Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse, antes al contrario, la hacen más profunda.
Nació en el orfanato de Sjön en Stockholm, Suecia. Un orfanato que daba a los pies de la nevada y fría montaña, apartada de la urbanidad y olvidado del mundo. Su madre se llamó Havanna cuando existió, era una mujer de cabellos castaños y hermosos ojos grandes y verdes. Ella había llegado moribunda hasta el orfanato en donde las hermanas de la caridad la recibieron y atendieron cuando daba a luz a un niño que no conoció pues falleció durante la labor de parto. Nadie pudo frenar el desangramiento que la joven sufrió. Antes de respirar por última vez, pronunció el nombre del padre de su hijo maldiciéndolo. El cuarto tembló violentamente como si un movimiento sísmico se manifestara, el fuego de los faroles se extinguió al entrar viento castigador y después sólo hubo silencio inquietante. Las hermanas religiosas temieron haber dejado entrar a una bruja, pero lo que más les preocupaba era saber la identidad del padre del niño. Un hombre de poder económico y maldad profunda. Lord Ansgar Skarsgård resultó ser el padre del recién nacido, era un hombre adinerado con un título noble importante en su país. Se decía, incluso, que siendo el único pariente del rey podría tomar su lugar cuando éste muriera. Lord Skarsgård se había involucrado con Havanna por sometimientos y abusos de parte del aristócrata, aprovechándose de la condición de sirvienta de la joven. Havanna fue su sirvienta y no lo amaba, ella no poseía un corazón para amar. Sólo era un ave libre que exploraba con la ambición de conocimientos en las aristas mágicas para ser una bruja respetada. Pero él, obsesionado con la joven mujer, mancilló su dignidad y cuerpo cuando la ultrajo. Cuando se cansó de ella la dejó libre de su contrato de trabajo. Debido a las violaciones sufridas, la joven sirvienta quedó embarazada. Havanna le reclamó la paternidad de su hijo pero Ansgar Skarsgård, quien era un hombre casado con una fina mujer de linaje la cual era madre de sus nobles hijos, ignoró con creces la exigencia de Havanna. Fue así como el corazón de la joven por primera vez se sintió latir. Pero no hay que engañarse, jamás latió por amor o por afecto. Latió por odio. Odio autentico. Odió al hombre que todo le robó, aquel que la hacía indigna en la sociedad, burla de las brujas e indigna como mujer. Repudió con la misma intensidad al bastardo que crecía dentro de ella.
Sin un padre ni una madre, Löcke fue criado en el orfanato de Sjön, creciendo como un huérfano solitario que iba soportando la dura realidad que sufren aquellos niños que deben vivir gran parte de su vida en un orfanato. Hambruna, pestes y constantes humillaciones en contra de la integridad humana que no parecían ser sancionadas por nadie. Era desconocedor de la herencia oculta que su madre le dejó, pero a corta edad fue entendiendo que no era como los demás niños del orfanato. En un comienzo pensó que el mal de la locura le estaba afectando pues no consideraba normal ver su imagen en un espejo para luego parpadear y ver que la imagen había sufrido una metamorfosis que lo convertía en otra persona. Podía alterar su apariencia, fue lo que comprendió con el tiempo desechando la idea de la locura mental. Un misterioso don que con el tiempo perdió pero ganó otros dotes mágicos más oscuros.
Pese a la precariedad de los cuidados que el orfanato entregaba a los niños, Löcke se las ingeniaba para ser alguien en la vida. No se podía permitir ser un analfabeto ignorante sabiendo que afuera el mundo era tan difícil o mucho peor que allí adentro. El orfanato era un lugar oscuro y donde el amor no existía, se sentía totalmente sumergido en la soledad y la indiferencia por parte de los demás. Muchas veces sus tripas le reclamaron por hambruna sufrida, muchas veces las magulladuras en su cuerpo por los golpes le exigían que hubiese justicia. ¿Pero qué importaba viniendo de un huérfano?
Era un niño tranquilo y más bien apartado de los problemas a diferencia de otros compañeros, pero no le exoneró de recibir s castigos por parte de los encargados como a los demás niños. Ellos eran cruelmente castigados delante de los demás para que todos tomaran por ejemplo no cometer actos que fuesen considerados como insolencias, Löcke ya tenía experiencia en ello. El edificio del orfanato estaba en muy mal estado y los benefactores cada día eran menos, Löcke recordaría por mucho tiempo como la nieve ingresaba al cuarto que compartía con los otros niños por un agujero en el techo. Aquel frío que lo congelaba y no lo dejaba dormir bien, el despertar al día siguiente y encontrar a un niño muerto por hipotermia era algo que se repetiría. Por mucho tiempo la fatiga que sufría cuando pasaba hambre sería un recuerdo constante y los castigos a los que los sometían por la menor e injustificable falta. En ese lugar ocurrían todo tipo de maltratos contra los niños, no era secreto entre los huérfano que el sacerdote de turno abusaba física y sexualmente de varios. Por suerte, Löcke era tan inexistente que jamás ninguno de ellos se fijó en él. Por otra parte, una de sus actividades predilectas era esconderse todo el tiempo.
Löcke se preguntó por qué ninguna de las personas que visitaba el lugar para adoptar a algún niño se fijaba en él. Incluso en una ocasión una mujer se llevó a un niño que no sabía ni leer ni escribir y en apariencia se veía muy enfermizo, pero lo prefirió antes que a él. También se preguntaba el por qué no era como los demás niños, por qué él tenía la capacidad de cambiar su apariencia como la de mover objetos a distancias alejadas, ¿Por qué él podía hacer esas cosas y los demás niños no? Sólo una mujer que se empleaba de profesora en el orfanato conocía este secreto de Löcke y le aconsejó que no se lo comentara a nadie más por temor de ser alcanzado por las garras de los religiosos que aborrecían ese tipo de naturaleza. Sólo esa profesora era amable con él. Los niños del orfanato siempre estaban juntos entre ellos y a él lo excluían, no le hablaban y si se acercaban a él era para volverlo blanco de sus burlas y golpes. Muchas veces, lo atacaban entre cinco o más niños para hacerle sufrir a golpes. Les llamaba la atención que, por mucho que lo golpearan, jamás llorara ni reclamase. Siempre se mantenía orgulloso, callado y observándolos de manera inquietante.
Al estar tan solo e ignorado, comenzó a entretenerse con sus ¨cualidades especiales¨ cada día mejorando aún más sus dotes mágicas. Tal vez producto de la soledad y el resentimiento interno sus poderes más fuertes eran los pertenecientes a la línea de la magia negra. Supuso que algún día eso que tanto ocultaba le serviría por más oscuro que fuera.
Cuando cumplió los doce años dentro del orfanato, Lord Ansgar Skarsgård apareció sorpresivamente allí para preguntar a las monjas por un suceso ocurrido hace doce años atrás en donde una mujer llegó al orfanato y dio a luz allí mismo. Ellas le contaron lo sucedido y explicaron que el niño nacido de aquella desafortunada mujer era Löcke. Lord Ansgar Skarsgård, en ese momento, pidió verlo y tras conversar algo trivial con él determinó que era mejor llevárselo consigo. Lord Ansgar reconoció a su hijo bastardo dándole su apellido y llevándoselo consigo a su mansión. Löcke conoció a sus medios hermanos y a su madrastra quienes al estar en presencia del hijo bastardo eran muy hostiles con él y el ambiente era muy tenso.
Löcke Skarsgård era su nombre ahora. Tenía un apellido y ya no era un huérfano pero sí un bastardo odiado a quien sus hermanos y madrastra veían como un rival ambicioso que había llegado a la mansión a usurpar el lugar de los legítimos. Por este motivo Löcke no se sintió jamás como en casa en la mansión, estaba incluso más solo que en el mismo orfanato. Su madrastra, una mujer de nariz respingada y orgullo marcado, lo humillaba a diario recalcándole su condición de hijo bastardo no amado por nadie. Le explicaba una y otra vez que nada de allí era suyo y que no pensase que algún día heredaría ni una parte de la mansión. Que su existencia era un error y una vergüenza de su padre. Si estaba allí era por pena. Un cargo de conciencia. A diario lo hacía limpiar el suelo, fregarlo tan fuerte hasta que sus dedos sangrasen; después lo mandaba a limpiar el resto de la mansión y sólo por la noche cuando Lord Ansgar llegaba a cenar, le permitía al bastardo aparecerse. “Mira al animal sucio e indisciplinado que has traído a casa” apuntaba su madrastra cuando se presentaba sucio tras limpiar. Lo que más le llenaba de rencor, era cuando esa mujer que fingía ser una pura paloma compasiva ante la sociedad lo abofeteara por cualquier insignificancia. Tal vez una de las cosas que más irritaba a la mujer era el hecho del endemoniado parecido físico entre el bastardo y Lord Ansgar. Idénticos por donde se les viera. A diferencia de sus hijos quienes eran más aferrados estéticamente al lado materno.
Él día crítico llegó cuando él estaba observando el agua quieta de una de las grandes piletas del jardín de la mansión. Vio de pronto el reflejo de una mujer detrás de él. En un parpadeo, ésta mujer hundió la cabeza de Löcke en la pileta violentamente con una fuerza tan deshumana que él no podía sacar la cabeza del agua y en cuestión de segundos el aire le comenzó a faltar. Por unos instantes se sacudió luchando por el aire pero las fuerzas le comenzaron a flaquear y poco a poco su cuerpo comenzó a quedar inerte. Ese sería su fin de no ser por la oportuna llegada de Lord Ansgar, quien por primera vez en muchos años se dignaba a llegar temprano a casa. El hombre le dio un golpe a la mujer y mandó a que llamasen al médico de la familia.
Cuando Löcke despertó, como de costumbre, se encontró solo una vez más. Estaba recostado en la cama de su alcoba y tuvo que pasar algo de tiempo para que alguien lo fuese a visitar. Una sirvienta que le llevaba algo de comida y detrás de ella apareció Lord Ansgar como la sombra siniestra que era dentro de esa mansión. El amo de la casa le advirtió que no estuviera nunca solo con su madrastra pues la mujer estaba inestable mental y emocionalmente, que ella había intentado matarlo en uno de sus arranques de ¨nervios¨. Löcke no tenía intención de defender a esa odiosa mujer pero le confesó a su padre que la mujer que intentó ahogarlo era una persona de cabellos castaños, ojos grandes y verdes; y no su madrastra. Esta información perturbó a Lord Ansgar, ¿Sería posible que el fantasma lleno de odio de la madre de Löcke estuviera rondando por allí tomando posesión de los cuerpos humanos? Después de ese día el suceso fue pasado por alto fingiendo que nada había pasado. Todo volvió a la normalidad salvo a la restricción que el amo de la mansión ordenó para su esposa y su hijo bastardo. De todos modos esto no liberó a Löcke del acoso de sus medios hermanos. Ellos no soportaban que Löcke fuera tan calmo y silencioso, por mucho que lo hostigaran. Decían que ese niño tenía algo maligno que los inquietaba, como si el demonio se alojara en su interior.
De huérfano solitario y aislado a un niño rico repudiado y hostigado. Parecía que la vida constantemente quería que fuese un sujeto solitario. Los niños del orfanato ahora no le querían por su condición de adinerado y los adinerados de la sociedad no lo querían por su antigua condición de huérfano y porque seguía siendo y siempre sería un bastardo. No pertenecía a ningún lado.
Pero vivir en constante soledad no fue algo malo del todo. Pasaba largos periodos de tiempo leyendo y reflexionando sobre la vida. Momentos en que escapaba del acoso de sus medios hermanos. Lo único que compartía con su padre era el excelente dominio de la espada y la perfecta puntería con las armas de fuego. Las veces que estaba con Lord Ansgar eran precisamente momentos en que competía en los duelos de esgrima o acompañaba a su padre a cazar animales en el bosque o cuando practicaban tiro al blanco en el patio trasero de la gran mansión. Comprendió que ése era el motivo por el cual su padre lo sacó del orfanato: anhelaba un hijo que heredara sus capacidades. Un hijo, aunque fuese un bastado, que pudiese representarlo en las líneas de la milicia puesto que sus dos hijos mayores no tenían las habilidades necesarias para hacerlo. Vivir como niños ricos los había inhabilitado de tener la capacidad de sobrevivencia que tiene un niño que vive en situaciones extremas.
Cumpliendo con el deseo de su padre, se alistó al servicio militar de su país en donde rápidamente llamó la atención. Resultó ser un soldado innato y por este motivo se ganó la aprobación de muchos hombres importantes allí. Existieron días en que su país tuvo que ayudar a sus aliados y Löcke fue enviado a combatir en las tropas. Vio morir a muchos jóvenes y fue testigo de cómo el odio es más grande que el amor al prójimo. Sus ojos fueron declarantes de horribles crímenes contra la humanidad. Cuando volvió a su país, lo hizo con una condecoración que le entregó a su padre. Después de ése día existieron muchos más donde tuvo que honrar a su país luchando por él como país aliado.
Un día, se cansó de ello. De tener que volver todo el tiempo a un lugar donde preferían que no volviese con vida. Desertó de la milicia y se fue lo más lejos posible de sus orígenes. Su destino lo llevó a pisar tierras francesas donde hasta el día de hoy se encuentra.
Sobrevivir en ése país fue más difícil de lo que pensaba. No dominaba muy bien el idioma y llegó siendo lo que siempre fue: Un don nadie. Siendo un don nadie no le daban trabajo en ninguna parte y comenzó a irritarse de esa realidad que no le permitía surgir. Ni pensar en acudir a un comedor común porque le recordaba a todos esos tortuosos años en el orfanato donde no comían por largas horas y cuando lo hacían les obligaban a comer cosas descompuestas. Así que optó por el camino más fácil, el de robar, estafar y apostar. Tampoco se horrorizó de realizar trabajos de matonajes para los jefes callejeros. En poco tiempo se hizo parte de las mafias callejeras como un bribón que muchas veces se desempeñaba como el castigador de los deudores o como un gladiador cuando las pandillas de mafias medían su poder en peleas callejeras.
En cuanto a sus poderes mágicos, estos incrementaron especialmente en París. No importaba si estos poderes hiciesen daño a otros, la ambición de Löcke no es acumular tesoros y fortunas, su obsesión es convertirse en el mejor mago oscuro de Europa. Pertenecer a un círculo mágico de brujas y brujos destacados y absorber todo lo necesario de los demás para ser un mago indestructible.
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