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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Romanella Bianchi Dom Mayo 23, 2021 8:27 pm

Era tibia, la luz que se derramaba de aquellos enormes candelabros pendiendo de cadenas plateadas era tibia. No era la música solamente sino ese aire de complicidad de aquella cantante de ópera y los celos rasposos y ásperos lo que hacían un espectáculo único. La muchedumbre estaba atenta y al pendiente de cada uno de los movimientos de la encantadora intérprete, cada ademán que esta trazaba en el aire mientras su rostro proyectaba un rictus de dolor y añoranza, en su garganta las notas surgían y se exaltaban como hojas mecidas por las febriles brisas de la estación. Se elevaban prodigiosas y estallaban en el teatro llenándolo de una sonoridad casi perfecta.

El público se mantenía callado, esperando aquel final inevitable cuando los instrumentos y la voz de aquella chica ataviada con un largo vestido negro y perlas en el cuello se volvieron uno solo, se fundieron para terminar el ritual del aria que anunciaba la tragedia de este capítulo por escribirse, inconcluso y bello. Pero en cuanto toda sonoridad de la orquesta volvió a callar, justo cuando se creía que no se podían contener  el deseo de aplaudir y brindar honores a aquellas figuras en el escenario. La cantante liberó todo ese dolor contenido en su pecho en una última nota sublime. Fue entonces que el estruendo de los aplausos llenó completamente los rincones del enorme teatro circular.

Poco a poco la gente empezó a abandonar, poco a poco los susurros de los comentarios empezaron a desvanecerse, entre los tonos carmesí de las sillas aterciopeladas la figura de las damas resaltaban con amplios sombreros y los caballeros mostraban lo propio con peculiares trajes. Esta noche particularmente no albergaba ningún sentimiento terrible, solo en la ópera desaparecía aquella incesante y agotadora tensión que cargaba consigo, a cuestas. Pero finalmente eso era lo que su acto “heroico” le había dejado, estar sola, danzando en penumbras y recuerdos dolorosos. La partida de su hermano que hasta el día de hoy seguía desaparecido.

No había cabida al remordimiento por haber asesinado a sus verdugos. El silencio era ensordecedor, podían escucharse sus más profundos pensamientos, flotaban en toda la atmósfera. El tiempo era apacible y se sentiría muy halagada si alguno de sus fantasmas le acompañaran en este instante, solo ellos, solo a ellos les permitiría arrebatarle este momento, que se antojaba mucho más real que su existencia. No pudo distinguir en primera instancia que era esa fragancia, esa pena que inundaba la escena con un indescriptible sentimiento de añoranza. Sin embargo la oscuridad seguía ahí intacta y perfecta.

Dondequiera que fijase la vista solo se veían asientos vacíos y una serie de luces acanaladas que rodeaban los decorados de querubines en lo alto del edificio. Le parecía del todo irreal haber vivido una seguridad abrumadora hace un par de minutos atrás, ese lapso de tiempo mientras disfrutaba de la música y ahora se encontraba nuevamente a la espera de encontrar una señal que lo ayudar a seguir en esa búsqueda. Una presencia que deseaba conocer. Se sumergió nuevamente en su pasado, con sus providencias en un cielo gris. Les invocó, les trajo de vuelta para olvidar este momento inoportuno.


Última edición por Romanella Bianchi el Mar Oct 05, 2021 12:54 am, editado 2 veces


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Mensaje por Tiamat Sinn Vie Jul 23, 2021 1:27 pm

El pasar del tiempo era algo a lo que todo vampiro debía de acostumbrarse, sobre todo cuando se llevaba en las espaldas más de seis mil años de existencia por el mundo y haber recorrido este dando ya centenares de vueltas al mismo. Desde que me obligaron a abrazar la oscuridad mis días a veces se habían vuelto un tanto tediosos, lo que me obligaba a buscar algo de diversión que me mantuviera con el interés suficiente como para no buscar una diversión que sería sin duda más macabra, y mucho más violenta. El matar era algo que iba de la mano con los vampiros, la sangre era nuestro principal sustento y obtenerla era una forma demasiado fácil si sabías bien jugar tus cartas. Sin embargo, yo odiaba que todas las cosas fueran fáciles y que no tuviera apenas que chasquear los dedos para obtener lo que quería, ¿qué sentido tenía una vida fácil? Yo nunca había sido de ese tipo de personas, más bien era de las que le gustaba los retos y las complicaciones, que algo no me lo dieran tan abiertamente y que tuviera que tirar de todo mi ingenio para conseguirlo. La vida fácil era algo que odiaba por encima de todo, por eso siempre solía buscar nuevos retos que dieran algo de “chispa” a mi vida, porque tras tantas andanzas por el mundo se necesitaba un motor que hiciera que un vampiro no tuviera una existencia tediosa. Había oído casos de vampiros que se dejaban expuestos al sol para acabar con la misma, algunos jóvenes y otros más antiguos, cansados de siempre la misma oscuridad, de siempre lo mismo sin que nada cambiara y perturbara su vida... y yo pensaba que era porque no habían encontrado o descubierto todo lo que la “oscuridad” tenía por ofrecerlos. Yo, con tantos milenios tras mis espaldas, había sido testigo de cómo el mundo había cambiado y había evolucionado, los humanos eran interesantes de estudiar sobre todo cuando ellos mismos eran quienes construían y derribaban civilizaciones por el poder, cómo habían avanzado y evolucionado desde entonces y era interesante ver hasta dónde habían sido capaces de llegar, lo que me llevaba a preguntarme hasta dónde pondrían el límite y qué sería lo próximo que haría ese “salto” que siempre había precedido en la historia. Seguro que en unos siglos lo descubriría y yo estaría allí para ser testigo del mismo. Durante todo aquel tiempo un vampiro tenía demasiado tiempo libre y había que invertirlo en algo, yo me dediqué a conocer todas aquellas culturas que habían en el mundo y aprender de las mismas, pues aunque se tuviera los poderes para poder doblegar y dominar a una persona, nunca había nada más efectivo como conocer su cultura, sus mitos, sus leyendas y sus costumbres para poder dominarlos, y eso es lo que había hecho viviendo en cada uno de los lugares del mundo por un tiempo ilimitado, simplemente, hasta que me había cansado del lugar y había pasado a otro para aprender del lugar, de sus gentes y sus costumbres. Siempre había pensado que era la mejor forma de dominar a alguien sin necesidad de poderes, y lo seguía pensando tras todos aquellos milenios.

Tener todo aquel poder, no solo en habilidades sino también en riquezas, daba para mucho y a mí manera yo me consideraba un “rey”, un antiguo que tenía todo cuanto quería mientras veía cómo los humanos se destruían unos a otros sin necesidad de hacer nada, únicamente por el poder. Vivir a lo largo de todo el mundo daba para adquirir muchos conocimientos que algunos había puesto en práctica y sí, daba totalmente el poder que se quería sobre un humano. Sin embargo, a pesar de mi existencia, jamás había dejado que nadie se atara a mí porque un antiguo como yo tenía sus enemigos y nunca quise darles un blanco fácil para atacarme... ya fui una vez débil y me prometí, en mi nueva vida, que no volvería a serlo nunca. Tampoco había convertido a nadie ni había tenido ningún esclavo, eso significaba crear lazos y era algo que yo jamás hacía. Sin embargo sí que había una mujer que, en su época de humana, había sido la única que había convertido en vampira saltándome así mi propia norma. Yo jamás hacía nada sin pensar y tras todo aquel tiempo había aprendido hacía ya milenios a controlar mis impulsos como vampiro, y la convertí. No conocía el motivo por el que lo hice y lo cierto es que tampoco quería pensarlo demasiado ya que era la única debilidad que había mostrado en todos los milenios de mi existencia, algo que prometí que jamás haría y que al final terminé por romper incluso cuando sabía que no debía de hacerlo. Pero ya no se podía cambiar lo pasado y al igual que tomé la decisión de convertir a Romanella, cuando no debí hacerlo, también es cierto que cambié sus recuerdos utilizando mi poder para que no recordara que fui yo quien la convirtió pero sí el que al menos la encontró en dichas condiciones... borrando mi rostro de sus recuerdos cuando la convertí. ¿Por qué lo hice? Era un hombre egoísta que siempre miraba por mis propios intereses pero lo cierto es que dicha debilidad me supondría un problema, que mis enemigos conocieran que había convertido a una mujer... era pintar una diana en mi espalda. Y en la suya. Preferí quedar como el que la ayudó en su nueva condición vampírica asumiendo ese “rol” aunque cuando me alejé de siempre tuve a alguien vigilándola, siempre pendiente de lo que hacía o dónde estaba. Conocía que se encontraba en París y por ese motivo ya que ahora me había visto obligado a viajar hasta la capital francesa decidí volver a acercarme, pese a que nuestra “relación” siempre había sido intermitente. Cuando la obra terminó y todos salieron quedando aquel silencio la observé desde las sombras esperando a que se percatara de mi presencia, una vez noté que lo hizo decidí moverme y salir de entre las sombras. Estaba tal cual la recordaba, con ese aire melancólico que la caracterizaba. No me era de extrañar que hubiera decidido ver aquella obra, a diferencia mía ella parecía incapaz de desprenderse del pasado.



—Cualquiera que os observe podría pensar que os ha dejado afectada la obra que acabáis de presenciar —mi voz era baja apenas un murmullo pero suficiente para que ella escuchara— podrían preguntarse acerca de la melancolía que muestran no solo las facciones de vuestro rostro, sino también el estado de vuestra aura —me deslicé por los asientos como una sombra más del lugar pero consciente de que ella ya había captado mi presencia, no tardé demasiado en llegar al palco y recorrer el pasillo hasta donde ella se encontraba sentada en su butaca, con ese aire melancólico del que seguro era producto de su pasado. Una muerte, una tragedia. Algo que representaba bastante bien la vida de la joven y lo que le tocó vivir... sin embargo no fue la única ni tampoco la última. Me acerqué sigiloso hasta quedar tras de ella pero en pie observando el escenario donde hacía apenas unos minutos la tragedia se desarrolló conducida por la intérprete a modo de canción. Me incliné ligeramente hacia ella dejando que mi rostro quedara apenas por encima del suyo pero lo suficiente como para que mis labios estuvieran a la altura de su oído— ¿por qué sigues atormentándote, Romanella? No siempre se puede cambiar el pasado, a estas alturas de tu existencia, deberías de aprender a convivir con ello —las formas de vivir que teníamos eran bastante diferentes, mientras no lograra olvidarse de ello o aprender a llevarlo estaría así el resto de su existencia. La culpa le pesaba y la carcomía, sin embargo ella no fue quien provocó su destino ni el resultado del mismo... no éramos dueños al cien por cien de nuestra vida o nuestro camino.


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Mensaje por Romanella Bianchi Miér Ago 04, 2021 5:44 pm

Los recuerdos seguían prendidos a ella. Los contornos, las tonalidades plasmadas en aquel recinto avivaban demasiadas cosas en su psiquis, si es que el interior de un inmortal aún abrazara la posibilidad de poseer una. Su sentidos de habían agudizado desde el momento de su trasformación, de algún modo le habían facilitado su supervivencia cuando escapó de las mazmorras. Había logrado sobrevivir gracias al don oscuro. Ese obsequio tan divino como protervo que le confirió visiones agradables y tortuosas durante su recorrido por gran parte de Europa. En cada rincón, en cada lugar se rendía ante la belleza de sus personajes. La humanidad poseía una faceta múltiple que seguramente sería difícil de comprender para cualquier otro. Ella había aprendido de cada línea en ese complexo lienzo, había aprendido para ser algo mejor y no encasillar su existencia en la de un monstruo insaciable. Una bestia que regocijara en el dolor y la culpa ajenos. Simplemente no podría y reprobaba dichos accionares en su semejantes.

En un suspiro, intentó liberar todas esas marcas en su mente. En ese momento desearía poder deshacerse de todo aquello. Sonrió apenas con desgano aceptando la idea que era parte del legado. El murmullo calmo de los pocos mortales que abandonaban eventualmente el teatro significaba una melodía a sus oídos. Padres de familia, esposos, amantes. Todos ellos regresaban a una rutina, todos excepto ella para quien la noche apenas empezaba. Alejada de la caricia perene del día. Los secretos de cada uno de esos extraños se mostraban abiertos si ella prestaba la atención necesaria a cada una de sus mentes. Poseía habilidades que un hubiese imaginado desarrollar como humana y por precaución, era que se veía en la necesidad de asistir de forma encubierta, los aromas se mezclaban en las ligeras corrientes de aire, así mismo coqueteaban de la mano muchas visiones del dolor de muchos otros asistentes. Era algo meramente insoportable.

Repentinamente el sonido grave de una voz masculina le hizo volver su rostro. Sus orbes se posaron en el porte galante del  noble quien asaltaba de forma directa, sin afán de ocultar el verdadero origen de ambos. Romanella poseía una mirada nostálgica, redimiéndose quizás de algún modo al asistir al igual a ese tipo de espectáculos mundanos que significaban un escape a su realidad. La inmortal se mostraba siempre agradecida con la compañía de otros, era curioso encontrar este tipo de inmortales que gustasen de la caricia que solo el arte regala. París sin lugar a dudas no dejaba de sorprenderla pues en ese instante, le llevaba de regreso a alguien por demás conocido. En la mente eterna de la italiana, aquella voz grave quedó cincelada por los eones que pasaron después de su conversión, le recordaba a la perfección ese momento vulnerable donde él le rescató de la muerte, para ofrecerle el don oscuro.

Puedo mantener el disfraz para ellos, pero contigo no –respondió de inmediato, no hacía falta verle a los ojos de inmediato porque sabía quién era, como un imán que le atraía hacia su dirección. El sonido tenue de su voz posándose sobre su oído le trajo por completo hacia su realidad.

¿Soy una ingenua por creer que en un espacio como este, podría olvidar lo que alguna vez fui? –inquirió mientras se daba vuelta y acariciaba con sutileza el rostro de Tiamat, sonrió con melancolía— ¿Dónde habías estado?


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Mensaje por Tiamat Sinn Dom Sep 26, 2021 1:40 pm

Desde hacía ya bastante siglos París se había convertido en el centro que todo ser sobrenatural acababa pisando al menos una vez en toda su existencia, aunque no entendía bien el motivo por el que precisamente debía de ser en la capital francesa ya que había viajado por todo el mundo pero nunca había encontrado tal cantidad de sobrenaturales en un mismo lugar, algo tenía que tener la ciudad para que tal congregación se diera lugar a tal magnitud pero sin embargo todavía no había encontrado la razón para dicho acontecimiento. Lo que sí sabía de sobra era que el Consejo pronto iba a reunirse de nuevo en aquella ciudad y por ese motivo yo me encontraba también en la misma, cuando Yazid te llamaba nadie se atrevía a desobedecer o no responder presentándose ante él si querías seguir existiendo sobre la faz de la tierra. Entendía lo que ocurría y también porqué me había enviado a mí para llevar a cabo sus trabajos, no por nada era como su mano derecha y la persona en la que más confiaba de todos los que éramos, frente a un enemigo tal como la propia Nosferatu quien podía rivalizar contra él... aunque quizás en apariencia pues Yazid parecía tener cada uno de los pasos así como de las fichas expuestas en el tablero más que estudiadas y controladas. Yo era su mano ejecutora y por ello había recibido la información que esa “Orden del Dragón” tenía en sus manos con ese objeto tan antiguo e importante que durante tiempo había caído en el olvido, o mejor dicho, se había perdido para que de nuevo volviera a entrar en el juego siendo una parte importante de este. Me había adelantado a esa maldita Orden que no dejaba de intentar darme caza aunque no podía negar que me divertía ver cómo lo intentaban, ni siquiera parecían darse cuenta de que por más golpes que intentaran darme yo era muy superior a todas ellas –era lo que tenía ser humana- y acababa masacrándola para pintar todo el lugar de sangre con muerte y destrucción, un rastro de cenizas y de fuego que dejaba a mi paso como el dragón que me habían puesto de apodo haciendo honor a ello pues era algo de lo que me sentía más que orgulloso. El temor y la reputación que me precedían sin duda alguna no eran en vano pues había destruido linajes e imperios a lo largo de mi camino arrasándolo todo con fuego y sangre, cuando les decían que el Dragón Negro iba a por ellos temblaban de miedo y hacían lo posible para intentar salir con vida... aunque ninguno lo lograba. Por eso nunca me mantenía en un mismo sitio fijo y me iba moviendo alrededor del mundo pero, sobre todo, no dejaba pista tras mi paso ni mucho menos nada que pudieran considerar un “blanco” fácil por el cual atacarme... yo no tenía puntos débiles a ojos de mis enemigos y así debía de seguir siendo.

Pero reconocía que con Romanella las cosas habían sido diferentes y en otra época no hubiera cometido el acto de convertirla en vampiro, la hubiera matado para no dejar ningún rastro tras mi paso, aunque no sabía por qué lo había hecho. Pero si algo nunca hice fue decirle que había sido yo quien la había convertido en vampira dejando atrás su humanidad, para ella solo era un salvador que la había conducido por el camino de la oscuridad enseñándole todo lo necesario para sobrevivir. Me gustaba seguir con ese pensamiento en su cabeza porque si me preguntaban el motivo ¿acaso debía tener uno? Fue un acto egoísta y eso no debía de cambiar en absoluto. Observé el escenario ya vacío quedando tras ella con ese deje de melancolía que siempre desprendía, no entendía cómo no avanzaba en la eternidad que le quedaba y dejaba atrás lo que una vez fue. Sonreí elevando la comisura de mi labio ligeramente ante sus palabras y aunque todavía tenía su vista fija en el teatro negué con la cabeza, pese a que no me veía, porque para mí era demasiado transparente y siempre había sido así. Quizá también porque los largos milenios que llevaba sobre mis hombros facilitaba mi actitud ya más que acostumbrado al paso de los siglos, a ser lo que era, al “Dragón Negro” que había sembrado el caos, la muerte y el terror durante siglos. En algún momento ella tendría que “abrazar” lo que era sin pensar en el pasado. Escuché su pregunta mientras dejaba que el silencio reinara en el teatro cuando hacía unos minutos este había estado lleno de vida y de música, quien mejor podía responderse era ella misma y me pregunté por un momento si de verdad quería la respuesta porque de seguro se imaginaba lo que iba a decirle. Aunque desde mi punto de vista enfocaba las cosas de una manera errónea que la hacía sumirse en ese estado, no es que yo tuviera la forma perfecta pero quizá se debía a que no me costó tanto abrazar la inmortalidad que me habían concedido viendo las ventajas y todo lo que podría hacer con mi nueva condición de vampiro. Como todo tenía sus contras pero después de quince siglos era para que Romanella tuviera ya un equilibrio entre lo que una vez fue y lo que ahora se convirtió. Se giró para quedar de cara a mí y pude contemplar su bello y hermoso rostro de mirada intensa, la que siempre había tenido incluso antes de abrazar la inmortalidad cuando la encontré hace tanto tiempo. Siempre había pensado que su porte se asimilaba a cierto aire de “realeza”, o es mi impresión. Ahora que podía verla con claridad tomé una de sus manos para llevarla a mis labios y depositar un beso en su palma, dejando que mi aliento erizara su piel como tanto me gustaba.



—¿De verdad quieres que te responda a eso, Romanella? —Inquirí sin soltar todavía su mano dejando unos pocos segundos para esperar su respuesta aunque, de igual manera, iba a decirle lo que pensaba al respecto— creo que lo enfocas de una manera errónea, no hay que olvidar nunca de dónde se viene o lo que una vez se fue, más bien deberías de aprender a convivir con ambas partes. Acepta lo que pasó en tu otra época sin olvidar lo que eres ahora... ya no puedes cambiar lo que sucedió y no sirve de nada estar así por ello —su mano se elevó hasta acariciar mi rostro para lanzar aquella pregunta. ¿Dónde había estado? Siempre me gustaba recorrer el mundo aunque, en los últimos años, había estado más cerda de Yazid –un Nosferatu- con el cual tenía cierta relación que se remontaba milenios atrás— ya me conoces querida, me gusta recorrer el mundo sin tener un sitio fijo por demasiado tiempo. No me canso de apreciar la belleza de este mundo —dije con la mirada fija en su rostro, obviamente refiriéndome en parte a ella, que aunque no lo supiera el tiempo que no estábamos juntos siempre tenía a alguien vigilándola. No podía evitarlo ya que estaba en mi comportamiento egoísta y controlador, quería saberlo todo— aunque parece que París últimamente atrae demasiado a los sobrenaturales y yo no he sido la excepción a ello —no quería contarle todo acerca de los Nosferatus porque quería mantenerla al margen, como siempre había hecho— me complace mucho verte querida, no sabes cuánto. ¿Me has echado de menos? —Pregunté consciente de que los lazos sanguíneos cuando se convertía a alguien estaban ahí, en lo profundo y casi ocultos, pero no se podía huir de ellos. Siempre se sentiría de alguna manera atraída como un imán hacia mi persona igual que a mí me pasó en su momento con mi Sire, era el poder que tenían los lazos de sangre entre vampiros... aunque ella no supiera el motivo— ¿qué te trae por París, acaso la llamada que hemos sentido todos? —Volví a dejar un beso en su palma antes de soltarla y mirar por unos segundos al escenario vacío— creo que sería mejor salir de aquí y dar un paseo, ¿te gustaría acompañarme? Ya sabes, como en los viejos tiempos —le tendí mi brazo para que pudiera aceptar mi invitación y así fundirnos entre los transeúntes que paseaban por las calles, hacía buen tiempo todavía y parecían querer aprovecharlo al máximo.


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Mensaje por Romanella Bianchi Mar Dic 07, 2021 8:48 pm

El tacto ajeno causaba una reacción inexplicable en ella, aunque contradictoriamente se podría pensar que un ser como Romanella era incapaz de expresar sentimiento alguno. Se quedó sujeta a la mano de Tiamat, justo como lo habría hecho años atrás.

Me gusta escuchar una explicación ajena a mi criterio o de otro modo, me volvería loca atormentándome a cada paso que doy, me conoces bien y es algo inevitable de vez en cuando caer en ese abismo – dijo con un ápice de nostalgia.

En la mente sempiterna de la inmortal, aun hacían eco las notas finales de la estrepitosa y a la vez pesarosa sinfonía. Cavando en los recuerdos abriendo sus heridas profundas por unos instantes. No obstante, habituada estaba a lidiar con ese lado oscuro de su don. Uno que cada noche resultaba una labor titánica de sobrellevar, pues cada detalle en la capital, cada extraño, cada iconografía en los paisajes níveos desenterraban un pasado que no se cansaba de perseguirle. Inclusive en el teatro frente aquel milenario galante, podía aun ver la figura autoritaria y noble de su padre o de Luca. Debía hacer uso de su experiencia para acallar aquellos fantasmas y brindarle una velada amena a su creador. La voz grave del mismo le despertó de ese trance que le orillaba a soñar despierta de vez en cuando. Sonrió. Algo que no ocurría muy a menudo.

Eres muy afortunado al poder disponer de tu libertad y conocer más allá de un solo lugar. Yo lo hice en un inicio y el horror de la contradicción humana terminó por destrozar algo de mi bondad, de modo que hice una pausa en este rincón llamado París –confesó en la última sentencia la curiosidad de su creador.

Conoció el lado oscuro de los humanos, algo incluso aún más aterrador de lo que resultaba ser un inmortal. La gracia y porte de Tiamat resultaban un espectáculo digno de plasmar en un lienzo. Si bien la sociedad se empeñaba en temer y cazar a los de su especie por las usanzas poco comunes y las telarañas que revestían un trasfondo lúgubre sobre su existencia también existían muchos otros que habían aprendido a calmar esos deseos atroces de exterminar a quien osara atravesarse en su camino lográndose comportar como una de las bestias más nobles que jamás hallan pisado el plano terrenal. Tiamat poseía una fuerza que atraía su curiosidad como un imán, cada palabra que desgranaba de sus labios.

Sabes la respuesta –dijo con una línea esbozada en sus labios— siempre me ha gustado saber que, de alguna forma, estás conmigo, recorrer el mundo puede ser magnifico, pero, a la larga la soledad se vuelve atroz si no se disfruta de una buena compañía.

Asintió mientras colocaba su mano en el brazo ajeno, los pasos acompasados los conducían a ningún lugar en particular, la compañía de Tiamat bastaba.

Supe de un espectáculo único de ópera que se presentará en un par de días, el arte siempre encaminó mis pasos mortales y es una razón de peso para hacer una parada aquí. Visite la tumba de una vieja amiga gitana ¿Sabes? Su paso por la tierra fue corto, pero dejó una huella en mí, en alguien como yo. No te preguntas de vez en cuando ¿Si alguien recordará nuestra existencia en sus vidas? ¿Qué es lo que te gustaría que ellos recordaran de ti?

Ella parecía una chiquilla saciando su curiosidad a su lado, en realidad disfrutaba estar junto a él una vez más.


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Romanella Bianchi
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Mensaje por Tiamat Sinn Lun Ene 03, 2022 1:41 pm

Llevaba demasiado tiempo escondiendo un secreto que ni siquiera el propio Nosferatu al cual “servía”, por decirlo de alguna manera, pero que tenía la sensación de que tarde o temprano saldría a la luz por mucho que intentara esconderlo, guardarlo para que nadie lo supiera. Ni siquiera la propia Romanella conocía la verdad que se escondía del momento en que despertó siendo una vampira, el motivo por el que siempre nos encontrábamos y nos atraíamos pese a que lleváramos siglos sin vernos. Ese era el poder que ejercían los lazos de sangre cuando convertías a alguien, un lazo irrompible que nos uniría por toda la eternidad... aunque eso en el fondo me jodiera demasiado pues, sin lugar a dudas, era una debilidad que intentaba mantener lejos del mundo oscuro en el que me movía. Más que simples cazadores o Inquisidores, eso no era nada comparado con todo lo que había tras las sombras pero pronto saldría a conocer, pues el momento iba a llegar aunque no se quisiera. Por eso siempre tenía a alguien vigilándola por lo que pudiera pasar, no quería que por no contarle la verdad ni decirle todo lo que ocurrió la noche en que nos encontramos aún todavía siendo ella humana, pudiera acabar con su existencia. Nunca lo reconocería en voz alta pero perderla era algo que no contemplaba y, en mi egoísta existencia, mantenerme lejos era la mejor manera para que no fuera el foco de atención. La miré con una leve sonrisa ante sus palabras ya que ella apenas un leve recorrido en el mundo de los vampiros, era normal que pudiera sentir ese desapego o esas emociones que la anclaban a su vida pasada... quizá porque a mí me la arrancaron de golpe cuando estaba en la cima de todo, y una pérdida como la que tuve influyó de manera más significativa. O que el Sire que tenía me llevó por el camino de la oscuridad y desde entonces había adoptado esa forma de vida, todo cuanto quería era que Romanella no sintiera esa melancolía que a veces la embargaba, atormentada por un pasado del cual tenía la gran parte de culpa, pese a que no me sintiera realmente el culpable. Tan solo la salvé de un destino aciago y de una muerte segura, aunque todavía no supiera el motivo por el cual lo hice. Cierto que disfrutaba de una libertad de la que gozaba al poder recorrer el mundo, observar la belleza que existía, corromper los altos cargos –era lo que mejor se me daba- y ver cómo el mundo evolucionaba en pos de una nueva era que pretendía ser mejor. No entendía cómo es que ella no podía disfrutar de dicha evolución o de los lugares misteriosos y bellos que existían en el mundo, pero pensaba que se debía al hecho de sentirse tan conectada a su vida pasada y no poder dejarla atrás. Tampoco es que pudiera hacer mucho porque ella lo evitara ya que dependía totalmente de ella, quizás con el tiempo lograra.


—Quizás deberías de mirar más allá de lo humano y ver lo bello que hay en este mundo, los humanos por mucho que lo intenten no cambiarán su forma de ser o de proceder, pero los lugares sí y se transforman en sitios bellos de los cuales podrías disfrutar. Puede que si te portas bien te enseñe alguno de ellos —sonreí ladino ya que era imposible que ella se portara “mal”, al menos en el sentido estricto de la palabra, en su larga existencia no conocía algo que ella hubiera hecho mal. Siempre correcta en todas sus formas— cierto, la soledad puede ser el peor de los lastres que exista para un vampiro, por eso querida hay que saber cuándo dejar que eso te afecte y cuándo seguir adelante. Creí que con el tiempo que había pasado habrías podido distinguir una cosa de la otra, puede que tenga que enseñarte como antaño hacíamos —tomó mi brazo cuando se lo tendí para que me acompañara y así poder disfrutar de aquella noche tranquila en su compañía, algo que hacía demasiado tiempo que no sucedía o que no nos dábamos el lujo de disfrutar. Si en algo destacaba en ella era en lo mucho que le gustaban las óperas y las obras de teatro, quizás como ella misma había apuntado se debiera al hecho de que cuando era humana se debía a ello. Escuché en silencio mientras salíamos del teatro que visitó a una vieja amiga, hacía demasiado tiempo que dejé de contar a todos los que una vez dejé atrás... o incluso a aquellos que yo mismo había matado con mis manos o mis colmillos, sobre todo los que no los consideraba por “alimento”. En mi larga existencia hice demasiadas cosas e incluso algunas no se sabían todavía como un pasado que pesaba en mi espalda, con ese apodo que me pusieron por cómo arrasaba con todo convirtiéndolo en ceniza allí donde pasaba. Derroqué imperios, hice que grandes reyes cayeran, que iniciaran guerras... hice tantas cosas que era a veces fácil confundirlas, pero la huella permanecía ahí. Cuando lanzó aquella pregunta callé por unos segundos intentando pensar en una respuesta, lo cierto es que nunca me había parado a contemplar dicha posibilidad, aquellos que alguna vez supieron de mi existencia o bien yo mismo los maté o el tiempo se encargó de hacerlo por mí. Pero nunca pensé en qué quería que recordasen de mí— eso es algo que nunca me había planteado, supongo que sí habrá quienes se acuerden de mí y ya tengo alguien que lo hace; —comenté saliendo por fin al exterior donde las calles estaban llenas de transeúntes, el frío todavía no había llegado y eso propiciaba muchos quisieran aprovechar esas horas nocturnas— rara vez dejo que alguien me conozca en profundidad, algo que aprendí en mis primeros siglos de existencia, por lo que no es algo que me importe demasiado —sí, era esa coraza que siempre me ponía para no exponer los puntos débiles que pudiera tener. Aunque el mayor de ellos estuviera en ese momento a mi lado, tomándome del brazo— podemos ser un mero suspiro para la gran mayoría así que ¿por qué debería de importarme? Tengo más preocupaciones como para pensar en eso, asuntos que requieren de mayor importancia —y eso no era mentira, era como si se hubiera agitado un avispero y se empezaran a ver las primeras consecuencias— ¿he conseguido dejar una huella en ti, Romanella? —La miré por unos segundos en silencio— pero, ¿qué me dices de ti? Conociéndote de seguro que vieran esa parte humana de la que aún no te has desprendido, el buen gusto por las obras de teatro y las óperas —si había un tema que no quería tocar con ella era el de su pasado y el de su “Sire”, siempre intentaba alejar ese tema tanto como fuera posible— dime, ¿cuánto tiempo vas a quedarte en la ciudad? —Pregunté para saber qué margen tenía con ella, para cuando todo comenzara la quería bien lejos de París. Aunque tuviera que ser yo la causa de dicha partida, no me importaba siempre y cuando ella estuviera a salvo. Todo lo que quería por aquella noche era disfrutar junto a ella, consciente de que en las noches venideras el peligro volvería a llamar a mi puerta y esta vez no podría esquivarlo... así que alejarla era lo mejor que podría hacer por ella— puede que no lo creas, pero he echado de menos estar en tu compañía —eso era cierto, la mayor verdad que me atrevería a decir frente a ella— dime, ¿te estás alimentando bien? Si quieres podríamos hacer como en los viejos tiempos y buscar a alguien de quien alimentarme. Prometo no habrá muertos —aunque en realidad no podía prometer nada— solo si prometes concederme esta noche, toda para mí.


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