, aquello no era normal. Que peleara así con esos animales no podía ser normal en un… humano. A la mujer se le empezaron a pasar varias novelas por la mente, pero no podía ser, eso era una auténtica locura fruto de su enorme imaginación. ¿No?

En aquellos momentos no estaba segura de si tenerles más miedo a los lobos o al hombre. Su fuero interno se estaba debatiendo con ello cuando el zar se acercó. La mujer tragó saliva y no dijo nada. No dijo nada hasta que comenzó a acusarla. A pesar de todo, ella también tenía la adrenalina por las nubes y no soportaba que la tratara así.

-Debe estar de broma. ¿Qué pretendía que hiciera? ¿Quedarme quieta mientras nos devoraban?

Quiso decir más, pero no esperaba para nada que la cogiese para cargarla hasta el río. Intentó que la soltara una vez, pero al moverse con brusquedad sintió unos agudos pinchazos de dolor en los hombros que la hicieron estarse quieta con los brazos a los costados. Si los movía, le escocían las heridas por dos razones: el estiramiento y contracción de los músculos, y el roce de la ropa. Fue tan intenso el dolor la primera vez que tuvo que cerrar los ojos con fuerza, apretar los dientes y apoyar la frente en el pecho de aquel odioso hombre. No fue consciente hasta ese momento de que igual las heridas eran más profundas de lo que parecían en un inicio. Por suerte, el frío de la noche dándole en la cara le aliviaba, aunque el tipo seguía desprendiendo muchísimo calor, sobre todo después de pelear.

No se esperaba que la soltase de forma tan brusca. Volvió a sentir el dolor y quiso apoyarse contra el suelo, sobre las palmas de las manos, pero fue muy mala idea porque le dolía más. Con toda la rabia acumulada que ya llevaba de antes más la nueva por haberla soltado de aquella manera, y encima con lo que acababa de decirle, no pudo evitarlo: le dio una patada. Quiso darle más, pero seguía sintiendo cierto temor por lo que acababa de ver.

-Es un bruto, un mandón y me está sacando de mis casillas. ¿No ve que estoy herida? ¿Le parece normal soltarme así? Además, está loco si piensa que voy a quitarme la ropa delante de usted. Retírese de aquí por lo menos dos metros y yo misma lavaré las heridas. Si le dejo es capaz de ser tan brusco que me las abriría todavía más. Además -comentó al fijarse en la mancha roja que tenía en su camisa-, creo que usted también debería limpiarse la herida que tiene ahí.

Dicho eso, esperó para ver si le hacía caso o no. Ni de lejos iba a quitarse la ropa delante de él, muchísimo menos después de lo mal que la estaba tratando. No comprendía la lógica de aquel tipo: la quiere salvar, pero luego no tiene el más mínimo cuidado y casi que le provoca más daño todavía. Aunque claro, no se podía quitar de la cabeza lo que acababa de presenciar. Deseaba con todas sus fuerzas preguntarle, pero sabía que en el estado de nervios en que estaban los dos no iba a poder sacar nada en claro, así que mantuvo su curiosidad a raya. Si aflojaba un poco, puede que terminara preguntándole.


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Mensaje por Baltazar Z. Morózov el Dom Nov 01, 2020 9:41 pm

En eso ella tenía razón, no debió de arrojarla al suelo de esa manera si estaba herida. Lo reconocía, internamente, sin dejar salir ninguna sílaba de arrepentimiento. Suspiro, cada vez que deseaba disculparse de una forma u otra lo hacía peor. Era un maldito imbécil. Negó cuando ella insistió en que la dejara a solas. Evidentemente esa petición será denegada; estaba herida, la sangre impregnada en la ropa tanto de ella como en la de él; es presa fácil para un sobrenatural nocturno, más conocido como un vampiro. De reojo vio su camisa manchada, debe de ser de ella, lo más lógico. Él tiene heridas, por supuesto, pero son inferiores, rápidamente se lograran curar. No son graves a comparación de las que tiene la humana. Ella no sabía lo que estaba pasando realmente, la mirada, el rostro afligido, en pocas palabras trataba de ser fuerte, puede que eso fuera porque sigue con ella. En cambio otra mujer, humana hubiera pegado el grito en el cielo y desmayándose en la pelea entre animales. Reconoce que es valiente, sin importar cuál es su debilidad, mujeres como ella, merecen el respeto de los hombres, hasta del mismísimo Zar de Rusia. Pero como su ego se lo impide, prefiere ser un canalla que un caballero.

Hablando no llegaría a ningún lado, retrasaría la cura. Lo único que se hará es que se infecte las heridas que lo que puede apreciar es que es en ambos hombros ¿Cómo sucedió? ¿Cómo fue que la ataco? No logro estar al pendiente por poder ganarle al alfa.  Era de pocas palabras Baltazar, no hablaba como las demás personas. Soltó el aire, acercándose a la orilla del riachuelo para después quitarse aquella camisa, era necesario con algo debe de limpiar las heridas, y por lo que ha visto era enjuagarla completamente y tallarle, para poder quitarle la mancha carmesí. Si no se infectaría las heridas ajenas; no es médico para dictar algo así, pero sabe perfectamente cómo hacerlo, después de todo él solo lo hace cuando se termina su transformación y ve que está con la carne abierta producido por su lado lobuno, específicamente lo hace para que nadie lo interrogue, se escabulle como un ladronzuelo en su propia morada, ni la princesa de Rusia sabe realmente el secreto de su hermano mayor. Entre menos personas lo logren saber, mejor.

Al tener la prenda completamente lavada y claramente mojada se acercó a ella, y sin delicadeza se la arrojo, está cayendo en el regazo de la humana. –No digas más. Todo lo que está pasando es su culpa, primeramente por a ver soltando a tu estúpida y miedosa yegua, no, no sería deshonesto de mi parte insultar a tal animal. Si no sería la dueña, no eres digna de tener a ella en tu mando, no eres un jinete experta si deja que su animal escape, influirle el miedo le hace una miserable, que no tiene meta en la vida. –Era una idea que su señor padre le inculco al joven Baltazar hasta volverse en este hombre egoísta, sin medir sus palabras aunque esté hablando con una dama. Hizo ser tan grosero con toda la gente. Una vez Venka le comento que debe de mejorar su tono de voz, en la forma que le habla al individuo, porque lo único que ocasiona es un rencor hacia su persona y absolutamente nadie respetara al Zar. Se supone que el Rey, gobernante debe de imponer respeto no odio. Es todo lo contrario que el antiguo rey le decía. Divido en quien hacerle caso, en quien seguir sus pasos. Es como esta, parecía que su brújula se descompuso y tarda para que se componga.

¿Quería privacidad? Está bien se la daría. Empujando un poco la cabeza ajena con una de sus manos para quitarse por completo el pantalón. Sin más se sumergió en las aguas de la pequeña laguna. Era lo más privado que lograría darle. Todos sus sentidos estaban alerta para cualquier adversario.


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Mensaje por Ivette Lachenal el Lun Nov 02, 2020 4:27 am

Estaba esperando a que se fuera de allí cuando el zar se sacó la camisa para limpiarla y ella instintivamente apartó la vista. Se sentía un poco incómoda con la situación, pero tenía que reconocer que le gustaba lo que había visto. Lógicamente no lo admitiría delante de aquel hombre así la torturase, pero respiró hondo para calmar un poco la subida de temperatura que había notado en sus mejillas. La enfurecía reaccionar así con alguien tan bruto.

Le extrañó que no dijera nada ante la patada, pero casi agradecía el gesto: no tenía ganas de seguir discutiendo. Cuando le entregó la camisa esperaba que se girase, pero nada más lejos de la realidad, así que cogió una parte de la prenda y presionó sobre las heridas, intentando parar el sangrado. Al parecer él sí tenía ganas de seguir discutiendo. Resopló, cansada de todo aquello. No pensaba contestarle siquiera, pero sus últimas palabras fueron como dagas. Giró la cabeza para mirarle fijamente a los ojos, cabreada.

-No, no soy una jinete experta ni pretendo serlo. No soy de alta cuna. A mí no me enseñaron a no infundirle miedo a un animal, a mí me enseñaron a no tenerle miedo y a amarlo como si fuera familia, porque es familia. -. No aguantaba más. Estaba hablando con muchísima rabia y de la misma se le saltaron un par de lágrimas de furia contenía, pero ni se le quebró la voz ni apartó la vista.- No voy a abandonarla. Me da igual si la encuentro viva o muerta. Si es lo segundo, quiero pasar por el castigo de verla por no haber podido protegerla, pero no pienso salir de este maldito bosque sin ella. ¿Ha quedado claro?

Hacía tanto tiempo que no sentía el impulso de dar una orden que una parte de ella se sintió rara, pero sumamente bien de habérsela dado precisamente a él. Se secó las lágrimas con fuerza y rabia usando solo la yema de los dedos y volvió a concentrarse en intentar terminar de limpiar las heridas, aunque no era capaz de cortar la hemorragia.

Ni siquiera fue consciente de que el zar se había desecho de más prendas hasta que las vio en el suelo y a él entrando en la laguna. Apartó de nuevo la vista. La adrenalina, la rabia y verle así estaban haciendo que aflorasen en ella sentimientos que no quería que aflorasen con aquel tipo. ¿Cómo podía excitarle lo más mínimo aquello? ¿Se le estaría yendo la cabeza? Sacudió la misma para olvidarlo.

Quería intentar bajarse las mangas del corpiño, que era una prenda separada de la falda, y meterlas en el corsé porque así no se quedaría solo con este y las enaguas delante del hombre, pero fue un intento fallido: no podía subir los brazos sin que le dolieran. Después de varios intentos, frustrada, resopló y terminó por quitarse directamente la prenda. Se bajó también con sumo cuidado las tirantas de las enaguas que llevaba para dejar los hombros al descubierto.

La cinta que había llevado recogiéndole el pelo en un moño había terminado por caer casi por completo, así que tiró de ella para hacerse una coleta y quitarse el pelo de en medio, le estorbaba. Pero tampoco pudo conseguirlo porque, como había pasado antes, no podía subir los brazos. Dejó que el pelo le cayera por la espalda. Con suerte taparía casi todo el corsé y, al estar de espaldas a la laguna, dejaría menos visibilidad al zar.

Cogió la camisa por una zona por la que no estaba manchada de sangre y volvió a mojarla para poder limpiar las heridas. Aquello era horrible. Aún sangraban y eso no era bueno. ¿Igual necesitaba puntos? No lo sabía, no era médico, pero no estaba en un lugar donde pudiera conseguir aguja e hilo y no se fiaba mucho de hacerlo ella, así que tenía que encontrar la forma de taponarlas.

No iba a romper la camisa del zar. Bastante que se la había dejado para limpiarse. Como estaba sentada no le costó mucho levantarse la falda del vestido y coger la sobrefalda que cubría las enaguas. Se supone que eso se usaba encima de una estructura de metal para dar volumen a los vestidos, pero teniendo en cuenta que iba a estar en el bosque no se molestó en ponerse eso, así que ahora simplemente era otra capa más. Cogió el final de la misma, que sí que estaba manchada de barro, y con la ayuda de los dientes comenzó a desgarrarla hasta llegar por encima de la rodilla. Repitió el proceso hasta que obtuvo dos tiras de tela limpia que poder usar. Para poder hacerlo aún mejor, rasgó también el lazo que había llevado en el pelo para obtener dos piezas.

Tuvo que parar unos segundos antes de poder continuar. Se sentía un poco mareada. Sacudidla cabeza cuando notó que la vista se le nublaba un poco. Puso las cintas de manera que hicieran un vendaje improvisado que pasara bajo sus axilas para que no resbalara de sus hombros y los ató con la cinta. Cuando terminó, se sintió bastante agotada. Necesitaba despejarse la mente, había perdido bastante sangre por lo que parecía. Se giró con cuidado para llegar al agua del estanque y se echó sobre la cara y en la nuca. Que tuviera sueño no le parecía buena señal.

No quería pedir favores, pero esta ve haría una excepción.

-Necesito… comer algo. Bayas que no sean venenosas o… algún tipo de fruta o algo así. Sé que sabe de esas cosas o debería saberlo, se supone que les enseñan eso a todos los futuros reyes, para la supervivencia… He perdido mucha sangre y no entiendo mucho de esto, pero creo que es bueno comer si eso pasa…


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