Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Quintus in manibus (privado)

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Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Jue Jun 01, 2017 9:23 am

Recuerdo del primer mensaje :

Mi tío había insistido una y otra vez que no estaba preparado para cruzar el portal que me llevaría al pasado.
Alegaba frente al consejo que mi implicación en el tema era algo que me descartaba como un buen soldado para la misión dispuesta. Avisar a la orden de la amenaza que nos acechaba y que supieran que la reliquia había sido ya obtenida en Egipto. Proteger el orbe era lo primordial, pues si este era tomado el mundo correría un peligro que no podíamos permitirnos.
Caleb, jefe de la orden, quería enviar a otro mas preparado, mas finalmente el consejo intercedió en mi favor, alegando que tenia que mostrar ante ellos mi valía, pues demasiadas cosas ya se me habían privado por el tempestuoso carácter que me precedía.

Era cierto, me negaron el don de la licantropia, si lograba proteger la reliquia se me prometía que a mi regreso seria mordido y convertido en lo que era mi derecho, uno de los siete guerreros que forma el consejo.
Mi tío finalmente cedió ante los otros cinco, aunque puso una condición, que seria vigilado por las tres brujas que la organización poseía y que al menor indicio de revelarme e incumplir las normas, seria deportado por él mismo a un templo donde quedaría recluido hasta hacer de mi el hombre que el no veía.

Acepte, claro que dentro de lo que era mi misión, lograr proteger la reliquia a toda costa, no era lo único que pensaba hacer en el pasado.
Me carcomía el no saber que había pasado, mis padres y hermano murieron en la carpa gitana y a día de hoy no habían sido vengados.
Todo quedó reducido a cenizas y el ejercito que destrozo mi vida dejándome huérfano desapareció como si de espectros se trataran. En el pasado, eso aun no había sucedido y estaba decidido si no a intervenir, si a descubrir el autor de tan acto y vengarme.

Aquella mañana crucé el portal que las tres brujas abrieron para mi bajo la atenta y severa mirada de mi tío que no confiaba en mi.
Una sonrisa ladeada fue mi despedida antes de desaparecer frente a sus ojos.
Aparecí jadeante en medio de un bosque que bien conocía, el cuerpo me dolía, pero el hechizo había funcionado o al menos eso creía.
No tardé en alcanzar la ciudad, mis ojos se centraron en un niño que vendía periódicos por las calles y acercándome a él adquirí un ejemplar para centrarme en la fecha que ponía en su lateral.
Había funcionado, es mas tenia unos días para prepararme para presenciar la masacre que a mi familia se refería, pronto el nombre del espectro me seria desvelado y la venganza comenzaría.

Me alojé en el hostal, sabia que no me seria complicado acudir a los refugios de la organización, allí seria bien recibido, claro que a su vez vigilado y antes de ponerme al completo a su servicio tenia la necesidad de descubrir lo que le había pasado a lo míos.
Baje al restaurante para comer algo, había traído el dinero necesario para pasar un par de días sin problema.
Tomé asiento en una mesa, pedí el menú del día y vino para acompañar la cena.







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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Sáb Ago 11, 2018 2:10 am

Por primera vez observé realmente a Wesh, no me había permitido a mi misma hacerlo por más de unos segundos ni reparar en nada que pudiera atraerme hacia a él desde que le viera por primera vez. Parte de mi antes de este momento ya sabía que no debía y por eso se había escapado de él cuando estábamos en la cantina.

Era muy atractivo, nuestras miradas se cruzaban y sus orbes oscuras resultaban tan expresivas como sus emociones reflejadas en todo lo que iba diciendo al mirarme. De pie en ese pasillo mi mente daba vueltas, estábamos tan cerca que si, ahora reparaba en sus facciones, en lo mucho que me atraía y en todo lo que veía.

Nuestros ojos no podían dejar de contemplarse y sin embargo iba notando su agitación a medida que me hacía preguntas. -No, no he visto nuestro futuro. Tampoco querría verlo…- Negué con la cabeza, tener esta habilidad, poder conocer el destino, o al menos uno posible no era algo que yo invocase con deseos de hacerlo. Demasiado a menudo veía lo que no quería… y se convertía en una carga difícil. ¿Cómo encontrarte con alguien en la plaza de Akershus y saludarlo casualmente cuando habías visto cómo y cuándo iba a morir? ¿Incluso cuando eran demasiado jóvenes y estaban llenos de vida?

-Los dioses me escogieron para ser lo que soy, me otorgaron la posibilidad de ver lo que sucederá, es algo que no le otorgan a la mayoría, a cambio de conservarlo debo permanecer casta…- Hice una pausa para tomar aire, era más difícil hablar con él de esto de lo que pudiera resultar hablarlo con cualquier otra persona. Especialmente cuando nuestros rostros se buscaban, nuestros alientos se encontraban y mis párpados se entrecerraban deseando que me besara de nuevo, que me retuviera en sus brazos... poder sentirlo... y más...

-Si fornicáramos perdería la habilidad de ver el futuro, dejaría de ser lo que soy.- Me pareció tan fría esa manera de exponerlo, si fornicáramos. Observé mi propia mano aún en alto, por supuesto él no la había tomado. ¿Cómo tomar la mano de quien te dice que no puede acostarse contigo?

Hice descender el brazo con lentitud, dejándole caer a un costado. -Con estar contigo me refería a pasar esta noche contigo…- Desvié la mirada. -para hablar… hacerte compañía.- No sabía qué más podía responder. Estaba confundida, hasta ahora tenía mi vida planeada y mi camino tan claro comenzaba a desdibujarse. ¿Qué podía decirle?

-No se suponía que te conociera...- Di la media vuelta, dado que no tomó mi mano me sentí muy tonta. Sentí un ardor en el pecho, que se me acababa el aire y que me costaba respirar y no quería que se percatara ni que viera nada de lo que se reflejaba en mi rostro.

-Necesito un trago.- Mascullé, echando a andar.



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Sáb Ago 11, 2018 5:41 am

Una respuesta tras otra, como una losa fueron cayendo sobre mi en una noche en la que no me cabían mas malas noticias por oír.
Una oráculo, destinada a ver el futuro para los suyos, consagrada a los dioses par vivir en su templo con ellos y yo allí pretendiendo que abandonara su don para yacer conmigo ¿podía ser mas estúpido?
-¿Solo un trago? Pregunté emprendiendo camino hacia la taberna que había en la planta baja.

Quería conocerla, quería saber mas de ella, quería darnos una oportunidad pero pedirle a esa mujer de ideas fijas algo así era como pretender encontrar agua en el desierto.
-¿estas segura que estas dispuesta a dejar escapar esta oportunidad ¿y si tus dioses te han puesto en mi camino por un motivo?
Tomé asiento en la barra y pedí un whisky doble, los peces chocaron entre si bajo mi atenta mirada -esta por mis padres -aseguré bebiéndome el contenido de un trago.

Sentí el quemazón en mi garganta, puse cara de acabar de haber tragado lava y pedí al posadero otra ronda que sirvió casi en el acto, posé mi diestra sobre el cuello de la botella cuando fue a llevársela negando.
-Dejale, creo que voy a necesitar mas de estas.
Freya miraba la escena sentada al otro lado negando con la cabeza, ladeé la sonrisa alzando hacía ella el vaso.
-Acompañame ¿o eso tampoco te lo permiten los dioses?

Llevaba un día de mierda, uno en el que había visto morir a mis padres bajo la impasible mirada de mi tío, su hermano y de aquel grupo de salvajes, así que...supongo podría aguantar con estoicidad que una mujer me mandara a la mierda ¿quien iba a querer conocer oráculo o no a un hombre que ya no sabía nada?

La orden de la sierpe dorada era una falacia, en todo lo que creí se convertía en cenizas y ahora estaba allí, en un tiempo que no era el mio planteándome que hacer con mi vida. De verdad que con una botella no tendría bastante para dejar de pensar en todo aquella noche


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Synnove Cannif el Sáb Sep 01, 2018 12:58 am

Cuando piensas que pudiste haber perdido a la persona más importante de tu vida, las palabras no parecen alcanzar para indicar todo lo que sientes al tenerle aún frente a ti. Así era como yo me sentía, ¿pensaba que hacíamos lo correcto? No precisamente, sabía que íbamos a lastimar a muchos. ¿Creía que todo iba a ser un camino de felicidad? No. ¿Creía que íbamos a alcanzarla? Por los dioses quería creer que sí. Me iba a aferrar a cada instante a su lado, iba a procurar colmar cada uno de ese amor que sentía por él y no me importaba arrancarme el alma trozo a trozo a lo largo del camino si al luchar por estar juntos conseguíamos permanecer junto al otro.

Comencé a trazar un sendero de besos sobre su pecho, yo quería más de él, necesitaba más de él esta noche, era imposible a estas alturas apagar esa mecha, la antorcha que prendía entre nosotros desde toda una vida, la que crecía al cambiar de ritmo su respiración a medida que descendía dejando un rastro de fuego hasta los músculos de su marcado abdomen.

Dibujé una línea con mi lengua desde su ombligo, rozando su piel desnuda con las yemas de mis dedos hasta alcanzar su pantalón y despojarlo de él para liberar mi objetivo que ya se erguía esperando por mí.

No dejé de mirar sus tempestades azuzadas por la ventisca del deseo, las tenía ardientes. Eliminé de nuestro camino su ropa interior, siguiendo con mis besos húmedos y excitantes sobre su carne desnuda, acariciando con mi vaho su virilidad. Sus ojos fijos en los míos sabían lo que iba a hacer, me lo pedían. Su mástil me lo confirmaba al acogerme brillante, lubricado, era sencillo humedecerle el tronco al pasar mis dedos por él y mi sexo le imitaba al mojarse de igual forma presa del deseo compartido.

Deslicé mi lengua por el tronco concentrándome en su sabor, a guerrero, a vikingo, me embriagué chupándole las gotas del glande, acariciándole los testículos y probando a jugar levemente con ellos para provocarle escalofríos que le estremecieron al recorrerle la columna vertebral.

Más gotas de su miel aparecieron de su interior atrayéndome ante su visión lasciva y erótica, por lo que me metí el glande en la boca y lo succioné arrancándole un gemido ronco al embriagarme de el. Me gustaba sentir su erección palpitante y ardiente contra la textura de mi lengua, ahuecar las mejillas, succionar de nuevo, mover mis manos y mi tibia boca exigiendo, ascendiendo y descendiendo, saber que el placer que le proporcionaba era abismal. Me gustaba sentir sus manos en mi pelo, la forma en que me guiaba para que prosiguiera, me incitaba a querer darle más, masajeándolo con mis dedos y humedeciéndolo con mi lengua para frotárselo mejor y recorrerlo una y otra vez hasta hacerle perder la razón.

Lo dejé unos segundos en que le escuché rugir y lo empujé avanzando con él hacia la cama adonde lo dejé caer boca arriba.

Mis dedos aún repasaban su verga, pero yo quería prolongar más su tortura… Se la volví a chupar volviendo mis movimientos cadenciosos hasta llevarle al punto en que le sentí retorcerse de placer, y entonces me detuve.

-Dime que aún me ansías como lo hacías cuando no podías tenerme… dime que aún me deseas como cuando no podías tener mi boca…- Me acerqué a su rostro y deslicé mi lengua entre sus labios hasta tocar la suya pero de inmediato la aparté mirándolo con mis esmeraldas encendidas.

Me elevé un poco con ambas piernas a los lados de su cuerpo dejándole observar mis pliegues húmedos, rosados y ansiosos. Con las rodillas clavadas en el colchón me acomodé a cada lado de sus caderas, mis nalgas presionaron su erección mientras le observaba con la mirada turbia. Tomé sus dedos para que los clavara en mi tierna carne y fuera testigo de como lograba mojarme. –Dime que nunca habrá otra para ti más que yo, que solo yo puedo volverte loco, hoy, siempre.-




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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Hakon Cannif el Dom Sep 02, 2018 6:20 am

Con la mirada turbia y mi espalda sobre el lecho mis ojos se deslizaron pro aquel cuerpo curvilíneo y bien dotado, esa mujer estaba cincelada por Odin, hecha para enloquecer a los hombres y empezaba a pensar era una valquiria porque de no ser así ninguna persona terrena podía alcanzar esa belleza.
Jadeé sintiendo sus dedos ahogar mi miembro, jugar con el liquido que rezumaba y deslizarlo humedeciendo mi uretra mientras yo me retorcía de placer exigiendo mas de todo.
-Me vuelves loco, solo tu, siempre has sido tu -juré con la voz ronca y la respiración entrecortada.

Como la misma diosa Freya ascendió por mi cuerpo alzando sus caderas para que viera sus abultados labios rosados, los abrió con una lasciva sonrisa ¿y aun preguntaba si alguien mas podía enloquecerme como ella. Mi polla palpitaba ansiosa por adentrarse en sus confines y cada sacudida pintaba una sonrisa en los labios de la que sería mi esposa porque era consciente de como me tenía.
Me vuelves loco, estoy...

Tomó mi mano y acompañó a mis dedos a su centro, con afinco di una pasada por su centro, recogiendo con las yemas su elixir embriagador para comérmelo.
Engullí mis dedos saboreando sus fluidos antes de devolver mis dedos a su coño empapado para meterlos por el agujero.
Se deslizaron con suma facilidad, ladeé la sonrisa al sentir sus paredes encarcelarlos mientras la torturaba con sutiles movimientos en los que clavaba mis dedos hasta los nudillos para que los notara.

Synnobe arqueó su espalda, sus dos pechos rebotaban cada vez que ella cabalgaba mi mano exigiendo mas velocidad, mas dedos, que la masturbara sin parar.
-Podría correrme solo masturbándote Synnobe. Bebe pedí.
La vikinga tomó la botella llenando de licor su boca tragando entre gruñidos mientras el ambarino liquido resbalaba por sus comisuras, se acumulaba en sus clavículas y escurría por sus dos senos alzados dejándome un rio para que me emborrachara.

Mi torso ascendió y bebí de ella lamiendo su piel, mordiendo sus astas afiladas, agotando el lago formado y degustando por ultimo la cascada de sus labios.
Ambos jadeábamos entre gruñidos, mordiéndonos los belfos cada vez mas y mas presos de la lujuria que desprendían nuestros cuerpos.

Tomé con mi zurda mi polla y sacando mis dedos la deslice por su clítoris, quería metersela, metersela, follármela.
Vertió mas liquido en mi boca cuando me tumbe, trague con rapidez aun así sintiendo como echaba mas y mas sin parar.
Empujé entonces sus caderas para que de una estocada sus pilares palpitaran la escuche gritar de placer y llevar la botella a sus labios bebiendo entre jadeos.
Un azote marco el baile de la perversión, cada vez mas fuerte, mas dentro, entraba y salia casi por completo, nos besábamos sintiendo el sabor de la bebida mezclada con nuestra saliva.
-Espera, espera -pedí cuando sentí que se aceleraba -o me correré en tu coño, me pones demasiado cachondo -susurré ebrio -Por los dioses -gruñí al ver como separaba sus labios y se masturbaba con mi polla metida dentro.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Miér Sep 05, 2018 2:00 am

Nos dirigimos a la taberna de la planta baja adonde nos sentamos el uno frente al otro en una mesa de madera. Wesh era de lo más desconcertante, cuando no tomó mi mano pensé que se debía al bajón que le produjeron mis palabras. Por supuesto, no podía esperar que se lo tomara de otra manera, en cuanto le expliqué que como oráculo debía ser célibe su expresión y su tono de voz cambiaron por completo. Pero ahora él me preguntaba si los dioses podrían haberle puesto en mi camino para algo.

-El dios del caos no pone su mirada en mí, no le llamo la atención, por lo que es una teoría no muy factible que él haya armado este enredo. En todo caso la diosa a la que sigo fue quien me advirtió sobre ti en el puente.-

El cantinero se acercó para poner dos vasos sobre la mesa y bajo indicación de Wesh dejó también la botella.

Esa pregunta suya me daba a entender que… ¿si quería algo conmigo? Permanecí observándolo con una mezcla de desconcierto y de lucha interna. No podía tener algo con él, no era mi camino… pero por otro lado, quería algo con él. O de lo contrario por qué habría de sentirme confundida, ansiosa, preocupada y desbordada por su presencia.

Aún no lo entendía del todo. Fruncí el ceño con expresión seria cuando preguntó si me iba a unir a la bebida y tomé un trago directamente de la botella. Sería una estupidez colosal comportarme como si nada hubiera pasado o negar lo evidente, a pesar de que sabía que actuar me iba a llevar a un precipicio y que una vez en la orilla sería él quien podría darme la mano para no caer o empujarme hacia el vacío.

Tomé un nuevo trago antes de ponerme de pie, rodear la mesa y dejarme caer en la banca de madera junto a él.

-Te equivocas si crees que lo que acaba de pasar no me importa.- Acerqué las manos despacio a su pecho para tocarle aunque la timidez me embargaba. No estaba acostumbrada a tratar de esa manera con los hombres, no estaba muy segura de cómo se hacía.

Inmediatamente sentí el calor de su cuerpo bajo mis palmas y pude jurar que se le tensaron los músculos del pecho bajo ellas. Chispas eléctricas me alcanzaron con algo tan sencillo, poner mis manos allí, se esparcieron con fuerza desde mis dedos hacia mi cuerpo mientras le sostenía la mirada.

Mis pensamientos eran una maraña, pero quería comprender al hombre que tenía frente a mi. Qué sentía, que pensaba. -No necesito conocerte más para percatarme de que podrías ser esa persona en mi vida.- No sé ni como escaparon esas palabras de mis labios, y lo loco de todo esto es que tenía esa convicción aunque lo conociera de apenas un par de días.  

¿Tenía las respuestas de lo que significaba? No. Me sentía tentada a escuchar las advertencias de Gefjjun y escapar. Sin embargo, era incapaz de moverme, estaba pegada a la banca.

-Dices que quieres conocerme, pero ¿qué es lo que te hace falta conocer de mi? ¿Y qué significa realmente? ¿Quieres decir que ahora podría gustarte pero dentro de unos días ya no?- Mis pardas orbes se abrieron enganchándose a sus iris oscuros, su aliento se anclaba en mi estómago y mi corazón golpeaba en mi pecho mientras en silencio mis labios hormigueaban, quemaban y pedían.



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Miér Sep 05, 2018 9:23 am

Ladeé la sonrisa al ver como empezaba a agotar los vasos que el cantinero ponía frente a ella.
Mas despacio Freya, la gracia de emborracharse es que me des tiempo a estar en el mismo estado -Bromeé antes de que esta girara para posar en mi pecho sus manos.
Mi respiración se agitó y mis pectorales que sentí incendiar con aquel tacto se endurecieron de inmediato.

Ladeé la cabeza cuando aseguró que sabía sin conocerme era el hombre de su vida.
-¿como? -pregunté inseguro perdiéndome en aquella profunda mirada parda, mi aliento impactó en sus labios, me había acercado un par de pasos y ahora hablábamos tan cerca que nuestra nariz friccionaba y nuestros rostros parecían batirse en duelo buscando y esquivando un beso que no llegaba pero que deseábamos.
-¿lo has visto acaso?

Esta negó con la cabeza mientras sus manos se deslizaban por mi pecho bajando por mis abdominales que se encogieron a su paso.
Jadeé contra su boca al sentir aquella incinerante cercanía, como cíclopes nos mirábamos y así llegó la siguiente pregunta.
-¿por que necesito conocerte antes de saber si eres la mujer con la que pasaría el resto de mi vida?

La pregunta era extraña, francamente las cosas funcionaban así, nadie veía a una mujer y sabia que funcionaria.
-Me gustas, me gustas mucho, tanto que no me he vuelto a mi tiempo, tanto que estoy aquí susurrando contra tu boca queriendo emborracharme en ella, quiero conocerte, que me conozcas ¿que mas necesitas?

Mi diestra se enredó en los cortos mechones de su pelo.
-Yo que me beses, que usas conmigo a mi habitación y que vacíes esa botella conmigo y que nuestros dioses comprueben si lo que sentimos no basta para que perdonen tu falta.
Choqué mi boca contra sus belfos, devoré su interior con mi lengua entre roncos jadeos, aquella noche había perdido por segunda vez a mis padres y ella se me antojaba lo único a lo que podía aferrarme sin perder la cordura.
-Te necesito, por favor -supliqué al sentir que tensaba los brazos para apartarme -no me hagas a un lado hoy.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Lun Oct 01, 2018 12:41 am

-Me gustas, me gustas mucho, tanto que…- Allí fue cuando llegamos al punto en el que me costó seguir el hilo de lo que me estaba diciendo. ¿Había sido nuestro encuentro fortuito o había sido el destino? ¿Cuáles eran las posibilidades de que ambos viajásemos en el tiempo a la vez y nos encontrásemos en el pasado? -Hasta hoy nunca creí en el destino, pero ¿no sería ingenuo atribuir a la casualidad que nos hayamos conocido?-

Él tenía la razón en algo… su “me gustas" iba repitiéndose una y otra vez en mi mente. Y al parecer era suficiente. Solo dos palabras. Me gustas, tan sencillas y a la vez me cambiaban toda la perspectiva. Porque si, había todo un mundo de diferencia en que me dijera que le gustaba. Podía tener remordimientos, cuestionarme si estaba haciendo lo correcto al seguir sentada junto a él pero esas dos palabras cambiaban todo el panorama.

Creo que ni siquiera él reparó en la importancia de lo que me había dicho porque seguía hablando. Es decir, sus labios se movían pero yo había dejado de oírlo antes de que mi corazón se lanzase a una carrera alocada en mi pecho. Me gustas me lo podría haber dicho cualquier vikingo borracho en una taberna, pero era él quien lo había dicho.

-¿Aún no logras presentir como sé que podrías ser el indicado?- Le miré fijamente a los ojos. No movía mis manos y así, sentada frente a él, sentía el calor de su cuerpo y comenzaba a reconocer lo bien que olía. -¿Usas loción?- La pregunta salió inocentemente de mis labios. La única razón por la que atinaba a olerlo era debido a lo cerca que estábamos.

-No la perdonarán.- respondí a su comentario. Los dioses no perdonarían mi falta, pero si no eran ellos quienes pusieron a Wesh en mi camino… y si otra fuerza llamada destino lo había hecho, ¿cómo seguir a la diosa ciegamente?

Su rostro se fue acercando y eso bastó para marearme, todo mi campo visual lo acaparó él y su rostro. Tenía pecas, sonreí al mirarlas, siempre odié mis pecas, pero en él se veían hermosas, como todo el resto. Y su rostro se acercaba más, estaba segura de que aparte de mi corazón, se habían detenido el resto de mis órganos, mi sistema estaba en colapso…

Mis nervios echaban chispas y él tan solo había puesto sus dedos en mi corto cabello. No entendía cómo es que me preguntaba cómo sabía qué podía tratarse de él… si pareciera la respuesta tan obvia…

Sus labios alcanzaron de nuevo los míos, ni siquiera sabía si yo besaba bien. La boca de Wesh se encargó de todo. Mis labios se calentaron y los vellos de mi cuerpo se erizaron por completo. Su boca, su lengua y sus dientes me dirigían y mi lengua salió en su búsqueda, enrollándose en la suya.

Mis manos sobre su pecho notaban el calor de su piel. -Wesh…- Lo empujé un poco para respirar, con las mejillas encendidas. -Si notas que… no sé mucho…-

Me daba vergüenza, se supone que las norteñas se las sabían todas y yo era casualmente la excepción a la regla. Deslicé los brazos sobre sus hombros, alcancé su nuca y me atreví a acariciársela. Ya no pensé en nada que no fueran sus labios y estos robaron todo el mundo que nos rodeaba, desapareciéndolo para que me olvidase de que existía.

Tensé los brazos cuando nuestros rostros volvieron a separarse, me pedía que no lo alejara. -Debería… debería temerte y darte una patada…-

Esta vez fui yo quien se sorprendió a si misma porque de alguna manera saqué el coraje para aferrarme a sus hombros. Le clavé las uñas y le busqué de nuevo la boca con urgencia, sabía a la cerveza que estaba tomando...

Me separé para ponerme de pie mientras me miraba con sorpresa y duda reflejada en el rostro. -Vamos.- Ya lo había dicho, solo que esta vez no iba a dejarle dejarme con la mano en el aire.

Tomé la suya para que me siguiera y lo guié por el pasillo con el corazón latiéndome fuertemente en el pecho. Tenía la llave de una habitación en mi bolsillo y hacia ella nos dirigí.

-Espero notes que no tengo idea de lo que estamos haciendo.- Abrí la puerta de la habitación. Wesh y yo nos habíamos traído unas botellas de cerveza, así que le señalé una mesa adonde podía dejarlas mientras me encargaba de buscar cerillos y encender los candelabros.



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Lun Oct 01, 2018 4:22 am

Ladeé la sonrisa cuando la norteña aseguró que debería darme una patada en el culo y el caso es que no podía negar que tenía la razón, yo era ahora mismo el mayor de sus problemas y sin embargo era incapaz de apartar mi vista de ella, en mi cabeza retumbaba aquella pregunta ¿aun no sabía porque era el indicado? No, no lo sabía pero empezaba a pensar porque cojones estaba allí frente a la única dama de aquella taberna con la que no podría fornicar y sin embargo ni siquiera veía a las demás.
Freya copaba mi pensamiento, se había instalado en el y era incapaz de sacarla, como si fuera dueña y señora de mi existencia.

Tiró esta vez ella de mi cuello, hundiendo sus uñas en mis hombros, nuestras bocas colisionaron hambrientas necesitadas, enredando nuestras húmedas lenguas con sabor a cerveza, no dudó, yo tampoco y de la mano recorrimos enloquecidos y sonriendo entre besos y caricias el camino que nos llevaría a su cámara.
Cada esquina supuso una parada, ella decía no saber lo que hacía y creo que en el fondo tampoco yo, no porque me faltara experiencia con mujeres, no, de eso tenía la suficiente, lo que no entendía es como esa mujer con solo un beso o un susurro podía tambalear los cimientos de mi cordura, lograr que mi corazón bombeara violento y que cada aire respirado fuera necesario.

Cerró la puerta de su habitación mientras yo dejaba las cervezas sobre la mesa volviendo a su encuentro, perdiéndome en su boca, saboreando sus sentimientos mientras nos mirábamos inseguros de que hacer en este momento en el que nuestros cuerpos pedían un encuentro y nuestras cabezas hablaban de destino o de algo parecido.
-No quiero forzarte a nada -susurré contra sus labios mojados mientras apoyaba mi frente cansina sobre la suya -puedo esperar -aseguré.
Creo que la esperaría toda una vida y por eso sonreí, porque acaba de comprender porque ella era la indicada.

Tiré de ella hacia el lecho devorándola a besos, puede que los dioses no nos perdonaran la afrenta, peor me bastaba con besarla, con acariciarla y con abrazarla hasta que el sueño nos venciera a ambos, eso y el sopor del alcohol que corría por nuestras venas como el fuego.
-Te deseo -susurré hundiendo mis dedos en su pelo volviendo a besarla con necesidad.
Esa noche había visto morir a mis padres, me había peleado con mi tío, esa noche solo necesitaba no pensar y ahora mismo ella era todo cuanto tenía en este stiempo.


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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Freya Tollak el Jue Oct 25, 2018 4:37 am

Estaba perdida, pero literal. Hasta tanto solo unos días antes tenía muy claro quién era y qué era lo que deseaba hacer con el resto de mi vida. Ahora ni siquiera sabía que hacía, o más bien si, tomaba a aquel hombre de la mano para que corriese conmigo. Locura pura, me entregaba a ella. Me había deshecho de la cordura, la había lanzado por la ventana por primera vez en mi vida.

Ya habíamos entrado en la habitación y encendí las velas. Volteé después de encender la última, sería causa de la tranquilidad de la noche, el juego de luces que creaba esa aura mágica en la que todo alrededor se paralizaba y no sabía ni qué empezar a decirle.

-Supongo que así está bien. La cantidad de candelabros, cinco son más que suficientes. Aunque hay uno que no tiene vela… podemos llamar al servicio y pedirla…- Hice una pausa en la que noté la intensidad de su mirada, ese par de ojos pardos me calentaban mucho más que las velas. Por supuesto hablaba sin parar, como siempre me sucedía cuando tenía los nervios a flor de piel.

-Pero qué más da si así te puedo mirar.- Su sonrisa a medida que se acercaba me pareció increíblemente masculina, penetrante y con un deje de algo más que me parecía rebeldía… Me pregunté si era por eso que parecía no llevarse bien con su tío. Aunque para ser honesta me estaba poniendo tan nerviosa al mirarme que mis piernas hicieron otra vez de las suyas.

Perdí el equilibrio y tuve que sostenerme con las manos sobre la mesa detrás de mi. Mi mirada titubeó, no tenía ni idea de donde fijarla. ¿Sobre sus labios?

Inclinó su rostro, lo vi irse acercando y la expectativa disparó mi pulso como si fuera una locomotora. Me acarició la nariz con la suya y se me embotaron los pensamientos.

Su lengua acarició otra vez la mía antes de morderme el labio inferior, sentía sus besos de la cabeza los pies, adentro, llenándome toda. Mi corazón renqueaba, estaba segura, me lo había alterado.

Me acerqué despacio, como si se fuera a desvanecer antes de pegarme a su cuerpo. Me tocó las mejillas, antes de detener sus manos en mi nuca, provocando que temblara mi interior y que me fallaran las manos mientras sus labios seguían moviéndose sobre los míos.

-Ups.- Estuve a punto de caer, me agarré de su solapa para evitarlo y me eché a reir.

-No quiero forzarte a nada - susurró descansando su frente sobre la mía -puedo esperar – Sonreí despacio al oir aquello y dejé que de un tirón me llevara hacia la cama.

-Ha sido el destino.- Estaba tan cerca que podía notar como su piel suave y cálida atraía a la mía. Acercó el rostro y me volvió a besar seduciendo todos mis sentidos, tanto que mis latidos se transformaron en puro deseo, no invitado, sorpresivo pero completamente real.

-Me gustas mucho.- Allí estaba la verdad, la solté y ni siquiera sentí que estuviera mal hacerlo, todo lo contrario.

Tomé sus manos y las medí con las mías, enredé allí mis dedos, uniendo nuestras palmas, separándolas y regresando a ellas, como si quisiera así convencerme de lo que estaba descubriendo, que calzaban perfectamente bien.

-Estoy perdida Wesh… sé que quiero servir en el templo, pero también se que quiero conocerte y... me atrevo a decir, que si tú lo deseas... me gustaría que regresemos juntos al presente.-

Lo miré en silencio preguntándome que pensaba, pasando mi pulgar por su palma, la tenía algo áspera pero cálida. Me mordí el labio, deseando que me tocara y la guié hacia mi cuerpo por arriba de mi camisola, suspirando al sentir como con un roce despacio y ligero rozaba la curva de mis pechos con los pulgares mientras nuestras respiraciones se iban convirtiendo en una sola conjunción arrítmica de deseo.

-Puedes creerme o no… pero aquí, estando contigo, sé que puedo quererte, y eso es algo que nunca creí decirle a nadie.- Deseaba de verdad, que supiera que estaba siendo completamente sincera. -Es la primera y la única vez que lo he dicho.-



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Wesh Montoya el Jue Oct 25, 2018 12:44 pm

Sus dedos acariciaban mi palma mientras yo me limitaba a mirarla, era la mujer mas bella que jamas había visto, fascinante y no pude evitar sonreír contra su boca antes de volver a tomarla entre ligeras mordidas. Cómplices del momento en el que nuestros cuerpos se rozaban aun con la tela de por medio, el alcohol nublaba mi juicio y el ajeno y sus palabras arrastradas torturaban mi conciencia porque la deseaba, peor no solo para esta noche si no para las siguientes.

Rocé su nariz con la propia, mi lengua abría sus fronteras lamiendo su paladar entre roncos jadeos.
-¿Un futuro? ¿Eso me propones? -susurré calcinando con mi aliento sus labios mojados.
Mis manos surcaban su cintura, alzando la tela de su camisa, mi entrepierna estaba completamente abultada, estaba ansioso de ella y aun así algo me detenía a tomarla, creo que era porque de verdad la quería, porque no quería que perdiera aquello que ella era, una oráculo.
-Ufff, no puedo pensar con claridad, tus besos me emborrachan mas que lo que ya hemos tomado ahí abajo.

Su risa era embriagadora, golpeó mi boca antes de volver a chocar ambas, golpeando los dientes acariciándose nuestras lenguas lentamente.
Toqué sus abultadas montañas, sus dos astas se pusieron puntiagudas, rozando mi palma, su espalda se arqueo, nuestras bocas cada vez se besaban con mas fuerza, ella aseguraba era el hombre de su vida.
-Iré contigo -gruñí contra sus labios -¿hasta donde Freya, hasta donde? -pregunté con la voz ronca estando fuera de mi.

No se si interpreto que hasta donde tenía que ir, pero lejos de ello iba mi pregunta, ir iría al fin del mundo para conocerla.
-¿No, hasta donde puedo llegar? -pregunté colando mi mano por la cinturilla de mi pantalón para empezar a sacudírmela despacio mientras seguían nuestros cuerpos ardiendo -¿puedes tu..ya sabes?
Mi mirada estaba oscurecida por el alcohol, la lujuria, y aquellos besos que estaban enloqueciendome, nunca supe que no poder follar iba a darme tantas ganas de hacerlo -eres preciosa ¿te lo habían dicho?

Mi mano se mojaba del liquido preseminal mientras cada vez me masturbaba mas rápido, era la primera vez que hacia algo así con una mujer, de normal todo era distinto.
-Te deseo tanto.



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Re: Quintus in manibus (privado)

Mensaje por Synnove Cannif el Jue Nov 08, 2018 11:49 pm

-Me gusta como me miras.- No pensé otra cosa mientras abría mis labios vaginales frente a su mirada y deslizaba mis dedos en medio de ellos, podía notar el brillo del deseo iluminando la parda belleza de sus tormentas fijas en mí y era más que suficiente para que ya me encontrara más que húmeda y caliente.

Sonreí de lado cuando me dijo lo que deseaba oír, que era la única, que siempre había sido yo. Así me hacía sentir justo ahora, mis esmeraldas notaban como el pecho se le alteraba, se hinchaba con cada nueva respiración entrecortada suya, y eso se lo provocaba yo, solo yo.

Me incliné y eché licor en su boca antes de lamerle la comisura para rescatar las gotas que corrían desbordadas. -Me encanta como sabes.- Sus labios sabían delicioso contra mi lengua, la zona entre mis piernas seguía mojada y la sonrisa en mis labios se extendió aún más al notarle empalmado.

Dirigí su mano hacia mi coño, pasó sus dedos por este y el roce provocó un gemido mío, mi clítoris se disparó en un hormigueó desaforado. Alzó los dedos bañados de mi humedad, pude verla escurriéndose y brillando en ambos dígitos cuando los mostró frente a mi turbia mirada y se los llevó a la boca para probarme.

-Mmmm…- Me mareé cuando regresó a mi coño. Tenía la impresión de que Hakon me conocía más que de lo que yo me conocía, sabía exactamente como tocarme mejor. La yema de su pulgar presionó mi clítoris hinchado y comenzó a moverse sobre este en círculos antes de que uno de sus dedos se hundiera hasta su nudillo. Jadeé, ráfagas me recorrieron la espalda al arquearme de puro placer. -Aahhh… siii…-

Un segundo dedo se unió al primero, entrando y saliendo me rozaron el clítoris al volver a hundirse creando sonidos de fricción provocados por mis fluídos. Ronroneé de puro gusto y me balanceé para cabalgar sus dedos. -Más dedos...-

Él me dio gusto metiendo otro y moviéndolo adentro, mi coño se contrajo a su alrededor mientras me frotaba insistentemente contra sus dedos moviendo mis caderas.

-Podría correrme solo masturbándote. – Sonreí de nuevo al escuchar aquello y tomé la botella para beber a borbollones dejando que el líquido escapara corriendo sobre mi cuerpo y colándose sobre mi piel para descender sobre mis duros pezones y gotear sobre su pecho.

-Uhhm.- Hakon se alzó y llegó hasta mis pechos, los moldeó con sus mano haciendo asomar mis pezones mojados entre sus dedos y los lamió provocando que llamas calientes se derramaran por todo mi cuerpo. Mordiscos suyos alcanzaban mis sensibles pezones, me los chupaba con ahínco y cada uno de sus lametones y mordiscos me llevaba directo a Valhalla.

Me incliné y enterré mis dedos en su pelo para acercarle y morderle los labios. Entre gruñidos nos comimos la boca el uno al otro en un beso tórrido y ávido, gemí deseando que no parara, que me enterrara su polla.

-Quiero sentir tu polla.- Sacó sus dedos y agarrando su base la dirigió hacia mi entrada, la paseó por mis húmedos pliegues, frotándome el ansioso botón. Mi mano se deslizó sobre ella, con cada caricia de mis dedos brotaba más líquido preseminal, un empujón y me la metió toda haciéndome gritar.

-Hakon…- Me mareé más que con el licor y le rodeé con mis piernas para exprimir cada centímetro. Mis ojos se pusieron en blanco cuando comenzamos a bailar, mi humedad ejercía fricción y producíamos ardientes sonidos.

Un azote suyo me lanzó a la estratósfera, gemí y di febriles tirones a su pelo buscándole la lengua, al tiempo que me enviciaba de su sabor y botaba sobre su falo.

-Voy a cuidarte siempre…- Me eché a reír al decirlo y le mordí los labios, los succioné a mi gusto, los lamí y moví mis caderas como una valkiria enloquecida completamente por él.

Disfruté de sus palpitaciones en mi coño y pasé mis labios por su mandíbula, succionándola y mordiéndola antes de que gruñera y apresara mi cuello torturándome la piel con mordidas y lametazos. Encontré mi clítoris y comencé a masturbarme, rozándole la polla con mis dedos mientras me follaba duro. Gemimos juntos y su falo volvió a atravesarme mientras su manos me apretaban las nalgas.

Lancé chorros de licor en su boca sin parar de embriagarnos y me moví más despacio, mirando hacia abajo, gemí contemplando cada centímetro de su verga brillante de mis fluídos mientras me deslizaba arriba y abajo sobre ella. -Siempre Hakon… - Le mordí el cuello algo afligida, cada uno de mis nervios recibía la descarga de sensaciones y emociones que él me producía, mi necesidad de él me quemaba y me incendiaba la piel.




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