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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Leer Kruspe Miér Ene 12, 2022 1:07 am

“La fortuna no se vence con injusticia y venganza, porque antes se incita más.”

Pedro Calderón de la Barca



¿En algún momento la inmortalidad comenzaba a ser pesada para los vampiros? No estaba segura pero esa pregunta aparecía constantemente en mi cabeza, como un acertijo incesante sin respuesta alguna... tal vez no era tan lista como lo creí durante mi vida humana. Sin embargo de algo si estaba segura, esta condición era un cumulo de emociones que me aturdían hasta dejarme a su merced y la sed era una de ellas. Me sometía día y noche y aunque ya había bebido de humanos prefería dejar que me consumiera hasta obligarme a buscar la fuente de la eterna juventud.

Impaciente, ansiosa y demasiado alerta a mi alrededor, tres palabras perfectas para describir como me sentía, seguía sin entender el porqué debía acompañarle a todos lados, esto era peor que tener un carcelero. Eso sin contar que se estaba comportando de manera muy extraña, Deiran tampoco tenía una manera monótona de empezar sus noches y ahora fuera de Francia se comportaba de manera aún más impredecible. Aunque Florencia era una ciudad hermosa y ya la había visitado de chica con mis papás, con mi creador el viaje no conllevaba la misma emoción, no podía decirle a mi sire que quería ir a pasear por las calles porque me lo negaba, como si algo lo estuviese asustando. Tampoco tenía ganas de discutir y escucharle decir “potra salvaje” detestaba ese apodo, me encendía y no de una forma buena.

Metida en un vestido de seda negra que casi me asfixiaba estaba sentada en la oscuridad dentro del carruaje, Lorenzo cada vez usaba menos tela para confeccionar mis atuendos, sino fuera porque estaba segura el corsé mantenía todo dentro del vestido creería el escote estaba haciendo ver de más. Nos dirigíamos a una reunión por una presentación de uno de los vinos de Camelia Vinn, vi de reojo al vampiro apretando los dedos los unos con los otros, debajo de esos guantes negros sentía la piel completamente fría, la época tampoco era apta para calentar... calentar, me reí internamente por suponer que algo así podría sucederme, la muerte era una maldita bufona, y le encantaba jugar con mis percepciones.

La relación con mi creador aún no era “amigable” el escozor por lo que me había hecho permanecía dentro de la herida abierta, remojando sin permitir que cerrara, pero ¿cómo se suponía podía estar satisfecha? Nunca lo aceptaría, no era un capricho, era él... me había condenado a vivir la eternidad con él y luego estaba el que debía dormir a su lado, había apartado a mi nana, cada que podía me llamaba “potra salvaje” ¡era un animal para él! Y por último me torturaba, cada que lo tenía sumamente cerca lo único que deseaba era clavarme en él y beber hasta el cansancio, tan enfermizo como adictivo, toda su presencia era una droga para mí, algo que iba a ocultar toda la inmortalidad.

-¿Cuánto tiempo se supone vamos a estar ahí?- pregunté viendo mi reflejo en la ventanilla del carruaje -Porque luego de que me arrastras a todos lados contigo mi querido papá...- el tono de mi voz era socarrón y muy suave -...logras despertar algo aquí- me llevé las manos al estómago y le vi con media sonrisa. Era una completa mentira, ese ardor ya existía desde hacía varias semanas, desde mi última cena en París.

Di una rápida ojeada a su atuendo y suspiré resignada a lo que me esperaba. No lo malinterpreten, me gustaba socializar y entablar conversaciones, lo que detestaba era hacerlo en esta condición y sin sentirme completamente libre.

Al llegar al lugar los carruajes estaban por doquier, humanos en vestidos y trajes elegantes se deslizaban de un lado por otro, y ese olor, era fascinante tan dulce como estar dentro de una panadería. Inhalé con profundidad, era un hábito que tenía, me gustaba fantasear con mi demonio, ese simple acto hacía que rugiera algo dentro de mí. Buscando la manga de Chassier me sostuve de la tela viendo a una mujer con un enorme abrigo de piel que pasaba frente a mí. Su cabello era rubio y tenía una tez muy clara, podía ver como palpitaba la sangre al pasar por su cuello, mordí mis labios y apreté los dedos en su manga hasta que algo me despertó, detrás de la humana alguien apareció.

Ese rostro... lo conocía a la perfección, este ni siquiera me vio, iba caminando de la mano con otra mujer, fruncí el ceño viéndolo entrar a la recepción.

Clarke, ¿qué rayos haces acá?

Mi antiguo abogado, el culpable de que yo estuviera ahora condenada a esconderme del sol, la maldita escoria que me había incitado a tratar a Deiran Chassier, sentí la rabia recorrerme las encías, esa alimaña andaba libre gozando de los placeres de la vida y mientras tanto yo estaba aquí tratando de adaptarme a todo esto ¡Lo odiaba! Lo odiaba y quería devorarlo despacio, hasta la última gota de su inmunda sangre. Me mordí el interior de la mejilla y me separé del vampiro.

-¿Podemos entrar ya?- pregunté con tono muy serio-Me estoy comenzando a sentir impaciente, y necesito mojarme la garganta- concluí.

Claro que necesitaba mojarme la garganta, mojarla con la sangre de Clarke y la mojigata que llevaba como pareja.


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Mensaje por Deiran Chassier Jue Ene 13, 2022 1:01 am

ABRIR AQUÍ ANTES SEÑORITA KRUSPE:
Si eres tan amable de leer el tema con esta melodía te lo agradeceré siempre. Atte. Deiran Chassier.



El mayor de los pecados es dedicarle el alma ausente a una diosa de sal que no habla.



Las noches parecían más pesadas que de costumbre y es que el invierno otorgaba una especie línea recta bastante larga donde el día era muy corto y las noches eran más largas. La cosa no era distinta en Italia. Era una maldita desgracia tener que despertar en medio de la zozobra que la iglesia diera pronta captura al vampiro el cual tenían en la mira se hiciese realidad pero lo más macabro de toda aquella situación era el temor de que le hicieran daño a ella… a mi ángel en este perverso infierno. Por esa razón había decidido tomar un breve tiempo lejos de Francia y toda su podredumbre sólo para protegerla. En la mansión, en Camelias Vinn o cualquier sitio que ocasionalmente solía visitar se encontraban las cartas impregnadas con plata haciendo un recordatorio del ‘’ojo que todo lo ve’’ había encontrado a su presa y no descansaría hasta que fuese parte de su séquito de asesinos.

La idea de organizar una pequeña velada en Florencia donde estaba la sucursal principal de Camelias Vinn quizás no había sido tan inteligente pero todo aquello tenía una razón de ser y es que si la inquisición se diese cuenta que ya sospechaba de su siniestro plan iban a ejecutarlo de forma expedita por lo que no me hubiese dado tiempo de preparar el terreno, preparar sus alas, coserlas y hacerlas funcionar, necesitaba más horas con ella realmente necesitaba que el tiempo detuviese su andar y se congelara unos instantes para hacerla eterna.

Sintiendo como lo dulce del vino se mezclaba con mi paladar volviéndose amargo y caliente bebía aquella copa sin decir ni una sola palabra, estaba realmente sumido en mis pensamientos y de vez en cuando escuchando los de ella sin que se diese cuenta claro. No le dirigí la palabra en todo el trayecto, era como una tumba sellada en medio de un terrible tormento. Sus dudas eran como clavos que penetraban cada una de mis costillas haciendo doler todo mi pecho, sus inseguridades, sus miedos, incluso su odio a lo que era, lo convertía todo en un sacrilegio era una molesta espina que no permitía salía del lugar donde se había encarnado y pulsaba generando mucho dolor. – También odio esto, Amélia, ojalá fueras capaz de verlo – susurré para ella aunque ya sabía que era imposible que ella me escuchara, era como si fuese un mudo queriendo gritarle a un sordo. ¡Qué agonía! ¿Por qué no eres capaz de leer mis ojos y darte cuenta de mi sufrimiento?, sufro… sí, lo hago por ti.

Las lecciones de aprendizaje con la neófita iban bastante bien, consideraba oportuno exponerla al límite a la tentación para privarla del líquido vital que mantiene a cualquier demonio con vida. La iba a matar del hambre hasta hacerla su amante y la dejaría renacer para que no viviera encadenada a la sangre.

Bajando del carruaje con el semblante neutro tenía los ojos vueltos un cubo de hielo y la mandíbula tensa como una roca. Echando una mirada rápida a los presentes escuchaba sus pensamientos, leía sus bocas, analizaba sus gestos. Era como un perro sabueso buscando al culpable, necesitaba saber si había un condenado en medio de los inocentes. Sintiendo como el suave tacto de la vampiresa me traía nuevamente a la tierra le miré de reojo y comenzamos a caminar deslizándonos con sutileza entre los invitados a los cuales saludé con una corta reverencia sin dejar la cortesía engavetada, después de todo los protocolos siempre fueron importantes para mí y claro, conocía bien de ellos y era por eso el éxito de todos mis negocios. La tensión bajo el agarre de la vampiresa a mi brazo me hizo alzar la ceja ligeramente y detuve mi andar para fingir atención a una de las mujeres que se detenía con atención a saludarme y alabar el gran éxito del negocio en Francia. Yo sólo respondía cortamente a sus preguntas y aclarando un poco la garganta volví a hacer aterrizar a mi ángel en la tierra. – Ella es Amélia Lincoln… - dije con un tono bastante grave – Mi novia – añadí endurecido notando de reojo la expresión de ella a lo que escuché sus demandas y negué completamente a su separación. Sabía que había encontrado un objetivo podía sentirlo palpitar en la boca de mi estómago dándome punzadas permanentes abriendo el hambre la cual no me pertenecía sino que le competía a ella. La mujer escandalizada abrazaba a la neófita en son de felicitación por una relación que no existía y le preguntaba más cosas como interrogatorio del vaticano.

- Dios mío querida! Esa sí que es una sorpresa! Deiran jamás había tenido novias conocidas, mucho menos prometidas ¿Serás tú la primera en serlo?… Deberías darme consejos - guiñándole el ojo la mujer solterona sonrío de forma picaresca por lo que negué en plena desaprobación de aquello lo cual no entendía para nada bien y hablando a su cabeza llamé su atención. – Vamos Amélia siento como tu hambre me está digiriendo a mí también… es muy molesto – gruñí  a sus sentidos – Hoy no habrá cena para ti – murmuré y le solté el agarre dejándola en aquella zona mientras la asistente de Camelias Vinn, Yelena se acercaba hacia donde yo me encontraba para darme un informe detallado de los invitados y la ruta que llevaría la velada aunque mi intención estaba centrada en otro lado y en otro sobrenatural.


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Mensaje por Leer Kruspe Jue Ene 13, 2022 6:28 pm

De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos.
Santiago Rusiñol


Que voraz era esta maldición, no se complacía con sobras, simplemente lo quería justo cuándo la sed lo deseaba, en el lugar que se le apetecía. Ella era mi ama y yo su fiel esclava, ¿dónde estaba Clarke? En medio del festín ese abogado de quinta se había convertido en casi una obsesión.

Le busqué al entrar al salón sin embargo no estaba, sabría Dios dónde se había metido. Olfateé el ambiente tratando de percibir su colonia pero imposible, había fragancias por doquier, incluso algunas desagradables. Entonces me percaté que tenía sostenido el brazo de Chassier de nueva cuenta y frunciendo el ceño le solté, seguramente ya se había dado cuenta de mis deseos sanguinarios.  

Me quedé un paso detrás de él, sólo esperaba el momento justo para desaparecer y hacer fechorías no como una travesura, era un ajuste de cuentas al final. De reojo miraba a los humanos y dedicaba unas sonrisas educadas a boca cerrada. Algunos caballeros daban reverencias al verme quitándose los sombreros de copa.

Liam, Liam...

Entonces escuché mi nombre y sonreí a la mujer, hasta que el vampiro me presentó como su “novia” y me quedé un poco estupefacta, por lo general me presentaba de otra manera, no entendía el objetivo de aquella etiqueta, ya hablaría de ese tema con él... en privado.

Cuándo esta repentinamente me abrazó, de nuevo la incomodidad por el contacto sin permiso, mi cuerpo rígido levantó las manos y di unas leves palmaditas en su espalda, tratando de poner mi mejor cara, sentía que me apretaba más con cada segundo por lo que de manera malcriada olisqueé sus cabellos, tenía un olor cítrico, me parecía tan adorable, ¿cómo es que estaba tan inmiscuida en estos pensamientos impúdicos? Yo no era así. Igual a una bestia sin escrúpulos, lujuriosa y carnal.

La humana comenzó a contarme sobre la vida amorosa del vampiro, y a hacerme preguntas, respondía cortamente a cada una de ellas sonriendo incomoda, cuando hablaba de las conquistas del vampiro no me parecían ciertas, yo había presenciado como algunas mujeres hablaban encantadas de él antes de conocerle e incluso después de convertirme, tenía hasta una humana que por lo que había escuchado a unas criadas le ayudaba en la creación de vinos. Recordaba muy bien la primera vez que la había visto rondando la mansión y no me agradaba en lo absoluto, escuchaba sus pensamientos cada que miraba al vampiro y sus suspiros de niña encantada por un príncipe azul, con la diferencia que Deiran se podía convertir en un demonio capaz de devorar, y como lo anterior podía seguir relatando, todo eso era tan molesto, prefería encerrarme en mi habitación para no ver esos teatros.

Finalmente todo aquello se cortó cuándo de nuevo percibí el olor de Clarke, mis ojos se desviaron de la humana y volteé hacia todos lados y ahí estaba, tomando una copa de vino mientras hablaba con otros sujetos. Entrecerré los ojos y tragué con fuerza, se trataba de una señal divina, una señal de que esa alimaña terminaría desangrada esta noche.  

Lista para desaparecerme con la excusa de ir al tocador el agarre de mi creador me tomó por sorpresa y sus palabras se hicieron escuchar en mi cabeza, mis facciones se endurecieron, ¿acaso sabía que no le obedecería? Cuando de hambre se trataba él no me podía negar nada ¡nada! Así cómo había osado en darme esta maldición ahora debía satisfacerme de la forma que fuera.  

-¿Ah si? ¿Entonces me darás de tu sangre mi amado novio? Porque créeme estoy famélica y si no me ayudas tú yo buscaré la manera- sentencié a sus sentidos.

Mis ojos verdes miraban atentos a Chassier con la tipa esa, Yelena, su corazón prácticamente se le iba a salir del pecho y tenía un aura tan roja, eso sin contar que el calor que emanaba del cuerpo de la humana estaba ardiendo. No me gustaba la actitud de la mujer, tensé la mandíbula en un acto reflejo clavando mi mirada en ella, cualquiera diría me estaba tomando el papel de “novia” en serio, pero no se trataba de eso, simplemente cuando presenciaba estos cuadros me sentía irritada. Mientras tanto él parecía fuera de este mundo, hasta podría decir que se miraba preocupado por algo... no entendía nada, ojalá hubiera podido leer sus pensamientos...

Cuando volteé hacía Clarke, tenía sus ojos en mí, no parecía asustado en su lugar parecía que no me recordaba, él sonrió y levantó su copa, algo no estaba bien. Me alerté y le vi sin entender cuándo él volvió sus ojos a su grupo. Aquello me hizo caer en cuenta, la noche que Liam había llegado a la mansión de Deiran algo le había pasado y estaba segura tenía que ver con el vampiro. Sorprendida por mi hipótesis y mientras este conversaba con la humana “candente” me escabullí, no le dejé de ver hasta que estaba lo suficientemente lejos fue entonces que agilicé mis pasos y pasé junto al humano dándole una mirada rápida pero certera. Sabía me seguiría porque ese tipo incluso cuando trabajaba para mí seguía a cualquier falda con piernas.  

Lejos de la multitud y en el jardín trasero del salón me quedé recostada contra una columna, unos cuantos humanos estaban hablando con copas en sus manos, apenas se escuchaban los violines en esa instancia hasta que pude sentir una presencia a mi lado.

-Demasiado frío ¿no?-

Volteé hacia Clarke y me abracé a mí misma –Es invierno- susurré -Lo que no tenía previsto es que estuviera más frío que París, debí traer un abrigo.-

Él me vio de manera inquisitiva y asintió -¿Es de París?- preguntó mientras se quitaba su saco y me lo colocaba en los hombros.

Le di una mirada de agradecimiento y sostuve el saco contra mi cuerpo, si supiera este cuerpo no necesitaba ni frío ni calor -Así es, aunque Florencia está contemplado en mi futuro es una ciudad esplendida, además tengo malos recuerdos de París.-

Él arqueó ambas cejas de manera sorprendida -¿Malas experiencias?-

-Una que otra, sobre todo con los consejos que me dio un abogado de mi equipo de trabajo lo que terminó llevándome a una situación por la cual seguiré pagando el resto de mi vida- esta vez mi tono había sonado demasiado recio.

Sus ojos azules se entrecerraron –A veces debemos enfrentar ese tipo de situaciones pero créame, todo tiene un propósito y siempre sale algo bueno de cada experiencia.-

Y sí que saldría algo bueno, justo esta noche.

-Liam Clarke, mucho gusto- extendió su mano.

-Amélia Lincoln- extendí mi mano a lo que él besó su dorso.

-¿Usted viene con Deiran Chassier verdad?-

Alcé la ceja –Un amigo- mentí -Me está dando un paseo por Florencia y no podía negarme a la presentación de uno de sus vinos, aunque no soy amante del alcohol, me interesa este negocio- justo como lo sospechaba, Liam no me recordaba.

-De hecho, es un buen negocio yo también estoy interesado, quisiera emprender algo pequeño en la viticultura pero aquí en Italia, París ya tiene un favorito- dio un sorbo a la copa de vino que llevaba en las manos.

-Creo imaginar de quién se trata- suspiré al ver que el jardín quedaba casi vacío ya adentro se escuchaban unos cuantos aplausos, seguramente la presentación del vino había dado comienzo, eso mantendría a mi creador ocupado -¿Le gustaría dar un paseo? Las fiestas tan conglomeradas me marean, necesitaba un poco de aire.-

Clarke asintió -Claro, yo tampoco estaba muy cómodo allá dentro.-

Vaya mentiroso, no quería saber lo que sentiría la pobre mujer con la que había venido. Pero al final lo que importaba es que la cena estaba casi lista, sólo necesitaba un poco de privacidad para desmembrar a esta escoria.

Él me tomó de la parte baja de la espalda para que avanzáramos, estaba tan entusiasmada que casi gritaba de la emoción, claro que habría cena para mí esta noche.


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Mensaje por Deiran Chassier Vie Ene 14, 2022 8:20 pm

‘’Ni con el pétalo de una rosa…’’


 
La melodía que era ejecutada por una pequeña orquesta contratada por Yelena era todo un espectáculo mantenía de forma armoniosa la velada casi perfecta. Los invitados reían, bailaban y otros simplemente se dedicaban a observar todo y quizás soltar una que otra crítica sobre alguno de los conocidos, todo era siempre lo mismo. Estaba consciente de cada una de las cosas que sucedía a mí alrededor precisamente para no fallar. Muy distante la voz de la asistente italiana hablaba de forma pausada mientras hojeaba unos papeles dando nombres y apellidos de algunos de los presentes dando a conocer las relaciones y posibles beneficios para Camelias Vinn después de todo aquella había sido el fin de la reunión o quizás no del todo…

Cerrando los ojos un instante asentí con la cabeza mientras Yelena agarraba aire para comenzar a dar cifras y números. Parecía que la peliroja no pararía por un segundo estando dispuesta a hacerme saber que se había encargado hasta del más mínimo detalle. – En conclusión señor, los proveedores están dispuestos a aumentar la producción si usted está de acuerdo, el señor Viscondi quiere saber qué le parece su propuesta y sobretodo porque eso significaría que tendría que contratar nuevo personal para recolectar la materia prima y luego poder procesarla. murmuró la humana con una sonrisa – Es un proyecto bastante grande señor pero con mucho futuro… Visionario diría yo hasta ahora nadie en esta industria se había atrevido a tanto y realmente los inversionistas están muy a gusto con el debut de Camelias Vinn en Francia – me miró fijamente con unos enormes ojos marrones que brillaban, un brillo que ya había conocido antes. Inmediatamente pensé en ella… y la luminosidad la cual se había ausentado desde el día que la había condenado así que fruncí el ceño y le dediqué una mirada bastante fría a la italiana. – En ese caso, asegúrate de tener todo listo para la ampliación de los contratos y también la requisición del triple del producto que antes se solía comprar.– asintiendo me dedicó una mirada acuciosa y suspiró –Entendido Señor. – musitó seriamente mientras la música acababa y con ello se cerraba el telón de los músicos para hacer apertura del escenario.

Mirando hacia el frente de forma escéptica alcé una ceja mientras la humana hacía una especie de gesto con sus manos para hacerme la invitación a pasar frente al estrado. Odiaba ese tipo de exhibiciones, hablar en público y ser el centro de atención pero como todo en la vida a veces se tenía que hacer cosas que no se querían. Caminando de una forma elegante pero bastante normal avancé al estrado notando de reojo como la presencia de la vampiresa se esfumaba de mi alcance y endureciendo la mandíbula negué sabía precisamente que ella buscaría por todos los medios molestarme porque así era ella, una rebelde sin causa incapaz de sopesar sus acciones.

Mientras todas las miradas estaban dirigidas a mi persona miré un punto negro en el fondo de aquel salón. Aquello sería mi norte mientras las palabras salieran como nieve de mi boca. Prácticamente parecía una máquina leyendo un guion, no estaba de ánimo el ángel había alzado vuelo y desconocía por completo su paradero debía encontrarla pronto. Conocía bien esa sensación de desasosiego y hambre llevaba un buen rato perforándome las entrañas aunque claramente no me pertenecían. –Buenas noches en conmemoración al aniversario de lanzamiento  expansión de Camelias Vinn se decidió organizar este evento espero que esta apacible velada sea de su agrado y que disfruten el nuevo futuro revolucionario de la viticultura. Salud. – extendiendo la copa hacia el frente mientras mis ojos se colaban por las caras de algunos traté de buscarla a ella pero no la encontré, era inútil sabía que se había ido cual ratón tras queso y me tocaría ser el felino cazador que apagaría sus ganas.

Escuchando los aplausos satisfechos de los invitados tomé un trago del vino el cual fue traído por uno de los meseros que se esfumó más rápido que un parpadeo. Sintiendo como el líquido se filtraba del vaso a mi boca como corrosivo  y luego a toda mi garganta  pude degustar como el metalizado vino perforaba los tejidos de mi boca, mi lengua y también dibujaba de forma virtual todo mi aparato digestivo. El dolor que había generado aquel sorbo lo conocía bien porque era plata. Apretando los dientes con fuerza guardé para mí el asco de quererlo escupir y aguantarme una arcada parecía que estaba tragándome el infierno. Negando mi pecho se hinchó y tuve que disimular muy bien con media sonrisa en medio de la algarabía que mis palabras hacía un momento habían ocasionado.

¡No puede ser! Pensé para mí y le di la espalda al público mientras arrugaba la cara. Frunciendo el ceño caminé enfurecido. La inquisición lo había hecho de nuevo. Mis sentidos algo desorientados buscaban con rapidez a la neófita por doquier pero seguía sin poder percibirla. Estirando la espalda y caminando rápidamente me ahorre el salir corriendo a la parte trasera de la mansión para ahogar un grito de ira y apretándome la garganta la quise arrancar de un tirón, era verdaderamente molesta aquella sensación la cual no se iría en un buen tiempo puesto que los vampiros somos incapaces de depurar el metal. De la sombra de una de las esquinas se escuchó una pequeña risa y con un relamido de labios salió un condenado el cual por su aura y olor parecía un brujo. Con los ojos cerrados el maldito avanzó hacia mí y diciendo unas palabras inentendibles estaba conjurando con magia oscura. Viendo cómo de las sombras salieron dos entes enfurecidos y arrebatados como una onda de viento que amenazaba con cortar cualquier cosa a su paso me hicieron volar por los aires sintiendo como el viento y las ramas de alguno de los árboles rasgaban mi ropa y algunas partes de mi cara. Jadeando logré girar y recomponer la postura para usar la gravedad a mi favor e ir contra el condenado hasta donde él estaba. Utilizando todo el impulso que mi peso otorgaba tomé de ambos hombros al brujo y voló conmigo por el aire así que aprovechando éste miró a los ojos y comenzó a mover sus manos como si fuese una red de donde sus dedos crecían cuerdas que se extendían hasta el suelo. ¿Qué significaba aquello?

Mirando aquellos diminutos hilos salir de sus dedos perseguí su trayecto y rápidamente noté cómo se escabullía en medio del jardín en donde estaba ella. Abriendo los ojos en son de sorpresa lo entendí. El pagano era un titiritero manejando a distancia a un espíritu el cual pretendía asesinar a la vampiresa. Jadeando mis manos dejaron sus hombros para subir hasta su cuello para comenzar a cortar el suministro de oxígeno pero él inteligentemente sonrió y escupiendo plata de su boca cegó mi vista. Una enorme ola de calor hizo que soltara un grito profundo y tragando con pesadez con un cabezazo noqueé los sentidos del sobrenatural y yendo el picada hasta el suelo con él jamás dejé de cortar el aire. Con una sonrisa macabra volviendo a recuperar el estado de consciencia con un suave susurro musitó con un aliento horrible –Ella soy yo y yo soy ella, Deiran Chassier – sonrió mientras yo era incapaz de ver el medio pero sí comprender lo que el otro decía así que soltando de una el cuerpo del condenado negué poniéndome de pie mientras escuchaba como algo comenzaba a quebrarse y transformarse delante de mí pero yo era incapaz de verlo aunque sí pude suponerlo y era ella, era ella… la vampiresa y negando apresuré el paso para alcanzarle únicamente mientras agudizaba la audición sintiendo como el dolor comenzaba a fracturarme de igual manera los huesos y arrepentido solté su nombre al aire – Para ya, por favor.– le hablé al brujo mientras éste detrás de mí  atravesaba con una daga profunda mi espalda y apretando el agarre sentía como la plata se mezclaba con mi sangre pero el dolor más profundo no era de aquella herida sino el daño que yo mismo había causado a ella.


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Mensaje por Leer Kruspe Dom Ene 16, 2022 1:12 am

Coged las rosas mientras podáis
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta...

Walt Whitman


El viento soplaba suavemente contra las ramas de los árboles dejando el frío a su paso una sensación de ahogo que no me permitía disfrutar del ardor. A nuestro alrededor ya no se visualizaba ningún invitado, estaban todos dentro emocionados seguramente por la presentación, era lo mejor, en la vida existían dos hábitos de mal gusto; ver comer a otro y cortar el preludio sexual entre dos personas. Afortunadamente en este caso hablábamos del primero en cuestión.

Liam seguía hablando, pero en ocasiones sus palabras no llegaban con suficiente unísono a mis oídos, mi mente estaba ocupada fantaseando, deseando, mi lengua podía sentir el sabor ferroso y cálido de la sangre, casi podía verme con la mandíbula y el cuello empapados de sangre, quizás un babero hubiese sido ideal.

Amélia...

El elixir de la inmortalidad, denso y vigoroso.

Amélia...

¿Me descubrirían si me clavaba en su cuello en este punto?

¡Amélia!

En medio de mi delirio parpadeé y fruncí el ceño, Clarke me miraba confundido y su mano estaba sujetando mi brazo, volteé a esta y aparte el brazo, esto rayaba en lo absurdo, parecía que después de todo esta no era una buena idea, era mejor volver adentro y por una vez en lo que llevaba de mi corta inmortalidad obedecer las palabras de Chassier.

-P-Perdón, creo que el vino me afectó- por mi boca ni una gota de alcohol había pasado –Creo es mejor regresar dentro y ver cómo marcha la velada- dije aquello con un tono un poco más serio del que había deseado.

-Pienso te ayudaría que tomes asiento y te relajes, adentro con esa oleada de gente vas a terminar inconsciente.-

Negué con la cabeza –Voy a estar bien, Deiran debe estar buscándome y...- me detuve a pensar en el dolor de cabeza que seguro le había generado al vampiro y por primera vez me sentí mal, no pediría disculpas ni daría mi brazo a torcer pero algo en mí había cedido -...nada, sólo regresemos.-

Liam ladeó la cabeza y sonrió ampliamente -¿Segura? Creo que podrías sacar más provecho si nos quedamos aquí- tomó una de mis manos y la llevó a su pecho, pude sentir el palpitar, fuerte y rítmico, un tambor en medio del desierto.

Le vi sin entender, todo era tan extraño, podía asegurar que las palabras de Clarke eran un eco en mi cabeza. Su mano dirigió la mía a sus labios, quería soltarle pero mi cuerpo no reaccionaba. Con la uña de mi dedo índice se provocó una pequeña herida en el labio inferior. De nuevo en mi mente estaba forcejeando por liberarme sin respuesta alguna. Liam sonrió sin dejar de verme y acercó mi dedo manchado con su linfa a mi boca. Estaba segura que había suspirado de placer, su sangre era similar a la de mi creador con la diferencia que estaba cálida y demasiado espesa, al igual que caramelo caliente. Eso fue el ápice de la locura.

Pude sentir cómo se activó en mí la sed, mis manos de manera apresurada le tomaron de los hombros y sostuve fuertemente contra uno de los muros. Clarke me tomó de la parte inferior de la espalda haciendo que no pudiese separarme. En mi cabeza gritaba que parara pero era mi ser terrenal el que no lograba captar las ordenes, mis colmillos se expusieron y clavé la punta en la piel de su cuello. Él jadeó y me terminó por abrazar completamente, la sangre pasaba por mi garganta con avidez, un sonido pérfido que me convertía en la marioneta de la situación. Entonces todo se detuvo, ya no había placer en el acto, se había convertido en dolor. Me separé y al ver al humano este no existía, se trataba de un ente grotesco, un ente con la piel podrida y un olor nauseabundo. Sus cuencas estaban vacías dejando salir la peste por ese par de agujeros, estaba cubierto por una túnica solo sus manos huesudas al descubierto en donde la piel prácticamente se caía dejando ver zonas de hueso amarillento. Me llevé la mano a la boca y caí sobre mis rodillas, empecé a vomitar coágulos de sangre y sentía los colmillos doler inimaginablemente, como si me los arrancaran. Tratando de masajear mi cuello le vi de reojo, podía sentir las lágrimas escapar del borde mis ojos. El ente caminó hacía mí y acarició mi cabeza.

-Déjalo salir pequeña- dijo con una voz muy ronca.

De nuevo empecé a escupir coágulos de sangre, la garganta se me estaba cerrando como si alguien me estuviese ahorcando con sus manos.

-P-Para...- traté de detenerlo.

-Dámelos y haré que pare- exclamó, no entendía a qué se refería.

Me tomó de la mejilla haciendo que le viera y entonces dos de sus podridos dedos se abrieron paso por mi boca jalando uno de mis colmillos. Era intenso. Nunca en mi vida había sentido tanto dolor, grité fuertemente cuando el clic en mi encía sonó y la sangre salió a borbollones de mi boca. Ese ser me había arrancado uno de los colmillos. Horrorizada vi mi pequeño colmillo en su mano, en este punto y por primera vez estaba asustada. Era como si me hubiese arrancado una parte de mi inexistente alma, ¿ahora cómo me iba a alimentar?

Me enfurecí y yéndome sobre él le tumbé en el suelo, lo iba a pagar con creces. Pero entonces este desapareció y quedé en una cobija de alacranes y un líquido pegajoso negro que olía realmente mal, levantándome asqueada de aquello me terminaron de embestir contra la pared, pude sentir como mis manos se anclaron a mis lados, similar a ataduras con correas, este me tomó del cuello y con la mano libre se abrió paso de nuevo por mis labios, sus dedos sostuvieron mi restante colmillo, pataleaba para zafarme de su agarre pero era inútil, jaló de él y terminó por sacarlo de la encía, gritando y con más sangre saliendo de mi boca me dejó caer al suelo. Jadeante le vi desde ahí mientras este admiraba lo que me había arrebatado en la palma de su mano. Cerró sus dedos alrededor de ellos y sonrió con calma.

-Hubiese sido menos doloroso si me los hubieses entregado tú misma.-

Era tan patético, me sentía indefensa, sin dos de mis armas, quería gritar de la rabia. La sangre salía por el borde de mis labios, la hemorragia no parecía ceder.

En un abrir y cerrar de ojos este desapareció y entonces algo golpeó mi cabeza, la nariz me estaba sangrando, ¿dónde estaba? Mi cuerpo inmediatamente fue lanzado contra otro de los muros. Pude sentir como las costillas se me habían fracturado, ese tipo estaba usando magia negra. Apreté dos dedos contra el puente de mi nariz viendo como la sangre caía en el césped, apenas podía moverme, uno de mis hombros estaba incluso dislocado del golpe. Tratando de recomponerme vi al vampiro frente a mí y me alerté. ¿Qué estaba pasando?

-Deiran hablé jadeante, pero entonces alguien apareció detrás de él y pude ver cómo le atacó por la espalda. Mis ojos se abrieron ampliamente. El deseo por desmembrar a ese hombre y poner su cabeza en una jarra con vino era intenso. Definitivamente ya no había razón orbitando por mi cabeza.

Terminé por levantar mi cuerpo del suelo, los huesos parecían volver con lentitud a su lugar. La fuerza con la que había clavado el arma en su cuerpo se sintió propia, parecía era yo misma quién sostenía la daga, incluso podía sentir como me quemaba la plata. Negué fuera de mí, todo esto ocurría en segundos, podía ver los sucesos como si de una cámara lenta de tortura se tratase. Esta vez no solo era el dolor por mi falta de colmillos, era el dolor de la plata que estaba desangrando al vampiro. No podía explicar la sensación, pero tenía miedo... miedo de perderlo.

De nueva cuenta el impulso en mis manos que parecía me tenía atada por hilos a una fuerza inexistente y noté como el sujeto volvía a levantar la daga

-¡Deja!- grité en un impulso desesperado y él sonrió dándome una mirada lastimosa.

-Luego termino contigo, no te preocupes- murmuró. Sin poder moverme para impedir cualquier locura, él se detuvo y entonces noté como movió sus dedos, prácticamente mi cuerpo se movió por impulso ajeno. Al llegar hasta él me entregó la daga, la plata quemaba la palma de mis manos, le vi con ira –Ahora bien, vas a ser tú quien termine con todo esto ¿de acuerdo?- dijo mientras mis manos se movían para clavar el arma en la espalda del vampiro de nueva cuenta. No sabía cómo detenerme, vi la espalda de Deiran y negué sin poder soportar el llanto por la impotencia. Parecían eternos los segundos y poniendo todas mis fuerzas logré poner un poco de resistencia y antes de poder llegar a herir clavé la daga en la piel de mi mano, corté los tendones con fuerza a lo que el inquisidor gritó de dolor. Mi mano soltó la daga mientras mi cuerpo se regeneraba con lentitud.

Pude aprovechar ese momento para tomar impulso contra él tumbándolo en el suelo. Quiso escupirme en la cara pero con el antebrazo contrario cubrí su boca con fuerza. Ahogando mis gemidos de dolor y a horcajadas sobre el sujeto tomé la daga rápidamente clavándola en su abdomen, giré la empuñadura para que atravesara sus vísceras y entonces noté como el inquisidor me miraba con sumo dolor. Era obvio que esto me dolía a mí también pero yo era una inmortal que a pesar de lo que me había hecho sanaba aceleradamente, se retorcía mientras el pozo de sangre debajo de mis piernas se hacía más grande. En cuestión de un par de minutos el hombre yacía debajo de mí, sus ojos seguían abiertos pero esta vez inyectados de rojo carmesí en sus conjuntivas, como si se hubiese ahogado en su propia sangre.

Instantáneamente todo el peso que tenía su cuerpo sobre mi control se disipó. De inmediato me levanté hacia el vampiro y revisé su herida, seguía sangrando por la plata. No se me ocurrían ideas sobre qué hacer en ese momento.

Exasperada traté de ayudarle a levantarse –Deiran, necesitamos irnos- le dije porque no creía ese inquisidor estaba solo. Le tomé del brazo y cómo pude le puse de pie sosteniéndolo de la cintura, con el cuerpo del vampiro apoyado en el mío lo llevé hasta la parte más oscura del jardín, necesitaba ocultarnos. Ahí con mis pupilas encendidas le tomé de las mejillas y revisé su rostro, alrededor de los ojos su piel parecía irritada, seguro por plata y estaba segura que no podía verme porque en ningún momento pude tener contacto visual a pesar de la cercanía -Tienes que ayudarme...- era una maldita inexperta en estas situaciones

-¿Qué hago?- aquello en realidad era una pregunta para mí misma. Lo único que se me ocurría era succionar la herida y sacar toda la sangre que pudiese para ayudar a la inmortalidad a terminar de hacer lo suyo. Yendo a su espalda, no iba a soportar sus alegatos y ordenes entonces dejé expuesta la piel, algunos pequeños vasos estaban marcados con la plata alrededor de la herida. No podría morder pero si beber, colocándome de puntillas empecé a succionar y escupir la sangre envenenada.

Mi mente no concebía un escenario con el vampiro desaparecido de mi lado, sentí miedo, rabia, demasiada impotencia y por primera vez luego de nuestra noche en el bosque mi inerte corazón se hacía pequeño ante la situación.


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Mensaje por Deiran Chassier Mar Ene 18, 2022 1:22 pm

El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos.

Marco Valerio Marcial.

 
El dolor ponzoñoso no dejaba de palpitar por doquier. No había sentido antes tal sensación. Era como si se me quisiese morir de una vez y no era porque no pudiese soportarlo sino porque imaginar que la vampiresa estaría igual o en peor situación que la mía me hacía sentir miserable. ¿En qué momento  ‘’una agradable velada’’ – recordando las palabras que antes había dicho en aquel escenario – se había convertido en una masacre? Sinceramente no lo sabía pero de lo que sí estaba seguro era del agónico sufrir que se apretaba en mi pecho y todo mi ser. Sintiendo cómo el viento arrastraba consigo olores nauseabundos y molestos provenientes del brujo condenado que se mezclaban con el aroma más dulce y suave de la vampiresa negué con molestia mientras mi agarre trataba de impedir que una vez más fuese apuñalado por la espalda pero fue cuando mis ojos se abrieron de golpe al entender que era ella la que me había acuchillado.

La música distante era un eco sonoro del teatro de horror ante aquella escena tan lastimera y sádica no había comparación con algo que hubiese vivido antes y no porque era menos sanguinario sino porque la tenía a ella. Mi ángel de colmillos filosos y garras perfectas, mi emblema, mi tesoro, la tenía a ella. Sintiendo como la espalda ardía mientras la plata se colaba en todo mi sistema mis rodillas se fueron hasta el suelo y agarrando el asfalto con los dedos aguanté en silencio el dolor y tragando con pesadez ladeé el rostro mientras detrás de mí acontecía una faena. Jadeando me quedé callado para dejar que fuese el sonido el que dibujase la forma de los dos seres que combatían a muerte. Mientras la oscuridad de la noche tuviese música en mis ojos oscurecidos podía ver las siluetas enrojecidas pintar su estructura mientras peleaban una con la otra.

Aterrado que pasara lo peor mis ojos cerrados se abrieron ampliamente al ‘’ver’’ como ella se apuñaleaba así misma con la misma arma que hacía un instante estaba cortando mi carne y tragando con pesadez un hueco profundo se abrió en el centro de mi abdomen. Tratando de entender qué era lo que había sucedido puesto que había un silencio sepulcral después de aquello llevé las manos hasta mis cuencas y con los dedos temblorosos hice que mis garras arrancaran la  piel de los ojos para tratar de tener algo de visión sin éxito alguno estaba fallando nuevamente, le estaba fallando a ella.

Podía sentir como la presencia de la neófita aún se encontraba a mi alrededor también la del condenado y fue cuando unas pequeñas alas abrazaron mi cuerpo queriéndolo poner en pie. Juntando fuerzas logré sin recargar demasiado peso en ella continuar el andar. Mis manos se colaban por las ropas de la vampiresa tratando de sentir su cuerpo y finalmente cuando nos detuvimos para escondernos. Rápidamente como trapos mis dedos sintieron su rostro y con presura bajaron por sus hombros, brazos, cintura. Necesitaba asegurarme que todo estuviese bien.

Bajo la nebulosa de aquella oscuridad me pregunté si así sería el universo. Totalmente negro y sin brillo. Escuchando finalmente su voz y aquella interrogante sobre qué hacer fruncí el ceño – Necesitamos irnos de aquí – espeté con inseguridad tratando de sentir la presencia del inquisidor la cual se había esfumado – Amélia – ronco salió su nombre sabiendo bien qué trataba de hacer, no era tan loco aquella idea de sacar de mi sistema el veneno como una mordedura de víbora la cual intoxica el ser. Dejándola hacer  pues no estaba en posición de negarme sentí las succiones de aquella boca que se colaba por la piel quemaba y tragando con pesadez salió de mi boca un gruñido mientras apretaba los puños y aguantaba romper la pared que nos escudaba – Detente ya – fruncí el ceño diciendo con voz firme – Que te detengas ya! – exigí con fuerza para separar aquella cercanía y girándome rápidamente le sostuve muy cerca de mí. Algo no estaba bien… nada de esa noche estaba bien.

Sin mediar palabras ahora estando frente a la vampiresa acaricié su cabello y mi abrazo estrujó su cintura agachando mi cuerpo para tener distancia prácticamente nula junté mi boca con sus labios y la besé no porque me sentía un romántico empedernido sino porque quería comprobar algo del cual no quisiese que fuese cierto sino iba a perder claramente la razón. Como un viperido me colé en su cueva y sintiendo cómo el roce con la ajena haciéndose una nubló mis sentidos exhalando de forma forzada se volvió aquel agarre más fuerte y fue cuando la punta de mi lengua se percató de la ausencia de sus dos colmillos. Abriendo los ojos de golpe solté de forma brusca la cercanía a ella y sentí terror e ira sobrehumana. Me sentía acorralado.

Voces en mi cabeza susurraban cosas de todo tipo – la hirieron Deiran, a tu hermoso ángel le fraccionaron el alma. Tocaron su ser e hicieron de ella un festín. Profanaron a tu diosa y desvirtuaron su ser – una risa sonora zumbó en mi cabeza así que con manos temblorosas agarré cada extremo de mi cara y con ira mis puños arremetieron contra el concreto de la pared que estaba frente a mí dejándola a ella en medio de aquellos golpes. Gruñendo parecía como si me hubiesen clavado una estaca en el centro del corazón. Sintiendo cómo se iban derritiendo mis dedos después de cada golpe la linfa caía con más constancia en el suelo. Tragando con pesadez soñé que ella se encontraba temblando así que me detuve y fue cuando el azul de mis ojos se había esfumado sustituyéndose por un gris apagado como quien observa una fogata apagada por algún diluvio.

Estaba bien mi castigo. Privarme de verle el rostro  y adorar su andar. Un silencio sepulcral se apoderó de ambos y guardando el dolor en mis adentro fui incapaz de emitir alguna palabra ni siquiera podía pensar en algo claro lo cual me molestó aún más de lo que ya estaba. Tenía que pensar en una solución pronta y por ahora sólo tenía que asegurar un lugar. Tomando su mano tiré de ella rogándole al cielo por perdón. Era un infame demonio jugando a cuidar a un ángel.


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Mensaje por Leer Kruspe Miér Ene 19, 2022 3:13 pm

No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.

Alejandro Dumas


Debía sacar todo lo que pudiese, toda la sangre manchada con ese sabor metálico, hasta que me dejara de arder la lengua cada que daba una probada, a pesar del dolor que me provocaba el contacto de la carne ajena en los agujeros donde debían estar mis colmillos. No sabía cuándo debía parar pero en algún momento regresaría el sabor que ya conocía.

Sus palabras llegaban a mis oídos sin embargo estaba tan enfocada en mi objetivo que no lograba detenerme. ¿Cómo se atrevía a decirme que me detuviera si le estaba ayudando? ¿Qué quería? No lo iba a dejar morir, no conmigo a su lado. Si pensaba se iba a librar con facilidad estaba equivocado, él me había convertido para vivir en el infierno eternamente, así que ahora debía solamente callar y dejarme hacer lo que mi cabeza dictaba.

Frunciendo el ceño al sentir como el sabor de la sangre iba aclarando su voz me hizo detenerme y le vi con molestia –Esto es increíble ¿no ves que te vas a desangrar si no logro sacar la plata de esa herida Deiran?- era obvio, no podía ver... me sentí tonta al decirle eso. De nuevo llevé mi lengua a las heridas en mis encías, la hemorragia estaba cediendo porque apenas podía sentir la sangre brotar de los agujeros.

Mis ojos verdes le vieron fijamente mientras acariciaba mi cabello, por mi cabeza se venían recuerdos de lo que había sucedido momentos atrás, de cómo no estaría herido si no hubiese sido caprichosa, de haberme quedado adentro obedeciendo. Yo era una neófita y él un vampiro de medio milenio, me maldecía una y otra vez por mi falta de desasosiego.

Sin embargo, el hecho que hubieran inquisidores en este lugar tampoco era coincidencia. Estaba segura ese tipo no me estaba buscando a mí, no era tan tonta para no notar lo que era obvio.

Sus manos sostuvieron mi cintura y mi ceño se frunció aún más, cuándo aquella falta de espacio personal me tomó por sorpresa y el beso terminó de coronar lo que no quería supiese. Iba a sentir como estaba despojada de mis colmillos, traté de no dejarle husmear dentro de mi boca pero fue inútil, lo había percibido porque su contacto me había irritado de nueva cuenta las heridas. Separando mis labios de los ajenos me relamí y desvié la mirada con vergüenza. Vergüenza de no haber podido evitar todo esto, vergüenza de no haber podido pelear contra ese ente, vergüenza de un beso que en parte me palpitaba en los labios... vaya tonta.

-Vámonos- dije de manera ausente.

Pero enloqueció, similar a un demonio, sus golpes me asustaron por un momento, sentía la fuerza de cada puño rozarme las mejillas –Deiran- mi voz era débil en comparación con el ruido del concreto rompiéndose –Para por favor- no se detenía, estaba fuera de sí, lo notaba en sus facciones, en como su cuerpo estaba completamente rígido, ni siquiera me escuchaba -¡Detente ya!- grité molesta tomándole de las solapas del traje –Ya está, no hay manera de cambiar lo que pasó, vamos a casa- mis ojos buscaban los suyos pero no hubo respuesta, solamente se detuvo.

Luego de unos segundos de silencio incomodo me dejé guiar por el vampiro, por mi cabeza saltaban muchas preguntas; ¿por qué la inquisición lo estaba siguiendo? ¿Qué había hecho que los tenía tan molestos? ¿Volveríamos a París o nos mudaríamos a otro lugar y empezar de cero? ¿Por qué nunca me había dicho nada? ¿Acaso no había aprendido en estos últimos meses juntos que no necesitaba ser salvada ni protegida? ¡Podía ayudar! ¡Lo quería! Había aprendido muy bien de cada habilidad que me estaba enseñando, ¿por qué seguía sin confiar en mí? Entonces me detuve viendo su mano en mi muñeca.

-¿Qué problemas tienes con la iglesia, Deiran?- aquello salió de manera automática de mi boca.

-¿Por qué nunca me habías dicho nada?- negué con un poco de desespero.

Finalmente me solté de su agarre y lo confronté -Estoy cansada de que me ocultes todo- le sostuve de nuevo de las solapas del traje, esta vez con fuerza para que reaccionara -¿Cuándo vas a aprender a confiar en mí?- le di una sacudida –No estás solo idiota ¡No lo estás! Tienes que decirme estas cosas, ya no eres tú contra el mundo, somos nosotros juntos, me condenaste a algo que no te pedí, esto no es como tener una mascota- otra sacudida, mi tono cada vez más furioso –Y luego de todos estos meses en que finalmente he aceptado tú y yo estaremos unidos toda una eternidad es lo menos que me merezco- le solté de manera brusca viéndole desde mi altura, no podía creer lo que acababa de confesar, parecía que todo había salido de golpe por mi boca, como vómito verbal de lo que me megaba incluso a mí misma, el miedo de que este obseso del control terminara muerto me martirizaba, ya lo había sufrido con mis padres, con John y ahora tenía a este vampiro tozudo que parecía se comenzaba a enterrar en lo profundo de mi ser. Algo que ocultaría hasta que el sol me consumiera.

Jamás me había caracterizado por ser efusiva y me gustaba mantener mi vida personal y sentires tan privados como me fuese posible. Francesca junto con Dimitri eran los únicos a quiénes alguna vez les confiaba todo lo que me sucedía pero ahora lejos de mí no iba a compartir esto con nadie. Esta clase de sentimientos convertían a las personas en monigotes, las dejaban expuestas ante los demás y yo era Leer Kruspe, no una flor que se estremecía ante el viento. Si algo había aprendido en la vida era que entre menos sentimientos mostrases más fuerte afrontarías las adversidades.

Un grito.

La voz aguda de una mujer que provenía del lugar dónde había asesinado al inquisidor interrumpió nuestra conversación, a través de los ventanales del salón pude ver como los humanos corrían hacia el lugar del crimen, maldita sea.

-Que molestia- susurré y le tomé de la mano entrelazando mis dedos con los ajenos, tiré de él para alejarnos de todo el revuelo.


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Mensaje por Deiran Chassier Lun Ene 24, 2022 12:44 pm

Somos luna y tenemos un lado oscuro que no mostramos a nadie.
Marc Twain


Nunca antes había sentido cómo el recorrer del dolor podía ser tan pesado y frustrante, era como si me arrancaran la carne a pedazos. Angustia, miedo, ira, desdicha eran solo unos del gran maremoto que azotaba mis pensamientos. Nublado en medio de aquella zozobra la boca de la vampiresa parecía con ganas querer sacar todo aquello que no perteneciese a mí pero realmente ya me encontraba envenenado, severamente intoxicado y no sólo por la plata que se encargaba de podrir cualquier vestigio de inmortalidad naciente. Era como si del mismísimo averno me estuvieran castigando… la estuviesen castigando a ella, mi precioso ángel. ¿Por qué? Quería entender por qué la inquisición se había tomado la tarea de golpear donde más dolía y claro, eso estaba claro iban a apretar hasta tenerme totalmente acorralado para poder disparar. Cerrando los ojos mis músculos se volvieron una roca, tensos y duros sin la capacidad de poderlos relajar. La voz de la neófita se coló como lanza en medio de mi desdén y con algo de pesadez y la voz muy grave logré concentrarme en responderle – En este preciso momento desearía que su cometido se hiciese realidad – gruñí con seriedad hablando precisamente sobre la incapacidad de la linfa en poder sellar la herida – Así tu no tendrías porqué estar auxiliándome y haciéndome sentir tan patético– aquellas palabras salieron como fuego de mi boca. Perdóname Amélia, no lo digo por ti sino por mí. Pensé en mis adentros sabiendo muy bien que estaría viéndome como un verdadero verdugo, un incomprendido y horroroso demonio.

Apretando los nudillos para sentir como los huesos se recolocaban temblaba un poco el agarre hacia ella, no había peor oscuridad que respirar desde el dolor de no haber hecho algo para haber evitado que ella se hubiese visto inmiscuida con la inquisición. Realmente la situación me tenía desconcertado y compungido no porque no pudiese asimilar lo que había sucedido sino que cuando de ella se trataba me volvía torpe e inconsciente de que cualquier cosa que hiciese podría dañar a la vampiresa.Nuevamente el miedo de perderla se apoderó de mis entrañas. No me importaba destruir aquel edificio a costa de la fuerza de mis puños, era más agónico el dolor de sentir que pude haberla perdido esa noche y sí, precisamente eso quería desviar la sensación de ser un buitre y nutrirme de su alma, de ser un verdugo que sólo desgracias traería a su ser.

Caminando con ella de forma rápida trataba de no tropezar para no denotar la torpeza de la ausencia de visión cuando sus palabras me trajeron nuevamente a aquel paraíso vuelto infierno. Tragando con pesadez las interrogantes se volvieron cada vez más y yo seguía sin responderlas. Había obviado el tema tantas noches atrás para hacerla ignorante de mis preocupaciones, miedos, mis demonios. Fuera de mi contacto escuché sus demandas y asintiendo ligeramente mi cara se mantuvo inexpresiva casi inerte y con la mirada ligeramente desvanecida pude lograr al cabo de unos segundos dirigirle la palabra – Yo no tengo ningún problema con la iglesia Amélia ellos lo tienen conmigo  – escupí aquello con asco y molestia – Se han empecinado conmigo y con todo lo que tenga que ver conmigo – cerré los ojos. – Hace mucho tiempo nació una facción de la inquisición conocida como los ‘’Condenados’’– susurré –Sobrenaturales de condiciones excepcionales buscando redención de sus pecados  – murmuré –Cegados por el dolor se dejaron convencer por la promesa de ser aceptados y perdonados con la condición de ser perros de la iglesia. Fieles sirvientes del papado  – jadeé mientras aquellas palabras se escupían de mi boca como fuego – Y es así como ellos son capaces de asesinar, robar, violar bajo la bendición de su deus sintiendo como mientras decía aquello la vampiresa no dejaba de condenarme aún más a la miseria con sus palabras. Lo sabía, sabía que éramos ella y yo y para mi desgracia, mi maldición la arrastraría al dolor y la miseria justo como a mí hacía unas horas atrás me había sentenciado.

El viento soplaba con fuerza arrastrando los olores putrefactos del  brujo el cual se encontraba en vías de descomposición. Ese era el precio de la longevidad en los ‘’humanos’’ que jugaban con los espíritus. Podrirse y volverse carroña. – He tratado de mantenerte alejada de todo esto mientras te he enseñado un poco de lo que sé para que puedas hacer frente a esta situación– espeté mientras sus demandas eran cada vez más constantes y fue cuando sus palabras me tomaron por sorpresa, jamás había escuchado a la vampiresa tan efusiva y exasperada –No eres cualquier neófita, no eres tan blanca como las palomas de Notre Dame, Amélia. Tus manos estaban manchadas de sangre desde hace mucho pero como comprenderás esto rebasa los límites. Mientras estés cerca de mi o tengas algo que ver conmigo correrás el mismo destino siempre – su cercanía apretó mis entrañas y sosteniendo su mano quise por un instante volver a recuperar la vista y ver sus ojos aun asi podía dibujarlos en mi mente, había aprendido cada rasgo ajeno que podría plasmarlo en un lienzo sin equivocarme.

– Es realmente patético todo esto. – gruñí mientras el dolor nuevamente volvía a hacer estragos en todo mi cuerpo – Lo que te han hecho ha sido una de las mayores ofensas que cualquiera puede hacer en contra de un vampiro– apretando los puños hasta hacerlos enrojecer negué – Volverás a Francia mañana a primera hora, al anochecer – jadeé  cuando el grito estrepitoso de la humana resonó por todo los espacios y caminando de su agarre siendo ella mis ojos seguí su paso tratando de pensar qué sería lo mejor para ambos y conectando las posibilidades hice un esquema mental de las alternativas que tenía para ella e incluso para mí y ninguno de lo que imaginé satisfizo mi necesidad con respecto a ella, todo apuntaba a que yo era su mayor peligro y aunque la vampiresa fuese la luz de mis ojos sería la oscuridad mi condena y yo su vil sirviente hasta que pudiese encontrar salida.

TEMA FINALIZADO


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