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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Eyra Hagebak Miér Dic 29, 2021 1:23 pm

Jamás habría pensado que el destino me deparara una situación parecida a la que vivía en esos momentos, siempre había vivido en tierras norteñas donde me sentía cómoda y había llevado una vida que hasta el momento podría haber sido catalogada como “plena”. Uno de los momentos más tristes que había tenido que vivir fue la muerte de mi madre cuando yo era pequeña, en ese momento no comprendí ni entendí lo que ocurrió realmente y mi padre lo ocultó para que nunca supiera la verdad sobre aquel hecho. Él siempre había dicho que su muerte se debió a una causa natural –aunque nunca especificó- y yo creí que siempre había sido así, pero conforme fui creciendo y tomando consciencia mi padre menos hablaba de ese momento y tampoco contestaba mis preguntas, unas que siendo niña era imposible que formulara con esas edades. Fue ahí cuando empecé a sospechar que su muerte no fue tan “natural” como él me había dicho pero poco más pude sonsacar, y así fueron pasando los años donde mi entrenamiento junto a mi padre y a su mujer hombre era implacable y estricto, según decían yo algún día ostentaría el título de conde que él llevaba y tenía que estar a la altura y hacer lo mejor para todos como él había hecho en todos esos años. No fue fácil pero yo nunca fui una mujer que se venciera o se rindiera a la primera de cambio, es más, algo me hacía pensar que mi entrenamiento era mucho más fiero y estricto del que tenían otros jóvenes guerreros... y eso en parte me gustaba, los desafíos siempre me habían gustado y mi padre decía que con el carácter explosivo y temperamental que tenía era una combinación demasiado peligrosa. Y así fueron pasando los años hasta que las nornas, esas perras del destino hicieron una jugada que nadie pudo prever y que me llevó a pasar de tenerlo todo... a perderlo, como la arena que se escapaba de entre los dedos y que es imposible de mantener por mucho que uno quiera. No sabía lo que había hecho mi padre pero la guerra llamó a nuestras puertas y nuestro enemigo se presentó ante ellas, reclamando algo que decía tenía mi padre y que le pertenecía. No fue fácil y lo que aconteció después marcó mi sino de manera irrevocable, obligándome a presenciar la muerte de mi padre a manos de mi enemigo pero más que eso yo quedé marcada, como si de una maldición se tratara que había quedado patente en mi piel como si fuera tinta, algo que solo una persona podía deshacer pues los hechiceros no lo conseguían por ser magia de sangre. Solo él podría hacerlo o alguien de su misma sangre; su hijo.

Seguir la pista de aquel hombre no había sido nada fácil donde incluso había llegado a callejones sin salida porque era muy escurridizo y sabía esconderse muy bien, ocultar sus pasos para no ser descubierto pero incluso así yo no me rendía fácilmente ni me daba por vencida a la primera de cambio. Necesitaba cobrar mi venganza contra aquel hombre y no pararía hasta que esta se viera cumplida liberando así una parte de mi interior que me carcomía por dentro, cada día que pasaba y sabía que ese malnacido respiraba y seguía con vida era como una tortura que se repetía constantemente, sin dejar que descansara el recuerdo y la memoria de mi padre con propiedad. Aunque lo que más deseaba hacer era encontrarlo y matarlo para mi desgracia, mi enorme y gran desgracia, no podía hacerlo pues lo necesitaba con vida para que fuera él quien me quitara lo que su padre me había hecho antes de morir; aquella maldición que cada día me consumía un poco más como si intentara adueñarse de mi alma, arrebatármela. Lo habíamos intentados con todos los hechiceros de nuestro condado, con algunos clanes del norte que se habían prestado a ayudarme pero todos me habían dicho exactamente las mismas palabras: la magia de sangre solo podía liberarse con la misma sangre de quien lo había hecho. ¿Y eso cómo dejaba? Realmente jodida, porque esa persona no era otro que mi enemigo que era a quien estaba persiguiendo y el que debía de matar. La vida era una completa ironía y odiaba a las nornas que tenían mi destino poniéndome en el mismo camino que aquel hombre, sin poder matarlo como deseaba. Y eso planteaba otro problema que me había estado persiguiendo desde el momento en que partí del norte; que si por alguna razón moría antes de que lo encontrara entonces no podría liberarme del hechizo y conforme este fuera avanzando por mi cuerpo terminaría muriendo. La marca había empezado en mi omoplato derecho de forma pequeña, casi como si tuviera la figura de una flor que empezaba a florecer... maldita ironía porque cuando llegara a su límite pasaría todo lo contrario; terminaría mi vida. Por eso era de vital importancia encontrarlo para que así pudiera quítame el hechizo y después no dudaría en matarlo, no se merecía otra cosa que la muerte por todo el dolor que su padre nos había causado. Además tenía la firme sospecha de que su padre había hecho algo más que matar al mío, por las últimas palabras en su lecho de muerte me dejó caer que era posible que mi madre también hubiera muerto por sus manos... y como fuera así, no le salvaba ni el águila de sangre.

Gracias a que llevaba unos días en la ciudad de París y que había partido con dos de mis hombres de confianza, habíamos podido averiguar dónde se encontraba su lugar de residencia y había tenido esos días siguiéndolo para conocer sus pasos, sus rutinas para de alguna manera conocer la mejor manera de acercarme. Era hechicero por lo que era muy posible que pudiera conocer que lo estábamos rondando y vigilando, pero era un precio a pagar si así obtenía la información necesaria para actuar con propiedad. Tenía una muy buena baza a mi favor que era el saber que había huido del norte con su familia, si podía obtenerlos o capturar a alguno de ellos sería como tener parte de mi venganza cumplida. Sabía muy bien lo que era perder a un familiar y un ser querido por lo que no tenía nada en contra de su familia, tan solo lo quería a él... pero si para ello debía de utilizar otras formas, o a otras personas, no iba a pensármelo dos veces. El hechicero tenía reforzado su hogar por lo que me había dicho uno de mis hombres, algo bastante lógico si tenía la mínima sospecha de que podía ir a por él... y vaya que desde luego iba a encontrarlo sin importar lo que costara. Dos días más tarde me encontraba en la zona de las afuera de la ciudad que era donde nos quedábamos, era una casa grande que parecía llevar varios meses abandonada pero nos servía bastante bien para pasar desapercibido. Gracias a que no me había mostrado ni siquiera acercado mis hombres habían cumplido con una parte muy importante del plan; tenía a una de sus hermanas. No es que me gustara demasiado el chantaje y la extorsión pero si algo me quedaba claro es que ese hombre protegía a su familia, y yo pensaba utilizarlos por más ruin que sonase si con ello conseguía mi venganza. Tenía muy claro que pronto aparecería ya que dudaba que dejara a una de sus hermanas en mi poder, aunque se encontrara a salvo y no fuera a hacerle nada pero que ese pensamiento pudiera retorcerle las entrañas me gustaba, al menos que sintiera una décima parte de todo lo que su padre me había hecho a mí. Y es que cuando se trataba de vengarse no había tregua alguna, ni piedad conocida. “Ojo por ojo”, Ya lo esperaba en la casa abandonada en donde me encontraba, su hermana la habíamos dejado en el sótano como una mazmorra improvisada bien protegida. No me fiaba de que su hermano jugara limpio, de mientras contaba los segundos para encontrarnos.


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Mensaje por Jakob Stenberg Miér Ene 12, 2022 10:45 pm

Hacía días que tenía la misma premonición, una pesadilla para él siendo que lo que veía era a su hermana más pequeña, atada y amordazada en un sótano viejo y sucio. Podía ver las lágrimas correr por sus mejillas, la angustia y el miedo en sus ojos. Al despertar lo embargaba una terrible impotencia. Sabía que esas visiones no siempre eran certeras y que podían cambiarse con las decisiones que tomaba, por ello pidió a Jannicke que no saliera sola de casa pues era la única de los tres hijos que no poseía ningún poder y tampoco sabía cómo defenderse, por ende estaba indefensa. Debió saber que, con lo necia que era, no le haría caso. Debió saber que, si no le decía nada a su madre, su hermana haría lo que quisiera como siempre hacía. Ese fue su error. Cuando llegó aquella tarde y se encontró a su madre preocupada y a punto de llorar, supo exactamente qué iba mal, y no dudó un sólo segundo en hacer un hechizo de rastreo que le ayudase a encontrarla. Y lo hizo.

Cuando dio con la casa de donde su presencia venía, no le sorprendió notar que no había nadie afuera vigilando. Sabían que iría, así como también sabían que no se atrevería a atacar a ciegas con el riesgo de herir a su propia hermana en un intento por salvarla. De momento no tenía idea de quién podía ser este enemigo, pero planeaba descubrirlo pronto. Sacaría a Jannicke de allí sin importar qué, incluso si para ello debía usar el poder de dominación que tanto odiaba. Antes de entrar a la vieja y abandonada casa, se preparó con su mejor actuación de hombre desalmado. Estaba más que claro que eso es lo que esperaban de él, y eso es lo que les daría. Si llegaba allí lloriqueando y pidiendo clemencia no harían más que escupirle a la cara y probablemente terminarían no sólo matándolo a él sino también a su madre y hermanas.

Lo que encontró tan pronto entró, debía admitir, lo sorprendió un poco, pero sólo por un instante. Aunque no recordaba su nombre, su rostro era uno que conocía perfectamente. Sus espadas se habían cruzado en el pasado, en más de una ocasión. Si lo pensaba con detenimiento, resultaba lógico que ella quisiera venganza, aunque no entendía por qué iba contra él cuando sabía perfectamente que fue su padre quien orquestó aquel ataque. Se encogió de hombros solo por el pensamiento, suponía que era otro de los enemigos que su padre le dejó como herencia. Y, por si fuera poco, no estaba sola. – Me siento halagado de saber que necesitas dos hombres, además de trucos sucios, para acabar conmigo. No pensé que fuera tan importante para ti. – Sonrió, paseándose lentamente por el salón, siempre alerta en caso de que los dos brutos postrados a cada uno de sus lados decidieran atacar sin el permiso de su ama.

Por su parte, Jakob ni siquiera llevó la mano a su espada, se sentía confiado cuando su enemigo se trataba de un trío de humanos, entre ellos una mujer. – Aunque no serán suficientes, Hagebak. – Entrecerró los ojos, con intención de irritarla, no sólo con sus palabras sino también con su sonrisa arrogante. Como si estuviera en su propia casa, decidió ponerse cómodo, aunque no tanto pues todo se encontraba lleno de polvo y eso lo disgustaba, así que simplemente se sentó en el brazo de uno de los muebles más alejados de sus oponentes. – Sé lo que quieres. Pero no vas a lograrlo, ¿Por qué no te ahorras la humillación, sueltas a mi hermana y todos podremos irnos a casa en paz? Así nadie saldrá herido. – Lo dijo, pero sabía que eso era imposible. Ella debía odiarlo demasiado como para simplemente dejarlo ir, y si él no la mataba, ella nunca los dejaría en paz. Alguien tendría que morir esa noche.


Última edición por Jakob Stenberg el Dom Ene 30, 2022 9:35 pm, editado 1 vez




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Mensaje por Eyra Hagebak Dom Ene 23, 2022 11:36 am

Cuando se trataba de cumplir con una venganza y una tan importante como la que tenía entre manos se debía de hacer todo lo posible para que esta se cumpliera, aunque eso supusiera que debía de secuestrar a una niña con el único fin de hacer salir de su escondite a la persona que llevaba persiguiendo y por el cual me encontraba en París. Aunque reconocía que era una jugada muy sucia para hacer que viniera a donde me encontraba, sin embargo ya a esas alturas poco me importaba si con ello podía vengar la muerte de mi padre y saldar esa deuda, esa espina clavada que me atormentaba a cada día y a cada noche. No me había quedado más remedio aunque tenía claro que no iba a hacerle ningún daño a la joven, pues no era mi intención, tan solo era el cebo que ponía para que el monstruo picara… y nunca mejor dicho. Tenía muy claro que el hechicero amaba por encima de todas las cosas a su familia aunque ese sentimiento lo entendía y lo compartía, por eso hacerle saber que tenía en mi posesión un familiar que le era tan querido era hacerle sentir en parte lo que una vez me tocó vivir cuando murió mi padre. Y aunque no lo había comprobado pues yo no tenía pruebas de ello sí que tenía la sospecha de que, la muerte de mi madre, no había sido tan natural como mi padre me hizo creer siendo pequeña. Fueron ciertos matices que de niña pasas por alto pues no comprendes la crueldad o la maldad que puede existir en el mundo, pero ahora que sabía de lo que se era capaz las dudas cada vez se despejaban más en mi mente. Pero al carecer de las pruebas no tenía forma segura de culpar a su padre de la muerte de mi madre, pero en el fondo algo me decía que mi padre lo ocultó porque era muy pequeña y así ahorrarme esa terrible verdad. Fuera como fuese iba a vengarlos a ambos, asestar ese golpe final que se merecían y lo haría terminando con el hijo de aquel malnacido poniéndole fin a todo. De esa manera ellos podrían descansar así como también lo haría yo, seguir el camino marcado por mi padre. Cuando me avisaron que se encontraba en las cercanías del lugar mandé que todo estuviera preparado pues no podía fiarme del hechicero, dado que era igual que su padre. Para cuando atravesó las puertas su hermana se encontraba en una de las celdas del lugar custodiada por varios hombres, llegar no le resultaría fácil con magia o sin ella. Quería ver el terror en su rostro aunque con la fama y la reputación que tenía sabía que iba a ser complicado. Estaba preparada para ese encuentro y para cruzármelo por fin cara a cara, aunque tenía presente que una cosa era cómo me había imaginado el encuentro y otra muy diferente a cómo se daría lugar. Con aquel hombre toda precaución era más bien poca así que de ahí a llevar más hombres a París conmigo. Si tuviera el don de mi madre para la magia las tornas hubieran sido muy diferentes a las que eran, podríamos tener un duelo de igual a igual, y esa pequeña ventaja para mí era un hándicap. De seguro que él utilizaría todo cuanto estuviera en su mano para salvar a su hermana y acabar con mi vida, pero por los dioses que lo intentara si se atrevía a hacerlo. Para cuando apareció por aquella puerta con ese porte que era exactamente igual al de su padre, con ese porte como si quisiera decir que todo aquello por donde pisaba era suyo… de hecho no era la primera vez que nos cruzábamos ya que eso sucedió varias ocasiones en el pasado, pero sí la primera donde ni la guerra, ni la batalla ni los muertos nos rodeaban. Casi que podía deleitarme con esa sensación de que por fin las cosas iban a estar en su lugar, era como si pudiera rozar con la yema de mis dedos la tan ansiada venganza.


—Eres mi invitado especial, ¿cómo no hacer que te sintieras importante? Aunque de eso estoy convencida que ya te encargas tú solo de que ocurra —él podía mencionar todos los “trucos sucios” que quisiera, pero la realidad era que contaba con una ventaja que yo no poseía. Nadie, cualquiera que se prestara, iba a ser tan estúpido como para no intentar igual esa ventaja… claro que tenía varios hombres con poderes mágicos pero quería encargarme yo misma de él, no que lo mataran otros. Quería ser yo quien asestara no solo el golpe final; sino todos ellos. Ese era mi objetivo y como tal me daba igual lo que ocurriera en el transcurso para conseguirlo; ya no tenía nada que perder— ¿y cómo estás tan seguro? Por muy hechicero que seas no eres inmortal y las heridas te hieren, te hacen daño, como a cualquiera de nosotros. Sé lo que es la magia y lo que puede hacer; pero también sé que no se tiene una energía ilimitada para matar a tantos como se pongan en tu camino —pese a que yo no obtuve el don de mi madre sí me enseñó padre cómo luchar contra ellos, sus puntos débiles, cómo atacarles— ¿de verdad te pensabas que solo dos hombres iban a acompañarme para acabar contigo? Desde luego que no, pero que lo pienses me hace una idea de lo infravalorada que me tienes —sonreí ladina observando cada uno de sus movimientos, sin apartar la mirada de él, pues aunque la lucha podía empezar en cualquier momento todavía era pronto. Quería verlo sufrir al saber que tenía a su hermana pequeña conmigo, a mi merced y voluntad. Emití una risa baja y corta cuando me sugirió que me ahorra la humillación para así entregarle a su hermana, entendía lo que pretendía y aunque quise borrarle esa sonrisa burlona de sus labios simplemente callé porque no caer en su juego aún le jodería más— sabes que eso no va a ocurrir, pero si quieres ahorrarte la humillación entonces bien; ponle fin a tu vida y tu hermana saldrá de aquí sana y salva —ambos sabíamos que esa opción no era válida ya que era imposible, inviable, algo tan sencillo no podría terminar con un odio y una rivalidad que había estado gestándose durante tanto tiempo— o mejor aún; te desafío a un combate solos tú y yo. Sin magia de por medio, solo nuestros cuerpos y el arma que vayamos a utilizar durante el combate. Si ganas tú te llevarás a tu hermana sin mayores consecuencias, si gano yo… bueno tú pequeña hermanita no me interesa en absoluto, tan sólo era el señuelo para que vinieras. Solo te quiero a ti —me levanté para acercarme a un armario donde habían varias armas que utilizar, todas ellas preparadas para el combate— no podrás salvar a tu hermana sin sangre Stenberg, así es como empezó y así es como terminará —y sabía bien de lo que hablaba— pero, si decides hacer trampa y matarnos a todos… tu hermana correrá el mismo destino. En tus manos queda si solo muere uno, o morimos todos —aunque iba a ser más indulgente de lo que ellos habían sido, pues sí era cierto que no tenía ninguna intención de herir a su hermana. Pero si hacía trampa, si no aceptaba ese desafío y nos atacaba a todos por igual, habían órdenes de que mataran a su hermana. Por muy rápido que intentara llegar a la celda en la que estaba retenida no podría llegar a tiempo, y su cadáver sería lo que le diera la bienvenida. Ellos no tuvieron esa consideración con su familia, y lo iban a pagar muy caro. Al fin y al cabo; «la sangre pesa más que el agua».


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Mensaje por Jakob Stenberg Dom Ene 30, 2022 10:43 pm

– Oh, querida. – Tuvo que reprimir una sonrisa. La chica estaba en verdad desesperada. Si no estuviera tan enojado, hasta podría sentir lástima de ella. – Estoy seguro, precisamente por esa clase de comentarios tuyos. ¿Crees que necesito de magia para derrotarte? No desperdiciaría mis poderes en un contrincante tan débil. Así como no he desperdiciado un sólo segundo pensando en ti. Cuando, por lo que se puede ver, tú has pasado demasiado tiempo pensando en mí. Dime, ¿Segura que no estás secretamente enamorada de mí y disfrazas todo esto como una venganza? Cariño, te debió hacer mucha falta tu madre, así no se conquista a un hombre. – Sabía que mencionar a su madre en aquellas circunstancias también podía considerarse como jugar sucio, pero ella lo hizo primero, así que no sintió ni pizca de remordimiento. Después de todo, la madre de ella ya estaba muerta, mientras su hermana estaba muy viva en el sótano, aterrorizada.

Cuando le dijo que no llevaba sólo dos hombres, no le gustó en absoluto, pero le dio pie a burlarse aún más de ella. – ¡Vaya! Me parece a mí que quien se infravalora eres tú misma. Mira que necesitar un pequeño ejército para derrotar a un solo hombre. – A decir verdad se estaba aburriendo de la situación. Aquella mujer no era más que una chiquilla malcriada haciendo una pataleta. Si bien era cierto que su padre mató al de ella, lo mismo ocurrió a la inversa, pues aunque fue el bando de su padre quien ganó, él también murió a raíz de aquella batalla. ¿Entonces cuál era el problema? Como guerrero, Jakob no se tomaba personal lo que ocurría en el campo de batalla. En aquel entonces, ambos hombres tenían un conflicto de intereses que decidieron resolver con armas. Alguno tenía que perder, y ambos lo sabían cuando decidieron tomar sus armas y enfrentarse al otro. Que ella se presentara ante él lloriqueando ahora sólo era una muestra de su inmadurez, y no había nada que le molestase más que tratar con criaturas.

– Me estás aburriendo, Hagebak. Copiar mis palabras no es muy inteligente de tu parte, y sabes bien que no acabaré con mi vida sólo por un capricho tuyo. – Fue entonces cuando surgió la idea del combate. Una de sus cejas se elevó, casi sin su permiso, como si creyera que estaba loca por querer enfrentarse a él en dicho términos. – Si lo que quieres es morir podrías haberte ahorrado tantos problemas. Bastaba pedírlo amablemente. – Si bien sus espadas se habían cruzado en el pasado, él nunca tuvo intención de matarla, después de todo, ¡Era solo una mujer! Como hijo y como hermano, le resultaba inconcebible lastimar a una, incluso a una tan irritante como aquella. Pero si eso era lo que ella quería, él no era quién para juzgar.

Aunque la idea del combate uno a uno resultase tentadora, ella estaba dejando muchos espacios en blanco, y Jakob podía ser muchas cosas, pero estúpido no era una de ellas. – Y dime, ¿Cómo pretendes que se lleve a cabo dicho combate? Tú no confías lo suficiente en mí como para creer que pelearé limpio si no amenazas la vida de mi hermana, y yo no confío lo suficiente en ti como para creer que si te derroto, tus perros no la van a a matar de igual forma. – Hizo una pausa, mostrándose lo más serio que ella lo había visto desde que entró en aquella casa abandonada. – Créeme que lo único que te mantiene a ti con vida en éstos momentos es el hecho de que ella está bajo este mismo techo. Pero si tengo si quiera la sospecha de que, haga lo que haga ella va a morir. Tú lo harás también, junto a tus perros, y no de la forma honorable. – Su padre, y por tanto sus hombres, tuvieron la reputación de violar y torturar mujeres por puro placer. Lo primero era cierto, en alguna medida, lo último totalmente falso, pero en ese momento le venía bien la fama.




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Mensaje por Eyra Hagebak Jue Feb 17, 2022 10:46 am

Era una guerrera, desde bien pequeña me habían entrenado para dar lo mejor de mí misma y así poder salir airosa de cada situación peligrosa en la que pudiera encontrarme a lo largo de mi vida. Muchas habían sido las ocasiones en las que había tenido que enfrentarme a un gran peligro y muchas batallas había hecho frente en un norte en el que la guerra estaba a la orden del día y donde teníamos que luchar para poder salvar nuestro hogar del enemigo que intentaba arrebatarnos todo cuanto teníamos. No iba a negar que era cierto que sabía que vendrían tiempos difíciles y que no iba a ser fáciles superarlos pero esperaba tener el apoyo de mi padre a mi lado, sus palabras sabias para guiarme por el camino correcto y ahora todo el peso recaía sobre mi persona tras haberme quedado sola y haber perdido a la única persona que me quedaba en la vida. Perdí a mi madre cuando yo era pequeña y siempre pensé que su muerte había sido algo natural, una desgracia más de tantas que había en la vida, pero no pensé o sospeché que alguien pudiera haber estado tras su muerte y ahora que lo sabía no cesaría en mi empeño porque pagaran todo el dolor que me habían causado. No iba a ser fácil pero nada en mi vida lo había sido y desde luego que en esos momentos donde tenía frente a mí al hijo del asesino de mis padres, aquel que me lo había arrebatado todo, no había momento para dudar o flaquear. De pequeña había recibido muchos golpes y me habían curtido con duros entrenamientos sin tener ningún tipo de piedad, manejaba las armas y las espadas como si fueran una extensión más de mí misma y el carácter de fuego que había ido forjando con el paso del tiempo jamás me permitiría rendirme por mucho que la situación fuera complicada. Sabía que no iba a ser fácil teniendo en cuenta de quién era hijo y la posibilidad de que su magia, esa que yo no albergaba en mi cuerpo, fuera un hándicap en mi contra que pudiera marcar la diferencia pero ¿quién dijo miedo? No me quedaba nada más por lo que luchar en mi vida y solo quería ver pagar por lo que me habían arrebatado, después de lo que me había costado encontrarlo y tener que viajar hasta aquella ciudad que no me gustaba en absoluto porque era muy diferente a lo que estaba acostumbrada no cedería ni un solo paso. Pronto lo que aprendí es que en la guerra así como en el amor todo valía, incluido el jugar sucio como estaba haciendo pero viendo que el hechicero tenía toda una protección y que sería complicado de atrapar no me quedó de otra. Su hermana solo cumplía un pequeño papel en toda aquella función pero no tenía pensamiento de que muriera, a diferencia de ellos yo no era tan hija de puta como para matar a una niña.

Claro que desde luego lo había tomado por un hombre necio y ya preví que no aceptaría de buenas a primeras mis condiciones pero tampoco es que tuviera muchas más alternativas si quería volver con su hermana puesto que supe que no querría acabar así como así con su vida, tampoco es que yo lo quisiera porque prefería ser yo la que notara cómo su vida se escapaba de entre mis manos. No podía ser de otra forma. Que insultara en cierta forma como si no fuera capaz de matarlo en un combate cuerpo a cuerpo no me sorprendía, muchos habían infravalorado ese detalle y al final habían acabado muertos por obra de mis manos... que él fuera así tampoco me sorprendía en absoluto teniendo en cuenta quién era su padre. Puede que para él las cosas fueran diferentes pero yo al menos tenía sentido del honor, uno que mi padre me había inculcado desde bien pequeña, y mis hombres tenían claras mis órdenes en caso de que pereciera tras el combate. Porque si pensaba que le iba a entregar a su hermana así como así, sin luchar primero, estaba equivocado. Él podría jactarse y burlarse todo lo que quisiera pero a fin de cuentas se encontraba allí frente a mí pidiendo que le devolviera a su hermana... justo donde le quería. Suspiré rodando los ojos aunque era normal que no se fiara de mi persona como yo no me fiaba de él pero a esas alturas, ¿acaso podía hacer algo más? Sin contar con la magia que él poseía lo tenía todo preparado para el combate, si era igual de fiel al código de honor era posible que se llevara todo a cabo como lo había planeado. Volví a fijar mi mirada en él cuando aseguró que lo único que me mantenía con vida era que retenía contra su voluntad a su hermana, que pensara que mis planes eran acabar con su vida solo hacía ver de lo que él sería capaz de hacer... me alegraba de no ser como ellos, de tener mis propios valores que distaban mucho de todas las barbaridades que hicieron en su tiempo. También pasé por alto la pulla que lanzó contra mi madre porque no tenía sentido y sabía que todo lo que buscaba era desestabilizarme o que perdiera el control que ahora tenía con claridad, lo que no sucedería. Chasqueé la lengua ante la descripción de lo que nos haría si su hermana corría peligro, casi que me enterneció esa manera de protección que tenía sobre los de su sangre... pero al pensar de quién provenían esas palabras se me pasaba enseguida.



—Puede que tú o tu padre os hayáis olvidado de algo como lo que representa un juramento, para nosotros es algo que no ha perdido su valor ni tampoco el significado que hay tras sus palabras. Aunque comprendo tu desconfianza —hice una seña de una mis manos para que uno de mis hombres diera un paso al frente, simplemente eso— como tú es un hechicero y créeme que podría doblegar tu voluntad si utilizas tu magia en el combate. Tu hermana no me interesa en lo absoluto y a diferencia de los bárbaros de tu padre y su séquito; la dejaré con vida pues el único propósito era que hiciera de cebo para atraerte. Es una niña, jamás se me ocurriría tocarla. Si no me crees podrás verla antes del combate para asegurarte que está bien y que no le hemos hecho nada —chasqueé los dedos y el hombre que había dado un paso al frente lo deshizo volviendo a su sitio— esto es una pelea por honor, por venganza, nosotros tenemos unas normas y el juramento les obliga a no intervenir sea quien sea el vencedor. Será fuera en el exterior y podrás elegir el arma que quieras utilizar en el combate, si me matas podrás marcharte con tu hermana. Si te mato yo la devolveré a su familia sana y salva, lo juro por mis antepasados —llevé mi dedo índice a donde se encontraba mi corazón e hice una cruz simbolizando un juramento que era sagrado, inquebrantable, que mis hombres también hicieron pues tenían sus órdenes dadas para cualquiera de las situaciones— preferiría batallar fuera en campo abierto para no tener limitaciones, como he dicho antes podrás ver a tu hermana y comprobar que está bien si así lo deseas. Si tienes alguna condición más es el momento de decirlo, Stenberg —pronuncié su apellido con ese odio que me precedía. Me alcé dando un par de pasos en su dirección mirándolo fijamente para que viera que iba totalmente en serio, en caso de que intentara utilizar su magia uno de los hechiceros controlaba la voluntad por lo que eso no me preocupaba tanto. Al fin y al cabo acabaría muerto, no por mi mano, pero muerto— eres un guerrero y te pido que te acojas a ese código que se tiene entre dos contrincantes, incluso para que veas lo en serio que voy estoy hasta dispuesta de liberar a tu hermana antes del combate. Vamos Stenberg, ¿no será que tienes miedo y solo pones pegas y excusas para evitar el destino final que nos aguarda? Sabías que este momento llegaría, por eso partiste del Norte, ya es hora de enfrentarnos al destino que los dioses nos tienen deparado.


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Mensaje por Jakob Stenberg Jue Feb 17, 2022 11:31 pm

Su padre fue un hijo de puta, salvaje y sin honor, eso no podía discutirlo, de hecho estaba de acuerdo. El error de ella, y de todo el mundo a decir verdad, era pensar que él era igual. Por un tiempo intentó cambiar esa visión, dejarle claro a todos los que conocían la reputación de su padre que no podía ser más diferente de como se lo imaginaban. Al final se rindió y decidió darle a todos lo que deseaban. El heredero del diablo, un bastardo capaz de matar con un golpe por la espalda, sangre fría, sin sentimientos ni sentido del honor, un hombre sin corazón. Terminó convirtiéndose, al menos en apariencia, en el digno hijo de su padre.

Si la chica fuera un poco más inteligente, sabría que si aquello fuera cierto, habría estado muerta incluso antes de que pusiera un pie en aquella casa. Así de sucio había sido Ketil. Lo peor del asunto es que ella quería imaginarlo igual a como fue su padre porque eso la ayudaba a canalizar el dolor que sentía por la pérdida de su pariente y convertirlo en odio que dirigía hacia él. Seguramente pensaba que, si lo destruía, el dolor desaparecería. Pero en el fondo debía saber lo equivocada que estaba, de lo contrario no estaría allí apelando a sus valores. Al final de su vida, su padre no poseía ninguno.

La pequeña demostración de obediencia de sus perros humanos no sirvió de nada. El hechicero a su lado no era lo suficientemente fuerte para vencerlo en combate uno a uno, ya fuera con magia o con armas, y el hombre lo sabía, pero entendía que todo su uso sería para evitar que él hiciera trampa. Si Jakob estuviera ocupado luchando con la chica, no podría responder los ataques mágicos de su compañero, o eso creía ella. Él sabía mejor, y aún así no le gustaba en absoluto. Pero ya se hacía una idea de cómo evitar trampas en el combate.

En lugar de interrumpir, en esta oportunidad la dejó terminar de hablar, escuchando con atención pero sin mostrar la menor de las reacciones ante sus palabras. Apenas se movió cuando ella se acercó y lo único que hizo fue ponerse en pie para quedar ambos frente a frente, con la diferencia entre sus estaturas más que patente. Sólo cuando terminó, se permitió sonreír, pues ella le ofreció finalmente una de las dos únicas condiciones que tenía. – Si creer que te tengo miedo te hace sentir mejor, adelante. Pero debes saber que en este punto tu palabra y la de tus hombres no vale nada para mí. Juramento o no, nada les impide traicionarme. Si realmente quieres una pelea justa, libera a mi hermana, y haz un juramento de sangre conmigo. – Lanzó la idea, en principio sin ninguna otra explicación sólo para ver su reacción.

Sacó de su cinturón uno de los muchos cuchillos que llevaba siempre escondidos en sus vestimentas y dejó caer el filo contra la palma de su mano izquierda. – Juro que no usaré magia durante el tiempo que dure nuestra pelea. Si incumplo mi palabra, todo conjuro o hechizo que lance en tu contra, o de alguno de tus perros, no tendrá ningún efecto en ustedes pero sí sobre mí y multiplicado por tres. – Al terminar, deslizó el cuchillo sobre su mano dejando manar la sangre. – Si no confías en mí, pregúntale a tu perro, tiene el potencial suficiente para reconocer la magia en el juramento de sangre. – Claro que dicho juramento no se haría efectivo hasta que no se pagase un precio, que sería la sangre de la persona con quien hacía el juramento, en este caso ella.

– De tu parte quiero que, así como yo he revertido el efecto de mis propios hechizos para que me afecten a mí, los que usen cualquiera de tus perros en mi contra te afecten a ti. Con eso creo que ambos podremos luchar confiando que no habrá ninguna injusticia. – Giró el cuchillo en su mano derecha, dejando el mango en dirección a ella, y se lo ofreció. Para que ese hechizo en particular funcionara, sólo se requería que una de las partes fuera hechicero. Sus sangres se mezclarían y haría el efecto necesario por un periodo limitado de tiempo. Si ella no aceptaba el juramento, sabría que toda esa charla de honor no eran más que palabras, pero al menos sabría a qué atenerse.




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Mensaje por Eyra Hagebak Jue Mar 10, 2022 11:28 am

Admitía que el secuestrar a su hermana era una jugada bastante “sucia” pero de toda su familia era la pieza más débil como para hacer que él viniera hasta donde me encontraba para buscarla, después de su marcha de Noruega supuse que todo cuanto querría hacer era esconderse para que no lo encontraran. Sabía que no era la única persona que lo buscaba para cobrarse venganza por lo que había hecho su padre en el pasado, y por eso me daba tanta prisa para ser yo la que se alzara con la dicha de acabar con su vida. Prefería ser yo que cualquier otra persona para ser sincera, por eso había orquestado todo para que así fuera consciente de que su familia era importante y quería que sintiera –en parte- lo que yo sentí cuando me arrebataron a mis padres de una manera cruel. Por suerte para él no tenía ninguna intención oculta o malévola para con su hermana, una joven que ni siquiera había heredado el don de la magia y que tampoco daba la sensación de haberse curtido en el campo de batalla o aprendido lo básico, era como si la hubieran mantenido en una burbuja para que no conociera la guerra. Desde que yo era pequeña aprendí de mi mentor, y de mi padre, todo lo que necesitaba saber para pelear cuerpo a cuerpo y para esgrimir cualquier tipo de arma –mi favorita era la alabarda- pero ella parecía que era ajena a todo ese mundo. Aún recordaba todos los golpes que me di hasta tener un mínimo de control, las heridas, las magulladuras y los moretones, el cuerpo tan cansado que moverse era el peor de los sufrimientos... todo eso habían curtido a la mujer en la que me había convertido. Tener a Jakob allí admitía que despertaba esa parte salvaje y oscura en mí donde quería hacerle pagar lento y despacio, sin ningún tipo de prisa, por todo lo que mi familia había sufrido. Ya tenía planeado desde que ideé el plan que su hermana quedaría libre y fuera de peligro, hasta había mandado la orden de que cualquiera que se propasara mínimamente con ella iba a recibir un severo castigo. Nosotros no atacábamos a inocentes y no permitiría que ninguno de mis hombres lo hiciera, ya me encargué de que fuera así. A nosotros nos movía el honor o al menos a mí me lo habían inculcado así desde que era bien pequeña por lo que no concebía otra manera, podría haber orquestado alguna trampa contra él en el momento en que supe que vendría a rescatar a su hermana... pero quería matarlo en una pelea justa, de igual a igual, y para ello necesitaba que no utilizara su magia en el combate. Era como si todo mi cuerpo pudiera anticipar ese momento en que el combate diera comienzo, siempre con toda la adrenalina que me recorría poniéndome en alerta y atenta a cada movimiento. Yo ya había puesto mis condiciones y mis hombres respetarían lo que le había pedido, lo observé parada frente a él hasta que se alzó con su altura ya que me superaba pasándome de alto, lo que me obligó a alzar mi rostro para no perder el contacto visual. Torcí la sonrisa ya que suponía que no se creería ni confiaría en mi palabra pese al juramento que había hecho, que todos habíamos hecho, poniendo así sus condiciones donde me pedía liberar a su hermana antes de la pelea y hacer un juramente de sangre con él.

Conocía lo que era un juramento de sangre porque mi madre me lo explicó en su momento, era como un vínculo que se establecía entre ambas personas que era además inquebrantable al menos que uno de los que juraban incumpliera su palabra. Fruncí ligeramente el ceño mientras lo veía sacar de su cinturón la daga que llevaba hasta posar el filo en su palma, aunque sin llegar a apretar todavía. Tras sus palabras y el juramento lanzado vi cómo se hacía una herida en la palma donde la sangre manó deslizándose por esta hasta gotear al suelo, un rápido vistazo a uno de mis hombres que era hechicero para verificar sus palabras pronunciadas –más que el propio juramento en sí- para ver cómo asentía con la cabeza. En ello él salía perdiendo pues recibiría el impacto multiplicado por tres... lo suficiente como para incluso acabar con su vida. No es que me gustara esa posibilidad pero si él quería un juramento de sangre a mí no me importaba, pues el juramento que había hecho era verdadero y no había ningún tipo de traición o de engaño de trasfondo. Puso las condiciones que eran bastante claras y sencillas, de esa manera se aseguraba que de igual que si él utilizaba algún hechizo en nuestra contra le afectara a él, cualquier hechizo que utilizaran mis hombres en su contra me afectaran a mí. Tenía cierto sentido para un hechicero ya que así se aseguraba que fuera un combate donde no existieran las trampas, aunque yo no había pensado hacerlo porque pasara lo que pasara quería que el resultado fuera obra de mi mano, no que pudiera ganar por hacer trampas. ¿Eso era todo lo que necesitaba? Bueno, no era demasiado diferente a lo que había jurado, o mis hombres, pero si era todo cuanto tenía que hacer para empezar de una vez entonces no tenía problema alguno. Giró el cuchillo de modo que me ofrecía el mango de este para que lo tomara esperando que como él yo también hiciera aquel juramento de sangre, sería la primera vez que hacía algo así por lo que no sabía bien qué esperar o si sentiría algo, de igual manera tomé el mango del cuchillo y lo puse sobre mi palma izquierda tal y como había hecho él hacía unos minutos. Lo miré de manera fija haciéndole ver que no tenía miedo de nada y que, aquello, no iba a cambiar los planes iniciales que tenía.



Juro que ninguno de mis hombres utilizará magia alguna el tiempo que dure nuestro combate, y que de  hacerlo, los efectos recaerán directamente sobre mí y multiplicado por tres —dije de igual manera que había hecho él antes, con tono serio como requería el momento, para después deslizar el filo del cuchillo por mi palma haciendo un corte de donde la sangre no tardó en manar por esta. Fue entonces que nuestras manos se juntaron haciendo que ambas sangres se mezclaran en el momento, sentí un ligero pinchazo que apenas duró un par de segundos y apareció una marca en la muñeca de ambos que denotaba que el juramento había surtido efecto, así como el hechizo. Le tendí su cuchillo para que se lo guardara y miré a uno de mis hombres haciéndole un gesto que comprendió al instante— traed a su hermana —dije haciendo honor al pacto establecido mientras cogía un trozo de tela y vendaba la mano donde llevaba la herida, no sería un inconveniente para la batalla— liberaré a tu hermana como acordamos pero esta permanecerá aquí en lo que dura el combate, no creo que desees que vea cómo cabo con tu vida y, aparte, tiene una apariencia delicada —porque era como si fuera frágil y pudiera romperse en cualquier momento— Y ahora si no tienes ninguna objeción o alguna condición más que añadir comencemos con el combate. Como he dicho preferiría que fuera en campo abierto y no en una sala cerrada, detrás hay un campo lo bastante amplio con todo lo necesario para escoger las armas a elegir —esperé hasta que a los minutos volvieron con su hermana concediéndoles unos momentos, que yo no tuve, antes de mirar al hechicero y hacerle una seña con mi cabeza— sígueme. No hay por qué retrasarlo más —en la parte trasera había una zona al aire libre lo suficientemente grande como para pelear sin ningún obstáculo de por medio, con total libertad de movimientos. Además había un estante con todo tipo de armas para elegir y otro justo al lado con escudos y demás objetos defensivos. Las normas y las reglas estaban claras y ahora que habíamos arreglado el asunto de la magia poco más quedaba— escoge con qué quieres luchar, y acabemos con esto —desde pequeña siempre me había gustado utilizar la alabarda y una de ellas era la que mi padre me había regalado antes de mi primer combate. Me sentía más cómoda y en confianza con esta que con cualquier espada así que ese sería mi arma para enfrentarme a él, en un duelo a muerte.


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Mensaje por Jakob Stenberg Vie Abr 08, 2022 12:09 am

Con la marca del hechizo como evidencia del juramento en las muñecas de ambos, Jakob se sintió un poco más tranquilo, al menos parcialmente. Una parte de él sabía que si no acababa con ella, las amenazas sobre él y su familia no se detendrían nunca, pero la otra sentía asco de sí mismo. En la guerra había matado a muchos hombres, en una situación en la que debía decidir entre matar o morir, la elección era sencilla, pero en todos sus años luchando nunca amenazó la vida de una mujer. Ni siquiera la de ella, con quien se había enfrentado anteriormente. Siempre se contenía, nunca comprendió el motivo, simplemente había algo en ella que le resultaba familiar, cercano.

Recibió su cuchillo de vuelta y limpió la hoja contra la tela de su pantalón antes de devolverlo a su lugar. Mientras la escuchaba hablar, juntó sus dos palmas y, con un breve y rápido conjuro, se auto insufló energía, lo que aceleraría el proceso de sanación. Era un hechizo de magia blanca y que además no iba en contra de ella, así que no rompía los acuerdos del pacto. El poder de vigoris no era instantáneo, demoraría un poco más en sanar, pero al menos logró parar el sangrado para que no se convirtiera en un estorbo durante la pelea. – El combate puede ser donde prefieras, me da igual, de cualquier forma no moriré hoy. Y mi hermana irá donde yo vaya. – Respondió tajante, dejando claro que no pensaba dejarla sola a merced de sus hombres.

Cuando regresaron los matones trayendo a su hermana sana y salva, Jakob volvió a respirar con normalidad por primera vez desde que descubrió que había sido capturada. La acogió rápidamente en sus brazos, en un abrazo sobreprotector, especialmente al ver que tenía el rostro bañado en lágrimas. – Todo estará bien, Saxa. Pronto volveremos a casa, te lo prometo. Por ahora, tengo que atender un asunto con la señorita Hagebak. – Su hermana podría ser inocente, pero no era tonta, reconocería el apellido de la mujer y sabría exactamente lo que sucedía. Así fue, notó la preocupación en ella al instante. – No hay nada que temer, voy a estar bien. – Se inclinó para besarle la frente antes de apartarse un paso para tomarle la mano y seguir a la obstinada mujer que estaba empeñada en morir joven.

Una vez en la parte trasera, llevó a Saxa a una zona lo suficientemente alejada del área de combate, y especialmente lejos de los perros de Hagebak. – Si algo me sucede, huye por el bosque. – Le susurró a su hermana al oído mientras le daba un último abrazo. Se sentía confiado, pero nunca estaba de más despedirse en buenos términos antes de una pelea. Le guiñó un ojo y se separó de ella para encontrarse de nuevo con su contrincante. – Terminemos con esto de una vez. – Concordó con las palabras previas de ella. No tenía sentido seguir postergando más el encuentro, sólo quería acabar con eso y volver a casa con su familia.

Vio a la chica Hagebak tomar una alabarda de un estante y no pudo evitar sonreír. Era una elección interesante. Un arma larga, que permitía luchar a distancia pero si el oponente se acercaba demasiado resultaba inútil. – No necesito tus armas, vengo bien armado. – Su sonrisa se ensanchó, petulante, poniéndose en posición defensiva; sin embargo, no desenvainó su espada ni sacó ninguno de sus cuchillos. Confiaba lo suficiente en su velocidad y sus habilidades como para no necesitar un arma para evadir sus ataques, así que sólo le estorbarían en las manos. Además, conocía la posición de cada una de ellas en toda la extensión de sus vestimentas, colocadas en ángulos estratégicos que le permitirían acceder a ellas rápidamente.

Más que un guerrero, y era uno excelente, Jakob era un estratega. No ejecutaba movimientos innecesarios, por lo que no gastaba demasiada energía en el combate. Estudiaba muy bien a sus contrincantes y cuando atacaba lo hacía por uno de dos motivos: le servía para evaluar a su rival, o simplemente tenía una ventana de ataque perfecta. Al menos así era cuando iba en serio, esperaba que la joven no cometiera el error de pensar que sus peleas con ella así lo fueron pues se llevaría una gran sorpresa. La lucha con ella, para él, había sido más como un entrenamiento, como cuando practicaba con espadas de madera junto a Yennefer. Ese pensamiento lo iluminó de pronto.

La chica Hagebak le recordaba mucho a su hermana mediana, no sólo en lo físico, se parecían también en carácter, por eso le resultaba inconcebible la idea de hacerle daño. Con esta nueva realización, apretó la mandíbula y se puso un poco rígido. Aquella iba a ser una lucha difícil, ella iba a atacar con todo lo que tenía, y él tendría que poner todo de sí para salir vivo de allí sin lastimarla. – Perfecto, Jakob. Tenías que compararla con tu hermana. – Se gruñó a sí mismo en pensamientos mientras se preparaba para recibir los primeros ataques de la muchacha. – ¿No querías pelear? Estoy listo. ¿Qué esperas? ¿Una invitación formal? – La provocó un poco, conteniéndose incluso en sus palabras, por Saxa. La pequeña sabía lo que hizo su hermano en la guerra, y sabía también lo que tenía que hacer a diario para poder mantener a la familia a salvo, pero nunca lo vio con sus propios ojos. No quería que incluso ella viera en él al asesino de sangre fría que todos creían que era.




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Mensaje por Eyra Hagebak Mar Abr 12, 2022 11:43 am

Parecía mentira que el momento que tanto había esperado por fin se presentara ante mí, tras todo lo ocurrido ahora veía ese momento como el principio de algo que comenzó hacía ya un tiempo cuando era pequeña y la pérdida de mi madre fue algo doloroso y complicado de superar. Conocía bien lo que significa un juramento de sangre y aunque podía entender que tuviera dudas mi padre siempre me había inculcado algo como el respeto y el honor, valores esenciales de un guerrero, cumpliría mi palabra sin necesidad de juramento pero tampoco era un impedimento si con ello conseguía lo que tanto ansiaba; venganza. El camino había sido largo y complicado pero todo esfuerzo merecía su recompensa si con el enfrentamiento que íbamos a tener ponía fin a mi venganza, de esa manera podría seguir el camino que mi padre me dejó volviendo al norte pues allí se encontraba verdaderamente mi hogar. Ya nada me retendría en la ciudad de París –ciudad que no me gustaba en absoluto- para volver y retomar las labores que mi padre dejó entre ellas reconstruir nuestro hogar para darle una nueva oportunidad. Pero ya tendría tiempo de pensarlo cuando acabara con aquella pelea que estaba próxima, mi mente se centró en lo que iba a ocurrir preparándome como siempre hacía antes de un combate. Sabía que no sería fácil pues conocía bien cómo era en el campo de batalla además del gran guerrero que fue su padre, que fuera un asesino desalmado no restaba para que en el campo de batalla fuera un gran guerrero, pero yo también había aprendido del mejor y sin la magia nos valíamos para ganar nuestras batallas. Ya demostré que no le tenía ningún miedo y aunque secuestrar a su hermana era un acto un tanto “vil” siempre me recordaba que en la guerra todo valía, era el único medio para hacer que Jakob saliera de su escondite y plantara cara. Mandé a que trajeran a su hermana haciéndole ver que mi palabra tenía el valor que necesitaba –puesto que no quería engaños- a la espera de poder salir al exterior donde tenía pensado que se desarrollara el combate. Me fijé por unos segundos el encuentro entre ambos hermanos y no pude evitar pensar en mi familia, en algo que ya no tenía por culpa de su padre, que me arrebató demasiado pronto en especial en el caso de mi madre... y aunque debió enternecerme aquel momento lo que provocó es que esa rabia volviera a salir a flote, al recordar lo que me habían quitado. Desvié mi mirada en lo que ultimaba detalles con mis hombres para recordarles el pacto que había hecho con el hechicero y que, independientemente del resultado o de quién ganara, respetaran lo que se había pactado. Chasqueé la lengua cuando aseguró que no dejaría a su hermana muy lejos en manos de mis hombres por lo que simplemente salí al exterior hacia el lugar donde ya estaba todo preparado, consciente de que su hermana no estaría presente pues de lejos se notaba que era la única de ellos que no había seguido con las lecciones de su padre. Parecía tan frágil y tan inocente que daba la sensación que no pertenecía a los Stenberg, el eslabón y punto débil.

No tenía dudas acerca del arma que iba a escoger pues era además el arma que utilizó mi padre en su momento, cualquiera podría pensar que la alabarda no era la mejor elección pero esta no era como el resto de las demás en su categoría. El arma había sido fabricada especialmente para mi padre por lo que tenía sus “trucos”, ya que el propio mango se hacía más largo o más corto dependiendo de la situación lo que lo hacía un arma combinada siendo dos formas en una, algo un tanto extraño pero que mi padre pidió a uno de los mejores forjadores de armas de toda Noruega, en la hoja habían runas grabadas de protección para el combate. Esperé a que regresara y escogiera las armas que quisiera utilizar para el combate aunque rechazar las que yo tenía solo implicaba que debía de ir bien armado, quizás con algún arma escondida, lo que no era el único pero mi intención no era utilizar dichas armas secundarias sino utilizar en todo el combate la alabarda. No había mucho más que decir y las cosas ya habían quedado claras en lo que sucedería a continuación, mis hombres no interferirían y él no haría uso de sus poderes a riesgo de tener las consecuencias. Necesario para que fuera un combate igualitario ya que no era ninguna necia, de no hacerlo él podría ganar simplemente con sus poderes. Preparada en mi posición esperé a que él sacara alguna de sus armas pero no lo hizo mientras se quedaba en una posición defensiva, como si intentara provocarme para que perdiera la templanza y entonces todo el temple se esfumaría a su favor. No iba a caer en ese viejo truco pues conocía las intenciones que él tenía y es que atacar con las emociones o el juicio nublado provocaba que fueran más fáciles leer los movimientos, de esa manera le resultaría más fácil desviar mis ataques o saber cuándo hacerlo. Sostuve la alabarda apoyada en el suelo observándolo de una manera detenida, si pretendía descolocarme no iba a lograrlo en absoluto. Extendí una lenta sonrisa sesgada en mis labios ante sus palabras que no pensaba responder pues era una provocación en claro, quería que perdiera la compostura y atacara de manera irracional pues para él le sería más fácil adivinar dónde golpearía. Era inteligente pero se estaba midiendo con un contrincante de su mismo nivel, no era cualquier novata que hacía poco aprendió cómo utilizar un arma. Por el momento le dejaría creer que así era por lo que esperé unos segundos hasta por fin coger bien la alabarda con la punta de esta en su dirección, señalándolo, con el magno extendido todo lo largo que era para tras unos segundos ir en su dirección con la cabeza y la mente fría... todo lo contrario a lo que él querría. Más bien fue un movimiento para ver cómo reaccionaba y no para atacarle con todo lo que tenía, no tenía otra opción más que pararlo si no quería ser herido y así sacar el arma que fuera a utilizar. Como ya tenía previsto paró el ataque aunque volví a repetir el movimiento simplemente midiéndonos, observándolo, pues algo me decía que no sería fácil vencerle. Estuvimos intercambiando golpes que no eran más que ver cómo reaccionaba la otra persona hasta que decidí aumentar un poco la velocidad del combate, giré cuando iba a golpearle rodando hacia un lado para herirlo aunque levemente con un corte en su costado. Me alejé poniendo algo de distancia entre ambos y observé sus reacciones, si quería seguir por ese camino de no atacarme era su decisión. Yo tenía mis propios planes.


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Mensaje por Jakob Stenberg Mar Mayo 10, 2022 1:53 am

Los planes de la joven Hagebak no eran difíciles de prever, ella misma los declaró abiertamente: quería matarlo. Era su forma de vengarse de su padre por la muerte del propio. No podía decir que la entendiera, por dos motivos: el primero, jamás pensaría en vengar a su padre, no sentía ese tipo de amor por la memoria del bastardo, y el segundo, es que la muerte de ambos hombres sucedió durante una guerra, ambos sabían lo que podía suceder, no se puede decir que el ataque los tomó desprevenidos o que fue una puñalada rastrera por la espalda; aún así, respetaba su ímpetu de lucha. Incluso cuando no creía que fuera a llevarla demasiado lejos. El plan de Jakob, por otra parte, era mucho más simple de lo que ella podría imaginar.

El hechicero tenía algunas teorías respecto a lo que ella pensaba, pero la opción por la que más se inclinaba es que creyera que intentaba alterarla para que atacara de forma errática, lo cual no era del todo mentira, sólo que no de la forma que esperaba. Jakob no era tan necio como para subestimar a un oponente sin antes haberlo estudiado, incluso si dicho oponente era una mujer. Y dicho estudio muchas veces le provocaba algunas heridas, pero nada que no pudiera soportar, por algo su cuerpo estaba cubierto de cicatrices de incontables pequeños cortes, pero ninguna que pudiese contar como una herida de gravedad. Simplemente, gajes del oficio.

Siguió con su estrategia incluso después del corte en su costado. Esquivando y observando, reconociendo los patrones en sus ataques, la velocidad de sus reacciones, siempre con la precaución de considerarla un poco más rápida de lo que demostraba al atacar a un contrincante desarmado. Cuando considerase que había aprendido lo suficiente, otra sería la historia. Y el momento no demoró en llegar, justo después de que, en un acercamiento demasiado repentino, ella sacase a relucir el as bajo la manga, esa habilidad escondida de su arma. No pudo sino sonreír, no porque se confiase ahora, porque siempre podría tener algo más escondido, sino porque ella lo acusaba de jugar sucio, cuando era la más sucia de todas. Encontraba graciosa la ironía.

– Eres buena, no lo negaré. Pero simplemente no estás a mi nivel. – Sacó un par de sus tantos cuchillos, ambos de hoja alargada y delgada, livianos en comparación con su espada, y le permitirían maniobrar con mayor rapidez y agilidad. En ese momento comenzaba la verdadera lucha. – ¿Segura que deseas continuar? – Preguntó por cortesía, pero no se extrañó al recibir su afirmación, simplemente asintió y se colocó de nuevo en posición defensiva, aunque con ligeras diferencias en las posiciones de sus pies y la forma en que cubría su cuerpo. Ahora iba a saber lo que era velocidad y un ataque certero.

Aún en posición de defensa, avanzó hacia ella haciéndola retroceder, esquivando o deteniendo sus ataques con los cuchillos. Notaba que seguía intentando mantener la mente despejada, pero ya no se le hacía tan sencillo, mientras que los movimientos de Jakob se hacían cada vez más rápidos en lugar de verse afectados por el cansancio. De esa forma continuó hasta que encontró lo que buscaba: una ventana de ataque perfecta. Por supuesto, no desaprovechó la oportunidad, y se aventuró a dejar un par de cortes paralelos en el costado opuesto al que ella le hirió antes de volver a defenderse. Sólo segundos después, sintió el calor de la sangre también en su otro costado. ¿Acaso su ventana no fue tan perfecta como pensó en principio? No, él no cometía esa clase de errores… ¿Entonces…? Sólo existía una respuesta posible, pero debía confirmarlo antes de alterarse.

Repitió la acción, aunque con distintos movimientos, buscando una nueva ventana de ataque, y cuando la consiguió le dejó un nuevo corte en el hombro. Ésta vez, el impacto en su propio cuerpo fue inmediato, sintiendo el corte a la vez que lo infringía, y estaba seguro de que no fue ella quien se lo hizo. En ese momento la ira se apoderó de él. Ella sí que era una hipócrita, lo imposibilitaba de usar su magia, cuando fue ella quien puso a alguno de sus matones a ponerle un hechizo. No podía decir en qué momento ocurrió, pero tuvo que ser antes del pacto de sangre. Enfurecido, lanzó a un lado los cuchillos y se fue directo contra ella, desviando la hoja de la alabarda con el antebrazo sin prestar la menor atención a la herida, pero sirviendo esto en su propósito de arrebatarle el arma para hacerla también a un lado y lanzarse sobre ella, dejándola bajo su cuerpo mientras la ahorcaba y pedía explicaciones.

No fue fácil, pues mientras más le apretaba el cuello, también él se quedaba sin respiración, pero no le importó, podría sobrevivir un par de minutos sin aire. Que lo acusara de ser como su padre era una cosa, pero que lo hiciera mientras se comportaba incluso peor que él… Era algo que el hechicero no podía soportar. Ya era bastante a lo que se había enfrentado en su vida. – Me acusas de ser como Ketil y eres peor que él. Hipócrita. Al menos mi padre admitía ser una basura humana y no andaba con falsas ínfulas de honor. – Exigía respuestas, con los ojos chispeantes de odio, pero realmente no le estaba dando oportunidad de hablar. Fue solo cuando ya ambos se quedaban sin aire que lo notó. La herida que ella le hizo en el antebrazo, también la tenía ella, exactamente en el mismo lugar, y no fue él quien se la hizo.

Se apartó de golpe y se alejó algunos pasos, tosiendo por la falta de aire e intentando recuperar el aliento. – ¿Qué demonios? – Se preguntó a sí mismo. Si las heridas que ella le provocaba también la afectaban, dudaba que fuese cosa suya el hechizo, a menos que deseara llevar a cabo su venganza y morir en el proceso, pero dudaba que quisiera morir junto a su mayor enemigo, junto al hombre a quien culpa por la muerte de su adorado padre. Tras recuperar el aliento, hizo una última prueba. Recogió uno de sus cuchillos y se hizo a sí mismo un corte en el pulgar derecho, sin apartar la mirada de ella y descubriendo que, igual como le sucedió antes, a la vez que se hacía a sí mismo la herida, le aparecía a ella. Aquel era un hechizo mucho más profundo que su pacto de sangre, una versión evolucionada, estaban vinculados por completo, al punto que incluso las heridas autoinfligidas se reflejaban en el otro.

En su vida, Jakob jamás había visto aquel tipo de enlace, apenas si había escuchado hablar de ellos, y no era nada bueno. Según tenía entendido, no eran sólo las heridas lo que podrían sentir, eran también las caricias, los sabores, los olores, todo, incluídas las emociones. La simple idea le dio escalofríos, especialmente porque no sabía de nadie que pudiera romper esa clase de hechizo. – Estamos en problemas. – Declaró, sintiéndose preocupado por primera vez respecto a los instintos suicidas que ella pudiera tener. Tal como estaban las cosas, ella podría matarlo incluso sin tocarlo.




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Mensaje por Eyra Hagebak Mar Mayo 10, 2022 12:09 pm

El gran momento había llegado por lo que ya no había marcha atrás y lo cierto es que tampoco iba a hacerlo, era una guerrera criada así desde pequeña para enfrentarme a todo lo que se pusiera en mi camino. Ahora que tenía a mi mayor enemigo frente a mí en lo único en lo que podía pensar era en el hecho de intentar acabar con él para así finalizar una venganza que ya estaba durando demasiado, que debió terminar hacía tiempo y que su peso recaía en mí por completo. Despejé mi mente elevando la comisura de mi labio si pensaba que iba a despistarme o hacer que perdiera de vista mi objetivo o mi concentración, ya aprendí cómo hacerlo como para dejar que él fuera el causante y acabar antes de lo esperado. Aunque tampoco me sorprendía que intentara utilizar ese truco y mientras él más me subestimara, más pensara que sería fácil matarme, mejor me lo ponía. En ningún momento pensé que sería algo sumamente fácil o sencillo el acabar con su vida porque lo había visto en batalla, conocía sus movimientos... y era tan letal como lo podía ser yo. Por ese motivo es que puse la condición que debía de ser algo igualitario o equilibrado para ambos ya que con su magia tenía una más que beneficiosa ventaja que de seguro no desaprovecharía la ocasión, era mejor intentar que todo fuera en un mismo camino. Por ello es que ni siquiera quise responder sus ataques  o provocaciones sino más bien ir directamente a por él en la medida que fuera posible, siempre ambos estaríamos midiendo las fuerzas para intentar descubrir los puntos débiles del otro, si es que los tenía, y ya intuía que sería complicado con aquel digno rival... aunque quizás él no me considerase como tal. En ese breve intercambio de los primeros golpes me di cuenta que él realmente no quería hacerme daño, herirme, más bien parecía utilizar la misma estrategia que yo aunque no tardaría en ir incrementando poco a poco mis habilidades pues tenía la sensación que sería una batalla larga en donde la energía sería la gran protagonista. Uno podía ser muy fuerte y dar grandes golpes pero si apenas te duraba la energía no hacías nada, todo lo contrario, te dejabas expuesto para que el adversario pudiera herirte con un margen más que amplio. Seguíamos midiéndonos intentando encontrar el punto débil del otro mientras el combate cambiaba de nivel con rapidez, los movimientos empezaban a ser más rápidos así como las estocadas que cada uno tratábamos de vitar. Claro que ninguno de los dos éramos perfectos y recibimos heridas en ese punto hasta que dio la sensación que ya teníamos muy claro los patrones, pero no podía confiarme porque siendo hijo de quien era no dudaba que pronto empezara a jugar sucio. De hecho hasta lo estaba esperando y mucho tardó en hacerlo, precediendo la fama de su padre, aunque en mi opinión no le hacía falta pues él –al menos Jakob- era un gran guerrero. Yo no tenía problema en reconocer a un digno rival, si él no podía verlo así... entonces quien tenía un enorme y serio problema era él.


Elevé la comisura de mi labio y casi reí entre dientes cuando me preguntó si quería continuar como si, hasta ese momento, ambos mostráramos el verdadero potencial que teníamos. Por supuesto que sí quería seguir y el no hacerlo sería más que una gran ofensa a mi honor, a mi orgullo y a mis antepasados. Que él pensara o creyera que no estaba a su nivel... bueno, era su opinión al fin y al cabo. Estaba acostumbrada a que los hombres en particular pensaran que no era digna o no podía estar a su altura por ser mujer, quizás no llegara a tener toda su fuerza, pero lo que me faltaba de esta lo compensaba con agilidad y habilidad. Algo en lo que ellos no podrían igualarme por mucho que quisieran, llevaba entrenando toda la vida para aguantar largos y arduos combates entrenándome como a otro guerrero más... no iba a cansarme tan pronto y él se daría cuenta quizás tarde, pero no era mi problema. Incrementó sus ataques y lo noté enseguida siguiéndole el ritmo demostrándole que no me intimidaba así como que estaba acostumbrada a luchar de esa manera, no me era desconocida, entre tantos esquives y ataques él vio la oportunidad perfecta para herirme encontrando el hueco perfecto que no me dio tiempo a cubrir, llegando a la parte paralela a la que yo había herido casi creando un “empate” en ese sentido. Notaba la sangre caer por mi costado comenzando a manchar de seguro mis ropajes, pero no me importó, una de tantas heridas en el campo de batalla. Seguimos luchando hasta que sus cuchillos volvieron a encontrar mi piel esta vez en la zona del hombro, dolía en cada movimiento pero ni eso fue suficiente para hacerme retroceder. Mientras nos dimos un par de segundos antes de continuar vi en él una mirada que no supe descifrar hasta que lo vi lanzar los cuchillos a los lados, lo que no entendí en absoluto, para luego ver cómo se abalanzaba en mi dirección incluso con la alabarda alzada para atacarlo. No dudé en atacarle haciendo que el filo de mi hoja hiriera su antebrazo al intentar desviar la estocada para abalanzarse contra mi cuerpo que, sin preverlo ni prepararme para ello, caí de bruces contra el suelo con su cuerpo sobre el mío ejerciendo un dominio claro. Sus manos no tardaron en ir a mi cuello en una clara intención de asfixiarme, mis manos fueron a las suyas intentando apartarlas en lo que lo pateaba para quitarlo de encima pero más apretaba, con esa furia en su mirada que presagiaba precisamente lo que eran; muerte. Sus palabras me descolocaron un poco al no entender de qué hablaba pues en mi vida había faltado al honor, no como ellos que era por lo que más se les conocía aparte de ser unos asesinos... pero no quise pensarlo demasiado. Bastante tenía con intentar apartarlo mientras notaba que apretaba más y más así que opté por atacarlo directamente dándole puñetazos en el costado, golpeando su rostro con rabia y furia pues no iba a darme por vencida tan pronto y lucharía con todas mis fuerzas. Tras varios puñetazos no dudé en tomar una de las dagas que llevaba en el cinto y clavarla en su hombro donde, al instante, noté el pinchazo en mi hombro lo que fue demasiado extraño... al menos para reparar en ello. Para cuando se alejó comencé a toser semi incorporándome de costado en lo que él hacía lo mismo, no entendía qué le ocurría o lo que pasaba pero el desconcierto se notaba en su rostro.



—¿Qué pasa Jakob, te resulta imposible matarme? —Quise burlarme en lo que tras recobrarme de aquello me incorporé por completo tomando la alabarda que él lanzó lejos, tenía varias heridas por mi cuerpo que notaba pero la más peculiar de todas sin lugar a dudas era la de mi hombro, en el sitio exacto donde lo apuñalé con la daga, sin entender qué ocurría. ¿Sería algo de su magia? Sabía que ninguno de mis hombres interferiría en la pelea y prueba de ello es que mis heridas no eran tan graves como el juramento que hice, entonces, ¿qué estaba ocurriendo? En silencio contemplé cómo tomaba uno de sus cuchillos y pensé que la lucha seguiría pero, lejos de eso, vi cómo se hería a sí mismo en el pulgar en donde ni pasó siquiera un segundo sentí la misma herida como si en vez de hacérselo a él me lo hubiera hecho directamente a mí. ¿Qué estaba pasando? Miré por unos segundos en silencio intercalando entre su herida y la mía propia fijándome, además, en que no era la única que se correspondía... la del hombro, la del costado.... y no entendía nada. No sabía demasiado de magia pero se suponía que el juramento que hicimos en nada debía de parecerse a aquello o tener esas consecuencias, ¿cómo es que teníamos las mismas heridas idénticas? Fruncí el ceño cuando dijo que estábamos en problemas y viendo la expresión que se reflejaba en su rostro como un libro abierto... no debía de ser nada bueno— define “serios problemas” —no era tan necia como para ignorar todas las evidencias que teníamos frente a ambos, lo cual si lo que pensaba siquiera pudiera ser posible... sí, teníamos serios problemas. Más que eso, si mis pensamientos sobre que todo aquello que nos hiciéramos por alguna extraña razón afectaba al otro suponía entonces, muy a pesar, que estábamos ¿vinculados? Ni siquiera sabía cómo eso pudiera ser posible o si era algo remoto inventado o producto de mi mente, pero de serlo... no quería ni pensarlo— dejadnos a solas —pedí a mis hombres que en silencio observaban lo que ocurría entre ambos quizás sin saber qué pasaba, lo grave que se tornaba todo o lo que se tornaría en un futuro. Los miré al ver que no se movían como si dudaran acerca de qué hacer— ¡fuera! —Gruñí en una clara advertencia que les bastó un par de segundos en marcharse dejándonos a solas pues, si mis pensamientos eran ciertos –rogaba a Odín que no- era algo que prefería no supiera nadie más que nosotros. Una cosa que sí tenía clara es que estaba ocurriendo algo que desconocía lo que era pero mi instinto me pedía calma por un momento, primero conocer qué pasaba y después actuaría en consecuencia— ¿qué es lo que está ocurriendo? Puede que no tenga la misma noción que tú de magia, pero no soy una necia —hice una leve pausa— reconozco las heridas que te hecho y que me has hecho... pero jamás había visto algo parecido o similar —reflejadas, como una copia exacta igual que si estuvieras frente a un espejo— ¿qué clase de magia es esta? —Porque intuía que él no era quien la había lanzado, entre otras, porque el juramento hubiera respondido con su gravedad y no era lo que veía. Pero si podíamos herirnos y tener dicha herida reflejada en nuestro propio cuerpo... la opción de matarlo ahora no era viable puesto que, evidentemente, no quería morir. El problema radicaba en que él era alguien con bastantes enemigos y esa idea no me hacía especialmente gracia. Acorté la distancia entre ambos quedando cerca para examinar las heridas que presentaba, alcé mi mano y di un tirón a su ropaje por la zona del cuello de su camisa para ver la herida de su hombro que también se reflejaba en el mío. Más los costados, el brazo... cada rasguño en cada zona, como si tuviera frente a mí un espejo donde viera mi propio reflejo— por los dioses, dime que puedes arreglar esta mierda.


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Mensaje por Jakob Stenberg Jue Jun 30, 2022 10:48 pm

No quería matarla, eso no era lo mismo que no poder hacerlo; sin embargo, la realidad es que no debía, ni queriendo, ni pudiendo, a menos que quisiera morir con ella. Por ese motivo no respondió a su pregunta burlona pues sabía que, más temprano que tarde, ella entendería por qué se echó atrás al último segundo, aun teniendo la posibilidad al alcance de sus manos. – Serios, Hagebak. Muy serios. – Fue todo lo que dijo pues no encontró otra forma de explicarlo, al menos no en ese momento en que seguía luchando para controlar la ira. Los gritos y gruñidos de la mujer no ayudaron en absoluto, y lo único que consiguieron, fuera de que sus hombres se marcharan, fue que su pequeña hermana se encogiera aún en la distancia, dudando si debía seguir también la orden o no, a lo que Jakob tuvo que hacerle una seña para indicarle que se quedara tranquila, podía seguir donde estaba mientras lo esperaba un poco más. En ese punto, no creía que fuera a demorar mucho más.

Ante sus siguientes preguntas, tuvo que reunir toda la calma que pudo para poder responder. – Es magia de sangre. Similar al juramento que hicimos antes, pero mucho más profundo y potente. – Demoró en continuar, buscando las palabras correctas para explicar aquel vínculo del que realmente no conocía demasiado. – Creo que es un vínculo espejo. Si tengo razón, comenzaremos a sentir progresivamente todo lo que el otro sienta. No sólo las heridas. Sentiré el sabor de lo que comas, el aroma de aquello que acerques a tu nariz; si sientes odio, si sientes miedo, amor, todos tus sentimientos y tú los míos, incluso… – Se sintió enfermo de sólo pensar lo siguiente. – Abstente de tener sexo, ¿Quieres? Al menos hasta que logremos resolver esto. – Eso dijo, intentando no darle demasiada importancia a todo el asunto, pero la verdad es que estaba sumamente preocupado. No, si debía ser totalmente honesto, sentía pánico, se sentía histérico. – ¿Crees que serían serios problemas si pudiera resolverlo? – Respondió con una pregunta en un grito desesperado, e inmediatamente se arrepintió. No era culpa de ella tanto como no era suya.

Exasperado incluso consigo mismo, intentó controlar su respiración antes de volver a hablar, con un tono más calmado. – Antes de que siquiera lo consideres, esto no fue obra mía. Es magia negra antigua y poderosa. Lo poco que sé es por rumores, pero no conozco a nadie que lo haya conjurado alguna vez, mucho menos alguien que haya logrado romper este hechizo. – Le explicó, mientras intentaba buscar el origen de aquella magia. En ese punto era más que evidente que no fue ella quien concertó el vínculo, pero sabía con certeza que no fue él, ¿Entonces quién? – ¿Ketil? – Se preguntó, en un murmullo, considerando las opciones. Ya que ninguno de ellos fue parte del hechizo, sólo quedaba una opción: el padre de alguno de ellos. Tras sopesarlo unos minutos, llegó a la irrefutable conclusión de que su padre jamás habría hecho una cosa como esa. Ketil era la perfecta definición de un villano: era cruel, sanguinario, jugaba sucio y era un completo bastardo, pero no era un cobarde. Sabía que lo que hacía era peligroso y que un día le llegaría la muerte, pero lo aceptaba como era.

– No… No fue mi padre. Fue el tuyo. – Era lo único que tenía sentido. Los padres de ambos se enfrentaron en más de una ocasión, podía haber sospechado que sería Ketil quien acabaría con su vida y conjuró el hechizo, pero no logró mezclar sus sangres antes de morir. Eso hacía sentido sólo parcialmente, no explicaba cómo podría haber conjurado tal magia el padre de ella, o por qué lo heredaron la chica y él. ¿Acaso era parte de este hechizo en particular? ¿Era hereditario? Sonrió frustrado y furioso. Fuera como fuese, que precisamente ellos dos terminasen enlazados de esa forma no era sino irónico, una broma del destino. A Jakob en realidad poco le importaba o afectaba, era ella quien quería matarlo, mientras él sólo quería mantenerse alejado de todos sus enemigos. Entonces se dio cuenta de lo más gracioso de todo y comenzó a reír sin poder creerlo. – ¿Cómo se siente tener que proteger a tu peor enemigo del resto de los suyos para no morir? ¿Ahora serás mi guardaespaldas? – No lo necesitaba en realidad, pero sería sumamente divertido verla luchar a ella por protegerlo cuando lo que en realidad deseaba era matarlo.




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Mensaje por Eyra Hagebak Jue Jul 07, 2022 12:27 pm

Estaba intentando encontrar un sentido a lo que estaba ocurriendo, de verdad que lo hacía con todas mis fuerzas, pero lo que estaba sucediendo es que parecía salirse de mi control cuando cada vez que intentaba infligirle una herida la misma se producía en mi cuerpo de manera automática e inmediata. ¿Qué era lo que estaba ocurriendo? No podía entender ni dar sentido a qué estaba pasando cuando lo único que yo quería y deseaba no era otra cosa que acabar con aquel maldito desgraciado, poner fin a esa venganza que acabaría con ese círculo –o capítulo- para seguir adelante con mi vida. ¿Tan complicado resultaba? Por un momento pensé que realmente no podría acabar conmigo aunque lo dudaba seriamente porque tenía el mismo carácter y forma de ser que su padre, que ese maldito asesino, por lo que era imposible que tuviera duda alguna en acabar con mi vida a esas alturas. Pero no, lo cierto es que todo se tornó mucho más complicado que eso donde todavía necesitaba entender y comprender qué era lo que estaba ocurriendo entre ambos, ¿sería cosa de su magia? No iba a negar que hasta por un momento llegué a pensarlo pero por otra parte habíamos hecho un pacto de sangre donde él sentiría las heridas tres veces superior a lo normal, todo cuanto podía hacer por mucho que me jodiera era esperar a que él me dijera lo que ocurría porque en temas de magia apenas tenía los conocimientos suficientes para entender la situación. Solo sabía que las heridas que nos habíamos provocado mutuamente teníamos la misma en el mismo sitio, con la misma longitud e incluso profundidad, como si estuviéramos mirándonos en un espejo viendo nuestro reflejo. Para ello necesitaba que todos se marcharan para dejarnos a solas y así poder entender lo que ocurría ahora que todo cuanto me hiciera él también lo sufriría, así no podía cumplir mi venganza y también sabía que no me haría nada. Asentí mirando a mis hombres dando las últimas indicaciones esperando a que mis hombres nos dejaran a solas en donde contemplé al hechicero, el motivo de quedarnos a sola era que no quería que nadie más supiera lo que ocurría salvo nosotros... era mejor cuanta menos gente lo supiera. Sabía que eso era más un problema que una ayuda ya que pese a no saber mucho de magia no era ingenua ni tampoco una necia, reconocía que tenía sus problemas y dificultades las cuales no quería pensarlas por el momento hasta saber a ciencia cierta lo que ocurría. Esperé observándolo a que me dijera lo que necesitaba saber cruzándome de brazos y olvidándome por un momento el que yo también tenía heridas, aunque no revestían de la importancia necesaria como para centrarme en ellas. Enarqué una ceja cuando dijo que se trataba de magia de sangre aunque diferente al que nosotros habíamos hecho, desconocía cuántos tipos podrían haber en realidad. Sin embargo la explicación que comenzó a dar segundos más tarde no es que fuera algo que me gustara en absoluto, más bien, fue algo que aunque no expresé en mi rostro me horrorizó por lo que significaba. ¿Sentir todo lo que sintiera el otro?


—Oh por Odín... ¿qué clase de magia puede hacer eso? —Aunque no reparé demasiado cuando dijo que me abstuviera de tener sexo, ¿eso era lo que más le importaba en esos momentos?— Mira por donde Stenberg, quizás así sientas un poco lo que tu padre provocó con sus acciones. Podría ser una buena lección para ti —exclamé con tono mordaz mientras lo contemplaba sin hacer mención al hecho de mantener sexo, algo que al parecer era lo que más reparo le daba, y solo por joder al otro... estaba más que dispuesta a hacerlo si con ello lo fastidiaba. El estallido que sufrió segundos más tarde hizo que me diera cuenta de que era más complicado de lo que parecía en un principio, todo residía en el hecho del poco conocimiento que tenía sobre la magia, aunque no dije nada ante aquel estallido donde simplemente me quedé mirándolo en silencio pues quizás pudiera sentir su preocupación. Aquello no era bueno para ninguno de los dos por diferentes motivos y razones que todavía no quería ni mencionar pues era demasiado pronto, en silencio escuché sus palabras asintiendo levemente con la cabeza cuando dijo que no había sido obra suya, algo que ya intuía y que ni siquiera pensé porque no tendría demasiado sentido— nunca he llegado a sospechar que fuera obra tuya Stenberg, a ninguno nos conviene estar en una situación como esta —o al menos ese era mi pensamiento. Sin embargo mi ánimo decayó un poco más así como creció mi enfado –o desesperación- cuando dijo que lo que conocía era por rumores pero que, por sobre todo, no conocía a nadie que hubiera roto el hechizo— ¿nadie... nadie ha logrado romper este hechizo? —Eso sí que me preocupaba bastante porque no quería pasar el resto de mi vida vinculada a ese maldito hechicero, no porque fuera enemigo sino por los propios enemigos que él tenía... eso era un enorme problema— ¿no hay algún libro donde se hable sobre esto? Tiene que haber algo donde haya constancia... estos hechizos no salen de la nada —lo miré en silencio divagando en sus propios pensamientos hasta que nombró a su padre, quizás pensando que podría haber sido él y tendría su sentido. De seguro que él sabría que mi familia se vengaría en algún punto por lo que nos hizo... pero tras unos cuantos minutos cuando aseguró que no fue obra de su padre, sino del mío, fue que sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo— ¿obra de mi padre? —Pregunté con cierto escepticismo pues no entendía cómo es que él hubiera hecho algo así... aunque si lo pensaba bien, consciente de los libros de magia y hechicería arcana que habíamos tenido casi que resultaba posible. Pero ¿por qué condenarme a algo así, cuál era el motivo? Recordaba que mi madre pertenecía a un clan antiguo de hechiceros pero... poco más me acordaba de ello pues yo no despertó la magia en mis venas. Fruncí el ceño y gruñí ante su pregunta porque eso era precisamente lo que había estado preocupándome más; sus enemigos. Si ahora estábamos conectados a dicho nivel... no quería ni pensarlo— cállate, Stenberg —aunque sabía que tenía toda la razón pues los enemigos que irían a por él también sufriría yo las consecuencias. Apreté mis manos cerrándolas en sendos puños hasta que miré por un breve momento a su hermana quien se mantenía al margen, a la espera de lo que ocurriera, pero desde luego que necesitábamos llegar al fondo de aquel asunto— ¿te resulta gracioso, Jakob? ¿Y tú, cómo te vas a sentir cuando tu pútrido corazón llegue a sentir lo que es que maten a tu familia? Ni siquiera llegas a hacerte una mínima idea —lo que había sentido con el secuestro de su hermana no sería nada comparado con la verdad— ¿y qué pretendes hacer al respecto, Jakob? Porque dudo que quieras llegar al punto donde un simple sentimiento, sea el que sea, lo lleguemos a sentir ambos por igual... eso aplicándose en todos los sentidos. La menor de tus preocupaciones debería de ser si tengo sexo o no Stenberg, sentirás en tus propias carnes lo que es ser mujer quieras o no —esbocé una leve sonrisa ya que a ver cómo se las apañaba en ese momento con el dolor, algo que no se podía controlar— me encantaría ver cómo te retuerces de dolor —aunque esperaba no tener que verlo en realidad. Alcé mi mirada al cielo por unos segundos en los que mi mente iba rápido buscando una solución, ya que ninguno pudimos prever lo que nos sucedería con aquel maldito hechizo— supongo que no querrás quedarte así para siempre, así que más nos vale colaborar para encontrar cómo romper este hechizo por mucho que nos joda tener que colaborar juntos. Y olvídate de andar por tus anchas por las calles de París con los enemigos que tienes, no quiero correr riesgos innecesarios contigo —nunca se podía saber a la vuelta de qué esquina nos esperaba un enemigo, sobre todo con todos los que él tenía— más nos vale hacer un pacto o una tregua hasta que esto termine, revisaré los libros que dejó mi padre en caso de que podamos encontrar algo. Pongamos condiciones Jakob, no quiero arriesgarme sin tener por qué hacerlo. No es que me guste la situación pero dudo que ahora mismo podamos hacer algo más al respecto —nada de lo que pensé tenía ya sentido, a esas alturas lo mejor era empezar a buscar soluciones. De seguro que los problemas llegarían más tarde.


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Mensaje por Jakob Stenberg Lun Jul 25, 2022 10:13 am

– ¿Vas a seguir con lo mismo? – Preguntó fastidiado, aun cuando no esperaba una respuesta de su parte. – Ketil era un hijo de puta, eso nunca lo he negado. No tenía ningún tipo de principio, ninguna noción de honor, pero era un gran guerrero. – Sí que lo era. Fue él quien lo entrenó, y era esa una de las pocas cosas que alguna vez admiró de él. – En cuanto a tu padre y pueblo, fueron advertidos, se les dijo que debían dejar el territorio o enfrentar las consecuencias, y tu padre fue lo bastante necio para quedarse a luchar. No fue apuñalado por la espalda, fue una pelea justa, y lamentablemente tu padre murió en el campo de batalla. – La muchacha estuvo en el campo de batalla esa vez, sabía exactamente lo que sucedió, pero parecía pensar que cualquier muerte de su familia era algo injusto, mientras aquellos a quien ella o su padre mataron sólo pérdidas menores. – Tu padre también mató a muchos en batalla. ¿Ser su hija te hace culpable de sus pecados? – Mucho lo había pensado hasta el momento, pero dado que no había una solución al problema que compartían, y que pronto ella comenzaría a darse cuenta de quién era realmente incluso sin él desearlo, decidió exteriorizar su punto de vista.

– Nadie que yo conozca, al menos. – Respondió, intentando no exasperarse con sus preguntas y comentarios tontos. – No, no salen de la nada, son creados por hechiceros. – Aclaró, pues ella parecía creer que los hechizos simplemente existían flotando en el aire, los hechiceros los descubrían y publicaban libros al respecto. Cuando la realidad era muy diferente. – Crear un hechizo desde cero puede tomar meses, incluso años dependiendo de la complejidad. Por eso tenemos grimorios, para registrar nuestros avances. Además, por el tiempo que se invierte creando cada hechizo, no es común que se comparta libremente esta información, en especial si se trata de hechizos de magia negra, y mucho menos magia de sangre. Éstos suelen pasar de generación en generación en cada familia. Los pocos libros que que han sido publicados se pueden encontrar de forma clandestina y no porque un hechicero haya querido compartirlo, en la mayoría de los casos son descendientes sin magia que se encuentran en apuros económicos y terminan vendiendo los secretos familiares para pagar deudas. – Le explicó con calma, haciendo un esfuerzo por ser paciente con ella.

– Siendo magia negra, de sangre y antiguo, sabemos que quien quiera que creó el hechizo original, ya está muerto, por lo que tendríamos que encontrar algún tipo de regristro si queremos contrarrestarlo. Por otro lado, incluso si lo hallamos, crear un contrahechizo puede tomar incluso más tiempo. – La situación en la que estaban era realmente un mierda. En el mejor de los casos, podrían estar unidos por todo un año, y Jakob dudaba que todo saliera tan bien.

Por su puesto que le resultaba gracioso, en especial le daría risa su cara cuando se diera cuenta que, en comparación, ella tenía el corazón más pútrido que él, sólo por eso no respondió, y simplemente sonrió mientras se encogía de hombros. Antes intentó conciliar, pero ya que ella no quería cooperar, se olvidó de eso. – Pronto comprenderás qué tan podrido está, y qué tan cruel puedo ser. – Le dio un toque en la frente, con una confianza que no tenían el uno por el otro, dejándole saber que estaba siendo tonta. Él tal vez no había perdido a todos su seres amados, pero había sido juzgado sin cesar por actos que no había cometido, las vidas de sus hermanas y su madre habían sido amenazadas incontables veces por los deseos de venganza de muchos en contra de Ketil a través de él, por eso huyeron de su hogar. – ¿Yo? ¿Acaso este es solo mi problema? – Preguntó aun con gracia. – No me preocupa que conozcas mis sentimientos, ni conocer los tuyos. El dolor podré soportarlo, por terrible que sea. Y si crees que el sexo debería ser la menor de nuestras preocupaciones, esta misma noche puedo hacer la prueba y mañana me cuentas qué tal la experiencia, ¿te parece? – La retó, aunque era una amenaza vacía de su lado.

– Eso me parece más coherente. – La idea de cooperar era más razonable que ella preguntándole “qué iba a hacer al respecto”. No era su deber resolverlo, en especial si, como pensaba, el responsable era el padre de ella. – Si lo que pretendes es que me encierre como un cobarde, puedes olvidarte de eso. He sobrevivido hasta hoy, y seguiré haciéndolo en adelante. Tengo muchos enemigos, pero la mayoría se quedan en amenazas. Me temen, así que pocos se atreven realmente a enfrentarme. – Eso sí debía concedérselo. La chica tenía agallas. Pensar que era como su padre y enfrentarlo realmente las requería. – A mí no tienes que decírmelo, realmente no tengo ningún interés en matarte. De cualquier forma, creí que eso estaba más que claro. No puedes matarme sin morir en el proceso, así que si quieres vivir tendrás que posponer tu venganza. – Aclarados esos puntos, le hizo una seña a Saxa para que se acercara más, sabiendo que aquella conversación estaba cerca de terminar.

– Si quieres reglas, te daré reglas. De mi lado: regla número uno sería nada de volver a amenazar la vida de alguna de mis hermanas o de mi madre, por ningún motivo. Si cuando terminemos con esto todavía quieres enfrentarme, te daré el gusto, solo tienes que decirlo. Regla número dos, no me hagas sentir nada que no quieras que te haga sentir a ti, de lo contrario, luego no te quejes o digas que “no tengo honor” solo por vengarme. – Dijo, refiriéndose a “hacer sentir” por medio del vínculo que los unía, no como que ella pudiera herir sus sentimientos… Aún. No estaba seguro, pero se temía que había mucho que no sabía de aquel hechizo y que podría generarle más dolores de cabeza de los preveía en ese momento. – Y regla número tres, no dejes que te maten. No sé tú, pero yo todavía tengo mucho que proteger, por eso puedo asegurarte que yo no lo haré, no importa quién o qué lo intente. – Le aseguró, tomando con algo de fuerza la mano de su hermana menor en el proceso, pensando que, sin importar cuánto Saxa lo odiase, tendría que concertar un compromiso para ella. Mientras más pronto, mejor. No porque quisiera deshacerse de ella, solo para estar seguro que alguien la protegería en caso de que fallase y terminase muerto.

– Ah sí. Regla número cuatro: no dejes que alguno de tus perros sepa exactamente lo que está sucediendo. Tengo más enemigos de los que crees y con más contactos de los que me gustaría. Si a alguno se le va la lengua con la persona incorrecta, estamos muertos. Mientras menos sepamos de esto, será mejor. – Con eso, sus puntos estaban establecidos. – ¿Algo que agregar de tu parte? – Le preguntó, en caso de que ella tuviese en mente una regla adicional. En cuanto a lo que comentó de revisar los libros de su padre, no pudo evitar preguntar con evidente sorpresa. – ¿Trajiste todos sus libros desde Noruega? – La fortuna de quienes pueden viajar con montañas de equipaje. Ellos apenas si pudieron llevarse el dinero, y en cuanto a ropa, apenas lo que llevaban encima, pues debían viajar tan ligeros como les fuese posible. – Si estás de acuerdo, puedo ayudarte con eso a partir de mañana. Avanzaremos más rápido si ambos buscamos. – Y el punto evidente de que Jakob era hechicero, y conocía los trucos que se solían usar para esconder información delicada.


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Mensaje por Eyra Hagebak Miér Ago 31, 2022 12:28 pm

Así no era precisamente como había esperado o imaginado que terminara aquel día, en mis pensamientos todo ocurría de una manera diferente en donde ambos luchábamos y solo quedaba un “justo” vencedor -por eso habíamos puesto medidas para que no utilizase su magia en pos de que fuera más igualitario- y todo estaría resuelto y acabado… pero aquel vínculo, hechizo o como fuera que se llamara era lo último que entraba en mis planes. Eso lo cambiaba todo por completo ya que apenas tenía un mínimo conocimiento sobre la magia más allá de lo que vi con mi hermana y con mi madre, pero yo era tan pequeña para esos momentos -sobre todo con mi madre- que no me enteraba de la gran mayoría de cosas, lo cual ahora que estaba ligada, vinculada a mi enemigo me enfadaba y cabreaba más de lo que pudiera llegar siquiera a imaginar. Era como el peor de los castigos o tormentos que los dioses podían haber escrito ya que mi intención era matarlo, ahora todo se complicaba a unos límites que no quería pensar por el momento ya que la magnitud de la situación siquiera podía atisbar su punta, como un iceberg que solo ves una pequeña parte que emerge de la superficie cuando su totalidad reside bajo las frías aguas. Estábamos bien jodidos pero al menos si podía ver algo bueno de aquella situación es que era para ambos igual, lo cual suponía pros y contras -si es que había pros- para ambos por todos lados… en especial porque tenía más enemigos de los que seguro él quisiera y que ahora también me afectaban a mí. Por no contar con que no conocíamos el alcance o la dimensión de lo que significaba en realidad y que mucho me temía iríamos descubriendo poco a poco, para desgracia de ambos. Ignoré por completo aquellas palabras ya que sabía bien que no íbamos a llegar a ningún acuerdo por las diferentes vistas que teníamos, él podía pensar que se nos advirtió para marcharnos no dándonos más oportunidades cuando en realidad era que intentaron invadirnos. Mi padre era el conde de Hedmark y su padre lo único que quería era tirarnos de aquellas tierras que nos pertenecían, que habían pertenecido a mi familia durante generaciones… eso para mí no era como dar una advertencia y asumir las consecuencias. Para Jakob quizás fuera más fácil pensar que nosotros nos buscamos el desenlace o lo ocurrido pero ¿acaso él dejaría su hogar si intentaban arrebatárselo bajo amenazas? Lo ponía en duda. Pero discutir tales cuestiones era algo que no llegaba a ningún lado puesto que ambos teníamos puntos de vista diferentes, y ahora mismo dicho debate carecía de importancia con todo lo que teníamos encima. Ahora me interesaba más cómo es que teníamos aquel hechizo, quién lo había creado y lo más importante de todo; cómo podíamos deshacernos del mismo. Puesto que mis conocimientos sobre magia eran limitados no me quedaba más remedio que confiar en sus palabras pensando que no intentaría ningún truco, al menos mientras el vínculo estuviera activo pues él sufriría las mismas consecuencias. Escuchar que nadie logró desvincularse no era precisamente lo que quería escuchar así como tampoco que de encontrar su origen el hacer un contra hechizo llevaría su tiempo… justo lo que necesitaba para que la situación mejorara. ¿Meses en aquella situación? Ni los dioses podrían haber pensado un castigo mejor o más cruel que ese. Para cuando me retó a encontrar alguien con quien practicar sexo esa noche y así pudiera sentir ese vínculo incluso con el sexo fruncí el ceño, no pensaba que esa fuera la mayor de nuestras preocupaciones aunque era obvio y más que evidente que lo último que quería era sentir su placer… o más bien nada que tuviera que ver con él. Pero que me retara de esa manera hizo que aflorara ese carácter explosivo que tenía y que para esos momentos no estaba nada en calma, era complicado en una situación como la que nos encontrábamos. Aunque tenía claro que si él quería retarme primero tendría que estar listo para las consecuencias y que, de seguro, dos podían jugar a ese juego si lo quería.


—No olvides que yo también puedo hacer lo mismo esta noche, quizás así mañana podamos contrastar opiniones —aunque desde luego no era lo que estaba pensando para esa noche, o fuera algo que quisiera hacer… pero si me retaban yo respondía de la misma manera, con la misma fuerza. Lo que de verdad me interesaba o me importaba era hallar una manera para que todo terminara y solo había una opción para ello; colaborar. Por mucho que me jodiera debíamos de ser realistas y es que si quien creó el hechizo estaba muerto no nos dejaba muchas opciones ya que restaba opciones para encontrar pronto la solución, si de verdad mi padre fue el artífice de tal hechizo no lograba entender por qué lo había hecho. Quizás porque sabía que querían matarlo y era una buena forma de garantizar que eso jamás ocurría, lo cual me llevaba a preguntarme si sabría que sus efectos pasarían a aquellos con los que compartía línea sanguínea. Todas esas preguntas quedarían para siempre sin respuesta ya que su muerte lo complicaba todo, chasqueé la lengua sin querer pensar demasiado en el lío en que nos habíamos metido ya que cuanto más lo hacía más preguntas llegaban a mi mente. Lo importante era ver cómo lo solucionábamos y aunque ya le había comentado al hechicero que se olvidara de sus noches de juerga bien sabía que encerrarlo era como intentar enjaular a un tigre; imposible. Lo que había querido decir o expresar era el hecho de que no solo su vida estaba en juego sino también la mía y por tanto lo último que quería era que anduviera por las calles de París como si nada. Le pedía un mínimo de cuidado aunque como ya supuse no nos entendíamos en absoluto ya que malinterpretó mis palabras, o quizás es que yo no me expresara con claridad, pero sabía bien que iba a costarnos bastante entendernos— la cuestión es que antes me importaba bien poco lo que te ocurriera o lo que hicieras, pero dado que ahora tu vida está pendiente o ligada con la mía por desgracia me preocupa que campes a tus anchas sin consideración alguna. Al fin y al cabo no soy yo la que una diana pintada en la espalda —respondí para que entendiera por qué lo decía— oh por los dioses, tú ego no conoce parangón alguno —rodé los ojos aunque no quise hacer mayor comentario puesto que no hacía falta… no íbamos a llegar a ningún punto en común. En cuanto comenzó a exponer las reglas y las fui escuchando no encontré objeción alguna ya que me parecían bastante coherentes y quizás, solo quizás, llegaran a que pudiéramos medio colaborar sin tener problemas. Algo que dudaba seriamente.Me crucé de brazos cuando mencionó la última regla en lo que negué levemente con la cabeza— no será necesario, a todos nos une un sentimiento de lealtad… no sé si sabes qué significa esa palabra. Están aquí por mí y lo único que quieren es volver con sus familias, tú no les importas hechicero… esto solo es entre tú y yo —sabía que no le importaba pero, de todas maneras, quise dejárselo en claro por si acaso— sí tengo una regla que añadir; ambos actuaremos de forma consensuada. Y por esto me refiero a que ninguno de los dos iremos por nuestra cuenta a investigar ni siquiera porque tengamos una pista. De los dos eres el que tienes más experiencia con la magia así que nada de ir investigando tú solo —fuera de eso no tenía mucho más que añadir al respecto— puedes marcharte, mañana te espero aquí. Mis hombres te dejarán pasar en cuanto te vean —no había mucho más que decir por lo que dejé que se marchara con su hermana, la cual seguro tenía muchas preguntas al respecto.

La noche pasó y no podía decir que había logrado dormir durante el transcurso de la misma ya que mi cabeza no dejaba de darle vueltas a lo ocurrido ese día así como la forma de poder salir de aquella situación. Por mucho que una dijera que no quería pensar era mucho más fácil decirlo que hacerlo, mi cabeza no dejaba de funcionar así como así por lo que fueron varias veces las que di vueltas en la cama intentando hallar explicación. Tampoco mentiría si dijera que en algún que otro momento había intentado sentir algo diferente en relación con mi cuerpo, por lo que él había mencionado estábamos “vinculados” aunque todavía no conocíamos el alcance ni la magnitud de ello… por suerte no sentí nada raro o diferente pero el pensamiento de estar alerta se encontraba presente. El alba llegó y tras haber dormido un par de horas -las suficientes como para mantenerme en pie- me alcé con la intención de descargar algo de la frustración y adrenalina que me corroía por dentro. No era de las de eludir batallas pero la interrupción de ayer había dejado un vacío extraño que no sabía cómo interpretar, era algo que no me había pasado nunca. Las heridas que nos infligimos apenas revestían de importancia y de seguro que ambos habíamos tenido peores de otras batallas. Incluso en mi cabeza mientras todos esos pensamientos fluían sin poder controlarlo llegué al hecho de que poco o nada sabíamos el uno del otro, algo normal cuando éramos enemigos, pero el hecho es que dicho pensamiento me llevó a preguntarme cómo sería realmente el hechicero. ¿Sería tan vil y despiadado como su padre? ¿Sería su reputación respaldada con motivos, o simplemente era motivo a consecuencia de los actos de su padre? Desconocía las respuestas a tales preguntas aunque algo me hacía sospechar que con el tiempo suficiente si no lo solucionábamos rápido, era posible que lo averiguara. Tras haber desayunado esperé por la llegada del hechicero para comenzar a investigar, para cuando me avisaron que estaba allí les pedí que lo llevaran hasta donde me encontraba. Era un despacho lo bastante grande para una mesa ovalada, una pequeña chimenea y varias estanterías vacías, los cuadernos de mi padre estaban sobre la mesa.



—Buenos días, hechicero —saludé aunque más por educación que por otra cosa— estos son los cuadernos que me traje de mi padre aunque creo que no los únicos. Realmente no sé qué es lo que tenemos que buscar por lo que imagino que tú lo sabrás. Bien, ¿qué es lo que estamos buscando exactamente? Porque si es algo que él creara dudo que con lo reservado y cuidadoso que era lo tuviera escrito de manera directa.


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Mensaje por Jakob Stenberg Sáb Sep 03, 2022 3:12 am

Jakob estaba descubriendo, no de buena manera, lo difícil que era razonar con ella mujer. En muchos sentidos le recordaba a su hermana mediana. Era igual de cabezota, terca y testaruda. Siempre debía tener la última palabra y no escuchaba de razones. No era sorpresa que ambas lograran enojarlo con increíble facilidad. Por ello, cuando se negó a su cuarta regla con discursos de lealtad, se negó a seguir llevando la misma conversación una y otra vez. – ¿Sabes qué? Haz lo que se te venga en gana. Al final, si me matan por culpa tuya o de alguno de tus perros, morirás conmigo. Sería justicia divina. – No le encantó decir aquello frente a su hermana pequeña, pero era lo que había. Toda su familia ya sabía bien quién era, y eso la incluía.

En cuanto a la regla que ella puso, la encontró innecesaria, por no decir complicada debido a lo lejos que ella vivía de la ciudad. – Si lo que quieres es que no vaya por ahí metiéndome en problemas sin tu “supervisión” vas a tener que mudarte más cerca de la ciudad. No correré hasta aquí solo para pedirte permiso para seguir mis instintos, estás equivocada, niña. – Sus perros podían seguirla y obedecerla fielmente, pero Jakob no tenía amo, era su propio jefe y nadie lo gobernaba, mucho menos una niñata malcriada cuyo interés en deshacer el hechizo era para poder intentar matarlo sin morir en ella en el intento.

– Sí, sí. Te veo mañana. – Pronunció, ya alejándose con su hermana pequeña de la mano de forma protectora. La despedida fue breve y desprovista de emociones, no existía motivo para que fuese de otra forma. No eran amigos, apenas si conocidos. Estaban unidos por aquel hechizo, pero fuera de eso, no tenían nada en común, nada que los uniera más que odio y resentimiento.

El miedo que sintió ese día no tenía comparación con ningún otro que hubiese experimentado antes. Ni siquiera las amenazas que los hicieron huir de su país lograron el mismo efecto. En aquel entonces resolvió de forma práctica y decidió que permanecer en Noruega era lo peor que podían hacer. Su madre y sus hermanas no estaban seguras sin su presencia, y él no podía protegerlas a todas al mismo tiempo. Sí, Yennerfer sabía defenderse, pero era inútil para seguir un plan, una estrategia, lo que usualmente conllevaba órdenes. Todo lo que ella deseaba era hacer su voluntad y al diablo con todo lo demás. Si bien en París no es que estuvieran del todo seguros, Jakob pensó que podrían vivir con cierta tranquilidad, dado que los parisinos eran notablemente más civilizados que en casa, pero el pasado de su padre los siguió hasta allí.


Tras pasar una noche terrible, alerta a cualquier sonido, tanto dentro como fuera de la casa, se puso de pie al amanecer, dándose por vencido. Ya no lograría conciliar más el sueño, así que era mejor hacer algo útil con su tiempo. Se dio un baño con agua fría, se vistió rápidamente y se dirigió a las afueras de la ciudad nuevamente, allí donde quedó en encontrarse nuevamente con aquella que deseaba su cabeza en una pica. Una vez en el terreno que rodeaba la vieja casa, los perros de la chica lo hicieron deshacerse de su espada y cuchillos antes de entrar; claro que conservó uno pequeño y bien escondido, por si acaso. – Buenos días, Hagebak. – Respondió al saludo, ignorando momentáneamente los cuadernos.

Dado que era poco lo que conocía del hechizo, su alcance y la velocidad con que evolucionaba, durante las eternas horas de insomnio, de planteó una especie de prueba diaria, sólo para confirmar qué podían sentir del otro y qué no. Algo ya confirmado eran las heridas abiertas, o presiones muy fuertes -como la que hizo contra su cuello al intentar ahorcarla-, pero, ¿Sería un pellizco suficiente para que el otro lo sintiera? Eran ese tipo de preguntas a las que quería dar respuesta.

– Ya pasamos a eso, por ahora ponte de pie. Vamos a hacer una prueba. – Ante su reticencia, rodó los ojos antes de explicarse. – Deberíamos medir a diario el avance de esto. Ayer te dije todas las cosas que pienso podrían ocurrir, pero realmente no hay forma de estar seguros si no lo monitoreamos. – No demasiado satisfecha, pero al menos un poco más cooperativa, la joven se puso de pie frente a él. Jakob comprendió que seguía alerta a su alrededor, era como un cachorro herido, saltaría a morderle la mano si la acercaba demasiado rápido. Así pues, decidió que lo mejor para ambos sería que le fuese hablando durante el proceso en lugar de lanzar a tocarla sin previo aviso.

– Necesitamos saber qué tan leve o fuerte debe ser el contacto recibido para que el otro lo sienta. ¿De acuerdo? – Al recibir su asentimiento, la tomó por el antebrazo izquierdo, esperando sentir algo en la misma zona de su propio cuerpo. Comenzó apenas sosteniéndola, un roce apenas, pero no sintió nada. Comenzó a aplicar un poco más de presión hasta apretarla con moderada fuerza, pero nada aún. No queriendo hacerle daño, en especial tras ver los horrendos moretones que le dejó en el cuello y que también él portaba, le ofreció su propio brazo. – Pellízcame. Primero suave, luego cada vez con más fuerza hasta que logres sentirlo. – Al final, aunque el pellizco le dejaría un moretón más, se sintió satisfecho con el experimento. No podían sentir roces o presiones moderadas, solo golpes fuertes. Eso al menos por el lado físico.

En cuanto a la emociones, ¿Podrían sentir algo el uno del otro? ¿O tal vez había exagerado? Esperaba que así fuera, pero igual debía hacer el experimento. – ¿Entre tus perros hay alguno que te haga sentir alguna emoción fuerte? ¿Amor? ¿Enojo? ¿Deseo? – Sí, el día anterior también le advirtió que sería mejor que no tuviera sexo, pero… ¿Cuánto tiempo podría estar ella así? Si no era necesario el voto de castidad, era mejor saberlo también. Así al menos no viviría con la angustia. – Sé lo que dije, pero si tienes un amante, sería bueno hacer la prueba estando aquí, pudiendo detener el… asunto. – Él le generaba odio, desconfianza, pero él tampoco es que le tuviera gran aprecio, así que era difícil identificar si las emociones eran propias o transmitidas por el vínculo. Para ese experimento en particular necesitaban apoyo de un tercero.


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Mensaje por Eyra Hagebak Jue Oct 20, 2022 10:20 am

Lo cierto es que aquella noche no había sido de las mejores que había pasado aunque tampoco de las peores, sin embargo no podía quitarme de la cabeza todo lo ocurrido así como la aplastante y ruda verdad de lo acontecido, como algo que se repetía constantemente sin que pudiera ponerle final. Si alguien me hubiera dicho antes de partir de mi hogar que acabaría de alguna forma vinculada al hombre que consideraba mi enemigo, que deseaba matar por venganza, no lo hubiera creído e incluso no descartaba la opción de matar a quien lo dijera. Porque de entre todos los posibles escenarios que contemplé para cuando llegara dicho encuentro el terminar aliándonos era lo último, o mejor dicho, una opción inexistente pero que ahora debía de aceptar si quería seguir con vida. Y por Odín que así era. Dormir no fue algo fácil pero tuve varios horas de sueño ya que lo que me esperaba al día siguiente no iba a ser nada en comparación con el día anterior, ni tampoco para los próximos días donde iba a tener que hacer acopio de todas mis fuerzas así como de mi autocontrol para soportar a mi enemigo día tras día. Una ardua tarea que sin duda esperaba tuviera su recompensa más adelante cuando por fin nos deshiciéramos de aquel maldito hechizo ya que no sabía cuánto podría durar, pero esperaba que no demasiado. No solo porque era mi enemigo sino porque los Stenberg se habían ganado una buena cantidad de ellos y lo que me preocupaba era que alguien en París lo descubriera, lo reconociera y quisiera ir a por él… de ahí que le pidiera que no saliera demasiado aunque claro, ya intuía que no me haría ni caso. Porque de ser el caso contrario yo tampoco se lo haría a él, en eso éramos completamente iguales. Quizás en lo único en lo que podíamos ponernos de acuerdo era en que siempre estábamos en desacuerdo constantemente, siempre decíamos o hacíamos lo contrario del otro. Tras levantarme temprano con las primeras luces del alba y un buen entrenamiento que despejó mi mente, así como ayudó a aliviar tensiones por no descansar bien dispuse todo para la llegada de Jakob. Había pedido a mis hombres que lo hicieran pasar nada más llegara para no perder el tiempo, lo menos que quería era alargar aquel estado entre ambos en el tiempo por lo que deberíamos de empezar cuanto antes. Sentí cierto revuelo a mi alrededor y supe que había llegado ya que podía escuchar algunos pasos corriendo y cómo los que me acompañaban en la sala tomaban cierta distancia, como si realmente no quisieran interrumpir para cuando Jakob se encontrara conmigo. Saludé más por educación ya que si al menos íbamos a tener que vernos tanto las caras -y dejar a un lado mi vendetta personal- mis padres me enseñaron y educaron para ser correcta, aunque nunca hiciera galas de tales aptitudes. Pese a que yo no sabía demasiado sobre la magia dejaría que fuera él quien me explicara un poco cuanto tuviera conocimiento del tema, quizás de esa manera fuera mucho más fácil entender qué estábamos buscando o qué necesitábamos para hallar una solución. Sin embargo me sorprendió con algo totalmente diferente que hizo que levantara mi mirada para encontrarme con la suya, sus ojos azules como el mismo mar que no supe identificar qué quería aunque sí pude apreciar determinación y convicción en ellos. Enarqué una ceja ya que no sabía demasiado bien a lo que se estaba refiriendo por lo que le hice un gesto con la cabeza para que me explicara en qué iba a consistir dicha prueba, no porque no confiara en él -que en realidad no lo hacía- sino porque quería estar al tanto de todo. Ya descarté el que quisiera atacarme o hacerme daño pues a la vista estaba que todo cuanto le hiciéramos al otro nosotros también lo sufríamos, y la mejor prueba de ello eran los moratones que se atisbaba en su cuello como un claro reflejo, un símil, de los míos. Para cuando me explicó supe que tenía razón ya que desconocíamos por mucho en qué medida nos afectaba el estar ligados o si, de aquí a un tiempo, todo podría intensificarse a niveles que ninguno llegábamos a imaginar. Todo cuanto podíamos hacer por el momento era especular sobre lo que podría ser, pero nunca saberlo con certeza. Eso en parte me desquiciaba un poco ya que era una mujer que le gustaba tener todo bajo control, y por mucho todo este asunto se me escapaba por completo.


一Por una vez estoy de acuerdo con eso, si esto se va intensificando conforme pase el tiempo deberíamos de saberlo. Por lo que pueda pasar 一en ese caso era mejor prevenir que curar. Me puse en pie quedando a escasa distancia de él a la espera de que comenzara con la prueba, asentí tras saber qué es lo que iba a hacer cuando su mano tomó mi brazo enroscando sus dedos en una sujeción firme. No hizo más que sujetarme por unos segundos hasta que, de pronto, empezó a apretar el agarre de forma progresiva hasta presionar con cierta fuerza aunque no en exceso, de la misma manera que quieres retener a alguien para que no se vaya. Su tacto pese a ser rudo no dejaba de ser cálido e incluso hasta delicado pues no siguió aumentando con la presión, sino más bien ofreció su propio brazo para que fuera mi turno. Me sorprendió ya que era un gesto que no esperé en absoluto y mucho menos viniendo de él, ya que esperaba que siguiera apretando hasta dar con el punto indicado一 ¿logras sentir algo? 一Pregunté ya que no estaba del todo segura antes de mirar su brazo y después de nuevo a él, como queriendo asegurarme que decía exactamente lo que yo entendí一 ¿estás seguro? 一Tras recibir su afirmación llevé mi mano a su brazo enroscando mis dedos alrededor de este, su piel estaba algo más cálida que la propia aunque no le di demasiada importancia a eso. Ejercí una pequeña y leve presión a la espera de notar algo en mi propio brazo pero no pasó nada, así que incrementé un poco más la intensidad siendo moderada… pero tampoco pasó nada一 estoy empezando a sospechar que esto no funciona 一aunque las evidencias estaban en nuestros propios cuerpos, las heridas, los hematomas… todo apuntaba a que sí existía esa conexión. Tenía que subir un grado y apretar con mucha más fuerza pero antes de hacerlo lo miré por unos segundos en silencio, antes de avisarlo一 voy a apretar más fuerte, prepárate 一solo para que supiera que no estaba disfrutando con hacer aquello -que bien podía pensar que así era- en lo que fui aumentando la presión del pellizco, tan fuerte, que solo entonces lo noté en mi propio brazo一 ahí, justo ahí 一mantuve por unos segundos esa misma intensidad que era algo fuerte, hasta por fin soltarlo y apartar mi mano de su brazo. Al menos teníamos algo: solo lo suficientemente fuerte y eso explicaba además por qué salieron los moratones ya que el agarre que hizo en mi cuello no fue suave o delicado, Más bien todo lo contrario.

Otra nueva sorpresa de sus labios surgió al pedirme experimentar ya con las propias emociones lo cual era un tema que esperaba, realmente, no tener que tocar. De un inicio no quise ponerme en situación de que fueran muchos meses o un año el tiempo que tardáramos en lograr poner fin a ese maldito hechizo, por lo que no quería ponerme en situación de comprobar en propias carnes si las emociones -o cualquier situación derivada de estas- también tenían su efecto. Que quisiera comprobarlo tan pronto era algo que no me esperé y que me hizo mirarlo con cierta sorpresa, sobre todo si recordaba que hacía apenas unas cuantas horas ya me había advertido de tener ciertas limitaciones para no sentir nada, ¿y ahora quería experimentar? Pasé por alto el que llamara a mis hombres “perros” ya que no quería entrar en un debate que sería inútil, pues no le haría rectificar o cambiar de opinión, por lo que me centré más en esa extraña petición que me dejó un tanto descolocada. Y ya era mucho decir. Casi que reí levemente al darme cuenta de lo que me estaba pidiendo en lo que negué levemente con la cabeza, porque era una petición de lo más peculiar a la par que extraña. ¿Quería una maldita demostración en vivo de lo que me hacía sentir un hombre, del deseo que pudiera correr por mis venas? Por Odín, era lo más pervertido que me había pedido nunca un enemigo… y lejos de asustarme, me encontré en una situación en la que me sentía cómoda.


一Si tantas ganas tienes de verme desnuda, Jakob, no tienes más que pedirlo 一mi sonrisa ladina se extendió por mis labios disfrutando de aquella extraña petición, cruzándome de brazos en lo que sopesaba hasta qué punto él querría dicha comprobación一 ¿me estás pidiendo que me excite, que ceda al deseo, para ver hasta qué punto funciona? Vaya Stenberg, no pensé que fueras un voyeur y te gustara mirar. ¿Debo preocuparme porque quieras participar? 一Le piqué totalmente aposta y a consciencia, pese a que sabía la respuesta一 no pensarás que lo haga aquí en medio, a la vista de todos 一enarqué una ceja en lo que mordí mi labio inferior一 y si no tengo un amante qué, Jakob… ¿estarías dispuesto a follarme solo para comprobar hasta qué punto llega el vínculo? 一Pregunté dando un paso en su dirección quedando en silencio por tan largo rato solo para que pudiera contestarme, para que sopesara también esa opción y ver qué me respondía. Admitía que era atractivo y un hombre que llamaba la atención, su altura, su constitución, sus ojos, sus labios… era un hombre atractivo y eso no iba a negarlo por mucho que quisiera su cabeza en una bandeja de plata, tan solo quería ver hasta dónde era capaz de llegar一 relájate Stenberg, solo era un comentario 一descrucé mis brazos y miré hacia el interior del lugar一 sígueme, veamos hasta qué punto tienes razón en esto si así te quedas más tranquilo para follar a gusto 一o para que yo pudiera hacerlo, todo fuera dicho. Me interné dentro de la casa siendo seguida por él de cerca hasta llegar a uno de los pasillos con varias habitaciones, me paré en la puerta de una y toqué a la puerta y tras un “adelante” abrí apoyándome en el marco de la misma y observando al hombre que se encontraba en su interior. Alto, guapo y con una mirada de sorpresa hacia mí一 necesito de esa magia que obras con tu boca 一directa y sin tapujos, no es como si ninguno allí supiera a qué me refería. Me giré para mirar a mi enemigo ahora aliado, con una sonrisa divertida en mis labios一 dime, ¿hasta qué punto crees que sería válido? ¿Un orgasmo estaría bien? 一Reí porque sabía que era justo lo que no quería一 puedes quedarte aquí fuera o… puedes entrar. Quizás aprendas algo útil


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Mensaje por Jakob Stenberg Dom Nov 06, 2022 5:20 pm

– Por mucho morbo que te de la idea de follar con el mismo hombre al que deseas matar con tus propias manos, la prueba no funcionaría si los dos estamos involucrados. ¿Cómo sabríamos si las emociones son propias o son del otro, pero las sentimos gracias al hechizo? – Por un rato intentó ignorar los comentarios lascivos e incitantes, no porque la considerase poco atractiva, la verdad era que no se atrevía a pensar siquiera en si lo era o no; primero, porque sabía que solo lo hacía por mofarse de él, y segundo, porque no era lo suficientemente masoquista como para interesarse en una mujer que lo odiaba a muerte. Pero, cuando abiertamente lo invitó a entrar y verla tener sexo con otro hombre, tuvo que aclarar un poco las cosas. – Es mejor que me quede fuera, así la prueba será más certera. –

Aclarado el punto, cerró la puerta quedándose fuera de la habitación y dejándolos hacer lo suyo, mientras él intentaba distraerse para así darse cuenta si sentía algo realmente a través del hechizo o solo porque era imposible no escuchar lo que sucedía del otro lado. Se concentró en pensar en los comentarios de la chica Hagebak, de los cuales, otro que tuvo un efecto en él, aunque no lo demostrase, fue cuando sugirió que de esa forma él se quedaría más tranquilo para follar a gusto. No lo importaría decirle la verdad, pero a juzgar por la mala imagen que ella tenía de él y su propia mala reputación, dudaba que le creyera, así que prefirió ahorrarse las palabras.

El tiempo transcurría y comenzó a sentirse tranquilo, confiado, de que al menos por un tiempo no tendría que preocuparse de las actividades sexuales de la mujer con quien estaba enlazado. Así, dio un paso con intención de esperarla en el despacho donde la encontró, dando un vistazo a los viejos cuadernos de su padre, cuando un intenso calor lo hizo retroceder hasta que su espalda dio contra la pared. Abrió la boca queriendo gritarle a la chica que se detuviera, pero nada más que un ronco jadeo salió de su garganta. Agradeció que la habitación se encontrase hasta el fondo de un largo pasillo, y no en frente de los demás perros de la manada de Hagebak.

En un abrir y cerrar de ojos, sintió cómo su miembro se endurecía y su respiración se hacía más dificultosa. El que nunca estuviera íntimamente con una mujer no significaba que no supiera lo que era un orgasmo, se había masturbado millones de veces desde que era un adolescente, y aunque siempre supuso que no sería lo mismo jamás se imaginó lo que podía llegar a sentir. Por más que la sensación fuese increíble, acabar en ese lugar, en esas condiciones, sería… Tuvo que hacer un gran esfuerzo para girarse y golpear la puerta con fuerza, llamando la atención de los amantes. Cuando por fin se detuvieron, se dejó caer sentado al suelo, recuperando el aliento.

Cuando la chica por fin salió a comprobar qué sucedía, notó su cabello despeinado, su respiración acelerada y su vestimenta a medio arreglar, pero nada de eso lo sorprendió, lo impresionante era que tenían exactamente la misma agitación y casi pudo asegurar tener el mismo intenso rubor que ella en las mejillas. Maldijo para sus adentros. – Estamos jodidos. – Murmuró, pues no tenía voz para más, pero era la cruda verdad. Estaban jodidos. Ese era solo el comienzo, y si realmente se intensificaba y se hacía peor, no sabía hasta dónde podrían llegar. – ¿Ahora me crees? –




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Mensaje por Eyra Hagebak Lun Nov 14, 2022 11:33 am

Cierto que la situación en la que me encontraba no era precisamente la que hubiera pensado o imaginado pero, si él quería ver hasta qué punto aquella conexión existía entre ambos no tenía problema alguno si así fijábamos unos límites, en pos de controlar si aquel vínculo o hechizo se hacía más fuerte conforme pasaba el tiempo. Enarqué una ceja por sus palabras ya que no podía negar que tenía parte de razón y aunque me resultara morboso comprobar o poner en práctica el vínculo con mi propio enemigo de esa manera no sería efectivo. Sin embargo y sin saber por qué encontraba cierta diversión picándolo con mis palabras o comentarios en lo que nos encaminábamos hacia el hombre en cuestión que “utilizaría” -y nunca mejor dicho- para comprobar hasta qué punto sentíamos lo mismo el uno del otro. Encontré con que me gustaba picarlo con comentarios acerca de lo que disfrutaría viendo o participando en la ecuación o en temas relacionados con esos, quizás porque nunca dicho tema fue un tabú y para mí era normal expresarme o hablar de esa manera. Él no hizo comentario alguno manteniéndose en un silencio al que no le di importancia ya que supuse que no quería entrar en ese pique, y que era mejor dejarlo estar a darme más caña para seguir tirando del hilo. Chasqueé la lengua ante su decisión de esperar fuera como si realmente me decepcionara tal decisión cuando en realidad no me importaba, no mientras no pudiera picarlo con mis palabras, si él prefería esperar fuera a ver el resultado yo no tenía problema alguno. Tampoco me respondió acerca de cuánto sería suficiente el experimentar pero por lo poco y escaso que habíamos deducido esa misma mañana, donde solo sentí algo al presionar con fuerza su brazo… quizás este intento no tuviera éxito pero si así se quedaba más tranquilo no pasaba nada por comprobarlo. Me giré observando al hombre que era mi “amante” quien todavía seguía sorprendido por encontrarme allí sobre todo acompañada en un principio por el que era mi enemigo-ahora-aliado, un cambio del que todavía estaba acostumbrándome pues algo me decía que esta situación no iba a pasar rápido. Mis palabras fueron más que suficientes para hacerle saber lo que quería aunque Jakob en ningún momento puntualizó hasta qué punto debía de llegar a experimentar para que él comenzara a notar algo, por lo que supuse que si esto ocurría lo haría saber. No iba a negar que relajar un poco el estrés que llevaba acumulado desde hacía un par de días pero en especial desde ayer, cuando todo se tergiversó en un giro dramático de acontecimientos, no me vendría para nada mal. Askar -que así se llamaba mi compañero de cama- me lanzó una mirada de no entender nada, aunque resté importancia ya que no pensaba explicarle en ese momento. Tan solo me dejé llevar intentando olvidarme de todo. No fue una orden más bien una petición que él no dudó en acatar tan pronto como nos quedamos a solas, su cuerpo llenó el espacio que nos separaba y sus labios fueron a los míos como él sabía me gustaba. Me alzó sin apenas esfuerzo y mis piernas rodearon su cintura con sus manos ya por mi cuerpo, me llevó hasta su cama donde me depositó sobre esta para acto seguido quedar sobre mi cuerpo. Sus manos raudas y expertas fueron a mi ropa elevando mi blusa dejando mis pechos al descubierto bajo una tela fina, que apartó para dejar mis pechos libres y listos para su boca. Jadeé cuando aprisionó un pezón entre sus labios y lo lamió con premura, con su mano ya descendiendo al borde de mi pantalón donde mi sexo ya aguardaba con anticipación su llegada. Con habilidad coló su mano hasta que sentí su dedo en mi sexo lo que hizo que arqueara mi espalda y jadeara con fuerza, cerrando los ojos dejándole hacer. Hasta ese momento no supe cuánto necesitaba de algo así para liberar toda la tensión acumulada en mi cuerpo y agradecía que no interrumpieran ese instante, porque sino juraba que mataría a quien lo hiciera.

Tras unos minutos en los que se centró en mis pechos y en mi sexo por fin su boca abandonó mis pechos y descendió por un camino peligroso pero que necesitaba a esas alturas. Se libró con rapidez de mis pantalones y mi ropa interior para acercar su rostro a mi sexo, cuando sentí su lengua recorrer toda mi hendidura un gemido ahogado escapó de mis labios. Separé más mis piernas para darle acceso y llevé una de mis manos a su pelo, enredándose entre mis dedos al tiempo que él seguía con su labor tal y como le pedí. Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás para disfrutar de la sensación y el placer que ya comenzaba a concentrarse en esa zona, moviendo mi cadera para exigir y demandar más de lo que hacía. Sus brazos rodearon mi cadera como si necesitara anclarme a ese lugar mientras seguía con su maravillosa y placentera labor, que estaba llevándome al límite. Descendí mi vista para ver aquella imagen lujuriosa cuando el rostro del que era mi enemigo-ahora-aliado pasó por mi mente como un parpadeo fugaz, lo que me hizo fruncir el ceño ¿por qué se cruzó su imagen en un momento así? Deseche ese pensamiento tan rápido como vino y me centré en lo que Askar me hacía sentir, tan próxima al orgasmo que todo mi cuerpo pedía por una liberación que no tardaría en obtener. Arrugué la sábana con mi mano libre y cuando gemí con la respiración agitada por el intenso placer, de nuevo el rostro de Jakob surcó mi mente como una maldición o un castigo impuesto por los mismos dioses justo cuando me corrí tras alcanzar la liberación. En aquel intenso y arrollador orgasmo fue el rostro de Jakob el que me acompañó y no el de mi amante quien había hecho todo el trabajo, sorprendiéndome y dejándome confundida por apenas unos segundos hasta que unos fuertes golpes en la puerta llamaron toda mi atención con mi cuerpo aún notando las pequeñas olas de placer, la respiración agitada y mis mejillas sonrojadas por el calor experimentado. Tardé unos segundos en comprender que aquel que llamó debió de ser Jakob y sintiendo el cuerpo laxo me levanté tras lanzar una mirada lasciva a Askar por su labor, recomponiéndome la ropa apenas me encaminaba a la puerta solo para abrirla y encontrarme a aquel hombre sentado en el suelo. Sus mejillas presentaban un rubor que debía ser parecido al mío, su respiración agitada en sintonía con la propia… pero lo que más me chocó de todo aquel conjunto fue notar su miembro presionar contra su pantalón.



一Por los dioses… 一no hacía falta demasiado para saber que aquel maldito vínculo había hecho de las suyas y si, tal y como él predijo pudo sentir incluso en algo tan íntimo como el sexo. Estábamos jodidos, sí. Me deslicé hasta quedar sentada a su misma altura sin querer pensar en nada de lo que había pasado ahí dentro en esa cama, nada que tuviera que ver con su rostro surcando mi mente al alcanzar el éxtasis. ¿Sería eso también producto del vínculo? Lo miré cuando preguntó si le creía ahora aunque nunca mostré signos de no creerle, mis piques se debieron a simplemente eso: picarlo un poco. Desde que tras herirnos teníamos la misma herida infligida no dudé ni por un segundo de lo que sucedía, otra cosa muy diferente era que lo aceptara o asimilara tan rápido一 ¿tú también… también has sentido…? Oh mierda. Joder. Joder 一llevé una mano a mi rostro para apartar un mechón pegado a mi rostro cuando pedí a Askar que se mantuviera tan lejos como pudiera一 no creí que… incluso así. Mierda 一murmuré apoyando la cabeza contra el marco de la puerta dejando que ambos cuerpos se recuperaran pues él no se encontraba en mejores condiciones que yo一 ¿hasta cuánto has sentido, Jakob? 一Pregunté en voz baja como si fuera un secreto que solo él debía de conocer, cuando sentí su mirada tras la pregunta lo observé a sus ojos azules que ahora tenían un tono más oscurecido一 no me mires así, solo quiero saber si te has… ya sabes 一bajé mi mirada hacia donde se notaba su miembro a través de la tela y ni siquiera me fijé en mucho más allá, no quise fijarme en pequeños y nimios detalles como cuánto se notaba ni lo bien dotado que parecía estar. Nada de sexo por ahora, estaba claro一 no entiendo, ¿por qué alguien querría lanzar un hechizo así? 一Un vínculo o una conexión a ese nivel incluso con un enemigo era peligroso, caminar por el filo de la navaja一 tenemos que encontrar una solución a esto. Pronto 一hice una pequeña pausa一 ¿crees que esto podría aumentar con el paso del tiempo, ser más… intenso? 一Por los dioses, no quería ni pensarlo de ser así一 al menos tenemos una cosa clara; nada de sexo. Una lástima, tendré que esperar a que esto acabe para saber cuánto morbo da follarme al enemigo 一chasqueé la lengua sacando ese humor pícaro en momentos como aquel, igual que hacía unos momentos. ¿Por qué lo picaba? Porque podía, porque era divertido.


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Mensaje por Jakob Stenberg Miér Nov 30, 2022 9:28 pm

Aun cuando en la habitación contigua los amantes se detuvieron, para Jakob la excitación era tan intensa que tuvo que recordarse dónde se encontraba para evitar llevarse una mano a la entrepierna y acabar con la tortuosa necesidad. No sería difícil, tampoco demoraría demasiado en conseguirlo siendo que faltaba tan poco, pero no era el lugar ni el momento correcto para ello. Tendría que soportarlo y atacar a la raíz del problema, pues si algo era seguro es que no quería volver a experimentar ese deseo viniendo de ella.

Para cuando la joven salió, encontrándolo sentado en el suelo, Jakob sudaba como si hubiera estado todo ese tiempo sobre ella, arremetiendo en su interior. – Al principio no sentí nada, pensé que cada uno sería libre al menos en este sentido. Todo fue muy rápido y repentino. Un instante todo estaba bien, y al otro… – Al otro podía sentir las oleadas de deseo recorrerle, incluso el escozor en la garganta por los gemidos, era una sensación que no sabía cómo describir.

Una de sus cejas se elevó como consecuencia de la sorpresa de encontrarla mirando directamente y sin ninguna vergüenza hacia su miembro. Estaba más que acostumbrado a recibir invitaciones indecorosas, pero ninguna había sido tan descarada, y ciertamente no venían de mujeres que lo odiaban a muerte. – No, no le hecho. – Respondió, refiriéndose al orgasmo que ella evidentemente había sentido. Fue potente lo que sintió, faltó poco, pero no logró llevarlo a compartir el éxtasis de su enemiga.

– ¿Y cómo quieres que yo lo sepa? – Preguntó, repentinamente exasperado, resultado de la frustración. Se dio cuenta enseguida de que hizo mal. Tal y como él, ella no tenía la culpa, y no quería caer a su nivel al culparla de algo que hizo su padre. – Lo siento. – Pronunció ahora en tono quizá demasiado bajo y sin atreverse a mirarla de nuevo a la cara, no por lo dicho, sino por la vergüenza de que lo viera en las condiciones en que se encontraba. Era excesivamente incómodo.

En cuanto a la pregunta de si creía que podría aumentar en intensidad con el paso del tiempo, respondió primero con un asentimiento antes de hablar. – Es una teoría, pero en realidad no lo sé. Por eso propuse la prueba diaria, para ver si en realidad se intensifica o si la situación actual es lo peor a lo que nos enfrentaremos. – Las circunstancias ya eran malas, pero viendo el lado positivo, podrían ser peores. ¿Cómo? En ese momento no lo sabía, pero suponía que lo averiguarían si llegaba a tener razón.

Aunque comprendió la broma en sus palabras, el lado técnico y estricto de Jakob floreció para dar una explicación de por qué su comentario era incorrecto. – La idea es que nos privemos de tener sexo con otras personas. Si lo haces con otro hombre, yo lo sentiré, y viceversa. – Para muestra, lo que acababa de ocurrir. – De hacerlo entre nosotros, nadie más se vería afectado. – Sin darse cuenta de lo que sus palabras podrían implicar, continuó. – Un orgasmo en estas condiciones, sintiendo el placer propio y el del otro a la vez, debe ser mucho más intenso. – Fue la mirada de la joven Hagebak lo que lo hizo darse cuenta de lo que parecía proponer.

Las palabras fueron dichas, era demasiado tarde para retractarse. Sin poder evitarlo, apartó nuevamente la mirada para que ella no descubriera lo avergonzado que se sintió, vergüenza evidente en su rostro que enrojeció furiosamente. Queriendo poner algo más de distancia entre ambos, se puso de pie dándole la espalda para poder recuperarse. – Eso no fue, bajo ningún concepto, una invitación. – Aclaró. Sin pensar aún en que, así como la joven Hagebak no podía tener sexo, él no podría masturbarse tampoco, lo que pronto le pasaría factura.

– Vamos a ver esos libros y diarios de tu padre. – Le ofreció una mano para ayudarla a ponerse en pie, y la siguió de vuelta al despacho donde la encontrase al llegar. – ¿Pudiste ver algo antes de que yo llegara? ¿Encontraste algo que pueda ser de utilidad? – Le preguntó, ojeando los cuadernos que tenía sobre la mesa, parte porque realmente estaba interesado, y parte con intención de dejar el momento incómodo atrás.




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