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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Euphemia MacLeod Dom Jul 17, 2022 6:59 pm

Un mes ha transcurrido desde su primer y único encuentro con el nuevo Rey de Escocia, tiempo durante el que no ha tenido ningún contacto real con él, pero en sueños el recuerdo de sus besos y caricias no ha dejado de atormentarla. Son el constante recordatorio de que la mejor noche de su vida fue también un grave error de juicio. Por supuesto, esta situación empeora cada vez que escucha hablar de él, lo que no puede evitar dado que es el monarca de su nación y, como el resto de los ciudadanos, está bien enterada de cada uno de sus movimientos públicos.

Cuando se anunció que haría un recorrido por el interior del país, visitando las grandes casas y conociendo el pueblo y sus necesidades, Euphemia se sorprendió al descubrir que realmente la había escuchado, que estaba tomando en cuenta sus opiniones. No debería haberla sorprendido, siendo que estaba acostumbrada a sus palabras fuesen tomadas como órdenes, tanto en el clan MacLeod como con los Murray; sin embargo, dada la forma en que terminó la noche, realmente no pensó que la hubiese tomado en serio. Después de todo, los hombres como él no tomaban en cuenta a las mujeres que se derretían tan fácilmente en sus brazos, y eso fue justo lo que ella hizo.

Su reacción fue mucho peor cuando recibieron un mensajero de la guardia del Rey con el comunicado de que su majestad llegaría a sus territorios en dos días; pero eso no fue todo, además, en privado le entregó un mensaje personal de parte del monarca. – Tenemos que hablar. – Simple y conciso, tal como la nota que le enviase durante su coronación, lo que hizo erizar cada vello de su cuerpo ante la expectativa. Mientras todo el clan celebraba la noticia, la joven viuda no podía sino preguntarse a cada segundo de qué querría hablar Logan con ella en privado. La simple idea de encontrarse de nuevo a solas con él le robaba el aliento, tendría que hacer uso de todo su autocontrol para no dejarse seducir de nuevo por su voz grave y su carisma natural.

Así, los siguientes dos días, mientras todo el clan celebraba con regocijo la visita del monarca y se preparaban para el evento, Euphemia vivió un infierno intentando prepararse para actuar indiferente ante él frente a todo su pueblo y sus familiares, en especial porque, tal como seguro hizo cada clan que Logan hubiera visitado antes, Murray y MacLeod eligieron a un grupo de hermosas jovencitas que planeaban pasear frente a los ojos del monarca, con la esperanza de que alguna captara especialmente su atención, lo suficiente para que la hiciera su Reina, y entre ellas estaba Rhona, su hijastra. Aunque su clan por matrimonio estaba más que ilusionado con la idea de que una de los suyos fuese coronada Reina, para Effie aquella idea no resultaba tan atractiva. ¿Quién querría convertirse en la suegra de un hombre con quien compartió intimidad? Quizá fuese egoísta de su parte, pero no quería vivir sintiendo envidia de la intimidad de aquella a quien amaba como una hija y su esposo.

El día de la recepción, le solicitaron vestir de nuevo el luto con la intención de evitar robarle protagonismo a la belleza de las jovencitas que habían preparado para presentar al Rey, y muy especialmente a Rhona que estaría a su lado, detrás de Wallace y Alistair, que actuarían como líderes conjuntos al momento de recibirlo. Cuando finalmente llegó, y bajó de su elegante carruaje, escuchó a su alrededor más de un suspiro femenino, en especial escuchó el de Rhona, a quien de inmediato retó con un discreto movimiento, tropezando su hombro con el propio. La chica lo entendió rápidamente y recuperó la compostura bajando el rostro con respeto.

Después de los saludos protocolares a los líderes, Wallace procedió a hacer las debidas presentaciones. – Confío en que recuerda a mi cuñada, Euphemia Murray. – La presentó con su apellido de casada. Cuando sintió la mirada del monarca posarse sobre ella, procedió a hacer una reverencia ante él. Sin embargo, al erguirse, notó lo dura que era su mirada al encontrarse con la suya. Logan estaba enojado, pudo comprender fácilmente, con lo que no lograba dar era el motivo. Lo último que recordaba de aquella noche fue despertar en sus brazos, y hasta ese momento él no demostró ningún signo de molestia. ¿Acaso estaba así por la forma en que se marchó? Si era así, la verdad es que no consideraba haber actuado de manera incorrecta o de mala fe, simplemente hizo lo que pensó que los afectaría menos a ambos y de eso no se arrepentía. Con eso en mente, y siendo que siempre era ella quien regañaba a los demás, nunca al revés, Euphemia no mostró ni una pizca de arrepentimiento, le devolvió una mirada directa y muy digna, típica de quienes no tienen nada de qué disculparse.

La tensión entre ambos era más que evidente, por lo que Wallace intentó interrumpir el momento prosiguiendo a presentar a su sobrina. – Y ella es mi sobrina, Rhona. – La pequeña repitió la grácil reverencia de su madrastra y, notando la dura mirada en sus ojos, prefirió quedarse luego medio oculta por el cuerpo de la mayor. En adelante todo continuó según lo planeado. Los clanes anfitriones prepararon un gran festín para el Rey y todo su séquito. En la mesa principal, el monarca ocupó el puesto de honor, y por supuesto Rhona fue sentada a su lado, mientras que Euphemia tan lejos de él como fue posible tras la breve demostración de hostilidad entre ambos.

Lo joven viuda sabía que tan pronto tuvieran oportunidad, tanto Wallace como Alistair la interrogarían a profundidad sobre lo sucedido, lo peor es que ni siquiera sabía qué podría decirles, no tenía idea de por qué se mostraba de esa forma con ella y, realmente quería saberlo. El festín se alargó entre tragos y conversación, la mayoría de las mujeres ya se había retirado, pero la joven viuda continuaba allí esperando tener un momento de privacidad con Logan y poder hablar, pero él no había hecho más que ignorarla después de apenas cruzar palabras, y por el contrario se mostró encantador con Rhona. Estaba celosa, aunque no lo admitiese, y tal vez bebió de más. Incluso con su buena resistencia al alcohol, se sentía un poco ebria. Dándose por vencida por esa noche, se puso de pie, tambaleándose un poco en el proceso. A esas alturas, todos en el salón estaban bastante ebrios, así que no le importó, igual nadie le prestaba atención. Debió haber subido a su habitación, en su estado mejor no arriesgarse a hacer alguna tontería, pero se sentía acalorada y mareada, no creía poder llegar con gracia, así que terminó saliendo del castillo para tomar un poco de aire fresco y recomponerse un poco.

No sabía por qué esperó algo más de él. Ella era sólo una viuda cualquiera que se entregó a él la misma noche que se conocieron, eso lo tuvo claro desde el instante en que decidió seguir adelante con aquella locura. Pero esa nota… Suponía ahora que ese fue el motivo por el que esperó algo más de él, tal vez… Se rio de sí misma por ser tan tonta incluso a su edad. Conocía perfectamente el carácter de los hombres, en especial el de aquellos con algo de poder, simplemente fue débil y emotiva, pero ahora debía recuperar por completo la compostura y olvidarse por completo de lo sucedido, de lo contrario terminaría delatándose. Cuando sintió la mente un poco más clara, decidió que era momento de volver y, ahora sí, dirigirse a su habitación. Sin embargo, al girar para iniciar el camino de regreso, se sorprendió de encontrarlo de pie a solo unos pasos. Ni siquiera lo escuchó acercarse. – Logan… Quiero decir, Majestad. – Se regañó mentalmente mientras hacía una nueva reverencia ante él. – ¿Puedo servirle en algo? – Aunque en apariencia estaban solos, prefirió mantener un poco de formalidad. Primero, porque no sabía en qué situación se encontraban ambos; segundo, porque nunca se sabía quien podría estar escuchando; y tercero, porque no pensaba dejarse intimidar por él.




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Mensaje por Logan Tisdale Sáb Jul 30, 2022 11:17 am

Había pasado ya un mes desde que se celebró la fiesta con motivo de la coronación por mi ascenso al trono convirtiéndome así de manera oficial en el nuevo rey de Escocia. No era algo que entrara dentro de mis planes o que hubiera pensado que podría ocurrir de cara a un futuro y lo cierto es que pese a todo, no podía negarme. Sabía que tenía sus pros y sus contras así como una larga lista de protocolos y demás requisitos que tendría que cumplir aunque, como siempre, intentaría buscar mi propio camino o hacerlo a mi manera ya que quería desbancarme un poco de mi predecesor que resultó ser mi abuelo. Si alguien me lo hubiera dicho años atrás jamás lo hubiera creído pero ahora no es que pudiera hacer mucho para evitar el presente en el que vivía, ya con el poco tiempo que llevaba en el cargo me daba buena cuenta de lo que implicaba ser el rey de todo un país. Tras la fiesta de la coronación fue cuando empecé a atar todos los cabos sueltos que dejó el anterior rey –mi abuelo materno- para así poder empezar a trazar mi camino en el cual esperaba a un largo plazo cambiar ciertas cosas, no podía dejar de lado el hecho de que dichos cambios no serían bien recibidos por aquellos con mayor edad –por las miras más estrictas que tendrían- aunque no es que pensara achantarme o cambiar de idea. Quería cambios y aunque estos me llevaran cierto tiempo no pensaba desistir por muy complicado que estuviera todo el asunto, eso sería como ceder y en toda mi vida era algo que jamás había hecho. Recordar la fiesta de la coronación era recordar de una manera inevitable la noche que habíamos pasado Euphemia y yo, la cual pese a que le había pedido que se quedara más a una petición que a una orden procedente de su rey, al despertar había encontrado que mi cama no solo se encontraba vacía y fría sino que uno de mis hombres me contó que la habían visto salir de madrugada del castillo. Admitía que en cierta manera me molestó que se marchara sin avisar escabulléndose como si estuviera haciendo algo mal, cuando ambos éramos libres de hacer o deshacer a nuestro antojo, o como si tuviera miedo quizás por lo que yo representaba. Ella misma mostró cierta reticencia a la hora de quedarse pero pensé que mis palabras bastaron para hacerle cambiar de parecer por al menos esa noche... solo para darme cuenta que no fue tanto así. Quizás me molestó más de lo que hubiera llegado a imaginar porque no era propio de mí llevar mujeres a mi lecho, mucho menos desde mi cargo como monarca ya que lo llevaba con bastante discreción, y no pensé que quisiera marcharse aprovechando que yo me quedé dormido. Y por otra parte lo entendía, podía entender lo que la gente o su propia familia pudiera pensar de ella si se enteraran o que la gente comenzaría a murmurar sin evitarlo... tales “escándalos” eran la comidilla de la corte cada vez que ocurría algo así fuera hacia mi persona o hacia otra.

Aunque sabía que pronto la volvería a ver ya que siquiera antes de conocerla tenía planeado visitar la cuatro grandes casas de Escocia, como parte del consejo que dio mi abuelo, ya que eran las más influyentes sobre el país.... y no veía llegar el momento en que volviéramos a encontrarnos. Después de visitar las tres casas restantes el viaje terminaba por el clan MacLeod que se encontraba más al norte del país. Hacía dos días que se habían mandado las misivas avisando de mi llegada para que lo tuviera todo preparado pues, desde que partí del castillo había recorrido las tierras visitando las casas. Mi intención era quedarme varios días con motivo además de una fiesta que solían celebrar en el norte por aquella época lo cual era un excelente motivo para visitarlos justo en dicho momento, aprovechando el viaje. A petición personal pedí al mensajero que le hiciera llegar una nota a Euphemia en secreto donde le había escrito un breve y escueto «tenemos que hablar» que me recordó a la noche de la coronación, con el mismo procedimiento. Dos días más tarde llegábamos a las extensas tierras que ocupaban los MacLeod siendo recibidos también por el clan Murray según me habían comentado. Para cuando llegué y bajé del carruaje había un extenso número de personas congregadas alrededor que asumí serían propios lugareños, aunque ya me habían mencionado que ambos clanes eran bastante extensos en el número de sus miembros. Al avanzar fue que la vi entre lo que de seguro eran varios de sus familiares quienes esperaban a que su líder, o líderes, hicieran los honores y las presentaciones oportunas. Ambos hombres me sonaban de la noche de la ceremonia pues otra cosa no pero mi memoria era perfecta y recordaba sus rostros, incluso sus nombres, aunque mi atención por unos segundos estuvo fija en ella. No fue hasta aquel momento que me había parado siquiera a pensar qué sentiría cuando la tuviera otra vez delante, ¿sería cierta rabia y enfado por haber desaparecido sin despedirse, como un fantasma que se desvanece en mitad de la noche? ¿O sería quizás ese ardiente deseo al rememorar todo lo acontecido en mi estudio? El cual, por si cabía mencionarlo, todavía seguía teniendo su olor. Sentarme en el escritorio era martirizarme con lo ocurrido sobre el mismo e inevitable que el deseo fluyera concentrándose en mi miembro, endureciéndose al instante. Recordaba cómo era la suavidad de su piel bajo mis manos, el sabor de su dulce sexo, su olor embriagante o el sonido de su voz gimiendo mi nombre. Un maldito martirio. Mi atención estaría puesta en los líderes pero solo era pura fachada pues estaba más atento a ella que a cualquier otra cosa, hasta que hicieron las debidas presentaciones. No pasé por alto que vestía de un riguroso luto y que cuando la presentaron lo hicieron con el apellido de su difunto esposo... y lo entendí al instante. Sabía que en las visitas a los diferentes clanes no estaría exento de que me presentaran a jóvenes con la intención de considerarlas como mi futura esposa, presentándome así a Euphemia y con dicho apellido la dejaban fuera. No es que me gustara dicha decisión. Mi mirada fue directa y algo dura cuando sus ojos azules dieron con los míos tras su reverencia, simplemente dejándole ver lo que me enfadaba su partida... y cómo la habían presentado. Ambos no perdieron el tiempo y enseguida me presentaron a una joven muy hermosa, la cual parecía bastante tímida por sus acciones, ya que parecía esconderse detrás de Euphemia.



—Un placer conocerla, señorita Rhona —deduje que si la habían presentado nada más llegar era porque no estaba casada o prometida, de hecho por su actitud parecía sentirse intimidada y aunque eso la hacía relucir encantadora mi atención estaba puesta en la mujer que parecía protegerla. Asumí que debía de ser familia de su difunto marido ya que por edades era imposible que fuera hija suya, lo cual la convertía en una candidata que el clan no dejaría pasar la oportunidad de presentarme. Pensamiento que se reafirmó en cuanto pasamos a sentarnos a la mesa que ya estaba servida presidiendo yo la mesa, pero a mi lado pusieron a la joven con toda la intención de mantenerla cerca de mi persona. No hizo falta mirar dónde se encontraba Euphemia pues conocía su aura y la había estado siguiendo tras terminar las presentaciones. Lo más alejada posible, por si cabía duda alguna de que no querían que llamara la atención... lo que no sabían es que incluso con ese vestido de luto apenas llamativo al menos a mí me atraía sin poder evitarlo. Sin embargo decidí enfocarme en la joven que tenía a mi lado siendo una joven encantadora y algo tímida, prestándole las debidas atenciones aunque en su mayoría más bien era por cortesía. Cualquier hombre en mi situación estaría más que encantado o maravillado de recibir tales atenciones por lo que me di el capricho, o el lujo, de disfrutar de tal agradable compañía que amenizó mucho la cena. Las copas iban y venían y era bastante fácil ver lo tímida que era aunque pasado un tiempo, quizás con algo más de “confianza” se mostró más suelta y con más confianza. La noche fue pasando entre conversaciones, risas y bebidas en lo que la gente se retiraba algunos más afectados por el alcohol que otros. Por suerte tenía bastante resistencia por lo que tomarme varias copas no cambiaba demasiado mi estado, y tampoco sería nada bueno. Despedí a Rhona accediendo a acompañarla cuando esta decidió retirarse, como todo un caballero, justo momentos después de que notara que Euphemia se marchaba abandonando la sala. No pareció importarle a nadie y aproveché ese momento para yo también despedirme, haciendo como que tras acompañarla me marcharía a la habitación que prepararon para mi estancia. Después de dejar a Rhona justo en la puerta de su habitación y una vez estuvo dentro deshice mis pasos hasta salir fuera del castillo con la ligera brisa que había, la cual en el estado en el que ella iba de seguro lo agradecía. En silencio la observé apoyado contra el marco de la puerta hasta que ella al girarse se encontró con mi mirada, ni siquiera había notado mi presencia en los minutos que llevaba allí. Su rostro estaba con cierto rubor que denotaba todo lo que había bebido y aunque la encontraba encantadora no podía olvidar que estaba enfadado por su forma de actuar, por cómo se marchó dejándome solo. Mi nombre escapó de sus labios aunque pronto rectificó hablándome con el protocolo correspondiente incluso estando a solas, haciendo una reverencia donde yo ni siquiera me moví. Tras su pregunta el silencio fue todo lo que hubo entre ambos mientras yo seguía cruzado de brazos observándola, maldiciendo porque todo cuanto quería era restar la distancia y silenciarla pero de una manera muy distinta. Si, tenía varias cosas que decirle pero ese no era el lugar para hacerlo... no cuando cualquiera de su familia podría pasar por allí. Sin decir nada resté la distancia hasta quedar apenas un paso entre nuestros cuerpos, con mi rostro agachado para mirarla bien, hasta que la tomé del brazo— tenemos que hablar señora Murray, pero no aquí. Sígame —hice énfasis en el apellido que su propio hermano, dejando claro sus intenciones, para tirar de ella alejándonos de la entrada y buscar un lugar algo más privado donde poder hablar. No hizo falta alejarnos demasiado pues un granero a modo de almacén fue más que suficiente, era perfecto para que nadie nos viera o nos escuchara. Mucho menos conforme iban de bebidos todos, nadie repararía en ese luchar. Una vez en su interior la miré por unos segundos volviendo a cruzarme de brazos, manteniendo esa actitud frente a ella— ahora que estamos solos podrías explicarme por qué te fuiste de esa manera, por qué desapareciste como un fantasma que se desvanece... sin siquiera despedirte —en parte también fue eso lo que me molestó, ya que no solía llevar mujeres a mis aposentos y para ser sincero ella había sido la primera, con lo que suponía la confianza que otorgaba en ese simple hecho— sabía de tus reticencias para quedarte y de las cuales era consciente, pero ¿aprovechar mi estado para escabullirte sin despedirte o decir nada? No lo hubiera pensado de ti Euphemia, y tras la confianza depositada en ti llevándote al lugar más privado e íntimo me decepciona el que pensaras que te obligaría a quedarte. En ningún momento te obligué a ello y de haber querido marcharte al despertar simplemente te habría bastado pedirlo. Así que dime, ¿por qué lo hiciste?


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Mensaje por Euphemia MacLeod Mar Ago 09, 2022 7:57 pm

Aunque ligeramente incómoda por el silencio tras su pregunta y por la intensa mirada posada sobre su persona, Euphemia no se dejó intimidar. Se mantuvo tan digna y regia como siempre lo hizo, incluso cuando él restó la distancia entre ambos y acercó tanto el rostro que pudo sentir su aliento tibio contra la mejilla, sólo logró perturbarla cuando la tomó del brazo con moderada fuerza y la arrastró con él hasta el granero. Indignada por su actitud, tan poco digna de un Rey, imitó su postura cruzándose de brazos, y se limitó a escucharlo. Si dijo que tenían que hablar, lo dejaría hacerlo, ella no tenía nada qué decir.

Al escuchar su reclamo, aunque ya lo había sospechado, no pudo evitar sorprenderse pues en ningún momento lo creyó posible. No tenía ningún sentido que se molestara por algo como eso, a decir verdad, pensó que se sentiría aliviado de no encontrarla allí cuando se despertara. Desconcertada por la inesperada reacción del contrario, intentó decir algo, pero nada de lo que pasaba por su mente tenía ningún sentido. Al final, prefirió preguntar. – ¿Qué esperaba que hiciera, majestad? – Su tono fue suave y hasta incrédulo, sin dejar de lado el trato formal, aunque él no la siguiera. Mientras él estuviera molesto, no tenía intención de darle algún otro motivo para juzgarla.

Si debía ser honesta, no lo despertó porque se veía demasiado apacible y tranquilo mientras dormía, no quiso perturbar lo que debía ser un sueño reparador luego de un día agotador culminado con intensa actividad física. – Hice lo que creí adecuado dada la situación. Su sueño era tan profundo que ni siquiera notó cuando me aparté, y créame, no fue nada fácil lograr que me soltara. ¿Debí haber hecho cualquier cosa por despertarlo sólo para decir adiós? ¿O debía haber esperado que lo hiciera usted por cuenta propia? – A lo primero no le veía sentido, en el momento solo pensó en lo cansado que debió estar, Euphemia ni siquiera podía imaginar la cantidad de trabajo que debía llevar el organizar una coronación, creyó que sería desconsiderado de su parte solo intentarlo. Lo segundo habría sido peligroso para ella como mujer, pero eso él no podría comprenderlo.

Al parecer, el haber sido considerada era algo malo para él, a menos qué… – ¿Acaso lo que realmente le molesta es no haber tenido la oportunidad de echarme de su cama? – Preguntó sin pensar. La idea pasó fugazmente por su mente, no quería creer que fuese así, pero ¿Qué otra cosa podría ser? – Herí su orgullo, ¿Es eso? Quería ser usted quien estuviera al mano de la situación, quien tomase las decisiones. – Quiso reír de lo indignada que se sintió, solo por el pensamiento de que fuese algo como eso. – Dígame, si no hubiese logrado despertarlo y me hubiese quedado hasta que usted lo hiciera, y alguien nos hubiera descubierto. ¿Qué hubiera hecho usted? – Le retó, pues realmente no creía que hubiera sido honorable en ese caso. – Soy una mujer viuda, majestad. ¿Acaso habría ido en contra de toda buena costumbre y se hubiera casado conmigo? – El reino entero esperaba que se despozara con una jovencita casta y pura, una digna Reina, no con una viuda ya demasiado mayor.

Tal vez porque vivía rodeada de hombres y creía conocer demasiado bien el carácter de los hombres, que la idea de que él se hubiera podido sentir de la misma manera que ella lo hizo durante todo aquel mes ni siquiera le resultó una posibilidad. En su mente, el que soñara con ella, con los íntimos momentos compartidos, con sus besos… Era sencillamente imposible.




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Mensaje por Logan Tisdale Miér Ago 31, 2022 12:59 pm

A lo largo de los años y especialmente desde que fui nombrado con el título de Conde tras la muerte de mi padre, tanto mi madre y especialmente mi abuelo habían intentado inculcar unos modales protocolarios que era básicamente lo que se esperaba de mi persona por el cargo que ocupaba dentro de la realeza. Se podría decir que en cierta parte estaba acostumbrado a tener aquello que quería aunque no siempre la forma de obtenerlo fuera a base de la fuerza, de ordenar y de imponer... pero encontraba cierta fascinación en lograr algo como una victoria personal en mitad de una batalla. Al convertirme en el rey no esperaba ni tampoco deseaba que todos se postraran ante mí para complacer en cada una de mis palabras o de mis peticiones, eso lo encontraba seriamente aburrido o sin emoción alguna, esperaba encontrar alguna reticencia que supusiera un desafío solo por encontrar cierta motivación... y desde luego que con Euphemia eso parecía estar presente desde el primer momento en que no encontramos. Al principio tuvo sus dudas sobre quedarse o no para cuando la fiesta terminara y casi me “obligó” –aunque no en el sentido literal de la palabra- a ordenarle que se quedara como petición propia del rey que era. Encontraba fascinante la manera que tenía que pensar y el que no me viera como las demás jóvenes que se encontraron en el castillo como si fuera una presa que considerar, desde luego que hubo algunas jóvenes e incluso alguna que otra madre que de manera sutil intentaron que fijara mi atención en sus hijas. Ya sabía que eso llegaría a pasar pero con Euphemia no tuve esa sensación y buena cuenta de ello fue los momentos que compartimos a solas en mi despacho, pude notar esa inquietud porque nos descubrieran estando a solas cuando cualquier otra de las jóvenes presentes habría hecho cualquier cosa para, precisamente, que nos encontraran a solas. Y eso habría sido como mi tumba pues habría sido –posiblemente- un escándalo sobre todo dadas las costumbres de la sociedad, pero si la invité fue precisamente porque no vi en ella dichas intenciones. Y sí, pese a que le había pedido que se quedara esa noche conmigo el encontrar que se había marchado sin siquiera despedirse fue algo que me molestó bastante, aunque tampoco me sorprendió demasiado con el carácter que mostró en todo momento. Era como si en todo momento una parte de ella quisiera llevarme la contraria por alguna razón que no lograba comprender, como si algo en ella la hiciera responder así frente a mi presencia... y no podía decir que me molestaba del todo porque era justo lo que buscaba; alguien que no aceptara solo porque portaba una corona en mi cabeza.

Pero eso era una cosa y en el ámbito privado otra muy diferente ya que los motivos por los que le pedí que se quedara, por lo que quise que lo hiciera, iban en un lado muy diferente al que ella pudiera pensar. Y sí, sabía bien la imagen o posible imagen que todos podrían tener de un rey soltero y sin compromiso... pero mi cabeza todavía no estaba para tales problemas. De hecho si lo pensaba era la primera mujer desde hacía mucho, mucho tiempo, con la que compartía cama ya que nunca había sido dado de tales compromisos y siempre los andaba eludiendo y esquivando. Quizás en parte por eso me molestó tanto que se marchara a hurtadillas como si fuera una travesura lo que habíamos hecho por la que podía ser castigada, cierto que pude haberla dejado en alguna de las habitaciones vacías que quedaron en el castillo pues no todos los invitados pidieron una estancia, sino que la llevé directamente a la zona más personal y privada a la que solo un par de personas tenían acceso. Para cuando me preguntó qué era lo que esperé que hiciera en dicha situación simplemente fruncí el ceño porque no era como si no lo dejase claro con mis palabras, antes de ella cayera dormida en un profundo sueño, o no fuese más que obvio y evidente el llevarla a mi cama. Entendía aunque ella no lo creyera lo que se podría pensar la gente de haberla visto en el castillo pero una sola palabra de mis labios y habría bastado, hubiera sido suficiente. Cierto que había invitados en palacio pero estos se encontraban en otra de las alas del castillo siendo lo más lejos que se pudiera de mi estancia personal, solo por mera seguridad y por evitar que alguien se acercara a mis aposentos. Más que eso había guardias que garantizaban que nadie pudiera cruzar al ala donde yo me encontraba por lo que estaba convencido que los guardias vieron cómo se marchaba, o al menos, varios de ellos que se encontraban en los pasillos vigilando cumpliendo con su labor.



—Que te quedaras Euphemia, eso es lo que esperaba. Como pedí que hicieras y no, no como una petición de un rey a un súbdito... de hacerlo hubiera garantizado tu seguridad de manera que nadie pudiera haberte visto. Tu anonimato habría quedado intacto de no haberte marchado sola por los pasillos sin saber bien hacia dónde te dirigías, por ejemplo —quizás ella no pensó en que habían más invitados que se quedaron por esa noche en el castillo aunque se encontraran en otra ala, pero hubiera sido todo más fácil y a su familia sabía bien qué decirles en caso de que no entendieran por qué no regresó por la noche, lo tenía todo bastante calculado. No moví mi postura cruzada de brazos sobre el pecho cuando dijo que intentó apartarse pero que le costó, pues la estaba rodeando entre mis brazos aunque eso no sabía si era cierto o no y tampoco quería darle importancia, aunque sí respondí a su pregunta— ¿no has parado en la posibilidad de que podría haberte dejado en cualquiera de las habitaciones dispuestas para los invitados esa noche, en vez de llevarte a mis aposentos? Lo hice porque quise llevarte allí y porque confiaba en ti tras tus palabras, en tu buen juicio... no que te escabulleras en mitad de la noche recorriendo los pasillos para que mis guardias, y mis sirvientas, te vieran. Lo hice además porque era la mejor opción para ambos dadas las reticencias que tenías al quedarte, no porque.... —frené cuando escuché sus palabras y en especial esa acusación formulada que no esperé para nada— ¿cómo dices? —Fruncí el ceño incrédulo de escuchar que una de las posibles opciones por la que estaba enfadado era porque quería echarla de mi cama, porque quería despacharla y ella al marcharse me hubiese robado esa posibilidad. ¿En qué estaba pensando esa mujer? Desde luego no con la cabeza o no con raciocinio si creía que ese era el verdadero motivo— ¿de verdad es eso lo que piensas, que quería echarte de mi cama tras conseguir lo que quería? Por los dioses, no todos somos afortunadamente de los pensamientos que pudiera tener tu marido y desde luego que yo no soy así. ¿Crees que de querer echarte a patadas te hubiera llevado a mi cama? De haber sido mi intención ni te hubiera permitido quedarte, no después de obtener de ti lo que quería —dejé entrever con voz grave algo en lo que ella no había caído. Después de nuestro encuentro sexual y tras haberse quedado dormida no tenía obligación de llevarla conmigo— no suelo llevar a ninguna mujer a mi cama, Euphemia. No acostumbro acostarme con aquellas con las que mantengo una relación, aunque gracias por hacerme ver qué es lo que piensas de mí —y sí eso me tenía bastante cabreado porque en ningún momento le di a pensar que fuera de esa manera, ni tampoco la traté como si fuera un mero objeto del cual obtener mi propio placer. Por cosas como esa era por lo que había eludido tener relaciones estables porque a la larga siempre tendían a pensar lo que no era, por eso desde el principio exponía unos límites que no debían ser cruzados. Con ella lo hice y empezaba a arrepentirme, aunque ya no podía deshacer lo que estaba hecho— los hubiera silenciado, soy el rey y una orden habría bastado para que no dijeran nada y controlar cualquier tipo de daño —por no contar con que tenía mis poderes que también habrían valido pero eso era algo que no podía decirle a ella— ¿y eso hubiera sido un problema? No serías la primera mujer que logra volver a casarse tras enviudar y desde luego no eres menos candidata que el resto. Dime, ¿es eso por lo que te fuiste por lo que pudieran decir? —Yo lo veía de un modo diferente quizás porque tenía el poder para solucionarlo— la realeza tiene sus complicaciones así como también sus escándalos, muchos reyes tienen amantes que esconden tras un falso matrimonio por conveniencia... estos escándalos son propios de palacios y de castillos Euphemia. Podría haberse escondido todo y de hecho sé que no sería la primera vez que se esconde a las amantes de un rey, pero si hubiera tenido que afrontar con mis decisiones y actuaciones... no habría tenido problema —al fin y al cabo era el rey y tenía que dar ejemplo, que causar una buena imagen— ¿sabes cómo me habría gustado despertarte? —Cambié radicalmente de tema sin querer seguir por ese camino marcado, tomándola de improvisto y dando un paso hacia ella— habría contemplado tu cuerpo desnudo deleitándome con las vistas, mis manos en tus pechos acariciándolos, notando la suavidad de tu piel cremosa hasta notar que tus pezones se irguieran —hablaba despacio sin ninguna prisa confiriéndole a mi tono uno algo más bajo, más sensual, dando otro paso hacia ella— y mi boca, esta habría marcado un camino descendente por tu cuerpo ¿adivinas hacia dónde? Oh sí, hasta alcanzar tu sexo y beber de este como el sediento que busca agua en el desierto —acorté la distancia que nos separaba llevando mi mano hacia su pelo, enredándose entre sus mechones, a la par que hacía que su rostro se elevara hacia el mío— sentir cómo te humedeces por mis caricias al tiempo que tu cuerpo se retuerce por el placer, mientras sigues dormida y tu cuerpo reacciona despertando poco a poco. Escuchar tus gemidos y jadeos hasta tenerte completamente empapada y ver como tus ojos se abren, confundidos al principio pero turbios de placer y no parar hasta hacerte alcanzar ese ansiado orgasmo, y solo entonces, hundirme en ese cálido y placentero interior para así darte los buenos días —solo de imaginarme lo que mis propias palabras habían descrito ya me encendía, como nunca antes.


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Mensaje por Euphemia MacLeod Dom Sep 11, 2022 12:05 am

Euphemia podía comprender ahora cómo se sintió Logan al despertarse y encontrarse solo en su cama; aun así, no podía darle la razón en ese tema. – Fue precisamente mi buen juicio el que me dijo que debía marcharme antes de que algún invitado despertara y pudiera verme. – Se defendió. Si bien era cierto que algunos guardias lograron verla, ninguno de ellos sabía quién era; por lo que, si hubo rumores, seguro fueron relacionados al Rey y una mujer sin nombre ni rostro, lo que no afectaba la reputación de nadie, y por ende haría que se dispersaran rápidamente al no involucrar ningún escándalo. En cambio, de haber sido un invitado quien la viera, la habría reconocido enseguida, y ese habría sido su fin como una mujer respetable.

Al escuchar lo indignado que se sintió con sus sospechas, se sintió culpable, aunque no arrepentida. – Apenas lo conozco Majestad, lo poco que sé de usted son sus ideales a futuro y los rumores de su pasado. – Y estos últimos no eran del todo buenos, según ya ambos sabían. – La verdad no sé qué pensar sobre usted. – Ya se lo había dicho antes, y seguía sin saberlo. Como hombre sólo tenía la certeza de que era un amante atento y complaciente, que no buscaba placer únicamente para sí mismo, sino que esperaba brindarlo también a quien compartía su intimidad. Como Monarca, que tenía buenas intenciones, aunque aún quedaba por verse si podría convertirlas en hechos.

Que Logan creyera con tanta seguridad que habría podido controlar los rumores si alguien la reconocía la hizo dudar por un instante. No porque creyera que en verdad podría ostentar tal poder y eso hubiera cambiado su propia perspectiva de ser cierto, sino porque no sabía de donde nacía tal creencia. – No sé si es ingenuo por el poco tiempo que ha pasado en la corte, o simplemente tiene en muy elevada estima el poder que cualquier persona, incluso un Rey, puede tener a la hora de controlar rumores. En especial en la corte. Allí dentro todos están atentos a todo lo que ocurre, si no lo sabe aún, le vendría bien tenerlo en cuenta en el futuro. Tenga en cuenta que usted siempre será el último en saber lo que se dice en los pasillos, nadie quiere ser de quien usted los escuche. – Ese era un consejo honesto, sin ninguna mala intención. En su caso, ella experimentó el poder de los rumores en un castillo mucho más pequeño que el del Rey y, aunque ni ella ni Wallace compartieron con nadie la idea de su cuñado sobre hacerla su esposa, todos los Murray y los MacLeod ya estaban al tanto de tal posibilidad, aun cuando ella se negó en rotundo a tal unión.

Escucharlo hablar de los monarcas y sus amantes por poco le desencajó la quijada. Pensó por un momento que debía estar de broma, pero su expresión seria le confirmó lo contrario. Algunos ni siquiera las escondían, sus amantes vivían en la corte, bajo el mismo techo que la Reina, siendo ambas conscientes de la existencia y el rol de la otra en la vida del Rey, pero ella no quería ser de ninguno de los dos tipos. – ¿Eso es lo que pretende que sea para usted? ¿Su amante? – Preguntó, siendo ahora ella la que se mostraba indignada. – A nadie le importa si un hombre se acuesta con decenas o con cientos de mujeres. A diferencia de nosotras, su valor como persona no está directamente relacionado a su reputación. Y sí, sé que no sería la primera viuda en casarse por segunda vez, pero seguro no hay muchas hayan logrado hacerlo con un Rey. ¿Cierto? – Incluso si él decía que no tendría problema en asumir la responsabilidad de sus actos y casarse con ella, Euphemia solo podría creerlo cuando lo viera. Además, ¿Era ese el tipo de matrimonio que quería? ¿Casarse a las carreras por culpa de una indiscreción?

El tono de voz de Logan cambió de la misma forma que el tema de conversación: radicalmente. Era evidente que no quería seguir tocando aquel punto tan controversial entre ambos, en el que parecía que no podrían llegar nunca a un punto medio, y prefirió pasar a uno incluso menos apropiado dadas las circunstancias, aunque quizá placentero. – Majestad, eso no es… – Quiso responder a su pregunta, pero se calló al verlo acercarse nuevamente a ella como un depredador. El relato de lo que habría hecho aquella mañana de haberla encontrado aún en su cama el despertar le hizo erizar la piel, al punto que, cuando la tomó del cabello para hacerla mirarlo, tuvo que cerrar los ojos no queriendo verlo al rostro mientras lo escuchaba; sin embargo, el resultado fue mucho peor, pues puedo imaginar vívidamente el resto a partir de ese punto, teniendo que llevarse las manos a la boca en un inútil intento por ahogar un gemido que terminó escapando de igual forma de sus labios.

– Logan… – Murmuró cuando él terminaba de hablar a susurros contra su oído. Era demasiado débil cuando él se encontraba cerca. Nunca antes se sintió incapaz de resistirse a sus propios impulsos o de controlar sus propias necesidades, pero con él… Le resultaba casi imposible. Euphemia daría casi cualquier cosa por poder despertar en sus brazos, aunque fuese una vez, tal y como él deseaba, todo menos su reputación. Al fin y al cabo, eso era justo lo único que le quedaría una vez él se cansara de ella. – No me pidas que sea tu amante, eso me destruiría. – Le rogó. Si él lo hacía, no estaba segura de ser capaz de negarse. No por su autoridad como Rey, sino por el efecto que ejercía sobre ella.

Estar con él de esa manera podría tener sus beneficios, como un futuro asegurado por tanto tiempo como pudiera mantener su interés; pero también tendría sus desventajas, y es que dejaría de ser considerada una mujer influyente por sus honorables acciones, para ser convertida en un trozo de carne con el que el hombre más importante del país satisfacía sus necesidades físicas. – Lo de la otra noche fue… – ¿Un error? No… No se arrepentía en absoluto. – Un momento de debilidad. – Uno que no debería repetirse. Al menos eso pensaba, pero no hizo nada para alejarlo o detenerlo cuando se inclinó a besarla, demostrando con ello cuánta verdad había en sus palabras.

Al principio solo se sostuvo de sus hombros, pero terminó rodeándole el cuello con ambos brazos, comenzando nuevamente a perderse en él, en sus besos, en la forma dulce y posesiva en que la sostenía por la cintura y la pegaba a su cuerpo, hasta solo besarse no fue suficiente. Los labios y el aliento tibio de Logan comenzaron a descender por su mandíbula hasta su cuello, sacándole algunos suspiros en el proceso. No fue hasta que llegó al borde de su escote que todas las alarmas se encendieron en su cabeza. – Espera, espera… – Le pidió, mientras lo separaba un poco, apenas lo suficiente para poder respirar con relativa calma y despejar la mente. – No seré tu amante. Solo… Solo será una noche más. – Quiso dejar claro ese punto antes de continuar. No supo si el beso a continuación fue una aceptación de su condición o simplemente una forma de acallar sus quejas, pero fuera como fuese, Euphemia no volvió a interrumpir sus besos.




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Mensaje por Logan Tisdale Miér Sep 28, 2022 6:24 am

ADVERTENCIA
Este tema presenta contenido +18. Si se desea leer, será bajo su responsabilidad; las partes involucradas manifiestan pleno consentimiento sobre los temas aquí tratados y reconocen que este contenido se rige en el marco exclusivo de la ficción.







Admitía que en el mismo instante en que supe que debía de visitar al clan MacLeod una parte de mí se sentía expectante ya que quería ver de nuevo a Euphemia no solo para saber por qué se marchó de esa manera sino también para ver si, al tenerla frente a mí, todo mi cuerpo reaccionaba de la misma forma que cada vez que su recuerdo pasaba como una tortura por mi mente. Porque no iba a negar que en los días siguientes a su partida imaginé -o más bien rememoré- aquel encuentro que tuvimos siendo uno de los que más había disfrutado y es que hacía tanto, tanto tiempo, que no tenía una noche como esa que ya no recordaba esa sensación eufórica y placentera que experimenté a su lado. Mucho más acentuada al saber que nadie salvo yo había sido capaz de darle su primer orgasmo, que nadie antes se había atrevido a darle las merecidas atenciones a todo su cuerpo -incluyendo su sexo- siendo el primero en poder disfrutar de todas sus reacciones y ser consciente de cómo su cuerpo despertaba poco a poco hasta tomar el control por completo. Porque no negaría que su recuerdo me persiguió y me atormentó las siguientes noches y ahora que tenía la oportunidad de volver a enfrentarla quería saber, conocer, los motivos que la orillaron a marcharse pero también poder comprobar cómo reaccionaba mi cuerpo. Y desde el primer instante en que la vi incluso vestida con ese riguroso luto -entendiendo así el mensaje claro de sus hermanos- no tuve duda de que de entre todas las jóvenes presentes, ella era la más hermosa de todas. Incluso con la presencia de una jovencísima y bella Rhona la cual supe las intenciones que tenían sus hermanos desde el principio, no eran muy diferentes a lo que experimenté en las otras casas al visitarlas. Podía entenderlo a la perfección siendo las cuatro casas más importantes e influyentes de toda Escocia, que tuvieran a jóvenes en edades casaderas no iban a desaprovechar la visita de un reciente y joven rey, el cual estaba soltero, para intentar tener algo de suerte. En parte sabía que ese era uno de los posibles objetivos al visitar esas casas porque hasta mi abuelo así lo había expresado antes de que partiera, pero de todas las jóvenes ninguna podía compararse con Euphemia. Por mucho que me molestara que se marchara de esa manera a hurtadillas del castillo como una quinceañera, sin pensar en que otros invitados pudieran haberla visto marcharse… y pese a que sabía que era un punto de controversia entre ambos ya que nos costaría llegar a un acuerdo, cuando la tenía delante era imposible evitar pensar en otra cosa que no fuera volver a sentir su cuerpo desnudo pegado al mío, escuchar sus gemidos pronunciando mi nombre o verla llegar al orgasmo deshaciéndose en pequeños pedacitos con todo su cuerpo temblando. Sin duda era una mujer con un carácter fuerte y con unos ideales o pensamientos difíciles de cambiar, lo cual me gustaba, pero no cuando dichos pensamientos o ideales chocaban con los propios. Pese a que escuché todas y cada una de sus palabras, sus preguntas, sus respuestas y demás… pese a que podía haber respondido a todo ello no lo hice por la simple razón de que estaba convencido que, de hacerlo, iba a extender la conversación hasta límites insospechados pues ninguno parecía querer dar su brazo a torcer. Y eso aunque no me gustara porque lidiaba con mis propios pensamientos e ideales me gustaba, porque denotaba el carácter que tenía y que no se dejaba amilanar por nadie. Ni siquiera por un rey. Otras en su lugar habrían aceptado cualquier cosa con tal de contar con el favor de un rey sin importar que sus propios pensamientos o ideales se vieran truncados por el camino, pero ella prevalecía sin importarle las consecuencias. Empezaba a entender mucho más por qué se había convertido en un referente para los de su gente y en especial para las mujeres, no era fácil ni cotidiano ver a una mujer sobresalir en un ámbito que desde generaciones era “cosa” de los hombres. Preferí dejar a un lado aquello que nos separaba para centrarme en lo que teníamos en común y así poder ver si su cuerpo seguía reaccionando a mi presencia, en cuanto comencé a pronunciar o relatar lo que hubiera hecho de haber despertado juntos… tuve la respuesta frente a mí.

Calló todo reproche y su cuerpo comenzó a reaccionar a mis palabras hasta tal punto que ya con escasa distancia entre ambos, y mi mano enredada en su larga melena oscura, tuvo que llevar sus manos a su boca para mitigar el gemido que escapó de esta. Lo que provocó que una sonrisa asomara en mis labios consciente de lo que provocaba en ella, incluso sin siquiera tocarla, incitándome para continuar y seguir presionándola a ver hasta donde aguantaba. Mi nombre susurrado en apenas un murmullo fue el indicativo sumado a ese gemido que se había imaginado cada una de mis palabras, algo a lo que ni siquiera yo había quedado exento, pues mi cuerpo ya empezaba a reaccionar con tan solo de imaginar lo que le haría. Entendía por qué me decía que no le pidiera ser mi amante -o creía entenderlo- aunque en esos momentos no estaba para pensar con demasiada claridad cuando todo mi cuerpo me pedía una sola cosa: tomarla. Mi mano libre rodeó su cintura pegando más su cuerpo al mío mientras mis labios recorrían su oído y parte de su mandíbula, como una caricia previa antes de descender a sus labios. Me deleité en el aroma de su piel que tan bien recordaba dejando que ella misma fuera cediendo poco a poco, que dejara a su cuerpo reaccionar y disfrutar como me estaba pidiendo a gritos silenciosos. Cuando aseguró que lo acontecido la otra noche fue un “momento de debilidad” sonreí ladino consciente de que se estaba mintiendo, y que intentaba mentirme en el proceso, concediéndole unos segundos hasta que acabé por recorrer la distancia entre nuestros labios y besarla. Sus labios respondieron con rapidez al beso y sus manos que hasta ese momento se sujetaban de mis hombros pasaron a rodear mi cuello, con nuestros cuerpos ya pegados por completo pudiendo sentir su pecho a presionarse con el mío. Tras aquella intensa batalla de labios y lenguas en donde no hubo vencedor ni vencido, empecé a descender dejando un reguero de besos y lamidas pasando así por sus clavículas hasta que llegué a la zona de sus pechos, o lo que aquel vestido me permitía al menos. Fue entonces cuando se separó lo suficiente para hacer que me elevara para observarla cuando alegó, entre jadeos y con la respiración agitada, que no sería mi amante. Que tan solo sería una última noche y todo se acabaría… ni siquiera creía que pudiera creer esas palabras. Enarqué una ceja por ello preguntándome cuánto habría de verdad en sus palabras, o cómo podría aguantar las formas en aquella situación.



一¿Estás segura de eso, Euphemia? 一Pronuncié su nombre haciendo énfasis a propósito mientras mi mano, que ya había dejado su melena, recorría su cintura en un descenso con unas claras intenciones一 podríamos no tener que ponerle nombre ni etiqueta a esto, ¿qué hay de malo en disfrutar de lo que sentimos, nos provocamos, cada vez que nos vemos? No me niegues que es justo lo que tu cuerpo desea porque me lo está pidiendo a gritos, que sacie sus ganas y su necesidad 一y no lo decía a modo de burla porque yo me encontraba en el mismo punto que ella. Desde que se marchó a hurtadillas no había vuelto a estar con otra mujer y la idea no me parecía tan placentera, no si no era ella. Y sabía que ella estaba en las mismas condiciones que yo y no me hacía falta preguntar para saber sin riesgo a equivocarme que tampoco había estado con ningún hombre. Pero sabía que en esos momentos lo estaba diciendo con toda la firmeza que podía, convencida en sus palabras, y no quería ponerme a matizar en esos momentos一 entonces si es así, si esta va a ser la última noche que pueda tenerte… lo quiero todo de ti. Sin excepciones, Euphemia 一porque iba a dejar grabado en su piel todo rastro de mis manos o de mis labios para que no se olvidara, para que en algún momento pidiera por más, porque nadie sería capaz de despertar tales sensaciones de nuevo. Volví a inclinarme para tomar otra vez sus labios mientras mi mano seguía con ese descenso ahora por su vestido negro que empezaba a alzar de uno de los lados solo para colar mi mano bajo su falda, buscando la piel suave de sus piernas, y comenzar con un ascenso muy muy lento. Mi otra mano comenzó a deshacer los nudos del corsé de su vestido al tiempo que mordisqueaba sus labios, y pasaba por mandíbula hasta llegar de nuevo al lóbulo de su oreja, mientras más nudos se deshacían desatando el corsé y el vestido notando como cada vez estaba más suelto. Para cuando logré soltar su vestido por completo mi mano apenas había llegado a su muslo dejando claras mis intenciones de hacia dónde sería mi próximo destino, me aparté para deslizar las mangas del aquel fastidioso vestido que cayó al suelo dejándola a ella con aquella prenda interior, un camisón de color blanco, cuyo corsé se marcaba en sus pechos pero en la parte inferior dejaba el acceso perfecto que quería. Seguía sin saber cómo es que podían respirar con aquella prenda de ropa que enmarcaba sus pechos, pero que debía de ser incómodo. Mi mano recorrió la piel que dejaba entrever aquella prenda a la altura de su pecho delineándolo, hasta que al final tomó su pecho incluso con la tela de por medio一 eres preciosa Euphemia, perfecta 一no entendía cómo los demás hombres no habían intentado tener algo con ella… yo lo habría hecho. Mi otra mano volvió a su pierna ahora colándose con facilidad por el camisón ascendiendo lentamente por la cara interna de su muslo hasta dar con lo que buscaba; su sexo. No dudé en acariciar esa zona antes de que uno de mis dedos se deslizara por su abertura que ya estaba húmeda y mojada一 maldición 一exclamé al comprobar cuán húmeda estaba mientras mi dedo comenzaba a acariciar en lentas pasadas toda su hendidura. Siseé notando como mi miembro ya duro clamaba por volver a sentirla de nuevo, esa calidez que desprendía o cómo sus músculos se contraían al llegar al orgasmo. Esa maravillosa sensación que no se iba de mi cabeza. Mis labios tomaron los suyos demandante y algo más salvaje, más necesitado, mientras mi dedo se deleitaba al introducirse en su interior con esa sensación y la humedad que era más notoria一 necesito sentirte de nuevo, necesito volver a probar esa dulce esencia 一sin esperar mucho más acabé por apartar mi mano o de lo contrario no iba a aguantar mucho más para tomarla de la cintura y alzarla para dejarla sobre una bala de heno y dejar su cuerpo tendido, de manera que quedaba perfecta de altura para lo que quería hacer con sus caderas justo en el borde. Deslicé hacia arriba con mis manos su camisón dejando al descubierto sus piernas pero además el objeto de mi deseo, me arrodillé sin apartar mi mirada de ella llevando mis manos a sus caderas para dar un pequeño tirón y dejarla justo como quería. Pasé sus piernas sobre mis hombros antes de, por fin, acercar mi rostro a su sexo dando el primer lametazo denotando lo húmeda que estaba… ese sabor dulce de su esencia. Gruñí ante lo que eso provocaba en mi miembro duro, pero no me apartó de la labor que tenía en mente. Si ella quería pensar que sería la última noche entonces le daría un motivo, varios, para que se lo replanteara. Mientras tanto me dedicaría a disfrutar y tomar todo de ella.


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Mensaje por Euphemia MacLeod Lun Oct 10, 2022 10:02 pm

¿Qué si estaba segura? Con un demonio, ¡Por supuesto que no! En ese momento ni siquiera estaba del todo segura de quién era, pero de alguna forma tendría que mantenerse alejada de él y la tentación que representaba. ¿Por qué? ¿Por qué no seguir de la forma que él decía, sin nombres ni etiquetas? La respuesta era simple: porque cuando estaban juntos se sentía en el cielo, su cuerpo quedaba dolorido por días, y al mismo tiempo flotaba. Pero luego, cuando no estaba, su ausencia era dolorosa, todo en lo que podía pensar era en él, en tenerlo sobre su cuerpo, sentir su peso, recibir sus besos… Desde aquel encuentro un mes atrás no había hecho más que desearlo, al punto en que soñaba con sus caricias y despertaba a pasar el día frustrada al no poder tenerlo. Era una tortura. La primera vez entró en aquel juego sin saber dónde se metía, pero ahora lo sabía y fue demasiado débil para dar un paso atrás y poner distancia, solo esperaba poder cumplir con el límite que se estaba autoimponiendo.

No fue capaz de decirle nada de eso, pues temía que si habría la boca terminaría diciendo algo totalmente diferente, algo de lo que acabaría arrepintiéndose. Simplemente bajó la mirada, resignada a que sí, aquella sería la última vez, al menos tanto como durase su estadía en territorio Murray -se concedió a sí misma- y luego dejaría de verlo como hombre, sería solo su Rey. Así que, sí, le entregaría todo de si, sería suya en cuerpo y alma los días que estuviera bajo su techo, para luego decirle adiós sin mirar atrás. Asintió, aceptando su condición. – Ya lo tienes todo, Majestad. He sido tuya cada segundo desde que me entregué a ti en tu castillo. – Confesó, acariciándole las mejillas con una mano, mientras la otra peinaba hacia atrás los cabellos que se atrevían a cubrir su atractivo y masculino rostro. – ¿Serías mío por esta noche? – Su pregunta fue también una solicitud. No quería únicamente su cuerpo, también su alma, su mente, concentrados todos en ella, y en lo que de forma inminente iba a suceder entre ambos.

Jadeó de puro gusto al volver a recibir los expertos labios sobre los suyos. Euphemia comenzaba a hacerse adicta a esa caricia en particular, al punto que, se temía, él podría ser capaz de llevarla al orgasmo sin tocarla siquiera, solo con besarla de esa forma tan suya el tiempo suficiente. Sintió sus manos aflojarle el corsé y no lo detuvo, dijo que le entregaría todo, y eso haría, no le negaría nada que él deseara hacer con su cuerpo, confiaba lo suficiente él para saber que no buscaba solo su propio placer, le daría tanto como obtenía, y ella no quería quedarse atrás. Con la misma parsimonia con que él se movía, desvistiéndola, comenzó a moverse también, encargándose de arrancar de su camino estorbosas prendas que le impedían tocarlo. Necesitaba sentir la piel caliente contra las palmas de sus manos.

Al tiempo en que Logan logró sacarle el vestido, dejándola únicamente con el camisón y el corsé, ella ya le había sacado el saco y la camisa, dándose una gloriosa visión de un pecho demasiado marcado para pertenecer a un monarca, casi lampiño, siendo los únicos vellos a la vista aquellos que formaba un pequeño camino desde la parte inferior de su ombligo y se perdían bajo la cinturilla del pantalón, haciéndolo agua la boca al saber lo que allí abajo encontraría. Iba a tocarlo en aquella zona, sus dedos picaban por hacerlo, pero él se le adelantó acariciando sus senos sobre el escote del camisón, provocándole un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral.

Muchas personas, en muchísimas ocasiones y distintas circunstancias, habían elogiado su belleza, pero ninguna de ellas logró nunca el efecto que él tan fácilmente conseguía. Era la mezcla de su mirada ardiente, su voz profunda y grave, la sensibilidad creada previamente sobre su cuerpo, todo junto, la hacían temblar de gozo con solo escucharle decir que la encontraba hermosa. – Entonces hazme el amor, no me hagas esperar más. – Pidió, sintiendo cómo la humedad y el calor se acumulaban entre sus muslos. Como respuesta, obtuvo la caricia íntima de un dedo travieso que se coló hasta tocarla allí donde lo necesitaba, arrancándole de improvisto un jadeo. – Sí, ahí. – Gimió, aferrándose a sus bíceps y descansando la frente contra uno de sus hombros mientras disfrutaba lo más silenciosa que podía de ese deliciose toque, a la vez que abrió un poco más las piernas para él.

La siguiente vez que la besó, Euphemia estuvo segura de que por fin dejaría de torturarla y le daría lo que tanto ansiaba. Sin embargo, se equivocó. Cuando Logan finalmente la alzó y depositó sobre una pila de heno, en lugar de recibirlo a él dentro en toda su extensión, se sorprendió al sentir su lengua torturarla aún más de lo que antes hizo su dedo. No se sentía mal, al contrario, lo disfrutaba. Pero sentía una urgente necesidad de que la penetrara, sabía ya por experiencia que solo entonces volvería a sentirse completa, él era esa parte que la complementaba y le había sido arrancada. El joven Rey no se contentó con proporcionarle uno, ni siquiera dos orgasmos, fue con el tercero que finalmente se detuvo, después de dejarle el sexo sensible, las piernas temblorosas y el cuerpo laxo.

Con dificultad, logró erguirse hasta quedar sentada frente a él, ni siquiera intentó ponerse en pie pues sabía que las piernas le fallarían. – Ahora faltas tú. – Lo haló desde la cinturilla del pantalón hasta tenerlo más cerca, para desabrocharle aquella molesta prenda que le impedía tener contacto con la parte de él que más deseaba. Su miembro estaba duro y erecto, y de su glande una pequeña gota escurría. Se veía realmente apetitoso. Sin detenerse a pensarlo dos veces, lamió la punta llevándose con la lengua aquella pequeña gota, y siguió luego con toda la extensión hasta dejarlo lo suficientemente húmedo como para comenzar a masturbarlo con la mano mientras intentaba engullirlo por completo, cosa que parecía imposible dado su tamaño. Aquella debía ser una de las labores más gratificantes que existían, pues, así como disfrutaba haciéndolo, recibía en tiempo real las reacciones de su compañero, lo que no solo la motivaba a seguir, sino que también la excitaba aún más.

Ya estaba cerca, lo supo instintivamente. Logan iba a acabar pronto, pero ella no quería que eso sucediera aún, quería tenerlo dentro. – Ahora, te necesito ahora. – Gimió, tras dejarse caer hacia atrás, quedando apoyada de sus codos, y abrirse de piernas para él en una clara invitación.




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Mensaje por Logan Tisdale Sáb Oct 29, 2022 12:05 pm

Mi intención cuando supe que ella se encontraría en aquella última visita a una de las grandes casas de Escocia, no era ni mucho menos terminar en aquel cobertizo lleno de paja para saciar esas ganas que dejó su ausencia así como lo mucho que me provocaba con tan solo una mirada. Después de cómo se marchó del castillo en mi mente -por mucho que lo negara- no entraba la opción de terminar consumido por ese deseo implacable que ella despertaba en lo más profundo de mi ser, algo que hacía demasiado tiempo nadie lograba conseguir con tan poco. Mi intención o mi objetivo estaba en pedirle explicaciones de por qué se marchó así del castillo a hurtadillas, como una chiquillada que no debía ser descubierta -mejor que no lo fuera- pero sin llevar el mínimo cuidado para que ningún sirviente ni ningún guardia la viera. No esperaba que después de su explicación terminaríamos por volver a sucumbir a nuestros deseos pues su cuerpo era como un libro abierto, me decía cuánto deseaba volver a tener un momento igual y repetir lo que sucedió aquella noche en el castillo. Y yo, para qué mentir, no me encontraba muy lejos o dispar de los deseos de su cuerpo pues el mío también clamaba por saciar las ganas desde el primer instante en que la vi al descender del carruaje, desde que quedamos a solas en ese cobertizo que sería único testigo de lo que ocurriera entre ambos. Había ofrecido un punto intermedio sin tener que poner nombres o etiquetas a lo que teníamos, tan solo disfrutar de la magia que ocurría cuando estábamos cerca el uno del otro… pero al parecer era algo que a Euphemia no le encajaba, por lo que me ofreció aquella noche como la última para desatar el deseo que teníamos el uno por el otro. Si era realmente así entonces haría que recordara cada segundos y que, al recordarlo, sintiera la necesidad de replantearse su respuesta… que me deseara tanto que no fuera capaz de aguantar no estar a mi lado, no dejarse llevar por lo que sentía. Volver a ver su cuerpo desnudo era todo un placer visual del que nunca me cansaría, y que tuve la misma sensación e impresión que cuando sucedió en el castillo: despertó un fuego en mi cuerpo que hasta entonces estuvo dormido. Era hermosa, era perfecta con su piel nívea y suave, sus pechos turgentes y no excesivos que cabían a la perfección en mi mano como si hubieran sido hechos para mí. Y su sexo… ya podía notar su humedad con la punta de mis dedos y me volvía loco su olor, necesitaba volver a sentirla y probar ese dulce néctar hasta hacerla enloquecer. Y eso fue lo que hice, mi boca tomó su sexo pasando mi lengua por toda su abertura para deleitarme con su sabor mientras aferraba su cintura con una mano y la otra tomaba un pecho, pellizcándolo de vez en cuando. Lamí aquel delicioso manjar hasta que una vez saciado -por el momento- llevé mi lengua a ese botón que tanto placer le daba para golpearlo con la lengua, dándole el primer orgasmo que sacudió todo su cuerpo deleitándome con sus gemidos, por cómo temblaba. Pero no quedé ahí ni tampoco fue suficiente, mi lengua descendió para lamer sus jugos hasta limpiar su sexo de estos y pasar a penetrarla con la lengua notando lo caliente que estaba, cómo se estremecía con cada pasada que daba. Un segundo orgasmo no fue tampoco suficiente sino que seguí, torturándola para mi deleite, hasta que un tercer orgasmo la hizo temblar hasta el punto de no sostenerse y tener que aferrarla. Me alcé recorriendo sus piernas temblorosas dejando pequeños besos y mordiscos, hasta que fue ella quien decidió tomar el mando. Dejé que tomara las riendas cuando me acercó de un tirón a su cuerpo y empezó a desabrochar mi pantalón, liberando mi miembro que duro y tieso esperaba por su turno. Observé en silencio cómo se inclinaba hasta que su lengua lamió la gota que descendía por el tronco, provocándome un jadeo de placer, viendo que continuaba lamiendo todo mi miembro para dejarlo humedecido, y así pasar a envolver su mano para comenzar un sube y baja placentero, aunque más lo fue en el instante en que su boca comenzó a engullir mi miembro sintiendo cómo su lengua me envolvía. Un gemido salió de mis labios al tiempo que llevaba una mano a su pelo y lo apartaba para no perderme detalle, no llegaba a copar todo mi tamaño pero era igual de gratificante, sus ojos se alzaron a los míos y gemí ante esa mirada brillosa y pícara sumado a dicha imagen que grabaría en mi retina. Sabía que iba a acompañarme en muchas de mis noches, esa maldita mirada mientras engullía todo mi falo.


一Maldición, vas a matarme 一gemí cerrando los ojos echando hacia atrás la cabeza porque su boca se movía como una experta, su lengua ayudada junto a su mano creaban una sensación que poco iba a tardar en culminar en su boca. Sin embargo se separó dejándome vacío de su boca, de su calor, para pedirme un ruego que ya expresó momentos antes: me quería dentro de ella. No es que tuviera que decírmelo más veces para acceder a su petición así que observé cómo se recostaba apoyándose sobre sus codos, separó sus piernas dándome una imagen que no olvidaría en mucho tiempo mientras me incitaba y me provocaba. En esa posición podía ver su miembro rosado y húmedo por la excitación, sus pechos erguidos y perfectos… y ese rostro que me volvía loco; sus labios, sus ojos azules con ese brillo de deseo. Era una maldita súcubo que me tenía justo donde quería y yo, que no estaba para pensar demasiado, no tardé en moverme para atender su deseo y su petición. Me colé entre sus piernas restando la distancia para dejar mi miembro justo sobre su sexo, recorriéndolo con la punta dejando que su esencia empapara mi glande sin apartar mi mirada de ella. Mi mano fue a su pecho acariciándolo para elevar su trasero con mi mano libre, quedando mi rostro justo sobre el de ella一 soy tuyo desde el momento en que me atrapaste con tu mirada 一dije sobre sus labios ya que no había respondido a su pregunta, mordisqueando su labio inferior antes de recorrer por un par de veces más toda su hendidura hasta tener mi glande completamente empapado de ella一 no aguanto más 一dije antes de colocar la punta en su entrada y de una embestida adentrarme en su interior notando sus paredes que se rozaban por mi grosor, sin dejar nada más que mis testículos fuera de ella一 oh joder, estás tan… 一no terminé la frase porque un gruñido escapó de mis labios al notar cómo me envolvía, cómo se adaptaba a mi intrusión. No esperé ni un segundo más para comenzar a moverme donde saqué todo mi miembro, dejando solo la punta dentro, para volver a embestir en su interior一 oh sí, te sientas tan jodidamente perfecta 一volví a repetir la acción, y otra vez, y otra más, y otra más hasta que fui incrementando el ritmo y la estancia se llenó no solo de nuestros gemidos y jadeos, también del golpeteo incesante de nuestros cuerpos. Descendí mis labios hasta tomar uno de sus pechos que lamí, succioné y mordí deleitándome no solo del placer que me provocaba tomarla, sino de sus jadeos y sus gemidos o de cómo su cuerpo reaccionaba en cada embestida. Deslicé mi mano por su costado hasta que topé con su sexo acariciando ese botón que la volvía tan loca, hasta que sentí que se corría y su sexo succionaba mi miembro en cada maldita embestida… pero no paré, aguanté mordiendo su pecho hasta que tomé sus piernas y las coloqué sobre mis hombros, la moví para dejar un pequeño espacio lo justo para subirme quedando de rodillas y elevar su cuerpo. De esa manera quedaba con la espalda arqueada en una posición donde podía rozar el centro de sus entrañas, y bombeé como un puto desquiciado necesitado de acabar en su interior hasta llenarla de mi esencia. Busqué sus labios y mi mano aferró su nuca tomando todo de ella, siendo su dueño, hasta que noté que el placer se arremolinaba en mis testículos y se aproximaba mi liberación一 córrete para mí Euphemia, córrete conmigo 一gruñí antes de con un par de embestidas rudas y aceleradas, alcanzar el orgasmo derramándome en su interior para llenarla de mí. Incluso así mientras ella topaba con su segundo orgasmo era como si no tuviera suficiente y mis caderas se movían bombeando por sí solas mientras nos corríamos al unísono, nuestras esencias se mezclaban en su interior y colpabsaban en un poderoso orgasmo. Seguí moviéndome tras haberme corrido hasta que mis caderas fueron cediendo poco a poco y el ritmo descendió considerablemente, hasta que quedé en su interior quieto sin moverme con la respiración agitada. Por unos cuantos segundos no me atreví a moverme en lo que mis labios buscaban los suyos en un beso, algo más lento y profundo después de saciar nuestros cuerpos queriendo extender ese momento tanto como pudiera. El problema estaba en que ahora que había vuelto a sentir, a experimentar, lo que ella me provocaba… no estaba convencido si podría aguantar su ausencia一 vuelve a decirme que lo ocurrido la otra noche, en el castillo, fue un momento de debilidad después de esto 一la reté aunque no era un reto, más bien una constatación de lo evidente一 me quedaré por unos días en lo que dura la festividad, permíteme disfrutar esos días contigo… tenerte para mí bajo tus condiciones. No he tenido suficiente de ti, Euphemia. No si después de estos días todo se acaba aquí.


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Mensaje por Euphemia MacLeod Vie Nov 11, 2022 11:20 pm

Para el momento en que Logan respondió, ya había olvidado que preguntó algo, pero al escucharlo se sintió más que satisfecha. Solo en ese sentido, pues el constante roce del miembro contra su sexo la estaba volviendo loca de deseo. – ¡Ahora! – Exigió de nuevo, hasta que finalmente lo recibió entero en su interior. El hombre podría darle placer infimito de mil maneras distintas, pero nada se comparaba con la sensación de estar unidos de aquella forma tan íntima. Aun si una relación verdadera era imposible entre ellos, en ese momento él le pertenecía, era todo y solo suyo. – Oh, Dios… – Gimió. Logan la llenaba por completo, abarcaba cada rincón, tocaba sin esfuerzo los puntos más sensibles de su sexo, provocándole placer incluso sin moverse, pero cuando lo hizo, de nuevo sintió como si fuese capaz de tocar el cielo con las manos. – Por lo que más quieras, no te detengas. – Le rogó cuando comenzó aumentar la velocidad y potencia de las embestidas.

La boca del Rey era maravillosa. Se suponía que lo fuera para dar discursos e inspirar a su pueblo, pero sobre cuerpo hacía magia. ¿Cuánta experiencia debía tener un hombre para lograr ese nivel de experticia? ¿Con cuántas mujeres tuvo que acostarse para saber dónde y cómo tocarla para que se derritiera con cada roce o lamida? Incluso sentir su aliento cálido sobre los pezones la hacía temblar, pero fue ese dedo intruso, interponiéndose entre los cuerpos de ambos, el que, junto con las inclementes embestidas, logró darle un orgasmo más para agregar a la colección de esa noche. Para ese momento ya se había olvidado por completo del decoro, ni siquiera era consciente de si sus gemidos eran solo jadeos o se habían convertido ya en gritos de placer.

Con el cambio de posición Euphemia pudo jurar que era capaz de sentirlo incluso más profundo. Era glorioso. Y los catapultó a ambos a un último orgasmo tras el que el cuerpo de Logan cayó laxo sobre el suyo. Más alto y musculoso como era, su peso no le suponía una molestia, al contrario, resultó reconfortante al momento de calmar su agitada respiración y el alocado latir de su corazón. Sin embargo, su beso suave y lento tuvo un efecto totalmente opuesto. Todos sus besos anteriores fueron marcados por la necesidad de satisfacer un deseo físico, mientras que este era diferente, al menos así se sintió para ella aun cuando no pudo darle una explicación más clara siquiera en su propia mente.

Acariciaba suavemente el rostro de Logan, con un cariño que traslucía en la forma en que lo tocaba y miraba, cuando sus palabras la hicieron sonreír. – ¿Cómo prefieres que lo llame entonces? – Preguntó tras algunos minutos de encontrar ella misma una respuesta a esa pregunta, sin éxito. No fue un error, porque no se arrepentía, pero tampoco podía decirse que fuese su decisión más acertada. Ser públicamente la amante del Rey de su país, aun si él insistía en no poner etiquetas sobre lo que eran el uno del otro, le daría cierto estatus en la corte -si es que él la llevase-, pero también le quitaría toda influencia positiva que pudiera tener. Ya no la escucharían por ser una mujer honorable cuya reputación le ganó cierto poder, sino por temor a él. Y ser su amante en secreto… Ningún secreto podía mantenerse oculto demasiado tiempo, la verdad siempre salía a la luz. Eso es algo con lo que debía vivir de ahora en más. – Tal vez, no solo un momento… Simplemente soy débil cuando se trata de ti. – Sí, eso podría ser más certero.

Con un empujoncito logró hacerlo caer a él de espaldas en la bala de heno, siseando en el proceso al sentir cómo se deslizaba de su interior, solo para acostarse de medio lado junto a él y recostarse de su pecho, justo a tiempo para escuchar su propuesta. Se quedó pensativa unos minutos, pues no era una decisión sencilla de tomar. La idea de pasar los siguientes días a su lado, de esa manera, resultaba tentadora a la vez que peligrosa. Solo estuvo con él una noche un mes atrás, y todo ese tiempo la separación resultó desesperante y dolorosa. Logan se iría, se casaría con otra, y la olvidaría. Mientras que ella recordaría cada instante de las noches en sus brazos el resto de su vida. Nunca le importó que Gavin, su difunto esposo, tuviera amantes. Solía pensar que era normal, incluso lo agradecía, pues de esa manera podía evitar compartir intimidad con él, pero con Logan que no era nada suyo se sentía posesiva. Eso era lo peor. No quería compartirlo con nadie, no quería que ninguna otra mujer pudiera disfrutar de sus besos ni de sus caricias. Definitivamente estaba enloqueciendo.

Al final, decidió que viviría la experiencia ahora que tenía la oportunidad, y luego asumiría las consecuencias. Si tenía que llorar, lloraría. – Con mis condiciones, ¿no? – Quiso confirmar. Una vez él asintió, sintiéndose victorioso, agregó: – Sólo tengo dos. – Le indicó, para generar un poco de suspenso. – La primera es que seré yo quien vaya a su habitación. El ala familiar está demasiado ocupada, mientras que el ala de invitados solo la ocupa usted. No tendremos que ser tan cuidadosos. Pero… Tendrá que pedirles a sus guardias que estén apostados en la parte de abajo de las escaleras, así podré ir y venir sin que nadie me vea. Tanto en la noche como en la mañana. – Una vez ese punto estuvo acordado, procedió con el segundo. – Y… Quiero despertar en sus brazos cada mañana. No volveré a irme sin previo aviso, pero usted tampoco podrá hacerlo. – Quería despertar exactamente en aquella posición, sintiendo sus dedos acariciarle la espalda de forma distraída, cobijada por el calor de su cuerpo.

– Deberíamos entrar a la casa. No creo que le resulte cómodo dormir aquí. – Comentó luego de un rato de compartir el silencio. No sería cómodo, ni seguro. Al día siguiente ya todos estarían sobrios y notarían que pasaron la noche fuera. Era mejor volver mientras pudieran pasar medianamente desapercibidos. Eso pensó, pero no se hizo ademán de moverse. En parte porque estaba demasiado cómoda, pero, si debía ser totalmente honesta consigo misma, una parte de sí también quería que todos supieran que estaba con él, incluso si eso la arruinaba por completo. No conseguiría que Logan se casara con ella, pero al menos podría quitarse las constantes propuestas de Wallace de encima.

Fue él quien se movió primero, así que terminó por ponerse de pie, sintiendo cómo le temblaban las piernas, y comenzó a vestirse intentando reponerse lo suficiente para simular sobriedad en caso de que alguien se encontrase aún consciente en el salón. Para su buena suerte, no fue así. – Espérame desnudo en la cama. Pasaré un momento por mi habitación. – Murmuró contra sus labios una vez estuvieron en la parte superior de las escaleras. Se dio un baño rápido, se vistió con un camisón de suave algodón para dormir, trenzó su cabello cuan largo era dejándolo caer sobre uno de sus hombros, y se cubrió con una bata de terciopelo color vino antes de salir en dirección a encontrarse nuevamente con Logan.

Esa noche, a diferencia de la primera vez que estuvieron juntos en Edimburgo, Euphemia tenía muchísima energía y, tal como deseó, esa noche ninguno tuvo un minuto de sueño. Si les quedaban solo unas noches juntos, sacaría el mayor provecho de ellas. Todo fue maravilloso y hermoso hasta el momento en que por fin bajó a tomar el desayuno. Algo extraño en ella, fue la última en llegar al comedor, pero tendrían que perdonarla pues no fue sencillo ocultar las señales de su desvelo. Y, al entrar, lo primero que escuchó, sin saber si quiera de quien venían las palabras, es que Logan se comprometería con Rhona, destruyendo con una sola frase todo su buen humor. – ¿Qué? – Preguntó, en voz más alta de lo necesario, llamando la atención de todos los presentes.




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Mensaje por Logan Tisdale Sáb Nov 26, 2022 1:05 pm

Tras lo ocurrido en aquel almacén a Euphemia le sería imposible decirme que solo había sido un momento de debilidad la noche del castillo, cuando ambos sabíamos perfectamente que lo que pasó aquella noche no se debía a la debilidad precisamente. El ejemplo perfecto era cómo nuestros cuerpos se necesitaron y anhelaron en cuanto estuvimos a solas, la necesidad de sentirnos de nuevo piel con piel… eso no se podía fingir por mucho que ella lo pensara. Ya después de que ambos quedáramos satisfechos y de escuchar varias veces mi nombre pronunciado en mitad del clímax de sus labios, de darle varios orgasmos en aquel lugar, nuestros cuerpos necesitaban una pequeña pausa tras aquel arrebato de pasión desmedida. Con mi cuerpo recostado ligeramente sobre el suyo para no dejar caer todo mi peso sobre ella descansé hasta recuperar mi respiración que, hasta ese momento, seguía agitada por la actividad física. Sus manos tomaron mi rostro acariciándolo en lentas pasadas apartando algunos mechones de mi pelo pegados a mi frente por el sudor, ante su pregunta de cómo debía de llamarlo no respondí porque ni siquiera yo lo sabía o le había puesto nombre alguno. No tenía por qué ser “algo” cuando sabíamos que nuestros encuentros no iban a llegar a ningún sitio, que ambos éramos libres aunque sí entendía esa parte de ella donde le preocupaba su reputación, esa que la hizo sobresalir sobre las demás mujeres y puso en jaque a varios hombres. Entendía que no quisiera quedar relegada o señalada como la “amante del rey” después de que todo el mundo la respetaba, y no es que el ser la amante fuera algo que le restara mérito a todo lo que había hecho… pero su condición ya estaría por siempre señalada. De ahí que no quisiera ponerle nombre, de ahí que todo cuanto yo quería era disfrutar de esos momentos que podíamos ya que eran escasos. Y no iba a negarlo, porque ninguna mujer despertaba en mí esa sensación tan ardiente como lo hacía ella. No era fácil de encontrar y ahora que lo había hecho quería conservarlo, quizás por puro egoísmo, pero era una verdad que jamás diría en voz alta. Mucho menos a ella. Reí levemente entre dientes cuando dijo que quizá simplemente era débil cuando se trataba de mí, no quise hacer ningún tipo de comentario pues ella ya había dicho bastante. Dejé que me empujara levemente para quedar recostado sobre la bala de heno donde ella quedó tumbada sobre mi pecho, con su cuerpo pegado al mío pudiendo notar cada curva de este por todo mi costado. Mi propuesta sabía que podría no aceptarla pero si de verdad era la última noche que íbamos a pasar juntos, si después cuando el sol saliera por el horizonte todo cambiaría entre ambos… pensaba disfrutar los días que me quedaban de permanecer allí. Solo unos días, después tendríamos que seguir el rumbo marcado por nuestro destino. En cuanto preguntó si con sus condiciones asentí con la cabeza esperando a ver cuáles eran, no me parecieron descabellados y asentí pues no me quedaba mucho más que aceptar. Me pareció hasta gracioso que recalcara precisamente lo que no hizo en el castillo; amanecer a mi lado. No es que tuviera objeción alguna por lo que acepté sus condiciones, mientras mis dedos recorrían su espalda dibujando formas sin patrón alguno. Descendí mi mirada a ella cuando dijo que era mejor movernos para no terminar durmiendo allí -algo que podría delatarnos si alguien nos viera a plena luz- por lo que nos movimos para comenzar a vestirnos en silencio, con cierta rapidez para salir del almacén cuanto antes. Con cuidado salimos del almacén y nos internamos en el interior pasando por un salón que, para nuestra suerte, se encontraba vacío. Antes de separarnos para dirigiros cada uno a nuestras habitaciones busqué sus labios acercándola por la cintura, ante su petición de quererme desnudo para ella esperándola en la cama simplemente mordí su labio inferior con deseo.


一Tus deseos son órdenes para mí, señorita
一tras un último beso nos separamos y me encaminé en silencio y sin la presencia de nadie por esa ala del castillo tal y como ella mencionó. En cuanto llegué ante la presencia de los guardias apostados en mi puerta di las indicaciones correspondientes, consciente de que si alguno de ellos se atrevía a hablar de más les daría un destino el cual suplicarían por volver a la guardia real. Nada más llegar decidí darme un baño y quitar el sudor de mi cuerpo dejándolo limpio antes de, desnudo tal y como me había pedido, esperarla en la cama hasta que llegara. Debía admitir que al ver que tardaba tanto -algo normal en una mujer- pensé que quizá se arrepintió y que no vendría, pero minutos más tarde cuando tocaron a la puerta y la abrieron pasando al interior se despejaron todas mis dudas. Decir que descansamos algo a lo largo de la noche sería estar mintiendo pues no hubo mucho tiempo para descansar, nos mantuvimos ocupados hasta que el alba nos sorprendió tumbados en la cama tal y como ella pidió en una de sus condiciones. Hacía mucho tiempo que no pasaba una noche así y cuando se marchó para prepararse apenas me quedé unos minutos en la cama, me levanté para darme un baño y comenzar con aquel nuevo día que iba a traer más sorpresas de las que me esperaba. Nada más terminar de vestirme tocaron a la puerta siendo un soldado quien me avisaba que ya estaba todo preparado, que me esperaban en el salón para desayunar por lo que me di toda la prisa que pude para no tardar demasiado. Aunque decirlo era mucho más fácil que hacerlo pues estaba exhausto y agotado, no solo por el viaje de aquella semana recorriendo cada rincón de Escocia visitando las cuatro grandes casas más importantes, sino también por el maratón de la pasada noche donde no habíamos tenido mucho descanso. Claro que si en algún momento alguien pudiera preguntar acerca del cansancio, si lo notaban, siempre podría alegar que llevaba una semana de viaje y eso acuciaba el cansancio ya que fue bastante seguido de la coronación. Lo cierto es que desde esa noche no había tenido mucho descanso y aquel viaje -muy necesario- fue la gota que colmó el vaso. Pero sabía que era importante visitar las cuatro grandes casas si quería implantar un consejo formado a mi medida, y el incluir a mujeres en él. Sin embargo, nada más llegar al salón noté un ambiente tenso y aunque se escucharon algunas voces elevadas no le di demasiada importancia, pero al entrar en el salón todas las miradas recayeron en mi figura. De ser otro me habría sentido incómodo aunque lo achaqué a que era el rey y por eso dicha atención一 buenos días 一respondí para encaminarme hacia mi asiento que, como la otra noche, se encontraba al lado de la joven Rhona a quien le dirigí una sonrisa tras sentarme a su lado. Minutos después fijé mi vista en Euphemia quien la apartó con una expresión en su rostro, en sus ojos, que no pude descifrar del todo bien. ¿Qué había pasado? No lo entendía pero pretendía saberlo, aunque lo que me deparaba durante todo el día serían conversaciones con los líderes del clan y, por la tarde, lo que en mi parecer era una “encerrona” con la joven Rhona pues daba la sensación. No es que hubiera tenido algo diferente en las otras visitas a las casas, todos tenían hijas en edad casadera y yo era un rey soltero. Una combinación nefasta a mi parecer. Solo me quedaba aguardar a la noche para preguntarle en privado aunque debió pasar algo por su rostro, porque apenas me miraba… y desconocía lo que era. Esa misma noche empezarían las festividades del lugar por lo que no tuve más remedio que esperarme, tras pasar la tarde paseando con la joven Rhona -y un séquito de mujeres detrás- para tener una oportunidad de acercarme a Euphemia y preguntarle. Aunque encontrar el momento fue algo más complicado ya que esta parecía esquivarme y en un momento donde las jarras de cerveza corrían al mismo ritmo de la música, aproveché para abordarla en un lugar apartado一 ¿me puedes explicar qué es lo que te pasa, por qué estás esquivándome todo el rato? 一De verdad que no lo sabía, ¿qué había cambiado de cuando dejó mi cuarto, a la hora del desayuno?一 No entiendo tú actitud, ¿vas a mostrarte así delante de todos solo para fingir y que no nos pillen? Si es así hubiera agradecido que me lo dijeras de un inicio. Vas a volverme loco al final con tanto cambio de humor 一mencioné no de la mejor manera pero no la entendía, no comprendía su actitud. Aunque cuando me dijera el motivo de por qué estaba así quizás lo entendería.


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Mensaje por Euphemia MacLeod Jue Ene 05, 2023 10:01 pm

Tan pronto escuchó aquella declaración, Euphemia buscó al monarca con la mirada por el comedor, encontrándose con que no estaba aún en el salón. Wallace, su cuñado, quien estaba haciendo el anuncio en el momento en que entró, se animó a responderle con una sonrisa triunfante. La explicación, si bien no logró aplacar por completo su preocupación, la dejó un poco más tranquila. No era un acuerdo directo con Logan, y tampoco estaba aún concluido, así que todavía había tiempo para evitarlo. – Tú eres el líder del clan, pero Rhona es mi hija. Así que te sugiero que consultes conmigo este tipo de decisiones. – Su comentario fue directo, firme y contundente, más como ella misma que la versión que decidía presentar en público frente a personas que no fueran MacLeod o Murray.

– Hijastra. – Fue la sencilla respuesta de Wallace, no menos contundente, queriendo dejar claro su lugar. Ese era el principal motivo por el que casarse con él era algo que ni siquiera consideraba una opción. El hermano menor de su difunto marido no podía ser más diferente de él. Gavin, si bien no era un esposo apasionado, la respetaba y tomaba en cuenta sus opiniones. El menor solo querría quebrarla de tener la oportunidad. Como cuñada ya era suficientemente malo, no cometería el error de convertirse en la esposa de un hombre como él.

Euphemia irguió el mentón, orgullosa, pero no dijo una palabra más. Su buen humor se había esfumado, pero no quería hacer una escena mientras Logan estuviera en el castillo y pudiera entrar en cualquier minuto. A pesar de ello, aunque la viuda se sentó en silencio, el ambiente se tornó tenso en adelante, incluso peor luego de que el monarca finalmente se unió a ellos en el comedor. Intentó por todos los medios evadir la mirada del hombre en cuya cama pasó toda la noche, teniendo que girar rápidamente el rostro en las pocas ocasiones que su propio cuerpo la traicionó. Logan no había hecho nada malo, pero la simple idea de él compartiendo la cama con su hija, haciéndole todo lo que le hizo a ella, la ponía enferma.

Durante el día, la joven agradeció en silencio que las obligaciones del Rey lo mantuvieran ocupado, pues entre el cansancio y la preocupación, no creía tener la paciencia y el control para tratar con él sin que su temperamento explotase en el intento. Al llegar la noche, tuvo que hacer un esfuerzo mayor para poder evitarlo, pero era evidente que no podría hacerlo para siempre. Más temprano que tarde tendría que enfrentarlo, aun cuando hubiera preferido no tener que hacerlo.

Cuando el momento se dio y ya no pudo seguir evitándolo, Euphemia no pudo verlo a los ojos en principio. Su actitud era muy poco propia de ella, pero realmente no sabía cómo manejar esa situación en particular. Él tenía razón en enojarse. La posibilidad de que Rhona fuese elegida para ser la futura Reina siempre estuvo presente, pero mientras la decisión estuviera en las manos de Logan, se sintió tranquila pensando que no sucedería. Si los acuerdos se estaban llevando entre Wallace y el abuelo del Rey… ¿Tendría la potestad de tomar esa decisión por él?

Levantó un poco la mirada, no para verlo a él, sino a su alrededor, notando que, aunque estaban apartados, más de un par de ojos se posaba sobre ellos, por lo que tendría que cuidar sus palabras y evitar todo contacto. – No, majestad. Lo siento. Tiene razón. Es solo que… – La castaña se mordió el labio inferior en un gesto pensativo, considerando si decirle o no respecto a sus preocupaciones. No quería dar la impresión de amante celosa, o mujer posesiva. Pero, si consideraba que como líder del clan Wallace intentaría hacer lo que fuese más beneficioso para los Murray, Logan era su única opción si quería evitar una unión entre él y su hijastra.

– Majestad. Hay algo que necesito pedirle. – Se atrevió a decir, esperando no ser resultarle pretenciosa, después de pasar todo el día evitándolo, ahora quería pedirle algo. – Imagino que sabe tan bien como yo lo que el clan pretende al acercarlo a Rhona. – Comenzó, dándole una idea de hacia dónde se dirigía su petición, aunque probablemente él pensaba que iba a solicitar lo contrario de lo que realmente pretendía. – Por favor, no acepte su mano en matrimonio. – Tal como supuso, la sorpresa brilló en los ojos el Rey, junto con una pizca de curiosidad que la incitaba a explicar el motivo de tal petición.

– Aunque no sea mi hija biológica, la he cuidado y amado como si lo fuera durante los últimos diez años. Su madre murió durante el parto, por lo que soy la única madre que ha conocido. – Le explicó brevemente la relación entre ambas antes de plantear finalmente lo que la tenía tan preocupada. – ¿Cómo podría verla a los ojos si se casa con usted? – Bajó ligeramente el tono antes de concluir. – Conozco perfectamente y de primera mano lo que se siente estar en su cama, entre sus brazos. Recibir sus caricias, sus besos. Tenerlo… – Fue incapaz de pronunciar el resto en voz alta, incluso en tono bajo, simplemente se aclaró la garganta con el rostro levemente ruborizado por las imágenes que sus propias palabras evocaron.

El mayor problema, si era honesta consigo misma, no era saber lo que se sentía, sino la posibilidad de seguir deseándolo incluso cuando estuviera casado con su hija. Ya había demostrado ser demasiado débil ante Logan, ¿Sería capaz incluso de perderse en él aun cuando significara que le sería infiel a Rhona con ella? La idea la aterrorizaba, pero no era lo suficientemente necia como para negarse que podría caer en la tentación y olvidarse incluso de su pequeña solo para obtener un poco más del efímero placer que solo él le había dado.




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Mensaje por Logan Tisdale Mar Ene 24, 2023 12:29 pm

Después de haber pasado una de las mejores noches en los últimos meses, por no decir años, todo en cuanto podía pensar era en los encuentros que nos quedaban el resto de las noches que pasaría con el clan MacLeod antes de partir de vuelta al castillo en Edimburgo. Siendo sincero era la primera vez en muchísimo tiempo que una mujer ponía tantas condiciones y se resistía tanto para pasar una noche conmigo, pero lo que experimentaba con Euphemia era algo difícil y muy complicado de explicar para lo que todavía no entendía las razones o los motivos. Decir que nos compenetrábamos en la cama era decir poco para la química que sentíamos el uno con el otro, el deseo atroz y voraz que experimentaba cada vez que veía su cuerpo desnudo o escuchaba sus gemidos que podían catapultame a la misma gloria. Por primera vez me alegraba de haber acudido a esa reunión con las cuatro casas más influyentes de toda Escocia pues de lo contrario jamás habría tenido una oportunidad como aquella, y es que después de nuestro encuentro en el castillo mis noches las copó ella, su cuerpo desnudo y lo bien que me sentía bombeando rudo en su interior. Ni siquiera aliviar mi excitación a solas bastó para desprenderme de lo que me provocaba por lo que las siguientes noches iba a disfrutar consciente de que era muy probable que no tuviéramos más oportunidades, que ella tenía demasiado claro lo que quería. A menos que pudiera volver a convencerla, bastaría una noche de “tortura” para que aceptara seguir teniéndola desnuda en mi cama. Aunque lo ocurrido en mi estancia y tras aquel pacto de que nadie se enterara de lo que ocurría no esperé el cambio de actitud que tuvo al día siguiente, se mostraba mucho más esquiva que de un principio antes de conversar y aclarar todos los puntos posibles por lo que no entendía en absoluto su actitud. ¿Qué habría cambiado? Pronto lo averiguaría pues no iba a dejar pasar la oportunidad, lo que no quería era esos cambios tan radicales que si bien ayudaban para que nadie sospechara a mí me estaban volviendo loco. Durante todo el día atendí mis obligaciones pues para eso acudí a su clan como hice con los tres anteriores, donde no hacía falta ser demasiado espabilado para darse cuenta de que querían un acercamiento con Rhona… y tampoco podía culparlos. Mi recién subida al trono sumado al que era un hombre joven, y soltero, hacía de ello una combinación peligrosa que supe me iba a traer problemas… ya desde la misma noche de la coronación muchos aprovecharon la oportunidad para presentarme a sus hijas en edades casaderas. Y Rhona no es que no fuera una joven hermosa, pero no despertaba en mí el mismo interés que Euphemia.

Con la que hasta la noche no pude acercarme lo suficiente aprovechando que se encontraba llenando unas jarras de cerveza, en mitad de la celebración, para rellenar la mía y forzar aquel encuentro. Si bien sentía la mirada de algunos observándonos con detenimiento en todo momento tampoco haría nada frente a ellos, cualquiera que nos viera solo podía ver a dos personas hablando en mitad de una fiesta. Fue ahí cuando la increpé por su comportamiento esperando una respuesta ya que si bien entendía su lejanía para no llamar la atención, para que su familia hiciera lo mismo que las otras casas en mi visita, tampoco me gustaba su distanciamiento. No cuando en un par de horas más tarde la tuviera en mi cama, desnuda para complacer todos mis deseos, castigándola por haber sido tan “mala”. O quizás castigándola para hacerla entender que por mucho que aquellas noches fueran las últimas no íbamos a soportar ninguno estar tanto tiempo sin tocarnos, ya casi me había convertido en un adicto de su cuerpo. Y sabía que ella no estaba exenta de lo mismo. Sin embargo, por muchas razones o hipótesis que hubiera imaginado no esperé que la conversación girase en torno a la que era su hijastra; Rhona. La misma joven que los MacLeod pretendían que hubiera un acercamiento y aprovechar para, lo más seguro, concertar un matrimonio. Por unos segundos tras sus palabras no dije nada en lo que simplemente la observé sopesando hasta qué punto ella tendría una información que yo solo podía suponer, imaginar. No podía decir que no sabía de lo que estaba hablando pues las intenciones eran claras y casi directas, aunque tampoco podía culparlos pues todos hacían lo mismo. Pero que Euphemia me pidiera de esa manera que no me casara con Rhona como si fuera la única opción, la única que su familia hiciera todo lo posible por ello, fue algo que en parte me gustó… por ver su reacción, aunque yo tenía claro que por el momento el casarme quedaba pendiente. Necesitaba poner en orden otras cosas antes de meterme en el tema del matrimonio el cual llevaba muchas responsabilidades, y para ser sincero, quería disfrutar un poco de mi reinado en solitario.


一Soy consciente de lo que pretenden o cuáles son sus intenciones, sí 一comenté para hacerle saber que no era un necio o estaba ciego, no era como si esa situación no la hubiera vivido o experimentado en varias ocasiones. Más de las deseadas en realidad, pero tampoco tenía por qué decirlo一 es lo mismo que han hecho las demás casas, ¿crees que tu familia es la única que ha creído oportuno aprovechar esta ocasión? 一Crucé mis brazos sobre mi pecho sin apartar mi mirada de ella一 pero eso no significa que, solo por eso, vaya a aceptar cualquier propuesta sin pensarlo. O de manera inmediata 一maticé pues no era mi intención aunque sabía bien que en algún punto debía de casarme, ser rey también significaba tener que contraer matrimonio así como tener una descendencia que continuara con el linaje. Podía entender que ella se había convertido en su madre en esos años y que la veía como una “hija”, claro que lo entendía, pero ¿qué le hacía pensar que iba a aceptar su propuesta? Tras su confesión no pude evitar que una leve sonrisa asomara en mis labios pues estaba confesando que sabía bien lo que era intimar conmigo, lo sabía bastante bien, y en el fondo era como si se sintiera celosa. Celos. ¿Acaso eso no era un signo de que no sería capaz de estar lejos, de aguantar? Iba a caer en su propia trampa, en las condiciones que ella mismo puso一 tenerme dentro de ti 一finalicé por ella en un tono más bajo aunque no hice ningún acercamiento hacia ella, no cuando sentía la mirada del resto sobre ambos. Le pasé la jarra vacía para que la llenara y así tener un pretexto para alargar la situación, el momento. Solo con lo que ella había evocado con sus palabras ya tenía una imagen de ambos, aunque no era algo que me costara después de las noches pasadas entre ambos一 ¿crees que yo podría olvidarme de nuestros encuentros, de encontrar el mismo placer con otra mujer? Seguro que hasta tú misma te has dado cuenta de la química entre ambos, no es algo fácil de encontrar Euphemia 一quise dejarle un poco claro ese punto pues en toda mi vida tuve amantes, pero no con ninguna experimenté lo que con ella. El deseo, la pasión, la sensación de no ser suficiente o no bastar… de necesitar más一 pero ya que has sacado el tema diré esto; no tengo intención de casarme Euphemia. Al menos no tan pronto 一me acerqué para tomar ver cómo rellenaba la jarra, aprovechando el momento一 la de Rhona no es la única oferta que han podido insinuar o pretender desde mi coronación, pero ahora mismo no es algo que vaya a hacer. Cuando llegue el momento escogeré yo con quién contraer matrimonio, no dejaré que alguien decida algo tan importante por mí 一y eso era cierto. Entendía que debía de casarme pero una cosa era eso y otra muy diferente que escogieran todo por mí, como si no tuviera toma de decisión. Era el rey, y eso nadie podía cambiarlo一 así que espero que, ahora que todo ha quedado claro señorita Murray, sigamos con lo que hemos pactado en las noches que restan hasta mi partida 一tomé la jarra rozando sus dedos con los míos de manera intencionada一 ardo en deseos de tenerte en mi cama esta noche. Tengo ideas muy… instructivas que nos otorgarán placer a ambos. Lo ansío con ganas 一consciente de que permanecer más tiempo a su lado me separé, no sin darle una mirada que dejaba en claro mis intenciones, recorriéndola sin pudor alguno y mordiendo mi labio inferior, antes de girarme y volver con mis anfitriones para continuar con la celebración.


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