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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Eyra Hagebak Miér Dic 29, 2021 1:23 pm

Jamás habría pensado que el destino me deparara una situación parecida a la que vivía en esos momentos, siempre había vivido en tierras norteñas donde me sentía cómoda y había llevado una vida que hasta el momento podría haber sido catalogada como “plena”. Uno de los momentos más tristes que había tenido que vivir fue la muerte de mi madre cuando yo era pequeña, en ese momento no comprendí ni entendí lo que ocurrió realmente y mi padre lo ocultó para que nunca supiera la verdad sobre aquel hecho. Él siempre había dicho que su muerte se debió a una causa natural –aunque nunca especificó- y yo creí que siempre había sido así, pero conforme fui creciendo y tomando consciencia mi padre menos hablaba de ese momento y tampoco contestaba mis preguntas, unas que siendo niña era imposible que formulara con esas edades. Fue ahí cuando empecé a sospechar que su muerte no fue tan “natural” como él me había dicho pero poco más pude sonsacar, y así fueron pasando los años donde mi entrenamiento junto a mi padre y a su mujer hombre era implacable y estricto, según decían yo algún día ostentaría el título de conde que él llevaba y tenía que estar a la altura y hacer lo mejor para todos como él había hecho en todos esos años. No fue fácil pero yo nunca fui una mujer que se venciera o se rindiera a la primera de cambio, es más, algo me hacía pensar que mi entrenamiento era mucho más fiero y estricto del que tenían otros jóvenes guerreros... y eso en parte me gustaba, los desafíos siempre me habían gustado y mi padre decía que con el carácter explosivo y temperamental que tenía era una combinación demasiado peligrosa. Y así fueron pasando los años hasta que las nornas, esas perras del destino hicieron una jugada que nadie pudo prever y que me llevó a pasar de tenerlo todo... a perderlo, como la arena que se escapaba de entre los dedos y que es imposible de mantener por mucho que uno quiera. No sabía lo que había hecho mi padre pero la guerra llamó a nuestras puertas y nuestro enemigo se presentó ante ellas, reclamando algo que decía tenía mi padre y que le pertenecía. No fue fácil y lo que aconteció después marcó mi sino de manera irrevocable, obligándome a presenciar la muerte de mi padre a manos de mi enemigo pero más que eso yo quedé marcada, como si de una maldición se tratara que había quedado patente en mi piel como si fuera tinta, algo que solo una persona podía deshacer pues los hechiceros no lo conseguían por ser magia de sangre. Solo él podría hacerlo o alguien de su misma sangre; su hijo.

Seguir la pista de aquel hombre no había sido nada fácil donde incluso había llegado a callejones sin salida porque era muy escurridizo y sabía esconderse muy bien, ocultar sus pasos para no ser descubierto pero incluso así yo no me rendía fácilmente ni me daba por vencida a la primera de cambio. Necesitaba cobrar mi venganza contra aquel hombre y no pararía hasta que esta se viera cumplida liberando así una parte de mi interior que me carcomía por dentro, cada día que pasaba y sabía que ese malnacido respiraba y seguía con vida era como una tortura que se repetía constantemente, sin dejar que descansara el recuerdo y la memoria de mi padre con propiedad. Aunque lo que más deseaba hacer era encontrarlo y matarlo para mi desgracia, mi enorme y gran desgracia, no podía hacerlo pues lo necesitaba con vida para que fuera él quien me quitara lo que su padre me había hecho antes de morir; aquella maldición que cada día me consumía un poco más como si intentara adueñarse de mi alma, arrebatármela. Lo habíamos intentados con todos los hechiceros de nuestro condado, con algunos clanes del norte que se habían prestado a ayudarme pero todos me habían dicho exactamente las mismas palabras: la magia de sangre solo podía liberarse con la misma sangre de quien lo había hecho. ¿Y eso cómo dejaba? Realmente jodida, porque esa persona no era otro que mi enemigo que era a quien estaba persiguiendo y el que debía de matar. La vida era una completa ironía y odiaba a las nornas que tenían mi destino poniéndome en el mismo camino que aquel hombre, sin poder matarlo como deseaba. Y eso planteaba otro problema que me había estado persiguiendo desde el momento en que partí del norte; que si por alguna razón moría antes de que lo encontrara entonces no podría liberarme del hechizo y conforme este fuera avanzando por mi cuerpo terminaría muriendo. La marca había empezado en mi omoplato derecho de forma pequeña, casi como si tuviera la figura de una flor que empezaba a florecer... maldita ironía porque cuando llegara a su límite pasaría todo lo contrario; terminaría mi vida. Por eso era de vital importancia encontrarlo para que así pudiera quítame el hechizo y después no dudaría en matarlo, no se merecía otra cosa que la muerte por todo el dolor que su padre nos había causado. Además tenía la firme sospecha de que su padre había hecho algo más que matar al mío, por las últimas palabras en su lecho de muerte me dejó caer que era posible que mi madre también hubiera muerto por sus manos... y como fuera así, no le salvaba ni el águila de sangre.

Gracias a que llevaba unos días en la ciudad de París y que había partido con dos de mis hombres de confianza, habíamos podido averiguar dónde se encontraba su lugar de residencia y había tenido esos días siguiéndolo para conocer sus pasos, sus rutinas para de alguna manera conocer la mejor manera de acercarme. Era hechicero por lo que era muy posible que pudiera conocer que lo estábamos rondando y vigilando, pero era un precio a pagar si así obtenía la información necesaria para actuar con propiedad. Tenía una muy buena baza a mi favor que era el saber que había huido del norte con su familia, si podía obtenerlos o capturar a alguno de ellos sería como tener parte de mi venganza cumplida. Sabía muy bien lo que era perder a un familiar y un ser querido por lo que no tenía nada en contra de su familia, tan solo lo quería a él... pero si para ello debía de utilizar otras formas, o a otras personas, no iba a pensármelo dos veces. El hechicero tenía reforzado su hogar por lo que me había dicho uno de mis hombres, algo bastante lógico si tenía la mínima sospecha de que podía ir a por él... y vaya que desde luego iba a encontrarlo sin importar lo que costara. Dos días más tarde me encontraba en la zona de las afuera de la ciudad que era donde nos quedábamos, era una casa grande que parecía llevar varios meses abandonada pero nos servía bastante bien para pasar desapercibido. Gracias a que no me había mostrado ni siquiera acercado mis hombres habían cumplido con una parte muy importante del plan; tenía a una de sus hermanas. No es que me gustara demasiado el chantaje y la extorsión pero si algo me quedaba claro es que ese hombre protegía a su familia, y yo pensaba utilizarlos por más ruin que sonase si con ello conseguía mi venganza. Tenía muy claro que pronto aparecería ya que dudaba que dejara a una de sus hermanas en mi poder, aunque se encontrara a salvo y no fuera a hacerle nada pero que ese pensamiento pudiera retorcerle las entrañas me gustaba, al menos que sintiera una décima parte de todo lo que su padre me había hecho a mí. Y es que cuando se trataba de vengarse no había tregua alguna, ni piedad conocida. “Ojo por ojo”, Ya lo esperaba en la casa abandonada en donde me encontraba, su hermana la habíamos dejado en el sótano como una mazmorra improvisada bien protegida. No me fiaba de que su hermano jugara limpio, de mientras contaba los segundos para encontrarnos.


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Mensaje por Jakob Stenberg Miér Ene 12, 2022 10:45 pm

Hacía días que tenía la misma premonición, una pesadilla para él siendo que lo que veía era a su hermana más pequeña, atada y amordazada en un sótano viejo y sucio. Podía ver las lágrimas correr por sus mejillas, la angustia y el miedo en sus ojos. Al despertar lo embargaba una terrible impotencia. Sabía que esas visiones no siempre eran certeras y que podían cambiarse con las decisiones que tomaba, por ello pidió a Jannicke que no saliera sola de casa pues era la única de los tres hijos que no poseía ningún poder y tampoco sabía cómo defenderse, por ende estaba indefensa. Debió saber que, con lo necia que era, no le haría caso. Debió saber que, si no le decía nada a su madre, su hermana haría lo que quisiera como siempre hacía. Ese fue su error. Cuando llegó aquella tarde y se encontró a su madre preocupada y a punto de llorar, supo exactamente qué iba mal, y no dudó un sólo segundo en hacer un hechizo de rastreo que le ayudase a encontrarla. Y lo hizo.

Cuando dio con la casa de donde su presencia venía, no le sorprendió notar que no había nadie afuera vigilando. Sabían que iría, así como también sabían que no se atrevería a atacar a ciegas con el riesgo de herir a su propia hermana en un intento por salvarla. De momento no tenía idea de quién podía ser este enemigo, pero planeaba descubrirlo pronto. Sacaría a Jannicke de allí sin importar qué, incluso si para ello debía usar el poder de dominación que tanto odiaba. Antes de entrar a la vieja y abandonada casa, se preparó con su mejor actuación de hombre desalmado. Estaba más que claro que eso es lo que esperaban de él, y eso es lo que les daría. Si llegaba allí lloriqueando y pidiendo clemencia no harían más que escupirle a la cara y probablemente terminarían no sólo matándolo a él sino también a su madre y hermanas.

Lo que encontró tan pronto entró, debía admitir, lo sorprendió un poco, pero sólo por un instante. Aunque no recordaba su nombre, su rostro era uno que conocía perfectamente. Sus espadas se habían cruzado en el pasado, en más de una ocasión. Si lo pensaba con detenimiento, resultaba lógico que ella quisiera venganza, aunque no entendía por qué iba contra él cuando sabía perfectamente que fue su padre quien orquestó aquel ataque. Se encogió de hombros solo por el pensamiento, suponía que era otro de los enemigos que su padre le dejó como herencia. Y, por si fuera poco, no estaba sola. – Me siento halagado de saber que necesitas dos hombres, además de trucos sucios, para acabar conmigo. No pensé que fuera tan importante para ti. – Sonrió, paseándose lentamente por el salón, siempre alerta en caso de que los dos brutos postrados a cada uno de sus lados decidieran atacar sin el permiso de su ama.

Por su parte, Jakob ni siquiera llevó la mano a su espada, se sentía confiado cuando su enemigo se trataba de un trío de humanos, entre ellos una mujer. – Aunque no serán suficientes, Hagebak. – Entrecerró los ojos, con intención de irritarla, no sólo con sus palabras sino también con su sonrisa arrogante. Como si estuviera en su propia casa, decidió ponerse cómodo, aunque no tanto pues todo se encontraba lleno de polvo y eso lo disgustaba, así que simplemente se sentó en el brazo de uno de los muebles más alejados de sus oponentes. – Sé lo que quieres. Pero no vas a lograrlo, ¿Por qué no te ahorras la humillación, sueltas a mi hermana y todos podremos irnos a casa en paz? Así nadie saldrá herido. – Lo dijo, pero sabía que eso era imposible. Ella debía odiarlo demasiado como para simplemente dejarlo ir, y si él no la mataba, ella nunca los dejaría en paz. Alguien tendría que morir esa noche.


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Mensaje por Eyra Hagebak Dom Ene 23, 2022 11:36 am

Cuando se trataba de cumplir con una venganza y una tan importante como la que tenía entre manos se debía de hacer todo lo posible para que esta se cumpliera, aunque eso supusiera que debía de secuestrar a una niña con el único fin de hacer salir de su escondite a la persona que llevaba persiguiendo y por el cual me encontraba en París. Aunque reconocía que era una jugada muy sucia para hacer que viniera a donde me encontraba, sin embargo ya a esas alturas poco me importaba si con ello podía vengar la muerte de mi padre y saldar esa deuda, esa espina clavada que me atormentaba a cada día y a cada noche. No me había quedado más remedio aunque tenía claro que no iba a hacerle ningún daño a la joven, pues no era mi intención, tan solo era el cebo que ponía para que el monstruo picara… y nunca mejor dicho. Tenía muy claro que el hechicero amaba por encima de todas las cosas a su familia aunque ese sentimiento lo entendía y lo compartía, por eso hacerle saber que tenía en mi posesión un familiar que le era tan querido era hacerle sentir en parte lo que una vez me tocó vivir cuando murió mi padre. Y aunque no lo había comprobado pues yo no tenía pruebas de ello sí que tenía la sospecha de que, la muerte de mi madre, no había sido tan natural como mi padre me hizo creer siendo pequeña. Fueron ciertos matices que de niña pasas por alto pues no comprendes la crueldad o la maldad que puede existir en el mundo, pero ahora que sabía de lo que se era capaz las dudas cada vez se despejaban más en mi mente. Pero al carecer de las pruebas no tenía forma segura de culpar a su padre de la muerte de mi madre, pero en el fondo algo me decía que mi padre lo ocultó porque era muy pequeña y así ahorrarme esa terrible verdad. Fuera como fuese iba a vengarlos a ambos, asestar ese golpe final que se merecían y lo haría terminando con el hijo de aquel malnacido poniéndole fin a todo. De esa manera ellos podrían descansar así como también lo haría yo, seguir el camino marcado por mi padre. Cuando me avisaron que se encontraba en las cercanías del lugar mandé que todo estuviera preparado pues no podía fiarme del hechicero, dado que era igual que su padre. Para cuando atravesó las puertas su hermana se encontraba en una de las celdas del lugar custodiada por varios hombres, llegar no le resultaría fácil con magia o sin ella. Quería ver el terror en su rostro aunque con la fama y la reputación que tenía sabía que iba a ser complicado. Estaba preparada para ese encuentro y para cruzármelo por fin cara a cara, aunque tenía presente que una cosa era cómo me había imaginado el encuentro y otra muy diferente a cómo se daría lugar. Con aquel hombre toda precaución era más bien poca así que de ahí a llevar más hombres a París conmigo. Si tuviera el don de mi madre para la magia las tornas hubieran sido muy diferentes a las que eran, podríamos tener un duelo de igual a igual, y esa pequeña ventaja para mí era un hándicap. De seguro que él utilizaría todo cuanto estuviera en su mano para salvar a su hermana y acabar con mi vida, pero por los dioses que lo intentara si se atrevía a hacerlo. Para cuando apareció por aquella puerta con ese porte que era exactamente igual al de su padre, con ese porte como si quisiera decir que todo aquello por donde pisaba era suyo… de hecho no era la primera vez que nos cruzábamos ya que eso sucedió varias ocasiones en el pasado, pero sí la primera donde ni la guerra, ni la batalla ni los muertos nos rodeaban. Casi que podía deleitarme con esa sensación de que por fin las cosas iban a estar en su lugar, era como si pudiera rozar con la yema de mis dedos la tan ansiada venganza.


—Eres mi invitado especial, ¿cómo no hacer que te sintieras importante? Aunque de eso estoy convencida que ya te encargas tú solo de que ocurra —él podía mencionar todos los “trucos sucios” que quisiera, pero la realidad era que contaba con una ventaja que yo no poseía. Nadie, cualquiera que se prestara, iba a ser tan estúpido como para no intentar igual esa ventaja… claro que tenía varios hombres con poderes mágicos pero quería encargarme yo misma de él, no que lo mataran otros. Quería ser yo quien asestara no solo el golpe final; sino todos ellos. Ese era mi objetivo y como tal me daba igual lo que ocurriera en el transcurso para conseguirlo; ya no tenía nada que perder— ¿y cómo estás tan seguro? Por muy hechicero que seas no eres inmortal y las heridas te hieren, te hacen daño, como a cualquiera de nosotros. Sé lo que es la magia y lo que puede hacer; pero también sé que no se tiene una energía ilimitada para matar a tantos como se pongan en tu camino —pese a que yo no obtuve el don de mi madre sí me enseñó padre cómo luchar contra ellos, sus puntos débiles, cómo atacarles— ¿de verdad te pensabas que solo dos hombres iban a acompañarme para acabar contigo? Desde luego que no, pero que lo pienses me hace una idea de lo infravalorada que me tienes —sonreí ladina observando cada uno de sus movimientos, sin apartar la mirada de él, pues aunque la lucha podía empezar en cualquier momento todavía era pronto. Quería verlo sufrir al saber que tenía a su hermana pequeña conmigo, a mi merced y voluntad. Emití una risa baja y corta cuando me sugirió que me ahorra la humillación para así entregarle a su hermana, entendía lo que pretendía y aunque quise borrarle esa sonrisa burlona de sus labios simplemente callé porque no caer en su juego aún le jodería más— sabes que eso no va a ocurrir, pero si quieres ahorrarte la humillación entonces bien; ponle fin a tu vida y tu hermana saldrá de aquí sana y salva —ambos sabíamos que esa opción no era válida ya que era imposible, inviable, algo tan sencillo no podría terminar con un odio y una rivalidad que había estado gestándose durante tanto tiempo— o mejor aún; te desafío a un combate solos tú y yo. Sin magia de por medio, solo nuestros cuerpos y el arma que vayamos a utilizar durante el combate. Si ganas tú te llevarás a tu hermana sin mayores consecuencias, si gano yo… bueno tú pequeña hermanita no me interesa en absoluto, tan sólo era el señuelo para que vinieras. Solo te quiero a ti —me levanté para acercarme a un armario donde habían varias armas que utilizar, todas ellas preparadas para el combate— no podrás salvar a tu hermana sin sangre Stenberg, así es como empezó y así es como terminará —y sabía bien de lo que hablaba— pero, si decides hacer trampa y matarnos a todos… tu hermana correrá el mismo destino. En tus manos queda si solo muere uno, o morimos todos —aunque iba a ser más indulgente de lo que ellos habían sido, pues sí era cierto que no tenía ninguna intención de herir a su hermana. Pero si hacía trampa, si no aceptaba ese desafío y nos atacaba a todos por igual, habían órdenes de que mataran a su hermana. Por muy rápido que intentara llegar a la celda en la que estaba retenida no podría llegar a tiempo, y su cadáver sería lo que le diera la bienvenida. Ellos no tuvieron esa consideración con su familia, y lo iban a pagar muy caro. Al fin y al cabo; «la sangre pesa más que el agua».


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