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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Sabah Mar Dic 28, 2021 10:15 am

"El deseo es una fuerza poderosa que puede
usarse para hacer que las cosas sucedan"






Hacía varios meses que había decidido abandonar Roma para trasladarme hasta la capital francesa, decían que París últimamente se había convertido en un hervidero donde los sobrenaturales luchaban por mantenerse con vida perseguidos ya no solo por cazadores, sino porque la Inquisición había aumentado considerablemente y tenía a más fieles en sus filas dispuestos a cazar a lo que ellos llamaban “herejes”, “hijos del demonio”. En Roma la actividad también había sido bastante considerable y debías de llevar cuidado, la ciudad guardaba muchos secretos cuando la noche caía pero me había cansado de estar en aquella ciudad, decían que París era algo más liberal y quería saber si lo que decían sobre ella era cierto. Se podría decir que era una nómada, no tenía un lugar fijo donde asentarme y siempre me movía de un lugar a otro, tenía el tiempo necesario para disfrutar de cada ciudad hasta cansarme y aburrirme de esta, y sobre todo, el dinero suficiente como para comprar mansiones a lo largo de todo el mundo donde poder residir cuando quisiera, sin tener que preocuparme ya que pagaba una buena suma de dinero porque me conservaran los lugares y los dejaran siempre impecables... nunca sabía dónde sería mi siguiente destino y me gustaba que todo estuviera en su sitio, limpio y ordenado. No era la primera vez que pisaba París, para una vampira que contaba con más de tres milenios a sus espaldas se podría decir que había visto todos los rincones del mundo, pero sí era cierto que este cambiaba constantemente. Había visto construirse imperios al mismo tiempo que luego los había visto caer derrocados, cómo evolucionaba el mundo y yo me adaptaba a este para no acabar sumida en el aburrimiento... para un inmortal no había nada peor como quedarse estancado, solo nos tocaba evolucionar y adaptarnos a las nuevas épocas que nos tocaban vivir. En mi llegada a París nada más pisar la ciudad pude ver lo que esta había cambiado, la humanidad parecía evolucionar favorablemente y atrás habían quedado los tiempos en los que se vivía de forma más inmundicia, por una parte me alegraba que eso sucediera. No se podía comparar con Roma, algo más avanzada que París, pero de la última vez que estuve había mejorado bastante y al menos era un buen síntoma para quedarme por un tiempo, de alguna forma quería revolucionar un poco la ciudad y ver ese “hervidero” del que tanto había oído hablar, estaba deseando que París también sucumbiera ante los demonios.

Mi mansión estaba más que preparada desde hacía ya un par de días y antes incluso de mi llegada a la capital francesa se sucediera, todo estaba tal y como yo lo había previsto, la mansión perfecta con los detalles que había pedido que tuviera con un enorme salón y un hall donde se podría dar fiestas más adelante, un jardín enorme plagado de árboles y de sitios donde poder disfrutar de la naturaleza, unas vistas privilegiadas de la ciudad puesto que la mansión estaba en la cima de una de las colinas y desde el jardín, apoyada en la barandilla del balcón que había, se podía tener una panorámica perfecta de la ciudad como si fuera un símil al control que siempre me gustaba tener entorno a mi vida, y entorno a los demás que me rodeaban. Estatuas de mármol por el jardín, fuentes donde podías sentarte, algunos bancos, el césped... era el lugar perfecto y sin duda la persona que había hecho los arreglos me conocía demasiado bien, aquella mansión la tenía desde hacía décadas pero como siempre estaba viajando alrededor del mundo nunca tenía un sitio oficial donde quedarme permanentemente, me gustaba ir moviéndome y apreciar el cambio que hacía la evolución humana, me fascinaba ver cómo iban mejorando siglo tras siglo y las cosas que se les iban ocurriendo. Había estado un par de días recorriendo la ciudad y me había topado con que las cosas habían cambiado desde la última vez que estuve, no solo la estructura mejorada de la ciudad con sus edificios y con sus casas mejoradas, sino que además había acudido en una época en la que el libertinaje estaba a la orden del día, en donde el sexo primaba y ya no era un tabú como hacía años ocurría. De hecho había comprobado que habían muchos más burdeles, como ahora los llamaban, donde los hombres pagaban por una noche de placer... incluso las drogas estaban a la orden del día también, sabía de la existencia de un fumadero de opio donde iba a colocarse la gente. Ah, en mi época también teníamos nuestros métodos para lo que ellos hacían, aunque no de igual forma, pero los sacerdotes lo utilizaban sobre todo en sus templos y por ello las sacerdotisas también lo hacíamos. Yo en mi época humana fui sacerdotisa en Dendera, rendíamos culto a la diosa Hathor hasta que la guerra estalló en nuestras tierras y nos vimos obligadas a escondernos. Cerré los ojos recordando aquellos momentos, rememorando al vampiro que nos encontró ocultas y lo que hizo con nosotras... cómo bebía de nuestra sangre y luego mi conversión a vampira, para luego con el paso de los siglos matarlo sin contemplación alguna.

Me moví por la mansión preparándome para salir esa noche a buscar algo de diversión, ni siquiera me fijé en las criadas que me miraban con expectación, cuando me giré hacia ellas para contemplarlas agacharon la mirada y yo simplemente sonreí de lado, divertida con aquella muestra de miedo. Jamás había escondido lo que era y no iba a hacerlo en esos momentos, me acerqué con paso lento a ellas saboreando el miedo que desprendían, algunas rezaban porque no les hiciera nada y me quedé frente a una de ellas, su pelo negro como la noche caía por sus hombros, temblaba ligeramente y yo me regodeaba en el miedo que transmitían. Eran conscientes de que un leve chasquido de mis dedos y acabarían muertas, eran de mi propiedad y podía hacer con ellas lo que quisiera puesto que yo las había comprado, a algunas las había sacado de una vida mucho peor que la que tenían. Mis dedos fueron al mentón de la joven y alcé su rostro para examinarlo de forma detenida, tez pálida y ojos verdes que en cuanto se cruzaron con mis rojizos agachó de nuevo la mirada. Pobres cervatillos que frente al lobo rogaban por su vida, ah los humanos y sus miedos... me era fácil saber qué estaba pensando o mejor dicho a quién le estaba rogando.



—¿Crees de verdad que ese dios tuyo, al que tanto rezas, puede salvarte si yo decido matarte? —Reí frente a ella divertida con esa idea— qué ingenua eres —mi dedo gordo se paseó por su labio sintiendo su aliento cálido, muy diferente al mío más gélido— ¿dónde está ese dios al que rezas, eh? ¿Por qué iba a salvarte a ti, de entre todos sus fieles? —Los humanos y sus religiones, sus creencias de que un dios benevolente los salvaría... yo también fui una ingenua como ella que adoraba a otros dioses, pero estos no hicieron nada por cambiar mi sino aun cuando yo era su sierva— no tiembles querida, aún no has hecho nada para que decida matarte —mis labios rozaron los suyos y mordí su inferior dejando que notara mis colmillos hasta separarme— habéis hecho un buen trabajo, podéis retiraros —dije volviendo a ponerme el abrigo sobre aquel vestido rojo que resaltaba con mi piel morena y salí de la mansión para encontrar alimento para esa noche. Cierto que tenía esclavos que podían satisfacer mi sed de sangre pero me gustaba más la adrenalina que provocaba la caza, me sentía más viva cuando tenía que ir a por una presa que esperar a que me ofrecieran su cuello para satisfacerme. Me encantaba el placer y eso nunca lo había negado así que ¿por qué no disfrutar de ambas cosas al mismo tiempo? Todo era mucho más intenso cuando mordías a un humano, o una humana, a punto de que alcanzara el orgasmo, su sangre salía con más ímpetu y el placer se duplicaba para ambos en un acto íntimo pero también sangriento. Necesitaba algo así para alejar de mi mente ciertos pensamientos y recuerdos que me atormentaban, no me costaría demasiado encontrar a alguien –daba igual el sexo- que quisiera cumplir con esos requisitos por lo que recorrí las calles en pos de hallar lo que necesitaba.

Una hora más tarde colgada de mi brazo llevaba a la que sería mi presa de esa noche, una joven de cabellos dorados cual rayo de sol y ojos vivos que había caído bajo mi influjo y había accedido a pasar una de sus mejores noches de mi mano. No siempre era fácil que una mujer se dejara llevar por otra pero pude apreciar el deseo en sus ojos, sus pensamientos lascivos, y no pude evitar tan tentadora oferta. Claro que lo que ella ignoraba es que jamás volvería a ver la luz del sol, que esa noche al aceptar venir conmigo había firmado su sentencia de muerte definitiva. Como la parca que iba tras su víctima para llevársela al otro mundo yo acompañaba a la joven entre palabras que solo hacían que se incendiara más de lo que estaba provocándola y tentándola, y caricias leves que denotaban las ganas que ambas nos teníamos sin importar que los demás nos miraran. Parecía que la dama no podía aguantar más y, para qué mentir, necesitaba pasar a la acción por lo que un callejón fue el lugar donde acabamos, su espalda contra la pared y mi cuerpo encarcelándola dejando que me acariciara y besara mi cuello. Era imposible no notar su impaciencia como también era imposible no notar su corazón bombeando con fuerza, llamándome e incitándome, por lo que no pude aguantar más. Aferré su pelo con mis dedos e incliné su cuello dejándolo expuesto para hundir mis colmillos en su piel, su sangre manó y un gemido llenó el callejón mezcla de sorpresa, mezcla de dolor que pronto se convirtió en placer. Lo que no me había fijado es que había alguien más por allí que rondaba cerca, por su aura debía de ser un vampiro que parecía observarnos así que separé mis colmillos de su cuello y lamí la zona sujetando a la joven.



—No esperaba tener público esta noche, pero si queréis podéis acercaros y participad también —comenté sujetando a la joven que parecía no saber qué ocurría realmente, hasta que al fin apareció el misterioso visitante que se encontraba también en el lugar. Era una mujer que quizás se había acercado tentada por el olor de la sangre, no lo podía saber con certeza pero sonreí ladino mientras la observaba— no esperaba que fuera una mujer la que se acercara pero eso lo pone todo más interesante, ¿queréis uniros a la fiesta? Siempre he dicho que cuantos más seamos mejor nos lo pasaremos, ¿verdad preciosa? —Dije mirando a la humana que estaba un poco ida por la pérdida de sangre, pero todavía quedaba suficiente como para beber algo más de ella. Rodeé su cintura y la llevé hacia donde se encontraba la otra mujer sin borrar la sonrisa de mis labios, con un pensamiento que quería llevar a cabo en ese preciso momento. Coloqué a la joven delante de mí sujetándola por la cintura, mi mano se alzó bordeando su figura pasando entre sus pechos por encima de la tela hasta llegar a su rostro— Venid, aún queda sangre de la que beber de ella —mis labios estaban cerca del oído de la joven que acariciaba para decir las palabras justas, en un tono bajo, para que siguiera entre nosotros e incitarla un poco más.


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Mensaje por Eleanor Aldridge Miér Feb 16, 2022 2:25 pm


Por muy bestia que se sea, por mucho que se empeñen las historias de terror en tener a ciertas criaturas terribles como protagonistas y, al mismo tiempo, como villanas, la realidad siempre supera a la ficción. Siempre. Da igual lo retorcida y oscura que sea trama, lo visceral y sucia que sea la narrativa y el olor a hollín que desprendan los personajes o que estos se hayan criado en las cloacas. Nada será más cruel y asqueroso que la realidad, incluso si esta parecía, según para quien presenciase los hechos, sacada de un libro de ficción.

Los vampiros llevaban siglos existiendo para cuando todo esto que se va a contar tuvo lugar y seguirían existiendo unos cuantos más después de eso porque en este tiempo no ha habido nadie que haya podido pararles los pies.

Las bestias también lloran. Y no hace falta que sean lágrimas de sangre. Son tan transparentes como el agua de un río y tan saladas como la del mar. La tristeza de las bestias es incluso más profunda que las de los seres humanos, pues tienen más tiempo para pensar sobre las cosas, para analizar detalladamente cada acto que hayan podido llevar a cabo y para recrear con una precisión exacta cada escena por muy horrible que esta sea. Pero no todas las bestias lloran, solo algunas. Y nada tiene que ver la crueldad con la que cometan ciertas atrocidades o la falta de sentimientos a la que se les suele asociar. Nada tiene que ver el hecho de que en su organismo no quede ni un ápice de vida que mueva su marchito corazón o que infle sus pulmones. Nada tiene que ver el hambre tan dolorosa que sienten, que se convierte en el motor de sus vidas en la muerte, en la única cosa que las hace seguir hacia delante en lugar de abandonarse a la nada para siempre.

Eleanor Aldridge era una bestia. Una bestia retorcida, oscura y visceral. Asquerosa y sucia a su manera, cruel cuando perdía los estribos e incapaz de llorar. Y no por eso sentía menos. Más bien era su capacidad para sufrir las emociones —porque ese era el verbo, sufrir— la que lograba que aflorara en ella el autocastigo que en cualquier momento corría el riesgo de convertirse en un descontrol desmesurado, tan sanguinario como narraría cualquier relato sobre vampiros.

Eleanor Aldridge era una vampira. Una vampira que se privaba de la sangre para autotorturarse, como si no supiera ya que las consecuencias de eso serían nefastas, como si esa vez, la siguiente, pudiera realmente matarse de hambre. De sed. De lo que fuera, pero matarse. Ser consciente, de golpe, de todos los actos horripilantes que has cometido en tu vida puede ser realmente abrumador, más para alguien que cargaba, en ese entonces, con cinco siglos de vida a sus espaldas. Cinco siglos recordándose que era una persona horrible. Cinco siglos desde que renaciera como un ser sumamente despreciable.

A lo largo de su existencia, Eleanor había pasado por todo tipo de etapas. Unas más de aceptación y otras más de rechazo. Últimamente había conseguido reconciliarse con lo que era, pero hay una fina línea que separa la aceptación del descontrol para cualquier criatura de la noche y ella la había traspasado y ahora bajaba por una cuesta empinada sin frenos.

Se había permitido el lujo de alimentarse con más frecuencia de la habitual y todo eso se le había acabado yendo de las manos. Por eso, ahora había decidido privarse de la sangre hasta un punto que dolía. Sin embargo, el cuerpo, sabio o no, había decidido tomar una decisión por ella. Porque no se puede huir de ser una bestia por mucho que se intente fingir lo contrario. En algún momento acaba cayendo el velo, se ven los colmillos, los dedos agarrotados, las pupilas dilatadas… Y es entonces cuando el hambre voraz se adueña de las extremidades y le hacen a una moverse en contra de su voluntad.

Por eso, Eleanor salió de su casa, arrastrada y engullida por los brazos de la noche, famélica en su desgracia autoimpuesta y tan descalza como todo el resto de animales que habitan en el planeta a excepción del hombre en las sociedades más urbanitas. Se personó en contra de su voluntad y a escondidas de su consciencia entre los callejones de una ciudad que tanto sus pies como sus venas conocían de sobra y sin embargo, en esa ocasión, su presencia parecía fuera de lugar. Un elemento decorativo mal colocado en una vitrina de cristal.

La sangre tiraba de ella y le rogaba entre susurros que la hiciera suya esa noche. Como un hechizo pronunciado por una bruja poderosa, solo que esta vez la bruja no era tal, sino que se trataba de otra bestia como ella, mucho más longeva y cuya influencia era difícil de ignorar. No habría podido ni aunque quisiera.

Ante la llamada de su interlocutora, Eleanor avanzó arrastrando los bajos del vestido que llevaba por el suelo, que ennegrecía tanto la tela de la prenda como las plantas de sus pies. Alzó las manos hacia el vacío, tan pálidas que contrastaban con la lobreguez tan densa que las rodeaba. Parecía una bailarina de ballet a punto de realizar el número central de la obra. Era incapaz de hablar, pues su espíritu, ese que se empeñaba en seguir afirmando que formaba parte de ella, no estaba allí, solo su cuerpo. Solo la forma física de su bestialidad, preparada para cernirse sobre la garganta de aquella pobre mujer.


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Mensaje por Sabah Miér Mayo 25, 2022 12:41 pm

Llevar tres milenios cargados a las espaldas daban para mucho cuando se había visto todo lo que la vida ofrecía e incluso más, había visto cosas que a muchos les daría pavor o terror pero también había sido testigo de cómo grandes imperios habían caído fracasando estrepitosamente frente a sus enemigos, cómo toda una civilización se derrumbaba para acabar sucumbiendo ante la fuerza mayor que iba contra ella. Grandes imperios había visto caer con el pasar de los siglos, guerras que habían asolado naciones reduciéndolas casi a las cenizas y sin embargo por mucho que se sucedían los humanos jamás aprenderían de lo que se había vivido en el pasado, como si no quisieran darse cuenta de que la historia estaba escrita no para ser solamente contada; sino para aprender de ella. Pero ¿qué iba a decir una vampira como yo a quien le gustaba ese tipo de visiones macabras? Había aprendido mucho de la muerte y llegué a entender por qué para muchas civilizaciones era tan importante. No porque marcara el final de algo, sino porque marcaba un inicio como una forma de renacer de las propias cenizas. Mi cultura siempre le había dado importancia a la muerte y lo que pasaba después de esta, ahora que yo había sufrido una muerte y había “renacido” comprendía más las cosas e incluso me sentía cómoda en momentos donde esta se encontraba presente. Ver a los humanos matarse unos a otros daba un sentido diferente a la vida y aunque algunos vampiros habíamos cometido verdaderas atrocidades muchas veces por placer, lo más cruel es que ellos se mataban en nombre de alguien que estaba por encima de ellos y de cuya existencia ni sabían. Quizás por eso encontraba tanta belleza oscura en la muerte y en lo que dejaba a su paso, algo que incluso hasta en mi cultura era muy importante y que como vampira cobrara un significaba totalmente diferente. Después de haber tenido incluso hasta esclavos a los que yo misma hacía adictos a mi sangre para luego jugar con ellos, tentarlos y provocarlos hasta el punto de que rogaban entre súplicas por más, acabar con su existencia una vez me cansaba de ellos. Sin duda alguna no había nada tan excitante y emocionante como cazar la propia presa siguiendo sus pasos hasta tenerlos en un callejón, como pasaba esa misma noche donde ya tenía a mi presa justo donde quería con su corazón bombeando con fuerza. Tantos milenios a mis espaldas daban para conocer cuándo la sangre tenía mejor sabor y hasta qué punto podías llevar al humano antes de clavar los colmillos, por extraño que pareciese era cuando estaban aterrados y el miedo los atenazaba que la sangre adquiría un matiz más potente siempre y cuando esta estuviera “limpia”, a lo que se entendía como sin demasiada droga en su organismo o sin enfermedades. Era curioso cómo algo que parecía insignificante podía cambiar un sabor tan dulce, pero aquella joven era perfecta pues su sangre sin lugar a dudas era el manjar más exquisito que jamás pudiera existir.

Sin embargo no esperé que tuviera público por esa noche cuando sentí la presencia de un igual en el callejón, aunque en algunas ocasiones me mostraba recelosa y posesiva por esa vez dejé ver qué ocurría hasta que vi la figura de la vampira bajo una de las farolas que iluminaban tenuemente aquel destartalado callejón por el cual no daba la sensación que pasaba mucha gente. A pesar de que se mostraba callada y casi reservada fueron sus ojos los que parecían estar presos en la sangre que manaba de la herida de la joven, la cual ofrecí sin problema porque aún quedaba mucho de la que beber y pese a que no parecía haber tenido problemas de alimentación... la vampira lucía sedienta. No me hizo falta sondear su mente para saber lo que pensaba ya que conocía esa lucha interna que la vampira exteriorizaba con la forma de mirar, sus gestos o su mirada fija en la sangre como si quisiera dejarse llevar pero no se atreviera o no pudiera hacerlo. ¿Por qué un vampiro contendría sus ansias de sed que eran innatas? En alguna que otra ocasión topé con algún vampiro que intentaba no beber sangre de humanos como si se sintiera mal por ello, siendo neófito hasta podría entenderlo, pero cuando llevabas tanto tiempo siendo vampira dejabas que la bestia que anidaba en tu interior cobrara forma para dejarla salir a jugar. Además alimentarse a base de sangre de animales servía por un corto periodo de tiempo ya que no proporcionaba el alimento suficiente como la sangre de un humano, podía ser un sustitutivo si no encontrabas un humano que cazar, pero no valía para el resto de la eternidad. Me pregunté por qué parecía costarle tanto acercarse hasta donde me encontraba para beber de la joven como, de seguro, desearía hacer en lo más profundo de su ser. No pude evitar elevar la comisura de mi labio ya que tentar y provocar era algo que se me daba demasiado bien como ese pequeño demonio que susurraba en el oído, hasta que al final caían en la tentación. La joven entre mis brazos no era más que un títere del cual yo manejaba y tiraba de cada uno de sus hilos mientras seguía en un estado de semi inconsciencia, sin saber lo que ocurría a su alrededor pero sin ser capaz de resistirse. La adrenalina provocada por el mordisco seguía fluyendo por todo su cuerpo mientras la sujetaba para que la vampira, la cual poco a poco fue acortando la distancia hasta acabar frente a nosotros. En esos momentos me sentía como Lilith tentando a un hijo de la noche, un demonio, a beber de la sangre de un humano como si fuera la primera vez que fuera a hacerlo. Y nada me gustaba más que esa sensación que provocaba en ellos o ver la euforia en sus miradas, la necesidad cuando por fin clavaban los colmillos y bebían del dulce néctar carmesí.


—No tengáis miedo, dejad que sea yo quien os guíe por esta noche —una de mis manos la alcé hasta de manera suave, muy suave, enredar mis dedos en su corta melena dorada cual rayo de sol para así apremiarla lentamente a que terminara por acortar la distancia. Para ese momento el olor de la sangre ya habría más que inundado sus fosas nasales pero no solo eso, sino también ese apetito voraz que aparecía y del que muy pocos vampiros podían resistir la tentación— así, eso es querida, bebed del dulce néctar carmesí que nos otorga la vida —mi otra mano seguía separando el cuello de la joven exponiéndolo tanto que de seguir apretando más en dicha dirección podría llegar a partírselo, y no era eso lo que quería. Aguardé a la espera consciente de que el influjo de la sangre era demasiado poderoso como para resistirlo— tomad y bebed, alimentad vuestra sed de sangre querida —podía notarlo en sus ojos pues no era la primera vampira que me encontraba en dichas situaciones, pero a mí me encantaba hacer que la gente sucumbiera ante los deseos más oscuros. Presioné ligeramente de mis dedos enredados en su sedoso cabello y acabé acortando la breve distancia hasta que sus labios se mancharon con la sangre de la joven, excitada por el mordisco con la adrenalina galopando con fuerza en su corazón en una sinfonía más que hechizante para dejarse llevar. Supe que a esas alturas sería demasiado difícil y complicado echarse atrás por lo que simplemente disfruté de aquella imagen en lo que sujetaba a la joven para que no cayera al piso, mientras contemplaba a una igual alimentarse y saciar esa apetito voraz que nunca parecía tener suficiente— así querida, bebed cuanto queráis —en ese preciso instante a mí no me importaba compartir la presa ya que podía cazar otra, ahí radicaba la diversión de todo, aunque mucho más lo era cuando hacías que alguien cediera a sus deseos.


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Mensaje por Eleanor Aldridge Sáb Jul 09, 2022 8:06 am


Si alguien observara todo desde fuera, podría pensar que Eleanor, ataviada con aquel camisón blanco y vaporoso, era un fantasma. Solo le faltaba levitar, aunque de la misma forma liviana sus pies la habían llevado hasta donde se encontraba ahora, frente a su futura víctima. Ese mismo observador vería obvio el desenlace de tal escena, donde la tragedia era, sin lugar a dudas, el género interpretado. Dos verdugos y una muerta. Sencilla ecuación, despejada ya la incógnita hasta para aquellos que no entendían de matemáticas. Y es que aquello tenía que ver mucho con la física y la atracción de cuerpos por culpa de las fuerzas. No era como si Eleanor se hubiera matado de hambre y su organismo hubiera decidido por cuenta propia alimentarse. Todo ello ayudado por otra criatura como ella, que no dudó ni un instante en hacer sus peores deseos realidad.

Si quería sangre, ahí estaba, en bandeja. «Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados». Ya lo decía la Iglesia: sus pecados serían perdonados si bebía aquella sangre. Así de cegada estaba por sus deseos.

No hubo tiempo para pensar en huir de ahí ni aunque hubiese podido, pues la otra vampira la alcanzó con su mano e hizo que su boca entrara en contacto con el elixir de la mismísima vida. Y a partir de ahí, ya no habría vuelta atrás. Todos los pecados serían concebidos. Y, al parecer, perdonados, pues le habían dado permiso para traspasar todas las líneas. Tampoco era como si lo necesitara más allá del de ella misma, que era la única que se ponía frenos después de, precisamente, haberse descontrolado. Pero oír eso de unos labios ajenos era, en cierto modo, reconfortante.

Quizá era una voz que su cabeza había inventado para evitar sentirse culpable. Quizá allí no había nadie aparte de ella y la mujer a la que ahora sostenía. Sus uñas afiladas se incrustaron en la espalda de su víctima para no dejar que se cayera al suelo y pasó la lengua por su garganta antes de clavar allí unos colmillos que se le salían de la boca, deseosos de obtener aquello que tanto anhelaban.

Había realizado ese ritual cientos de veces y ninguna de ellas lo había sentido como aquella. Era como si alguien deambulara por el desierto durante días sin poder beber y, ya al borde de la muerte, se le apareciera un ángel con una fuente. Solo que allí no había espacio para seres celestiales, solo demonios perturbadores de la noche, solo bestias desalmadas deseosas de arrancar la carne para destapar la sangre que había debajo de esta, una sangre que ahora brotaba por la garganta de Eleanor, que seguía siendo incapaz de decir nada.


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Mensaje por Sabah Miér Ago 31, 2022 12:03 pm

Era muy satisfactorio encontrar otros seres con los que poder compartir una presa como la que había conseguido esa noche, no sería la primera vez ni tampoco la última que compartiera presa con otro ser de la noche… en especial cuando podías notar o sentir ese deseo innato brillando con fuerza en sus ojos como el sediento que busca por agua en el desierto. Contemplando a la vampira que tenía frente a mí no me hacía mucha falta el leer su mente para notar las dudas que tenía por hacer caso y tomar la sangre de aquella humana, o seguir su camino. Lo sabía porque no era la primera vez que me topaba con algún ser de la noche que había impuesto algunas limitaciones con respecto a los humanos y el consumo de sangre, y no podía negar el hecho de que me encantaba corromperlos y tentarlos hasta que no podían soportarlo más y terminaban por sucumbir a la enorme tentación que presentaba la sangre. Era gratificante a la par que me hacía sentir poderosa -aunque no en términos propios de poder- influenciar y romper la voluntad para que cayeran en el pecado… por ese motivo estaba haciendo todo lo posible para que la vampira sucumbiera ante el pecado mortal de la sangre, ante el dulce néctar carmesí. Tenía el pensamiento de que si no se había movido de donde se encontraba marchándose de aquel callejón oscuro era, sin lugar a dudas, porque tenía sus dudas sobre qué debía de hacer… y yo no dejaba pasar una oportunidad como esa así como así. Con la experiencia que tres milenios de existencia me confería utilicé todo aquello cuanto estaba en mi mano para que la joven vampira cayera bajo el influjo de la sangre, guiando como la mejor de los súcubos ofreciendo aquel exquisito manjar que no debía de desperdiciar estando tan fresco. La joven humana apenas era consciente de lo que ocurría y mucho mejor para ella puesto que no sería demasiado plácido ver cómo dos criaturas de la noche acababan con su vida, mejor que se encontrara en ese estado de frenesí y adrenalina sumida en un mundo mejor. Tentar era algo que me encantaba por lo que disfruté en su máximo esplendor cuando la vampira por fin cedió a sus instintos y como si estuviera bajo el hechizo de mis palabras, y de la sangre, fue acortando la distancia con la humana hasta que esta quedó sujeta entre ambas a la espera de que diera el último paso final que era hundir sus colmillos en la carne, si es que no quería beber de la sangre que manaba de la herida abierta previamente por mí. Percibir sus dudas y cómo parecía tener una batalla interna debatiéndose entre hacerlo o marcharse fue de lo más exquisito hasta que por fin cedió a sus instintos más primarios observando cómo tomaba el control y hundía sus afiladas uñas en la espalda de la joven, la dejé hacer ya que para cada vampiro aquel acto era íntimo por lo que le dejaría cierto margen para que actuara. Me deleité observándola viendo que pasaba su lengua por la garganta de la joven presa hasta finalmente ceder y hundir sus colmillos, traspasando su piel para abrir la carne y que brotara la sangre que tanto necesitábamos para vivir. Nunca había tenido problema en compartir presa y menos cuando había obtenido el placer, o la satisfacción, de que una voluntad flaqueara como si mi voz fuera una melodía que fluctuaba a su alrededor moldeándola a mi voluntad. Dejé pasar unos momentos para que disfrutara de la sangre hasta que me decanté por tomar uno de sus brazos sin querer molestar a la vampira, y hundir mis colmillos justo donde su vena palpitaba bajo su piel para así ambas compartir su sangre. Con cada tirón de sangre que bebíamos se podía empezar a notar cómo su corazón intentaba compensar la falta de sangre, con ese golpeteo rítmico, sintiendo cómo la muerte se aproximaba a ella con paso lento pero seguro. No duró demasiado al ser nuestro alimento y su vida llegó a su fin para así otorgarnos una noche más en aquel mundo de tinieblas y oscuridad, otro cadáver más que sumar a la larga lista que dio su sangre para que pudiéramos seguir existiendo. El cuerpo laxo de la joven colgaba cediendo a su peso ya sin fuerzas que pudieran sostenerla más que las garras afiladas de la vampira la cual seguía sumergida en su propio deleite, lo cual no quería interrumpir hasta que no finalizara. Limpié el par de gotas que quedaron en mis labios hasta que la joven vampira dio por terminada la pequeña función dejando aquel cuerpo sin vida que cayera al suelo, un cascarón vacío que solo era el recuerdo de lo que una vez fue. Qué frágiles y qué inocentes eran las mentes humanas hasta el punto de hacer con ellos cuanto se quisiera. Los segundos pasaron todavía con el silencio instaurado en aquel callejón dejando que la vampira se recompusiera hasta que decidí romper dicho silencio, ahora tocaba el siguiente paso que era precisamente conocer o saber algo más de la vampira.


—Espero que hayáis disfrutado de este pequeño festín, decidme, ¿a quién le debo el honor de esta compañía? —Algo me hacía pensar que la vampira podría marcharse tal cual había llegado, mas no era eso precisamente lo que yo quería. Disfruté viendo sus dudas y ahora quería indagar más, mucho más— hacía tiempo que no disfrutaba de la compañía de otro ser de la noche en mitad de un pequeño tentempié —la noche solo acababa de empezar por lo que todavía quedaban más presas aunque mi interés ahora recaía en la vampira. Acorté la escasa distancia entre ellas aunque respetando unos límites pues no sabía cómo reaccionaría, no a todos les gustaba que invadieran su espacio privado— mi nombre es Sabah y hace poco volví a tierras francesas después de varios siglos, no entraba en mis planes volver pero me ha resultado un tanto imposible ya que daba la sensación de que la ciudad tuviera un imán para los seres sobrenaturales… Algo que se puede notar con facilidad —lo cierto es que era la primera ciudad en donde había tal concentración no solo de vampiros, sino de hechiceros, licántropos… no era frecuente que ocurrieran ese tipo de cosas cuando todos queríamos pasar desapercibido— espero que no os haya molestado el que os incluyera, ya no recordaba lo que era alimentarse junto a otro de los nuestros —sobre todo porque en los últimos siglos todo cuanto necesitaba lo obtenía de esclavos pero al fin y al cabo somos depredadores, esa parte siempre quería salir a la luz para sentir la adrenalina del momento— si quiere podríamos disfrutar de lo que resta de noche en compañía ahora que nos hemos alimentado. La noche todavía es joven, ¿qué le parece? Me gustaría ver cómo ha cambiado la ciudad tras tanto tiempo y quizá usted pueda ayudarme en eso, me temo que la última vez que pisé estas calles no estaba todo tan avanzado y apenas reconozco la zona. Solo si no es molestia y no tiene planes para lo que resta de noche, por supuesto. No quisiera importunarla o entorpecerla con sus asuntos.


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Mensaje por Eleanor Aldridge Dom Oct 02, 2022 6:09 pm


Era muy distinto cuando un vampiro se alimentaba solo a cuando lo hacía en compañía. En este último caso se podía crear un vínculo muy especial entre las bestias implicadas o una enemistad mortal. Solo había que observar el mundo animal para ver lo que pasaba cuando dos criaturas iban a por la misma presa. No todas están dispuestas a compartir. No era la primera vez que Eleanor compartía a su víctima —aunque lo correcto era decir que era la otra vampira quien la compartía con ella—, pero probablemente en ninguna de las veces anteriores había llegado a la desesperación que sentía en ese momento. Una desesperación que la había arrastrado, literalmente, a la calle y la había llevado ciega por la sed hasta allí.

No fue hasta que escuchó la danza del corazón humano, hasta que la joven fue perdiendo ritmo junto con la sangre, hasta que esta fluyó por su cuerpo… que Eleanor no recuperó parte de su conciencia. Pero cuando lo hizo, no fue culpabilidad lo que sintió, a diferencia de con Melinda Viet, que era la víctima que había compartido con Dettlaff; o con Sarah, a quien le había imbuido el miedo a la noche y a todas las criaturas que habitaban en ella. No se pareció en nada al arrepentimiento que la invadió al alimentarse por primera vez delante de Carolina Van de Valley, una congénere de la que había quedado, a su manera, prendada de un modo completamente silencioso. Simplemente era una vampira haciendo lo que tenía que hacer. Haciendo lo que se suponía que debía hacer alguien como ella. ¿Era posible que sus pecados hubieran sido perdonados al abrazar su verdadera naturaleza, al beber la sangre de Cristo? ¡Nada más lejos de eso! ¿No se daba cuenta de que entre tanta blasfemia había acabado en una espiral de miseria que a su vez la conducía a una caída en picado sin fin?

El hambre ciega, pero saciarla ciega mucho más. Porque la sangre solo reclama más sangre. Y el hecho de que aquel cuerpo se vaciara por completo hasta parecer una hoja caducifolia descendiendo hasta el suelo por el comienzo del otoño solo significaba que después de él podrían venir muchos más.

Tras el trance alimenticio en el que las dos vampiras se habían sumido durante unos minutos que para aquella joven, ahora muerta, habían parecido eternas horas y escasos segundos al mismo tiempo, la más longeva de las dos habló. ¿Por primera vez Eleanor tenía miedo de decir su nombre? Quizá no quería ponerle nombre al horror. Quizá estaba de nuevo allí aquella culpabilidad que pensaba que la había abandonado definitivamente, por primera vez en su vida. Sin embargo, tras unos segundos de aparente duda, le respondió:
Soy Eleanor. —Dos simples palabras en un tono que sonó ligeramente cándido, quizá debido a sus albinos atavíos, ahora salpicados de sangre en algunas zonas, salieron de sus labios para presentarse—. Yo sí recuerdo cómo es alimentarse con uno de los nuestros. No hace tanto que lo experimenté por última vez… antes de esta —aclaró innecesariamente, y por un instante, una náusea recorrió su estómago muerto al recordar aquella noche—. Es cierto que Francia, y París en concreto, tiene un aura mística difícil de ignorar. Llevo casi toda mi vida residiendo en distintas partes de este país y esta ciudad ya me ha sufrido durante varias décadas, así que puedo dar fe de sus palabras. Quizá sí que pueda hacerle de guía —agregó porque después del posible arrepentimiento habían regresado el arrojo y el ansia de devorar más cuerpos—. ¿Qué le interesaría visitar, Sabah?


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Mensaje por Sabah Dom Nov 20, 2022 11:44 am

No recordaba cuándo fue la última vez que compartí una víctima con otro ser de la noche y nos alimentamos juntos, deleitándonos con ese dulce carmesí que nos permitía seguir existiendo en esa no-vida hasta que no quedara ni una sola gota de sangre de la cual beber. ¿Quizás fue en una de mis últimas visitas a Egipto? Añoraba la tierra en donde nací y también fui convertida pues tenía un aire mágico que era inevitable para mi persona, allí tenía mi residencia habitual pese a que mis propiedades se extendían a lo largo y ancho del mundo. Ya en los últimos tiempos adquirí cierto gusto por los esclavos de sangre que yo misma les hacía caer en la adicción que creaba beber de nuestra sangre, la satisfacción de ver al cazador no solo siendo cazado sino también convertido en alguien cuya toda existencia dependía de si le concedía mi sangre, o se la negaba por puro placer sádico. Aunque nada era comparable con la adrenalina que uno experimentaba con la caza al escuchar el incesante golpeteo del corazón humano, cómo la respiración se tornaba errática y el bombeo tan fluido que la sangre corría a raudales por las venas. El sabor era incomparable mientras la víctima disfrutaba de un placebo en el que solo experimentaba cierta euforia placentera, enmascarando la horrible verdad de la que no eran conscientes ni siquiera en su último aliento de vida. Ese y no otro era el verdadero sabor que todo vampiro apreciaba y por el que nos volvíamos unos asesinos despiadados, sin importar quién fuera la víctima. Cierto que ya no recordaba lo que era compartir un pedazo de la víctima -como si esta se pudiera partir en trozos- y disfrutar al mismo tiempo de observar el acto más primitivo y sanguinario de los vampiros: alimentarse. Era casi como poesía en su estado más puro si sabías disfrutar del momento y aunque vi cierta reticencia al principio por parte de mi “invitada”, al final no pudo resistir la tentación y cedió a sus más oscuros deseos. Al fin y al cabo ¿no se basaba la existencia de un vampiro en su necesidad y adicción por la sangre? Como el humano necesita el aire para respirar, la comida para nutrirse… nosotros solo éramos esclavos de unos deseos que no todos compartían o entendían pero que, sin más remedio, terminaban por ceder solo por el afán de sobrevivir un par de noches más.

También era muy consciente de que no todos reaccionaban de igual manera a como lo había hecho ella, compartir tal acto primitivo con un desconocido podía traer diferentes resultados aunque algo en sus ojos, en un deseo arraigado en lo más profundo de su alma, me hizo creer que en su debate la parte salvaje ganaría la batalla. Y así fue, hasta contemplar cómo ella terminaba con la joven que gracias a su sangre alargó nuestra vida. Sonreí elevando la comisura de mis labios ante sus palabras cuando decidió responder mis preguntas, hice un leve gesto con la cabeza al conocer su nombre y después observé a la joven cuyo cuerpo yacía sin vida en el suelo, como recuerdo de lo ocurrido entre ambas. No entendía esa reticencia y esa duda que tuvo a la hora de alimentarse cuando se lo ofrecí, quizás porque no se fiaba de otros vampiros, pero incluso tras finalizar aún parecía dudar. Podía pensar de ser un neófito y no tuviera control alguno de sus acciones pero no era el caso, lo dejé estar por el momento tras escuchar sus palabras afirmando que no hacía mucho compartió alimento con otro ser de la noche. Quizás tuvo una mala experiencia y por esa razón se mostraba un tanto distante, aun cuando todas mis intenciones eran claras y directas. Por un instante pensé en que rechazaría mi oferta de compartir aquella noche juntas pero me sorprendió que aceptara, aunque si ella había pasado tanto tiempo en la ciudad de seguro que era la mejor guía que podía obtener.



一Es un placer conoceros, Eleanor 一hice un leve movimiento de cabeza como saludo一 Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que estuve en tierras francesas o en la propia ciudad de París, pero lo que sí recuerdo es que sus calles estaban llenas de tierra y no habían tantos edificios o casas. Sin embargo la presencia de sobrenaturales es algo que no ha cambiado con el paso del tiempo, se mantiene constante y cuanto más parece crecer la ciudad más es su afluencia 一comenté pues era algo que sí noté cuando llegué a la capital francesa, cuanto más grande era la ciudad más sobrenaturales se sentían atraídos. El por qué era todo un misterio y nadie parecía tener una respuesta clara, pero era algo que a todo sobrenatural llamaba la atención一 oh, creo que habrán muchas cosas que quiera visitar de la ciudad ya que me he informado un poco antes de mi llegada. Sé que hay muchos establecimientos nuevos e incluso modernos por toda la ciudad, pero también me han informado que hay un lugar donde los vampiros pueden acudir libremente. ¿Es eso cierto? 一Pregunté porque fue algo que llamó mucho mi atención y que además me era complicado de creer一 también me han informado que debería llevar cuidado pues la inquisición tiene al parecer un gran control de la ciudad, ¿tanto ha llegado su poder e influencia en esta ciudad? 一Aunque si lo pensabas bien no era de extrañar con tanto sobrenatural rondando las calles, pero por lo que me dijeron su influencia era mayor que en cualquier otro lugar del mundo一 me gustaría conocer los lugares donde la gente acude a divertirse, a disfrutar de la noche… estoy convencida de que habrá lugares más peligrosos. Quizás dejemos esos para más adelante 一toda ciudad tenía sus luces y sus sombras一 me interesa mucho sobre ese lugar de vampiros, ¿podrías llevarme más adelante? Aún no logro imaginar cómo debe de ser dicho lugar.


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Mensaje por Eleanor Aldridge Vie Nov 25, 2022 9:56 am


Eleanor no se caracterizaba por ser excesivamente sociable, pero a lo largo de los siglos su camino se había cruzado con el de otros seres, ya fueran estos mortales o no. Sabía disfrutar de la compañía ajena, incluso en lugares atestados de gente, los cuales no eran, precisamente, sus favoritos. Pero tantos años en el mundo solamente provocaban el deseo de retorcer su curiosidad hasta límites completamente inmorales. Al fin y al cabo, cuando el corazón le latía, Eleanor era toda una aventurera. Se había hecho apocada con el paso del tiempo, en parte por el miedo a sentirse rechazada. Ella, que se suponía que era un ser poderoso que podía hacer con los demás lo que quisiera, que podía obligar a cualquiera a hacer lo que se le antojase, tenía miedo al rechazo. Era su peor pesadilla. Y su mayor deseo, sentirse amada. Y quien anhela el amor de una manera tan desesperada solo puede toparse de bruces con el dolor.

Era un alma atormentada que en realidad se había provocado su propio pesar, retorciéndose en las cenizas de la melancolía del mismo modo que un cerdo retoza en el barro. Luego, gozaba lamentándose por la desdicha que ella misma había creado. Pero a veces existían esos intervalos en el limbo del dolor y no había nada que le perturbase la mente. Lo más habitual era que viniera el arrepentimiento después, que eso era lo que había pasado, pero nunca había sido tan intenso como para intentar matarse de hambre. Las consecuencias de eso solo podían ser nefastas. Todo recordaba demasiado a sus inicios, cuando arrasaba pueblos enteros por su insaciable sed, aunque por suerte ya no era así. Sentía el deseo de beber más sangre —mucha más—, pero podría controlarse hasta llegar a la siguiente víctima en lugar de matar a todo el que se le cruzase por delante. Su paladar podía aguantar un tiempo indeterminado antes de volver a sentir el calor de la sangre sin que se produjera una desgracia mientras tanto. También ayudaba el hecho de que aquella mujer estuviera hablando con ella. Eso la mantenía un poco con los pies en la tierra. ¡Qué equivocada estaba, si era ella quien la estaba arrastrando, lenta y sutilmente, hasta el mismísimo infierno!

París tiene algo mágico —le concedió—, y no hablo de toda esta proliferación de seres sobrenaturales, o como quieras llamarnos. —Pasó a tutearla porque compartir el ardor de la sangre se volvía algo frío con tanta distancia protocolaria de por medio—. Hablo de que es un lugar que atrae, llama a todo tipo de almas. —Ahí estaba de nuevo su palabra favorita, la que no podía despegarse de la lengua—. La Inquisición es una enfermedad que se propaga por todas partes. —Era raro oírle blasfemar contra algo relacionado con Dios, pero hasta ella pensaba que aquella organización era algo anticristiano y que no debía existir, aparte de que, por supuesto, la ponía en peligro por ser lo que era—. Pero como tú misma has dicho, si aquí hay una proliferación de… criaturas como nosotras, es lógico que actúen con más profundidad en esta ciudad. —Dicho aquello, se quedó pensando durante unos segundos en sus palabras antes de volver a hablar de nuevo—. Ah, supongo que te refieres a «Le Mascarade». —Un lugar de lo más turbio donde Eleanor sabía que acudían muchos vampiros, pero ella no había entrado jamás—. Tengo entendido que es un local nuevo, así que aún no he estado. Sería la primera vez para ambas —dijo sonriendo con cierta complicidad—. Y seguro que allí podemos seguir con nuestro festín sin problemas.

En ese momento, era lo único que le importaba, seguir devorando cuerpos, de la forma que fuera, y dejarlos vacíos en su garganta. Pero no podía ir en camisón a aquel sitio. La sangre no le importaba, pero la vestimenta no era la adecuada y en momentos como aquel se hacía evidente la educación que había recibido muchos siglos atrás, incluso cuando había procurado romper todas las reglas que le habían enseñado. Comenzó a desnudarse, sin pudor alguno, para intercambiarse la ropa con la joven muerta. Y una vez que las telas volvieron a abrazar su piel, de una manera pegajosa por las manchas oscuras de sangre, comenzó a caminar delante de la otra mujer.

Vamos. Es por aquí.

No estaba muy lejos andando de allí. Las zonas más sucias y oscuras de la ciudad gala las ocupaban tugurios clandestinos como aquel. En cada sombra había prostitutas, drogadictos y ladrones. Había asesinos, como ellas o de naturaleza humana, pero al fin y al cabo, bellacos dispuestos a acabar con la vida de cualquiera que osara pasar por ahí a esas horas.

No tardaron en llegar y al entrar al sitio había más oscuridad en este que fuera de él. El olor a sangre inundó pronto las fosas nasales de las dos vampiras y los latidos de los corazones les perforaron los tímpanos. Inevitablemente, Eleanor se relamió al tiempo que se oían de fondo gritos y gemidos por doquier.

¿Crees que aquí encontraremos lo que buscas? —le preguntó a Sabah mirándola.


Última edición por Eleanor Aldridge el Lun Ene 23, 2023 10:24 am, editado 1 vez


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Mensaje por Sabah Jue Ene 19, 2023 10:35 am

Muy lejos quedaba el recuerdo de mi última visita a la capital Francesa y los cambios nada más llegar eran más que visibles, evidentes, desde el suelo que pisábamos a los altos edificios y la forma de las casas a lo largo de toda la ciudad. París había crecido en aquellos últimos siglos al igual que el número de sobrenaturales era mucho mayor aquella noche en comparación a mis recuerdos, donde las calles eran un barrizal por el que era complicado moverse, y las casas mucho más primitivas y rudimentarias en comparación con las actuales. Un hecho evidente del crecimiento así como de sus avances aunque en el poco tiempo que llevaba en la ciudad, apenas aquella noche, pude comprobar que ciertas cosas seguían inmutables con el paso del tiempo. Por mucho que una ciudad se modernizara o avanzara ciertos aspectos parecían quedarse estancados y si antiguamente podías encontrar a mujeres ejerciendo la prostitución, o a hombres borrachos no solo de alcohol… ahora también podías encontrarlos. Siempre que viajaba a una ciudad procuraba informarme para no estar tan perdida por el paso del tiempo así como para saber en qué situación se encontraba, según lo que me habían contado París era una ciudad prestada al libertinaje si la comparabas con otras ciudades así como la fuerte presencia de la Inquisición por toda la ciudad. Tener a alguien de mi misma condición como una guía era una de las mejores opciones ya que sabría manejarse mucho por las calles, conocer todos sus secretos al punto de evitar lugares donde pudiéramos llamar demasiado la atención. Tras aceptar mi oferta inicial para que me acompañara aquella noche lo que la joven vampira desconocía es que tenía otros intereses ocultos hacia su persona, en especial tras ver la lucha interna en su mirada como si estuviera debatiéndose entre dejar libre al ser oscuro que habitaba en su interior… o contenerse. No era la primera vez que me encontraba en una situación parecida y lejos de permitir que la otra persona tomara una decisión, me gustaba más empujar y llevar al mismo abismo para ver cómo caían. Ah, cuánto disfruté sacando ese lado oscuro para saciar su bestia interior y contemplar la destrucción y el caos que formaban a su alrededor. Puede que Eleanor desconociera mis verdaderas intenciones, pero pronto las conocería de primera mano y para ese preciso instante: ya sería demasiado tarde. Ya habría caído en la trampa del demonio y toda duda, toda resistencia, cedería al deseo salvaje y oscuro de satisfacer sus propios anhelos. Su sed de sangre.

Me agradaba el saber que ella también pensaba lo mismo que yo acerca de la ciudad de París, tenía algo por lo que era imposible no sentirse atraído como si fuera el canto de una sirena que no podíamos eludir, cual marinero en la mar. Quizás era la propia concentración de seres sobrenaturales lo que propiciaba ese efecto de llamada cuando pasábamos cerca de la ciudad, lo que sí sabía con certeza es que en ninguna otra parte del mundo había sentido una llamada como aquella a lo largo de toda mi existencia. París debía de tener algo de especial para que todos cayéramos en sus redes, algo más allá que quizá desconocíamos porque era imposible darle una explicación o un sentido a que tanto sobrenatural permaneciera en una ciudad donde la Inquisición más poder tenía. Quedé mirando por unos segundos por encima de su hombro al principio del callejón, como si hubiera algo allí interesante cuando en realidad mi mente viajaba por diferentes momentos y pensamientos escuchando sus palabras, intentando hallar la respuesta a la eterna pregunta sobre la concentración de seres sobrenaturales en la ciudad. Volví mi mirada hacia ella al ver qué era lo que pensaba de la Inquisición y preguntándome si, siendo alguien “joven” y de origen europeo en su etapa como humana también rezaba al mismo “dios” que ahora la quería ver quemada, muerta, por el mero hecho de existir. Si había algo de la Inquisición que no entendía -o de entre todas las cosas- era cómo seres sobrenaturales cazaban sus congéneres… era algo que no me explicaba y que era difícil de comprender.



一No dejo de pensar que París actúa como una sirena y nosotros, los sobrenaturales, somos como esos marineros en la mar que no pueden evitar escuchar su canto y sentirse atraídos por el peligro 一comenté con una leve sonrisa en mis labios一 algo de “magia” sí debe de tener, la pregunta es qué tipo de magia 一entendía, o podía entender, que la Inquisición fuera más fuerte dado la alta concentración de sobrenaturales en la ciudad pero… era todo demasiado extraño. Hasta que no pisé tierras francesas o llegué a la misma capital era algo en lo que no había caído, algo que siquiera revestía de importancia. Pero sí, todo cuanto concierne a París era extraño y mágico al mismo tiempo一 Le Masquerade. Curioso nombre para un lugar frecuentado por vampiros 一aunque si lo pensaba bien el nombre era acorde y acertado, ¿acaso los vampiros no portábamos una máscara para pasar desapercibidos entre los humanos?一 Será la primera vez para ambas, entonces. Por supuesto Eleanor, el lugar indicado para que dos vampiras como nosotras se den un festín y sacien su sed de sangre 一ella misma ya lo decía, ya empezaba a caer en ese juego perverso que impartía sobre ella. En silencio observé cómo se deshacía de aquel camisón dejando su cuerpo desnudo, sin pudor, a la vista para utilizar la ropa de nuestra joven víctima. Con un leve movimiento de mi cabeza la seguí por las calles de la ciudad donde la perversión y la depravación estaban en su punto más álgido, todo cuanto rodeaba aquella zona de la ciudad tenía ese aire prohibitivo pero morboso al mismo tiempo. Por fin tras unos minutos llegamos hasta el local indicado, a priori no daba la sensación de que fuera un lugar para vampiros y quizás era lo que buscaban: no llamar la atención. Una vez en su interior la oscuridad era patente como un símil de los seres que acechaban en aquel lugar, mientras de fondo se escuchaba con claridad los latidos de los corazones bombeando sangre con fuerza. Los gritos, los gemidos… todo mezclado en una sinfonía más que deliciosa, que invitaba a participar de lo que allí dentro ofrecía. Di un rápido vistazo observando que tras una de las puertas había un gran escenario, la música sonaba y algunos camareros atendían como si estuvieras en algún cabaret… pero para vampiros. El olor de la sangre era patente en aquel lugar y ya despertaba mis mas oscuros anhelos y deseos, contemplé a mi acompañante y sonreí ladina porque estaba convencida que yo encontraría lo que andaba buscando. Después de todo no era algo fácil, ni común, encontrar a humanos que se ofrecían voluntariamente para que bebieran de su sangre a cambio de obtener el preciado elixir carmesí, nuestra sangre que para ellos era como pura droga. Algunos podrían pensar que era algo fácil y sencillo, incluso aburrido, obtener así el alimento pero había otras muchas cosas que hacer en aquel local一 oh estoy convencida de que encontraré aquello que ando buscando. Cazar es algo natural e instintivo en nosotros pero no negaré que de vez en cuando, si la ocasión se presenta, pueda disfrutar de algo más… tranquilo 一de aquel rápido barrido al lugar ya pude hacerme una idea de todo lo que ocurría. No solo había dolor sino también placer, una mezcla de todo en un mismo lugar一 creo que cualquier vampiro podrá encontrar lo que busca en este lugar, yo no estaré exento de ello 一ya había mirado a una joven humana que se paseaba entre las mesas de aquel cabaret improvisado, exhibiéndose, como oveja que se pasea frente a un lobo para llamar su atención. Ya tenía a mi próxima víctima con la cual deleitarme, quizás no la matara, quizás pudiera encontrar algo más allí dentro… pero no quería que Eleanor se marchara. No todavía一 la pregunta es, ¿y tú, Eleanor… encontrarás aquí lo que deseas saciar? 一Tendí mi mano hacia ella一 descubramoslo. Veamos qué puede ofrecer este lugar a dos vampiras como nosotras. Yo tengo curiosidad ¿no tienes un poco de curiosidad por ver qué ofrece, qué puedes llegar a encontrar? No veo a humanos acudiendo a un matadero sin saberlo, se ofrecen voluntariamente. Lo encuentro fascinante, a mi modo de ver. Quiero ver por qué tal fascinación de su parte. Acompáñame, es lo mínimo que puedo hacer por ayudarme.


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Mensaje por Eleanor Aldridge Lun Ene 23, 2023 11:31 am


El pudor es para quien tiene algo que perder, para quien teme el qué dirán. Eleanor, que había pasado por todo tipo de situaciones y todas ellas se las habían criticado, ya no tenía nada que perder. Ya no tenía nada que temer. Y aun así, a veces le asaltaba el pensamiento contrario y el deseo de que fuera diferente. ¡Ah, qué peligroso es el deseo! Sobre todo en ese momento, monopolizado por el líquido escarlata que recorría las venas de los vivos. Imposible de ignorar, doloroso y completamente desesperado.

No había cabida para el pudor en esa escena tan macabra, con un cadáver de por medio, con dos vampiras envueltas en el delicioso aroma de la sangre. Un poco de desnudez no iba a cambiar aquello y la curiosidad perturbadora de ambas iba a terminar de borrar aquel concepto de todos los diccionarios en el momento en el que entraran en Le Masquerade.

Cuando llegaron allí, Eleanor se volvió hacia su acompañante con un deseo enfermizo en los ojos, una chispa perversa que la otra había encendido, aunque realmente la mecha siempre había estado ahí. Solo hacía falta llevarla al borde del abismo, a un punto de no retorno, partir todos sus valores y romperla completamente para descubrir el bello y cruel núcleo que había dentro de ella. Dios había hecho un intento por domar a la bestia y ella lo había acogido en su seno. Había alimentado su fe día tras día, incluso después de convertirse en vampira, en un intento desesperado de borrar la cruenta huella de su pasado, tan roja como su organismo por dentro ahora que se había bebido a aquella joven, aunque hubiese sido a medias. Pero al final había acabado saliendo el monstruo capaz de devorarlo todo. Primero había asomado una patita con cierto temor por si se la cortaban, pero ahora se mostraba sin pudor alguno, pavoneándose entre las sombras y ronroneando bajo las costillas, lista para salir.

Sabah le devolvió aquella mirada felina y peligrosa que solo los que eran como ellas podían tener, y eso solo intensificó el deseo de la bestia. Volvió la cabeza al interior, echando un vistazo rápido, ella también, a lo que había alrededor de ambas. Siguió la estela de los ojos de Sabah hasta identificar a la próxima víctima de esta. Se preguntó si de nuevo podrían compartirla. Había disfrutado mucho la anterior experiencia, pero le había sabido a poco.

Bienvenidas.

Antes de que Eleanor pudiera responder a su interlocutora, una voz grave y sensual salió de entre las sombras, que para ellas eran casi tan claras como el día. Al final, aquella oscuridad era para el morbo de los humanos y para que no pudieran ver el horror de lo que se les venía encima, aunque la mayoría estaban tan drogados por la sangre de vampiro y los estupefacientes que no podrían distinguir la realidad de lo que no lo era. Dentro, en la sala del cabaret, había una iluminación tenue, íntima y escasa. En cada rincón se podía observar un conjunto de cuerpos difíciles de identificar. Había máscaras y había quien se mostraba tal cual era, tanto humano como vampiro, había quien era alimento y quien se alimentaba, había quien tocaba y quien se dejaba tocar… Y luego estaba el escenario, muy pequeño en comparación con el resto de la sala, pues al final los que actuaban se paseaban por sofás y mesas contoneándose al ritmo de la música. Los músicos parecían ser los únicos intocables, pero si se observaba bien, se veían marcas de mordiscos y moratones en su piel.

La voz pertenecía a una mujer que interpretaba el papel de recepcionista del local. A veces, acompañaba a los que llegaban, pero otras, como aquella, solamente daba la bienvenida y dejaba que los propios clientes exploraran el lugar. Este había sido el caso porque Eleanor había alzado la mano indicándole que no la necesitaban.

En su lugar, tomó la de Sabah, la besó y acto seguido entró en la sala junto a ella.

Toda cacería tiene su encanto si el escenario que hay alrededor es lo suficientemente estimulante. Y creo que este va a serlo, y mucho —añadió mientras caminaba y se fijaba en los tiernos y atractivos cuerpos del elenco, sobre todo en la parte femenina de este.


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Y yo estaría encantada de acompañarte:
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